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miércoles, 10 de septiembre de 2008

Tiempo



Cojo el reloj

y cuento las arenas que faltan para verte:

tras los cristales opacos de mis ojos,

tras la respiración agitada, loca, luchando por tenerte,

tras la misma vida que se pelea con su propia muerte.


Miro de reojo el camino del sol,

abro cada uno de sus cerrojos,

esperando que las lunas en mis dedos

contemplen la cuna del nacimiento del deseo sobre tu cuerpo

Fotografismos de Eugenio Robleda



Sin máscara I
Hoy se vio en el espejo,
yermo despacio y lento
ni muy joven
ni tan viejo.

Excavó sus trincheras,
recordó las batallas,
y cada uno de sus conflictos
encaramados a su espalda.

Por primera vez se vio.
Identificó cada una de las líneas,
incluso las de las manos,
y supo que todo en su vida
fueron esfuerzos en vano.

Hoy se vio al espejo.
Por fin se miró sin máscara,
se quedó perplejo,
quiso ser gran señor,
pobre gran…

Sin máscara II
Se levantó,
al espejo se miró.
No era ni más ni menos hombre,
sólo era yo.

Sin máscara III
Ayer era aquel tras el antifaz,
mitad hombre y mitad animal.
Hoy, no sé…
Solo tan sólo me enamoré.
Obra: Eugenio Robleda
Texto: Heriberto Cruz

domingo, 7 de septiembre de 2008

La alternativa del final



Parece que al igual que en la literatura, el hombre en sus historias va forjando su misma vida...


*Jesús se agachó, en la cama, María yacía abierta de piernas y sudando en su abertura. El crucifijo pendía sobre la cabecera y el viento soplaba, entraba por la vieja ventana. Él sabía esa era la última vez que compartía su cama: ¡jamás se divorciaría! María sólo había sido un instante de placer, un momento para rejuvenecer, y fugaz, habría de desaparecer como el aire del corpus tras la ventana.

*Jesús se agachó, en la cama, María yacía abierta de piernas y sudando en su abertura. El crucifijo pendía sobre la cabecera y el viento soplaba, entraba por la vieja ventana. Él sentía la gracia de su amor por María, su Magdalena, único y real misterio del verbo hecho carne: el amor de hombre.
Caminó hacia la ventana, mientras recordaba el motivo de la segunda visita a su tierra, en su cabeza rebotaba la imagen de la cruz y la redención de los pecados de la humanidad: él era la última oportunidad de salvación sobre la tierra. Caminó tratando de olvidar el placer de la carne y el amor de su María, de su Magdalena. El marco empotrado sobre la pared era de buen tamaño, ¡podría saltar y que se fuera la humanidad a la mierda! ¡Podría quedarse entre los brazos de su amada y que se cayera el mundo! O podría esperar a ser entregado y muerto para redimir todos los pecados, inclusive aquel cometido entre las piernas de María… El viento sonaba como el aletear de las palomas blancas al anochecer, sus pies sobre la orilla y el vacío bajo él, era tan sencillo saltar, tomó impulso y decidió dar el último paso cuando escuchó a sus espaldas: — ¡Jesús, te amo profundamente! El crucifijo seguía colgado sobre la cabecera, y el viento soplaba, recorriendo el cuarto mientras entraba por la vieja ventana.

*Jesús se agachó, en la cama, María yacía abierta de piernas y sudando en su abertura. El crucifijo pendía sobre la cabecera y el viento soplaba, entraba por la vieja ventana. Él desapareció mientras María se recuperaba del orgasmo, y recordó las sensaciones olvidadas por su cuerpo, sus labios carnosos, su fuerte pecho y sus pezones túrgidos, sus manos firmes tras sus nalgas, el tamaño exacto de su verga. Entre abrió los ojos y vio el crucifijo mecerse por el influjo del viento, como aquel día de hace dos años en que Jesús decidera suicidarse… Entre abrió los ojos y recordó, todo había sido un sueño, le seguía extrañando. Se levantó para vestirse y una gota de semen se escurrió entre sus muslos.

*Jesús se agachó, en la cama, María yacía abierta de piernas y sudando en su abertura. El crucifijo pendía sobre la cabecera y el viento soplaba, entraba por la vieja ventana. Él recogió su vieja armadura, su protección en mil batallas, y se sintió menos hombre. Ella tocó su vientre mientras lloraba, sentía su semen quemándole las entrañas. Ella acarició su vientre, había gozado de este hombre aunque no fuera su hombre, había gozado de la fuerza de su animalidad, en esta, su noche de bodas: seguía pagando con creces los derechos de pernada, cobrados como hombre en vidas pasadas.

*Jesús se agachó, en la cama, María yacía abierta de piernas y sudando en su abertura. El crucifijo pendía sobre la cabecera y el viento soplaba, entraba por la vieja ventana. Él tomó de entre sus ropas la navaja y se acercó amenazante, ella no podía creerlo, ahogaba sus gritos en sollozos, temblaba de pánico, de coraje, de placer. Jesús puso el filo del arma entre sus piernas: el olor del miedo lo ponía firme.
María comenzó venirse, Jesús se revolcaba en las sábanas mojadas del tibio elixir de la vagina de María, mientras ella temblaba y se venía, él la acariciaba y eyaculaba, eyaculaba y la acariciaba. Agotado dejaba escurrir la baba por su boca, se levantó para tomar agua y sintió una pulsación sobre su bajo estómago : sin saber cómo la navaja, enterrada hasta la mitad del mango, perforaba su vientre.

*Jesús se agachó, en la cama, María yacía abierta de piernas y sudando en su abertura. El crucifijo pendía sobre la cabecera y el viento soplaba, entraba por la vieja ventana. Él que sabía de Dios y de los hombres, no sabía de amor. María le tomó de la mano y le llevó sobre su cuerpo y él, olvidando la creación, se dedicó a formar nuevos paraísos dentro de su vientre.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Mi imposibilidad


Como siempre, como anteayer, el día de antes de ayer, me levanté casi al acostarme. Las tres de la mañana y saco a Jaime de su jaula, no sin antes cerrar la puerta de mi cuarto, no es mía y le prendendo como si lo fuera. Prendo la tele y busco alguna película en el sistema de cable, mientras, repaso incansable el color negro del techo, mi propio infinito, a pesar de los años le sigo buscando constelaciones perdidas, extraviadas de los relatos de tantos viajes épicos que hay dentro de mi armario. Cojo el control remoto y cambio canal tras canal, siempre pienso al momento de buscar una película: Estoy convencido que la causalidad de la caja idiota, siempre, siempre tiene un mensaje que darme, algo nuevo para aplicar a mi vida. Escucho el sonido de las patitas de Jaime recorrer incansable su reino atrás de los muebles y bajo la cama, ese reino que yo le fabriqué y dónde ella gobierna y manda, dónde mi elemental humanidad se somete a su soberana animalidad. Acomodo las ocho almohadas sobre mi cama y me pierdo en el limbo de mis pensamientos. Hoy al igual que hace noches, estoy sólo, deseando su desnudez, el calor de su cuerpo, la tibieza de su boca, la humedad de su entrepierna. Concilio dos o tres horas de sueño con una erección, le amo demasiado y le deseo hasta los huesos. Me pregunto en las quimeras de mi pensamiento si ella guarda bajo la piel la historia que escribimos el pasado sábado, si todavía tiene impregnado mi olor y las manchas de semen sobre su vientre. Sé que me ama, y a veces, eso me da miedo, porque le amo toda, completa, con todo el paquete, le amo mujer, madre, hija, cómplice, amante, pareja, y eso me da miedo, me da horror no ser suficiente ni necesario ni hombre ni trabajador: me paniquea querer ser escritor y matar nuestro amor de hambre. Cualquiera podría decirlo: "Yo llevo a mi casa el pan con el sudor de frente", ¡eso no me importa! ¡Yo quiero poner la mesa con el sudor de mis letras! ¡Eso! Eso, a veces, suena imposible, y antes de despertar dejo de creer en mi... Llevo 25 años con la maldición de las letras en mis manos: juegué, escribí, estudié, escribí, crecí, amé, escribí, trabajé y escribí, trabajo y escribo y amo y escribo, cojo y escribo, duermo y sueño letras desgajadas, llenas de soledad, de nada, de la otredad soñada, siempre alejadas de mi mismo. Escucho las patas de Jaime entrando en su casa de hurón para dormir, y le envidio, hasta ella tiene su propia casa y sin ser mía goza de todos los privilegios y prerrogativas de mi amor incondicional, siempre la he considerado mía... Me levanto con la idea, con el temor de reconocerme un asesino en potencia, y junto un día más en busca del anhelo: ¡Quiero ser escritor de los buenos, no asesino! ¡No quiero matar a mi amor de hambre!... Y al igual que anteayer, el día de antes de ayer, vivo.

lunes, 1 de septiembre de 2008

La Divina Comedia y la deconstrucción del artista



I.- La Divina Comedia

La Divina Comedia es un libro en el que confluyen los conflictos morales, espirituales, políticos, sociales e históricos. Prueba de ello es la disputa de los historiadores por saber el año en el cual se comenzó la redacción de este libro; mientras los más sugieren 1306 o 1307; otros proponen 1314; después de la muerte de Enrique VII de Alemania. Esta discusión fuera de un fin frívolo tiene por objeto saber si Dante Alighieri inició su trabajo en la madurez, cuando las pasiones se encuentran en declive, incluyendo la esperanza; o en el ímpetu de la juventud.

En este conflicto se encuentra entre espinas, si los motivos del autor para escribir son la renuncia a sus intereses políticos (Dante fue desterrado y se piensa que en la Divina Comedia impone su consuelo tras la muerte de Enrique VII, prueba de ello son las alusiones a sus intereses políticos durante la obra), al ensimismamiento, su carta espiritual; la otra versión habla de un escritor que ve en su obra un instrumento para la lucha y una forma de defender sus ideales en el destierro.

Es una obra de inicio de siglo, se le sitúa en el 1300 o en el 1301, de ahí la naturaleza apocalíptica del argumento y de la etimología de su nombre, comedia se deriva de Kome y quiere decir canto villano; y tragedia de trages y quiere decir canto cabrío[1], no es necesario relacionar esta visión con el entrañable viaje que realiza Dante (nunca alguien ha realizado otro de esta magnitud en la literatura), ni con el significado de lo cabrío para la época llena de oscurantismo y simbologías luciferinas y diabólicas. Pero cabe mencionar que si el infierno de Dante es horrible e inmundo; el paraíso, fin del viaje, es un poema sacro, como lo menciona Boccaccio[2] en la iglesia de San Esteban, “la obra tiene un sentido preciso, sin duda a fin a la palabra” (aclaremos que divinity en inglés vale por teología así como divine por teólogo).

En su viaje Dante recorre el infierno; dividido en nueve círculos decrecientes (como gradas de un teatro al aire libre donde cada peldaño simboliza un pecado), los cinco primeros forman el Alto Infierno y los cuatro últimos el Infierno Inferior, que es una ciudad con mezquitas rojas, cercada de murallas de hierro con sepulturas, pozos, despeñaderos, pantanos y arrecifes. En el centro de esto se encuentra Lucifer, quien mueve el mundo para hacernos caer en pecado.

Entre el infierno y el purgatorio se encuentra el Leteo, el río del olvido donde una vez pagadas las culpas cada alma toma el baño reconfortante para dejar en el pasado su sufrimiento. El purgatorio es una isla con forma de montaña, tiene una puerta y en su ladera se escalonan terrazas que significan los pecados mortales, el jardín del Edén florece en la cumbre. Alrededor de esto giran nueve esferas, las siete primaveras son los cielos planetarios: Luna, Mercurio, Venus, Sol, Marte, Júpiter y Saturno, la octava del cielo de las estrellas fijas y la novena: el Cielo Cristalino a este lo rodea Dios con su bondad como Rosa de nueve coros (masa coral de las flores).

No es difícil imaginar que la simbología de la Divina Comedia de Dante tiene sus bases en el pensamiento de la época: el número 1 divide cada infierno, purgatorio, cielo; cada uno dividido en nueve círculos, el 9 significa principio y fin, cada número multiplicado por nueve al sumar los números que componen su resultado darán 9 v.gr:
a) 9x9= 81
8+1=9
b) 121x9= 1089
1+0+8+9=18
1+8=9

Además es de suponer que el 9 es un número perfecto que proviene del 3 (3x3=9), número que simboliza a la Santísima Trinidad, el proceso del alma: Infierno, Purgatorio y Cielo. La figura simple es el círculo y en 3D la esfera, estas figuras simbolizan la cosmogonía de Dios en la literatura católica y de los grandes pensadores griegos.

Virgilio[3] es su guía por los caminos del infierno y del purgatorio; su amor terrenal Beatriz en el umbral de la gloria, se convierte en su guía en una visión teológica, este encuentro es uno de los pasajes más bellos y desde el punto de vista artístico es el núcleo de la Divina Comedia (el artista es esclavo de sus pasiones, prueba de ello es cuando se refiere al círculo de la lujuria con envidia, ansiedad y admiración), el amor forma este encuentro asombroso entre ángeles, la palabra de Dios, virtudes y la fusión del pasado, presente y el porvenir.



II.- Cavilaciones sobre el texto

Dentro de estas imágenes dantescas sólo resta el preguntarnos si el caer en manos de los “pecados” es tan desevolutivo, Michael Onfray en su libro El vientre de los filósofos menciona que Emmanuel Kant se puso una borrachera en la cual perdió la razón, nunca recordó donde vivía y terminó tirado en la calle. Durante siglos se han buscado alimentos, olores y tónicos para fortalecer el placer sensual y probablemente como diría Laura Esquivel “Uno es lo que come, como lo como y con quien lo come”. La gula no es en sí misma un placer de la idiosincrasia del mexicano.

Algunas veces nos preguntamos sobre el infierno, pero al mirar el testimonial de la historia encontramos que “el infierno está en nosotros” en una manera sartriana de pensar prueba de ello son un sin número de artistas que han caído en la “perversión”: Edgar Allan Poe era alcoholico; Rimbaud, homosexual; Dante deseaba a una mujer casada; Van Gogh era obsesivo; Genete fue excomulgado y salvado de la orca tres veces; los pensadores como Sócrates y Aristóteles practicaban la sodomía y el intercambio de placeres sexuales con sus discípulos; Sade disfrutaba por medio del dolor; Sor Juana era lesbiana; Tulousse Lautrec practicaba el trasvestismo y el fetichismo; Jim Morrison era la apología de todo lo prohibido; etc. Entre tanta “perversión” ¿no existe lo divino? Cómo diría Hegel: “El arte es lo más cercano a Dios, es una manifestación divina”.

Lo cierto es que la Divina Comedia es un poema épico de la Edad Media lleno de conflictos, entre ellos el pensamiento cristiano de la época (que por desgracia subsiste en la actualidad: Dios castiga nuestras malas acciones. Si Dios es amor no nos puede castigar, lo hacemos nosotros con nuestro libre albedrío) el oscurantismo de la época y la incertidumbre sobre que hay más allá de la vida y la muerte: uno de los enigmas más grande de la humanidad.

[1] Estudio de Jorge Luis Borges sobre la Divina Comedia, Ed. Cumbre. México, 1982. Pp.XII.
[2] Escritor italiano, su obra más famosa es el Decamerón
[3] Poeta latino autor de la Eneida, las Bucólicas, y las Geórgicas.

La verdad de Pedro



La quietud del paisaje siempre electriza los sentidos de Pedro, le recuerda que las emociones viajan 90 veces más rápido que la razón:

— No lo conozco, ¿he de repetir mil veces que no lo conozco? –Alterado cierra el zipper de su chamarra Pierre Carmín. Se aleja presuroso como hormiga silenciosa, con la conciencia eferveciendo. Siente las miradas penetrantes de todos aquellos seres conocedores de la verdad cuadrilonga que le afecta: la tierra no es redonda, es un cuadrado perfecto.

Camina con las mejillas rojas. Sí, con las mejillas. Se detiene y pega la cara en el sendero para escuchar, en la voz de la tierra, si lo persiguen:
— Sólo tú sabes la verdad. –Escucha el rebotar de las ondas de algún manto acuífero o del drenaje:
— Es tu verdad, la verdad de Pedro.

Se levanta espantado, saca una piedra de su huarache con suela de llanta, eso sí, europea. Aprieta el paso mientras busca en su bolsillo, tentando corrobora que todavía está allí. Cierra el puño y tensa cada uno de los músculos de su mano.

A lo lejos escucha “Time is running out” cual anuncio del inicio de la pasión. Voltea y bajo el marco de una puerta, dos muchachos se besan entrelazando sus lenguas, sinuosas y bífidas. Se tocan ávidos, sacando brillo a sus escamas. Se testerean por encima de la ropa, y en la entrepierna de ambos se puede percibir la mojadez de sus delicias. Pedro pierde la mirada pues distingue el brillo rojo de la lujuria en los ojos de los párvulos precoces. Pedro es todavía virgen.

En la esquina de Pensador Académico y Maestro Morfosintáctico se detiene impávido, un graffiti muestra un icono sagrado sosteniendo un tag con la cabeza:
“Sólo tú, Pedro, sabes la verdad”

Ya no puede más, siente un millón de bichos caminando en la cabeza, siente dolor recorriendo su cráneo, parece que las ideas están a punto de explotar. Se detiene frente a una casa, se acerca…

Apaga su sistema de monitoreo. Alguien toca a la puerta:
— Maestro.
Pedro se arrodilla y besa su mano mientras dice:
— Todo se hizo de acuerdo a sus planes.
— ¡Perfecto!
Extiende la mano sin estigma: —Tienes algo para mí, ¿no?
— Sí
Pedro mete sus manos al bolsillo de la chamarra y saca una talega con 500 monedas de oro. Se las da en la mano.
— ¡Ya levántate! Tanta parsimonia me revuelve el estómago. Por cierto, ¿quieres un mollete? ¿Una cuba? —afirma sin estigmas en la frente—.
— No, gracias –contesta el maldito Pedro
— Entonces, cuéntame ¿cómo sucedió todo?
— Pues – se pone nervioso- después de la cena decidimos ir al bar…
— ¿No quieres una puta del bar “Los olivos”?
— No, gracias –está horny y se pone nervioso— pues se hizo el cambio como lo teníamos planeado, ya en el bar, Magdalena se encargo de darle de beber y de ponerle las líneas sobre la mesa. Se refino como tres teibols, una chupadita y tres botellas de güisqui.
— Entonces, sirvió tentarlo y que tomara mi lugar –Pedro es un pendejo, maldito y pendejo. Pedro es un pendejo—.
— Lo único que yo no sabía —Pedro está extrañado hasta el tuétano— es que iba a caer la policía. Llegaron en redada por él. Repartieron madrazos por todo el lugar. Juan, Mateo, Santiago y yo, alcanzamos a salir por la puerta trasera, pero él —sin cuernos— estaba tan high que lo agarraron luego luego. Se lo llevaron a narcóticos y desde ese jueves le han puesto ¡cada putiza para que hable! Pero él —sin cola y patas de macho cabrío— no dijo nada y ahora lo van a trasladar al Cereso, pero la competencia ya tiene planeado darle mate en el trayecto. Le van a dar cuello por el método de la pasión, van a parar el convoy, lo bajan de la Julia apunta de golpes lo arrejolan y lo crucifican en un poste de luz.
Lo único que no entiendo es ¿cómo llegó la policía?
Pedro se rasca la cabeza.
— Cómo eres buey, yo di el pitazo. Les dije que hablaran con Yudas que lo convencieran de que hablara, que él podía soltar la información.
— Pero, pero…Maestro.
Pedro está que se caga de miedo:
— A Yudas lo encontraron muerto, colgado del asta bandera de la secundario 41.
— Claro, recuerda lo que le pasa a los traidores y soplones. Además el muy buey se vendió por 500 monedas de oro, ¿tú crees? En serio, ¿no quieres una puta?
Pedro está nervioso, muy nervioso. Niega con la cabeza. Es que a lo mejor sí está caliente y es pendejo. Se levanta, sin la llaga en su costado y camina hasta el servibar. Se sirve un J&B doble, con mucho hielo, le sabe tan rico:
— Pues mi querido Pedro, ahora sabes toda la verdad.
Le apunta directamente, con la 45, a la cabeza:
—Tu crees que soy imbécil o qué pedo. Eres Pedro Pescador, agente secreto de la AFI.
Pedro, el muy buey, suda como cerdo.
—Yo soy Jesús & Blood. Yo lo puedo ver todo, tengo mis monitores especiales. Pensaste que me tenías en la bolsa desde que dije: “Sobre esta piedra edificaré mi imperio”. ¡Qué pendejo eres! Ni modo manito ya te cargo la chingada.
¡Bang!

Golpean la ventana, fuerte y voltea:
— ¡Órale, pinche Jesús! Ya cálmate o te damos tus choquecitos en la cabeza –grita el buey de blanco- eso, bonito, siéntate a ver tu televisión, eso, quieto frente a tu monitor.
— ¡Pobre Jesús! De tanta coca quedo mal –dice Mary, residente del siquiatrico— siempre se da de topes en la cabeza hasta sangrar.
— ¡Y fue el rey de la cocaína! –inquiere Fernando Lucci Without Cuer Nos, doctor y director del sanatorio- lástima siempre creyó que había acabado con sus enemigos. Con la coca no pudo.
Epílogo
— ¡Pedro, Pedro! Otra vez haciendo cuentos pendejos para “La cucharita del crack” —dice su madre encabronada— mejor ponte a trabajar, ¡los escritores están locos!
Fotografía: El ojo de Dios /NASA (distorrsionada x mi)
Texto: Heriberto Cruz

domingo, 17 de agosto de 2008

Mi nombre



Si pensabas que hoy no me revolcaría entre las letras
pidiendo a gritos tus besos,
no estás equivocada,
prefiero tus brazos y tus piernas,
tu boca tibia,
que cualquier oración salida de mis manos malditas.
Y lo están porque sólo hablan de verdades,
de la vida,
son incapaces de enarbolar una mentira.
¿Quién hay que intente escribir sino puede hacer de la verdad una falacia,
de la imposibilidad la posibilidad de la existencia,
crear la realidad de la mentira?
Y es que mis manos,
y mis dedos,
y mis labios,
y mi corazón nunca te mienten,
que decir de mi cuerpo y de mi verga,
del placer
que el calor de tu cuerpo eterniza
y jamás posterga.
Ellos tampoco te mienten
si de rodillas te piden,
suplican,
que los ames
y no los olvides,
que los lleves presentes,
aunque hayan pasado otros días,
sobre tu piel y la textura de tu vientre.
Si pensabas que hoy no me revolcaría entre las letras
para amarte,
dibújate tu nombre,
en el pecho y en la cadera,
y mira al amante
de tus noches incompletas,
del espacio de tu agenda,
de tu poco ocio,
míralo despacio
y apréndete su nombre,
ve al esposo,
al amante,
al hombre...
Observa lo que es tuyo,
y que jamás te miente,
y olvida la maldición de sus manos,
sólo sino lo vuelve incompetente,
olvida que escribe,
sólo si no puede amarte entre líneas, conciente...
Y si algún día no puede enamorarte con sus letras,
has lo que yo he hecho:
Olvídate que escribe,
pero no olvides su nombre...

sábado, 16 de agosto de 2008

Mi consigna



Llevo la consigna de esta era:
la soledad del hombre es la mía,
es una vieja pelota,
es un esfera,
es el único rincón mío en mi vieja anatomía.
Cuento los cigarros en la vida del cenicero,
y siento mis pulmones aguados,
ahogados en la saliva de las palabras extintas,
que no dicen algo,
que dicen nada.
Escucho el aire profugo,
tras los barrotes de la celda de mi corazón cautivo,
vacío, lleno de vacío,
harto del asco de mi mismo.
Y escucho los tacones de mi vieja soledad,
la voz serena y ubicua
de lo que no me pertenece,
de lo que jamás fue mío,
de lo único que poseo:
el hoyo de siempre en mi bolsillo.
Sí, la soledad del hombre es la mía,
porque es el fuego de la linterna apagada de mi vida,
es mi pareja,
la que me despierta con besos
y me da los buenos días,
y me despide al trabajo,
al trabajo de seguir viviendo esta vida mía.
Sí, la soledad del hombre no es de todos,
es mía, sólo, solo mía.

lunes, 28 de julio de 2008

2.- Un día (Sueño rosa, flores amarillas y cuentos con sabor a sal)


“Un día élla se despertó y se supo enamorada, un día él despertó y estaba enamorado… él, dejó la armadura de sal al lado de la cama, corrió por un balde de agua, con cuidado metió cada pieza de su viejo traje, compañero de tantas batallas, hasta disolverlo lentamente, filtró el agua con un paño que puso a secar al sol. En la noche comenzó a escribir miles de historias con la sal de su ya inexistente armadura…

Élla, sin saber la razón, sacó de bajo su almohada su último sueño de amor, aquel que tuvo antes de decidir desconectarse del mundo rosa que creaba cuando el sentimiento se agolpaba en el pecho, se estremecían sus manos y le recorría una especie de letargo que hacía su viaje entre las nubes más placentero. Tomó entre sus manos ese sueño y lo apretó con fuerza a su pecho mientras escuchaba el canto de su pequeña sirena, que entonaba canciones de amor aprendidas, dejadas y olvidadas y que tal vez, únicamente ella recordaba.

Él terminó de escribir, abrió la puerta de su casa y encontró sobre el pavimento un rastro de hermosas flores amarillas. Tomo lo que había escrito y fue siguiendo el camino a la vez que recogía cada uno de aquellos botones prendidos en el asfalto. El rastro se extinguía frente a una puerta, con su ramo improvisado decidió tocar pero la puerta se abrió subitamente. ¡No lo podía creer era élla!
Élla, al verlo, quedó enmudecida. ¡No lo podía creer era él!... ambos se perdieron en los ojos del otro mientras el tiempo corría indeciso como hoy, [a lo mejor estaba dispuesto a ser mañana] y cuando por fin decidieron hablar dijeron al unísono: ¡Te soñé! Rieron y se sentaron a la orilla de la banqueta, platicaron de su sueño, intercambiaron las flores amarillas y el sueño rosa. El tiempo seguía implacable y se hicieron viejos, al termino de la plática se dieron cuenta que habían pasado su vida juntos, cómo en su sueño: ese que los hizo despertarse, un día, enamorados para siempre”.

- ¡Wau! Qué bonita historia –dijo élla abrazándolo con fuerza y acercándose hasta tenerlo de frente-.
- Sí, verdad, pero eso sólo pasa en los cuentos llenos de magia con sabor a sal –él, la beso tiernamente y con una caricia acomodaba una flor amarilla sobre su oído cerca de su pelo cano. Élla acariciaba lentamente las arrugas en el pecho de él, que llevaba tatuado un sueño rosa justo en el corazón mientras la olas rompían serenas con la caída de la luna-.

Texto: Heriberto Cruz

Dibujo: Enrique Zaragoza

XI.- Mis demonios (después de La caída de la luna)



“Te hecho de menos, le digo al aire, te busco, te pienso, te sueño y siento que como tú no habrá nadie… Tengo razones para esperarte, porque no creo que haya en el mundo alguien más a quien yo ame…”
—Fragmento de Razones, de Bebe—

Tanto que estaba fregando por encontrar a mis demonios y ahora, ¡me cuesta tanto trabajo controlarlos! Ya les compré su traje de marinerito, disfraces de pato, de liga… es más hasta he pensado dejarles mi cuarto. Son tan metiches, encajan en algunas canciones de mis compactos. ¡Ojalá los hubieran secuestrado!

Uno que da lata pero lata de verdad, se llama Tú partida. Es rapidísimo, corre que corre el cabroncito, de arriba a bajo, a la derecha, a la izquierda. Mientras está lejos no importa, pero cuando pasa y me roza, siento la sangre helada, y por un momento se para el mundo. Entones me dan ganas de correr tras él y preguntarle por qué disfruta pasar junto a mi, pero es tan veloz que de cariño le puse: ¡Rapidín!
Jamás he podido verlo, y la verdad no quiero ni saber cómo es. Lo único que sé, es que si un día se pone frente a mí de veras el mundo se va a parar, rompiendo el cristal con que te observo y deshojando cada uno de los tulipanes que faltan por entregarte.

Por eso es que si lo veo venir, mejor me hago a un lado, no sea que se le ocurra pararse…

“Coge el viento en una mano y en la otra ten tu libertad, es la luna un gran amigo con el que poder hablar…”
—Fragmento de Coge el viento, de La dama se esconde—

Uno que me encanta por pendejo es el Boiler, rechoncho, llenito, con su cara de angelito y con la mirada inocente. Se la pasa el día jugando con otras partes de mi vida, con mi consciente, lo que sé, con mis recuerdos y con mis principios fundamentales. Estoy al pendiente porque, ¡cómo es tan tontito!, siempre deja que le hagan trampa en los juegos y no se sabe defender, ¡pues hay que hacerle el paro! La otra vez, puso su bolsa de canicas a un lado, estaba tan entretenido jugando hoyitos con mi infancia que jamás vio que otros demonios le estaban dando bajín con sus canicas, en especial las bombochas. Les grité: ¡Órale cabrestos! Déjenle sus caniquitas al Boiler. Por eso es que casi no juega con los otros demonios de mi vida.

¡Es tontito, pero bien ojete! Cuando se junta con mi destino y mi concepto de libertad, siento la piel chinita, erizada… y más, si los escucho murmurar, como tramando algo. Sé por donde va su plan: tenía que llegar a tu vida para volvieras a conectarte, para que encontrarás el camino del amor de nuevo… recitarte al oído 25 mil maneras de amarte, que te dieran ganas de volver a amar y dejar que alguien tan diferente como yo entrara a tu vida con el único fin de amarte… y de preparar el camino para quien será tu amor. Naturalmente, ellos saben que lo único que no soporto en esta vida es ver que limito la libertad de las personas que amo, que tengo que dar sin esperar nada más…y que lo que haría al ver la llegada de tu verdadero amor sería dejarte en libertad…

“Si te cuento que ésta unión de dulce y sal me sujeto, y otras cosas parecidas que me envuelven y me dan de imaginar. Es que me deleito tanto, escuchándome inventarte en mi prisión, eres mi sueño preferido y no quisiera un día notar que este encuentro no me sucedió jamás…”
—Fragmento de Entre pairos y derivas, de Fernando Delgadillo—

Le dicen Espejismo, la verdad es que nadie sabe su verdadero nombre. Siempre está reptando por mi cuarto, se enrosca en las patas de la cama, su piel se camuflajea del color del sueño, es solitario, no le gusta la realidad. A nadie le gusta jugar con él por tramposo. Si se enoja estira la mano y te produce algo parecido a un síncope, no sabes si estás viviendo o soñando. Saca la lengua a mil por hora y se rasca tras las orejas que no tiene: él nunca escucha razones.

Procuro hacer que no existe, sólo cuando compro paletas de dulce le estiro la mano, ¡le encantan! Hasta se pone de buenas y esa noche mi sueño es profundo. Pero cuando está de malas lo más seguro es que despierte creyendo que toda nuestra historia fue sólo un sueño, que vivo enamorado de alguien que sólo existe en mi mente.

“Ángel en penumbra inspírame e ilumíname cuando en la desesperación no me puedo mover… Ángel invisible percibo cuando estás aquí y tu presencia hasta me cubre, la magia vuelve como cuando se fue, sigue como cuando se detuvo, sigue como cuando caigo hasta ti…y me salvas…”
—Fragmento de Ángel de las sombras, de La Castañeda—

Los lidercillos son una pareja, ¡de mujeres! Hasta en mis demonios ha llegado la liberación femenina. Se llaman Rutina y Costumbre, ellas son las que mueven los hilos de los demás demonios, sin ellas, cualquier demonio no tiene poder. Hay que tenerlas bien entretenidas, porque nada más están viendo a ver que hacen. Por eso es que me levanto a hacer ejercicio, o me pongo a ensayar, o me pongo a escribir, me acuesto tarde para ver si se cansan y dejan la joroba a un lado.
Por eso es que me deleitan las pequeñas cosas de la vida, como los mensajes mañaneros que te envío por el celular. Es como tratar de entretener a la rutina, de encontrar diferentes maneras de desearte un buen día, o los correos electrónicos, o mi locura repentina. No sé si lo he logrado, pero de verdad busco hacer de nuestra rutina una deliciosa costumbre. Por favor, si no lo logró házmelo saber.
Lo cierto es que sea como sea son mis demonios y con tal de que se sientan queridos un poco, de vez en cuando les doy chance de que jueguen un poco conmigo, está en mi destino hacer que todos cumplan sus sueños, ¿no?
Obra: Margarita Tavera
Texto: Heriberto Cruz

La caja que queda después de la caída de la luna

Inocente Juego


(para Laura y algún día para su Jess)
Hacer del juego la inocencia,
ver la danza y la sirena,
oír su canto seduciendo al viento
jugar al amor sin experiencia.


Andar precipitado, lento
saber del amor la flor y su vivencia,
aprender del idioma de los niños
que cada adiós
siempre regresa con forma de promesa.

Fotografismos de Eugenio Robleda



Amor Arte Objeto


Tras la monta
quedo a la orilla
con la hombría entre mis piernas abatida
no soy gurú
ni soy tu guía
soy la simple efigie, en dos patas, de la silla.
Obra: Eugenio Robleda
Texto: Heriberto Cruz

Alma de Juguete

La partida

Para Alib y aquellos que nunca llegaron



Él se ríe con cascadas de colores en los labios mientras brinca de un lado a otro de mi cuarto, lo recorre, saltarín va y saltarín viene provocando sonidos raros: ¡bric! ¡Cloin! ¡Doing! ¡Slap, slap! Siempre está feliz, siempre hay un motivo para reír y observar un arco iris nunca antes visto. Parece un muñeco que anuncian en la tele, de esos que le das cuerda y no paran de hacer sus gracias. Él siempre está feliz.

¡Nos divertimos tanto! Entra a mi cuarto de puntitas, cuando menos lo espero. Siempre con sus bermudas de mezclilla, playera rayada azul y blanco o ¿blanco y azul?, su gorrita de los serafines de lado y unos tenis Nike de pocas pulgas. No me extraña su llegada. Desprende tanta serenidad que cuando se sienta a jugar conmigo nada importa, hacemos mundos mágicos entrelazados de sueños, recortes de revistas y de la experiencia que nos falta para mezclar los polvitos del juego de química, ya saben obsequio de mi cumpleaños número cinco.

Se oyen pasos. Él pone su cara de susto con los ojos pelones y su cabello claro tieso por la adrenalina. ¡Coin, coin! ¡Coin, plin! Se escucha una respiración. El picaporte de la puerta da vuelta. De tanto susto, él se pega al techo como la estampilla de cualquier tira cómica. ¡Slurp! Escondo el tubo de ensayo mientras le sonrío a mi Mamí. Ella da la media vuelta y anda a cambiarse. ¡Kaboom! Explota el contenido líquido del tubo de ensayo y salpica el techo de mi cuarto regalándonos un cielo estrellado rojizo y amarillo, de ámbar goteado como el atardecer que se cuela por mi ventana. Revientan las risas en miles de colores centelleantes, mezcla de las gamas de su lugar de origen que se convierten en lluvia de brillos sobre la alfombra de mi cuarto cual tintinear de campanas celestiales. ¡Tling, tlang, tling!

Se acerca y me abraza feliz, guarda en su bolsillo mi última risa. Lo entiendo perfectamente, es un lenguaje que siempre he entendido. Se acomoda la gorrita y camina sereno hasta la ventana, voltea para despedirse serenamente y brinca despreocupado al vacío ¡Swing!

Por cierto el nombre de mi amigo es Ángel y se apellida De la Guarda ¿Se los había dicho? Mi Mamí me llama a cenar, lo más seguro es que me platique otra vez del hermanito que nunca tuve y cómo podría estar jugando con mi nuevo juego de química.
Texto: Heriberto Cruz Reséndiz
Dibujo: Enrique Zaragoza

Reportaje de TV Azteca sobre Libro Oral en EGO Comunicaciones


miércoles, 25 de junio de 2008

Panfleto La Caída de la luna


Historia de café



En una cafetería
una mujer
llora tristemente,
sus lágrimas salan el expreso
y entre sus manos
un papel tiembla.

Los claveles
del florero
se enternecen de su dolor
mientras
la silla se infla
para hacerse más confortable,
la mesa se acongoja
y con un guiño
quiere
hacerle sentir bien.
Pero las lágrimas
no paran.

Saca una moneda
y la pone
sobre la mesa.

Lentamente
se incorpora
y
toma dirección
de la salida.

Al abrir la puerta
siente
el golpe de la lluvia
y al frío soplando.
Camina
en un abismo
con el agua escurrida.

En la mesa
la hoja de papel
decía:

"Murió pidiendo le perdonaras
por haberte amado tanto..."

Encuentro



...:

- ¿Por qué te recuerdo?
- Tal vez, aún te quiero.
- ¿Por qué escribo a cerca de ti?
- Es que aún te recuerdo.
- ¿Por qué no pienso mas que en ti?
- A lo mejor... estás presente en mí.
- ¿Por qué te perdí?
- Es que... aún no estaba preparado para amarte.
- ¡¡Adiós!!- corriendo y llorando. ¡Snif!
¡¡Lo siento!!- gritando. En voz baja:
- Siento haberte amado a lo loco.


_¡¡¡ Fin de la hora de visitas!!!
_¡¡¡A su cuarto pinches loquitos!!!

El eterno idilio entre las mariposas y las hormigas [Fragmento]


— Por cierto, ¿cómo te llamas? —pregunto mientras desesperado fuma su cigarro—.
— Jorge —aspira el humo de su cigarro, se ve más tranquilo—.
El Gordo le arremeda por la espalda. Se seguirá pitorreando a sus costillas y algún día Jorge hará lo mismo con un chavito fresa de servicio social.

[Ruido blanco].

“Drive away and it's the same
Everywhere death row, everyone's a victim
Your joys are counterfeit
This happiness corrupt political shit
Living life like a comatose
Ego loaded and swallow swallow swallow
Under neon loneliness motorcycle emptiness
Under neon loneliness everlasting nothingness.”


— En estado de coma, vivimos del ego, cargándolo, solventándolo y guardándolo en el buró de al lado de la cama y algún día nos damos cuenta: nunca hará las simientes de una nueva vida. Probablemente, es una parte de nosotros que deberíamos olvidar con más frecuencia. De las ondas pasadas The Manic Street Preachers, la canción Motorcycle Emptiness. Les recuerdo los teléfonos del cuarto de sorpresas 52393540 y 41. Hablen, tiren una moneda al aire y pidan un deseo: la luna siempre está dispuesta a escuchar. [Pausa]. Cuando encontramos o reencontramos a alguien es inevitable la sensación de incredulidad, de fantasía. Y es natural, el golpe de los recuerdos y las vivencias pasadas nos hacen vibrar alrededor de la sorpresa, y por qué no, de un poco de miedo, el cual, nos hace ver sombras en la oscuridad. Pero, de algo estoy seguro, siempre encontraremos un destello en la inmensidad del infinito que pasa a través de nuestra existencia con el único fin de llevarnos por el sendero del cambio. Se quedan con James y She’s a Star. [Identificación: La caída de la luna].


“She's been in disguise forever
She's tried to disguise her stellar views
Much brighter than all this static
Now she's coming through
Oh no, she knows where to hide in the dark
Oh no, she's nowhere to hide in the dark
She's a star
Don't tell her to turn down
Put on your shades if you can't see,
Don't tell her to turn down,
Turn up the flame.
She's a star
It's a long road
It's a great cause
It's a long road
It’s a good call
You got it
You got it,
She's a star."

Lo único malo de estar encerrado en una cabina de radio es que no puedes ver el cielo ni las estrellas y pareciera que la existencia se te va de largo. Los sinuosos pasillos, la enredadera de la información encerrada entre estos muros, ¿cuántas vidas se consumen bajo las antenas que hacen posible cada emisión? De arriba abajo, escalón tras escalón. ¿Son las mismas estrellas bajo el mismo cielo para los dos? Cuántas veces no he soñado mi mano estirada, con el cobijo de la noche, depositando un deseo a tu lado y dibujando una sonrisa entre tus sueños para saberte feliz.

¿Sabes? Cuentan los operadores y los ingenieros de transmisión que por las noches, cuando se terminan los programas en vivo, se pueden escuchar susurros y el teclear en las computadoras. En algunas estaciones, afirman, se pueden ver personas o fantasmas o entes vagando por las oficinas vacías.
Cómo Juan José, ejecutivo de ventas de la estación. Desde que su esposa lo abandonó por un hombre más joven se dedicó a trabajar duro, terminaba su jornada cerca de las doce de la noche. Yo creo que le daba pena o coraje llegar a su casa y encontrarse solo. Murió de un paro cardiaco. Lo encontraron sentado frente a su escritorio. Ahora, los operadores dicen que escuchan el ruido de la fotocopiadora en su oficina o el sonido de los pasos ir y venir, igual que cuando Juan José trabajaba hasta tarde.
Parece un cuento de fantasmas. Lo cierto de todo es que las palabras se encierran entre los muros. Las vivencias y las emociones generadas se aprisionan entre los controles y las paredes. A veces, creo las historias se esconden entre los cables y los micrófonos esperando a ser contadas.

Desde ese día, sí, cuando nos reencontramos, aparece en mi el deseo de contarte como nos conocimos, para no olvidarnos, para no repetir los errores que antes dejaron un hueco en la existencia de cada cual. Por eso es que te escribo, te escribo letras gastadas sobre un papel, por eso te busco entre las líneas y la cadencia de un sueño fomentado desde niño: me encantaría ser escritor de los buenos.

¿Crees que algún día, alguien contará nuestra historia? ¿Seremos una historia viajera en el tren de la vida? ¿Pertenecemos al mismo tren desaforado sobre las vías de un amor de contrabando? Por eso te guardo y te platico por el micrófono, para encerrar esta historia entre las cuatro paredes de esta estación, con suerte, un día, estando apagada la radio escuchemos el sonido de ese día cuando la luna se cayó y lleno nuestras vidas.

Tomo un sorbo del café, liquido aromático mensajero del sabor de tus labios y del color de tus ojos expresivos, retóricas ventanas de tu alma.

— Vas mi hermano —dice el Gordo entretenido con los mensajes de su celular—.
— Por cierto, regálame otro cafecito, ya sabes sin azúcar y de la jarra de la oficina, no me vayas a dar de la maquinita.
Pido, a la vez que le extiendo la mano con mi taza vacía, pero llena de besos alrededor, en la orilla. Lo juro, en cada trago siento el calor de tu boca y la tersura invitante de seducirte, de tocarte, de acercarme a tu cuerpo de manera lasciva y hacerte mía y ser tuyo hasta el límite del deseo.
— ¿Algo más? Soy tu mandadero, no cabrón —alega y estira la mano y se encamina a la salida de la cabina, haciendo aspavientos y muecas con la boca—.
— Por favor, y si está bien caliente, mejor.
Tengo tus ojos cual obsidianas en el iris, reflejando las imágenes de cada vez que nos vemos, te llevo tan presente tan conmigo tan como tú: eres todo, mi día y mi noche y mis espacios y mi único silencio y el despertar a una nueva forma de vivir.

[Golpe]. [Identificación: La caída de la luna]. [Abres micrófono y entra locutor].

La estructura del beso


La estructura de un beso es la dilación del tiempo,

es el rito,

es la sujeción del alma,

humedecer las entrañas,

hacer la carne blanda.

La estructura de un beso es el preámbulo al ansia de morir,

de ganas,

de lujuria,

de deseo,

es sentirse libremente preso...

viernes, 20 de junio de 2008

Fragmento del 1er capítulo de campaña de prevención VIH-SIDA


Op. Entra Música [identificación de campaña] a P/p y bajas a fondo.
Entra Locutor institucional.
Loc Inst.
Esta es una producción de Visión Mundial de México, A.C. con el fin de crear conciencia sobre uno de los problemas que aqueja tu comunidad: El contagio del Virus de Inmunodeficiencia Adquirida (VIH) y su sintomatología el SIDA.

Lo que escucharás a continuación son historias verdaderas que suceden con frecuencia en cualquier comunidad de la República Mexicana.

Los nombres de los personajes han sido cambiados por el respeto que nos merece cada una de las personas involucradas en la Trama.
Op. Sube Música a P/p y mantienes para hacer cross con música de historia.
Op. Efectos de ambiente a P/p. Va a fondo. Entra Loc.
Loc. Inst.- Carlos camina por alguna vereda mientras recuerda aquel día saliendo de la escuela…
Carlos (Voz de joven como de 17 años, gritando).- ¡María, María! ¡Espera, por favor!

María (voz de mujer joven como de 15 años).- ¿Sí?

Carlos (agitado).- ¡Hola!

María.- ¡Hola, Carlos!
[Silencio]

María.- ¿Qué quieres? Acaso me detienes para quedarte callado. Perdón, pero llevo un poco de prisa.

Carlos (nervioso).- Es que… es que… (Rápido) ¡Quiero ver si me permites acompañarte a tu casa!

María.- ¡Y ora tú! ¡De veras que estás raro! Si siempre nos vamos juntos…

Carlos.- Es que hoy es un día especial, muy especial…

Loc. Inst.- Los detalles de esa tarde se agolpan en la memoria de Carlos, el olor de la hierba inundando cada ladera, al sol traspasando con sus rayos el follaje de los árboles y despuntando cual cristales sobre el rostro de María.
Op. Se oyen pasos que se detienen
Loc. Inst.- Carlos se detiene y…

Carlos (ansioso).- ¡María!

María.- Mande…

Carlos (sorprendido).- ¡De verdad que te ves hermosa!

María.- ¡No seas payaso!

Carlos (tierno).- Sí, eres muy bonita y pues (pausado) yo quería decirte…

María (juguetona).- Eso quiere decir que ya no me vas a decir…

Carlos.- ¡No!

María.- ¿No?

Carlos.- ¡No me confundas! (decidido) ¡Quiero que seas mi novia!

María.- ¡Por fin! ¡Hasta que te decidiste!

Carlos.- Eso quiere decir…
Op. Se oye un beso
Loc. Inst.- Carlos siempre recuerda con ternura ese día en que comenzó su noviazgo con María. De eso hace ya dos años. Se sienta junto al árbol que divide el camino, esta sumido en sus pensamientos. Cuando…

Francisco.- Hola, Carlos.

Carlos (desganado).- Hola, Francisco.

Francisco.- ¿Sucede algo? Te ves desganado y triste.

Carlos.- No es nada, a lo mejor y tanto calor me abochorna.

Francisco.- En serio, si en algo puedo ayudarte, ¡sabes que puedes contar conmigo! Sea lo que sea. Somos amigos, ¿o no?

Carlos.- Desde chavales.

Francisco.- Sí, tú siempre en problemas y yo tratando de ayudarte (ríe).

Carlos.- Cierto. (Preocupado) Tú, ¿qué sabes del VIH y el SIDA?

Francisco.- No mucho pero, ¿por qué la pregunta?

Carlos.- Pues como sabes María y yo somos novios, y la verdad estoy muy enamorado de ella y…

Francisco.- De seguro te quieres casar con ella.

Carlos.- ¡Pues sí!

Francisco.- ¿Y eso que tiene que ver con el SIDA?

Carlos.- Tú mejor que nadie sabe…

Francisco.- ¿Yo?

Carlos.- ¡No te hagas! Acuérdate de nuestros días de parranda, aquí cerca, por la cañada…

Francisco.- ¡Cómo no me voy a acordar! Si por esos días (pícaro) fue cuando te iniciaste en los caminos del amor…

Carlos.- Pues eso, eso mero las relaciones sexuales que tuvimos con aquellas muchachas no eran por amor, ¡sólo placer y curiosidad!

Francisco.- ¡Fueron calaveradas de chavales!

Carlos.- Sí, pues esas calaveradas me tienen con el alma en un hilo.

Francisco.- No te entiendo.

Carlos.- ¡Sí, a aquellas muchachas no las quería y a María la amo!

Francisco.- Sigo sin entenderte.

Carlos.- Aquellas veces, tuve relaciones sexuales sin utilizar condón

miércoles, 4 de junio de 2008

Esbozo



Aparece,
cada noche,
en la espiral del deseo,
en el laberinto de la piel,
de todo aquello que vivo
y que no veo.

Aparece en el silencio,
en la bocanada,
tras el vacío de la despedida,
en lo repleto de la nada,
tras la muerte de un beso,
y la vida entre tus labios encerrada.

Aparece,
el esbozo de la pareja que somos en mi mente.

lunes, 26 de mayo de 2008

Telegrama corto



(comillas) Cada loco con su tema (se cierran comillas) (punto y aparte)


(puntos suspensivos) Impredecible (punto y aparte)


Yo (puntos suspensivos) Loco (punto y aparte)


El amor (puntos suspensivos) Sin rumbo (punto y aparte)


(se abre admiración) Bonito triángulo amoroso (se cierra admiración)


Lástima de bobos (punto y aparte)

Atentamente
Uno de los bobos
(punto final))

martes, 20 de mayo de 2008

La venida del Señor


— Buenas tardes amables pasajeros, tengo 33 años y estoy muriendo de cáncer —dice levantándose su playera roja— llevo tres días sin comer y aún no he podido tomar agua, donde vivo no hay agua.
Golpea su vientre con la palma de la mano. Suena al sonido de los huesos, sin piel, que chocan bélicos y vencidos por la lucha por la vida. Su torso es una marimba con pellejo sucio. Las escaras de la mugre se confunden con los tonos marrones de una epidermis enferma.

Son las 2:30 pm. y el metro se mueve llevando a cada usuario a su porvenir, pareciera que existe una estación destino cual dulce envoltura de la cotidianidad de todos los que habitan ésta ciudad de sueños despejados y de la desesperanza.

— Próxima estación: Colegio Militar.
Se escucha por la bocina de los nuevos trenes. Estos vagones de calidad de importación [son franceses y españoles] llevan en sus costillas de metal a estudiantes, abuelitos, amas de casa y alguno que otro valiente que decide afrontar el reto de la rutina: desgastarse físicamente por unas cuantas monedas y venderse al mejor postor con tal de tragar.

— Si alguno de ustedes trae un bote con agua y ya no se la va a tomar, ¡no la tire! Con gusto yo puedo tomarla.
Las palabras caen de su boca con letras desiertas y desgastadas, secas. Tiene los labios blancos y la saliva espesa. Se recoge su larga cabellera con la mano sucia mientras con la otra se abraza a un tubo de en medio del vagón.

— La verdad yo no sé robar. Lo he intentado y lo único que he podido hurtar son las palabras que me mantienen vivo— entreteje aire en su pecho y alza la voz— esas palabras no son mías, son los cristales opacos y traslucidos que alguien con mejor cabeza dejó caer sobre una hoja en blanco.
Recita:
Igual que los cangrejos heridos
que dejan sus propias tenazas sobre la arena,
así me desprendo de mis deseos,
muerdo y corto mis brazos,
podo mis días,
derribo mi esperanza,
me arruino.
Estoy a punto de llorar.”


Lupita, una anciana con suaves vetas en la piel suspira y no le quita la vista de encima. Clarito se le ven los recuerdos agolpados en los ojos, a punto de estallar y reventar licuados con el dolor de una vida estéril, de sueños olvidados y deseos apagados en la soledad de su cuarto. Tuvo cuatro hijos que hoy no ven por ella. Tuvo cuatro hijos y jamás conoció un orgasmo.

Él se balancea de tubo en tubo, entre los asientos de crudo acero, limpiando con su vieja playera roja las huellas de todos los que pasan por ahí. Llega al extremo de un vagón.

— Próxima estación: Normal.
Se escucha por una bocina de los nuevos trenes.

Impone el sentimiento en su voz y recita:
“¿En dónde me perdí, en qué momento
vine a habitar mi casa,
tan parecido a mí que hasta mis hijos me toman por su
padre
y mi mujer me dice las palabras acostumbradas
?”

Jaime sucumbe desparramado en su asiento. Hace años que no siente amor por su mujer, ya no le inspiran sus curvas ni sus grandes nalgas ni sus tetas abultadas, ahora caídas por la gravedad de aquella vida de rutina y costumbre apelmazada con las obligaciones que nunca quiso contraer. La existencia de sus dos hijos, de cinco y diez años, le recuerdan a diario el destierro de su más grande sueño: ser veterinario.
Día a día, Jaime, trabaja de obrero y rola turnos. Sabe que cuando trabaja en la noche su mujer abre la puerta y sus piernas a Carlitos, el hijo de 16 años de la vecina del nueve. A Jaime le vale madres, lo tolera porque con eso evita montar a su esposa.

— Próxima estación: San Cosme.
Se escucha por otra bocina de los nuevos trenes.

Pegado a la puerta, se amasa el sarro de los dientes dando forma a sus ideas. Recita fuerte y rítmico:
Me recojo a pedazos,
a trechos en el basurero de la memoria,
y trato de reconstruirme,
de hacerme como mi imagen.
¡Ay, nada queda!
Se me caen de la mano los platos rotos,
las patas de las sillas, los calzones usados,
los huesos que desenterré
y los retratos en que se ven amores y fantasmas.

¡Apiádate de mí!
Quiero pedir piedad a alguien.
Voy a pedir perdón al primero que encuentre.
Soy una piedra que rueda
porque la noche está inclinada y o se le ve el fin
.”

Heriberto se adhiere al piso del vagón y la memoria le hace ver como sus sueños se desmoronan, desgajándose cual yermo aplanado en una pared vieja de adoquines ocres humedecidos. Siente el peso de su falsa promesa, a sus años, no es alguien ni tiene nada que ofrecer, lo peor es que ni a él mismo. La envidia lo corroe lacerando su mullido cerebro. Siempre quiso hacer poesías como Sabines, tener muchos libros publicados y vivir de sus letras. En este día siente la L sobre su frente: va camino a un trabajo que necesita para pagar sus deudas, pero que nunca lo llenará.
Heriberto, se repliega en su interior buscando la razón por la cual su vida no es como siempre la soñó. Dejó la universidad, sigue siendo el mismo buey abrazado a la quimera de vivir del R&R. Pareciera que su vida es la eterna imposibilidad del ser. Quisiera hincarse y pedir perdón por algo que hizo y le ha acarreado tal karma. Siente la vacuidad en su sangre y desearía encontrar a Dios para pedirle una oportunidad de ser feliz, muy feliz; tanto como para sentir mariposas en su cuerpo. Está hasta el moco de ésta puta realidad de mierda. A veces ser autosuficiente lo sería todo. Ser escritor y llevar el pan a la mesa con el sudor de sus letras. Pero no, él no es alguien, parece el sueño loco del personaje de alguno de sus escritos:
— ¡Mierda! —dice aferrado al piso del tren que lo lleva a derrumbarse en su castillo de sal que él mismo inventó para huir de este mundo— ¡esta vida es una mierda!

— Próxima estación: Revolución.
Se escucha por otra bocina de los nuevos trenes.

Con su larga cabellera enredada a sus palabras, se deja caer en hinojos, retorciendo con fuerza su playera roja mientras una mueca de dolor asoma en su cara. Con voz apagada recita:
Me duele el estómago y el alma
y todo mi cuerpo está esperando con miedo
que una mano bondadosa me eche una sábana encima
.”

Comienza a babear cerca del piso. Heriberto se acerca. Lo ayuda a levantarse. Saca de su morral un envase con agua y lo deposita en las manos de aquel pobre canceroso que toma agua desesperado. Cierra la botella y con un gesto de amabilidad toma por el hombro a Heriberto:

— Gracias hermano —dice fuerte y claro— ¡bendito aquel que da de beber al sediento porque de él es el reino de los cielos!
Se aferra al pasamano y un suave resplandor ilumina su cara:

— Yo soy Jesús Cristo y he venido a traer un mensaje de amor. Ésta es la última venida del Señor. Yo soy aquel que te librará del tedio y del yugo de ti mismo – levanta la mano con el índice encendido en flama— por mí hablaron los profetas y trajeron el primer mensaje: “Ámense los unos a los otros como yo os he amado”.

— ¡Estás loco! —grita un fulano de tal escondido en el anonimato—.

— Yo soy Jesús Cristo y he venido a hacer la revolución, soy el hijo de Dios que comparte la pobreza de su pueblo: México. He venido a compartir el sufrimiento de los humildes por amor. Traigo el mensaje para el fin del mundo, el Apocalipsis ya está aquí, hoy y ahora. ¡Benditos los que vibran al ritmo del planeta! ¡Bendito mi pueblo! ¡Benditos los mexicanos!

— ¡Crucifíquenle! —vocifera el mismo fulano—.

— ¡Bendito el que reniega del Señor porque ejerce su libre albedrío! ¡De él es el reino de Dios! La razón es el arma más poderosa y la bondad adelgaza las dificultades. Por eso estoy en México, nací en este hermoso país porque en el hay gente buena y llena de gozo: ángeles caídos, fénix resucitados de sus cenizas. Nací mexicano de tierras llanas y bajíos, de serpientes sierra y águila en su nido. Vengo del agua a traer un nuevo evangelio: ama a un hermano o hermana como a ti mismo, sólo por un día y al día siguiente has igual. Comparte el pan, ama los defectos de aquel que viaja a tu lado por los senderos de la vida.

— Próxima estación: Hidalgo.
Se escucha por aquella bocina de los nuevos trenes.

— ¡Crucifíquenle! ¡Póngale su corona de espinas!

— ¡Ya cállate cabrón! —grita emputadísima una señora— si se cree Dios cuál es el pedo, no te hace ningún mal.

— ¡Crucifíquenle y píquenle el costado!

— ¡Qué cierres el hocico! —dice una abuelita con las lágrimas vivas en los ojos—.

— Mamá, ¿él es Dios? —susurra una niña— ¿por qué no está en la iglesia?
— Porque Dios está en todas partes.
— ¡Voy! Hasta en el metro —arremeda la niña en tono de sorpresa rosa como su vestido—.

— Soy Jesús Cristo y estoy muriendo de cáncer, vivo en un registro de luz de la Alameda Central. Dejo que los niños vengan a mí. Ahí nunca hay nada, ni comida ni agua, sólo amor. Soy Jesús Cristo, mexicano de nacimiento y estoy muriendo de cáncer, siento que mi estómago desaparece, mi cuerpo espera con miedo el momento de mi pasión.

Abre los brazos en señal de su cruci - ficción mientras el fulano de tal se acerca vestido de blanco y sin más le arrea una bola de chingadazos mientras grita: “¡Cállate, cabrón, cállate!”. Unos muchachos se unen al fulano de tal y entre puñetazos y patadas. Lo bañan en sangre.

— Próxima estación: Bellas Artes.
Se escucha como una llamada desde el cielo.

— ¡Déjenlo! ¡Déjenlo! —desesperadas varias mujeres gritan— ¡lo van a matar!

— Llegó el Apocalipsis, el fin del mundo… Yo soy Jesús Cristo— levanta la voz desesperado sin cubrir su cuerpo—.

Heriberto abre los ojos y se da cuenta que Jesús Cristo con su envase de agua baja del vagón para desaparecer entre la multitud. El metro arranca. Pensativo se dice:

— Me cae que cada quien lleva su Apocalipsis en la cabeza. ¡Qué pendejo tenía que bajar en Bellas Artes!
Sonríe. Al menos ya sacó tema para “La cucharita del crack”

viernes, 16 de mayo de 2008

Visión


Hace años
levanté
los ojos y vi
como cuerpos femeninos
y
masculinos
hacían el amor
en el universo.

¡Se veían
tan gozosos!

Levitaban
a la vez
que se decían palabras de amor.

Era
algo raro
verlos brincar
al filo de la luna
acariciándose
risueños,
orgiásticos.
De cada roce
salían chispas
que se convertían
en estrellas
de cada penetración
un cometa.

Dejaban
el olor del sexo
entre el rocío
de la fresca
noche,
volaban abrazados
dando giros,
haciendo espirales.

Impregnaban
su dependencia
en la quietud
de la alta madrugada.

¡Eran tan felices!
Podía escuchar
sus risas juguetonas
provocando al eco.
Y al mar
vi crecer
para alcanzar
algún polvo
de pasividad.

Eso fue hace tiempo
cuando todavía
había
cuerpos
en el firmamento...

martes, 6 de mayo de 2008

Llamadas del caos

* 777-77-77. ¡Ringg!
- ¿Bueno?
- Disculpe, ¿está Dios?
- En este momento está en una junta.
- Es urgente.
- Lo siento, pidió no ser molestado.
- ¿Qué hace?
- Planea otro mundo dónde no exista el hombre

* 222-22-22. ¡Ringg!
- Hola.
- Hola.
- Te amo.
- Yo también.
- Te extraño.
- Yo también.
- Lo eres todo para mi.
- Igual tú para mi.
- Te deseo.
- Yo también.
- Besos, amor.
- Mil más.
- Nos vemos.
- Al rato.
- ¡Chao!
- ¡Adiós!

* 999-99-99. ¡Ringg!
- Buenas noches, ¿disculpe se encuentra...? ¿Eres tú?
- Sí, ella habla.
- ¿Cómo has estado?
- Bien. ¿Tú?
- Existo ¿Sigues escribiendo?
- No he escrito últimamente, desde hace unos años.
- ¿Tus seres de sueño?
- En mi mundo color rosa.
- ¿Sabes? He intentado convertirme en ángel.
- ¿Y...?
- Te estoy hablando desde mi paraíso negro.

* 333-33-33. ¡Ringg!
- ¿Bueno?
- Comuníqueme con Dios hijo.
- ¿De parte de quién?
- De Dios padre.
- Un segundo por favor.
- Hola Padre en qué puedo servirte.
- Sabes Hijo, he estado pensando en destruir la creación.
- ¿Porqué?
- He estado viendo la tele y los hombres están densos. ¡Me tienen harto!
- Creo que es un malestar normal.
- ¿A qué te refieres?
- Es como si vieras el espejo. ¿No los hiciste a tu imagen y semejanza?
Al otro día voló una paloma anunciando el suicidio de Dios padre.

* 111-11-11. ¡Ringg!
- ¿Disculpe se encuentra xy?
- Sí, él habla.
- Habla xx.
- ¿Quién?
- Creo que no te acuerdas de mí. Soy una compañera del trabajo, ¿recuerdas el brindis de fin de año?
- Por supuesto, ¡qué bien la pasamos!
- Hablo para decirte que mi pareja me contagió de SIDA. Lo más probable es que tú lo tengas. ¡Suerte!
- ¿Qué?
- ¡Lo siento!
- Espera...

* 555-55-55. ¡Ringg!
- Estoy excitado.
- ...
- Necesito estar entre tus nalgas, lamer tus senos y la grieta húmeda acariciante.
- ...
- ¿Estás ahí?
- ...
- ¡Te dormiste otra vez en el teléfono!

* 666-66-66. ¡Ringg!
- ¿Esta Luzbel?
- Yo soy.
- Te extraño.
Me haces falta para complementarme.
- ¿Quién habla?
- Lamento haberte arrojado del paraíso.

* 444-44-44. ¡Ringg!
- Por favor con Van Gogh.
- Sin lóbulo pero yo soy.
- Hablaba para decirle que yo si hubiera comprado sus cuadros.
- ¡No puede ser otro crítico mamón!

* 888-88-88. ¡Ringg!
- Blanca Nieves, ¿eres tú?
- Sí.
- ¿Podemos ir esta noche?
- Sí, el Príncipe salió de viaje. Vengan los siete. Tenemos dos días para los ocho solos.


lunes, 28 de abril de 2008

La caja que queda después de la caída de la luna





Origen


Una espera
la suma suelta.


Anhelo de madrugada
tu, desnuda sobre la almohada.
Y en mi asiduo despertar
me torno serenidad
esperar es origen de nuestra eternidad.

jueves, 24 de abril de 2008

El grito (Egomanías y la Llantitos)




— ¡A la chingada! —grita Ego mientras se balancea peligrosamente en la orilla de la azotea de Palacio Nacional esa mañana fría del 31 de agosto. El viento sopla. Deshace el peinado y ondula la bandera del zócalo, la sacude al igual que las ideas del hombre de traje que está en la cornisa.

— ¡Somos muertos! —piensa Ego en el límite— ¡apestamos! Vivimos en la red del inframundo que se teje entre edificios y avenidas —la corbata le golpea la cara repetidas veces— somos muertos con hambre de nuestros restos. ¿Cuántos latidos formaron en miles de años esta ciudad dónde se cantaba a la libertad y a la belleza? ¿Quedó algún sollozo de la armonía? ¿Quién manipula las esperanzas de un pueblo en beneficio propio? No lo sé...

Por primera vez en este sexenio la vista del primer cuadro del Distrito Federal se le hace algo placentero. Justo encima del balcón presidencial la perspectiva es excelente, el sincretismo de lo prehispánico—colonial y lo urbano es una de las siete maravillas de la época postmoderna, se lo dicen la Catedral, el Templo Mayor y la punta de la Torre Latinoamericana que con grandes números le hace saber que son las diez de la mañana.

A esta hora debería de estar trabajando en la oficina sobre la redacción y contenido del informe presidencial, es un alivio no tener que disfrazar los problemas del México de los muertos, que como él, viven al día entre lamentos por la polución, la crisis y una situación extrema que en algunas partes de la provincia se deja sentir con levantamientos armados por el cúmulo de injusticias, hambre, opresión, miseria e intereses creados, deshumanizados.
Por eso estamos muertos— exclama dentro de sus divagaciones— hemos perdido la conciencia de exigir nuestros mínimos derechos en una “tierra bárbara”, como la denominó Kenneth Turner en el año de 1911. La espiral concéntrica de la historia está reproduciendo las causales de la primera revolución del siglo veinte pero con la influencia de las tendencias globalizadoras— el cuasi suicida se encabrita, la corbata le hace palmadas en las mejillas por el viento— según Turner los mexicanos comenzaríamos una lucha en favor de la democracia gracias al paternalismo de un gobierno que no tenía contrincante en las elecciones y se reelegía en una dictadura. El Pueblo de fin de milenio lucha contra una democracia unipartidista. A principios de 1900 se sufría una esclavitud física y gracias a la modernidad heredamos de la intervención norteamericana la dependencia económica, somos esclavos de los valores. Algo sigue constante: México tiene una Constitución y leyes justas pero una población ignorante de sus derechos.

Los clásicos curiosos se aglomeran frente a la entrada del edificio, observan con detenimiento a un tipo de traje oscuro que tratando de mantener el equilibrio hace aspavientos:

— ¡Un loco!— alguien grita.
— Está limpiando la fachada.
— ¡Qué güey eres, va a brincar!— comentan dos “aguacates” de cualquier secundaria pública.
— ¡Virgen de Guadalupe!— se persigna una abuelita.
Un policía militar corre hacia adentro para dar aviso mientras otros van con dirección a la puerta para evitar cualquier tipo de desmanes.

Ajeno a esto, Ego se abstrae aún más:
— Todo en esta vida se repite, es bueno luchar por nuestras garantías pero no con violencia. Lo último que necesita este país es una revolución armada. Desearía tener el ingenio de Kafka para mandar un aviso a mis conciudadanos: "Queridos compatriotas, pueden pasar a mi pequeño departamento ubicado en Antonio Caso número 91, colonia Tabacalera, por rifles que disparan corcho para luchar por los derechos de las personas que habitan en este territorio denominado Estados Unidos Mexicanos. ¡Unámonos por un México mejor! Entablemos la guerra ideológica contra la corrupción, la represión y el mal gobierno. Votemos por una alimentación y educación digna. Nota: Algunos rifles necesitan aceitarse”.

¿Cuál es la ubicación del punto donde coinciden lo imposible y lo creíble?— se cuestiona ante la vista de una ciudad de muertos, frente a las ruinas de un pasado común— ¿No es cierto que la tierra es la misma para todos?, ¿no lloran los nopales por la desigualdad en el islote?, ¿se nos ha olvidado que provenimos de un sólo grano de maíz y que nos aulló el mismo coyote para despertar a la vida entre cantos de libertad? Mi memorando no obtendría respuesta. ¡No existe la unión!, por esa razón fuimos conquistados y seguiremos sometidos a un yugo, ¡por eso estamos muertos!— vitupera exaltado— no hay conciencia, ni de lo que somos, ni de donde venimos... ¿Algún tiempo pasado fue mejor?— se calma— peor aún ¿existe un futuro prometedor para la ciudad más poblada del planeta?
Una nube oscura baja tranquila, serena, llena de gases tóxicos como para hacerle regresar el sentido común. Siente el vértigo y sus manos sudan frías ante la inconsciencia de este acto: nunca pensó en brincar desde Palacio Nacional, no tiene un motivo o pliego petitorio alguno. La nube se desplaza y los números rojos del reloj Seiko marcan las once menos tres. Una sensación extraña le recorre y por un momento se atrofia la kinestecia, olvida dónde está cada uno de sus miembros sólo existe la fuerza con la que intenta sujetarse de algún lado, cree que la gravedad se lo traga y una parte en su interior se dispara al infinito:
— ¡Va a caer!— ese grito detiene el fenómeno extrasensorial del cual estaba siendo objeto y se da cuenta de la muchedumbre que se ha juntado para verle saltar.

Varios elementos de la policía militar están detrás, sobre la azotea, dentro de sus cavilaciones ha ido descendiendo unas decenas de centímetros hasta colocarse a una mano del balcón presidencial, de donde intentan cogerle para evitar la de ocho en los diarios justo antes del informe. Ego esquiva los brazos y grita:
— ¡Déjenme tranquilo, sino brinco!— trata de mostrar cordura ante la situación.
— ¿Qué desea? Baje de ahí y se atenderán sus peticiones— una voz surge del hueco de la fachada mientras las ventanas del recinto son ocupadas para intentar convencerlo de no tirarse al vacío. Al ver la expectación de su causa viene a su mente el cuadro de una película de Resortes Resortín de la Resortera, Clavillazo, Capulina o Cantinflas, imagina la nota del día siguiente: "Emulando al hombre mosca se suicida desde el edificio de gobierno".

— Díganos qué es lo que quiere— es la misma voz. Lo cierto es que no ha pensado en nada en concreto, desearía tener alguna pena para dejarse caer y aunque nadie lo espera en casa, la soledad no es tan mala, siempre la ha disfrutado. Conoce de la vida los dolores, las alegrías, es lo que es gracias a sus decisiones. Por fin se le presenta la oportunidad de ser escuchado y no se le ocurre nada, paradójico.
— ¿Qué es lo que quiere?— repite la voz con un poco más de autoridad.
Se anima a manifestar:
— ¡Un México mejor!— responde automáticamente, vaya estupidez, pero es cierto, es lo único que desea.
— ¿Qué dijo?— cuestiona la voz sorprendida.
— Lo que oyó, un México mejor— ratifica.
— No lo entiendo. ¿A qué se refiere?
— A eso, al progreso constante de mi nación. A lo que debió de haber sucedido hace mucho tiempo desde que la Revolución estalló: la reestructuración y tecnificación del campo, no hay grandes países sin un campo productivo —la ciudad se aletarga en el sueño de siglos— una pluralidad real, elecciones limpias, la no reelección del partido. La libre expresión y el derecho a la información —la gente se desliza en la plaza principal, despacia, tranquila— justicia social para el trabajador, para el campesino. Vivienda y nivel de vida digno para cada uno de los mexicanos. Una educación actual, real que capacite por igual a los jóvenes de cualquier estrato social, que fomente el progreso y formadora de libre pensadores, críticos y analistas de su momento para beneficio de su país —el ruido de la gran urbe y los impulsos nerviosos le proyectan a la ciudad de los palacios llena de sueños— gobernantes que basen sus decisiones en el bien común y no en intereses creados. Una impartición ecuánime de la justicia. El fin de la impunidad. La creación de un sistema donde la seguridad social sea la base en la que residan los derechos humanos. ¡Sólo quiero un México mejor!

Sabe que sus peticiones no son más que una charla de café de un pseudo intelectual buscando un cambio.

— ¿Cuál es su nombre?— pregunta la voz.
— E...—tartamudea— Eg... Ego... Ego del Pueblo— asevera finalmente cuando una mano le jala la pierna rápidamente, pierde el equilibrio y se proyecta hacia la banqueta mientras piensa: ¿no llora la madre cuando sus hijos se mueren de hambre? ¿No clama el hombre en su desesperación para ser escuchado? Ante la evidencia ¿no son las cuestiones la fortaleza de un pueblo? ¿Cuántos latidos formaron esta nación? ¿Cuántos ríos de sangre? ¿No somos hijos del mismo grano de maíz? ¿No cantó el cenzontle para despertarnos entre himnos de libertad y esperanza? ¿Quién mueve los hilos de esta telaraña para beneficio propio?
— ¡Estamos muertos!— grita antes del impacto.

Los curiosos se arremolinan para ver el espectáculo, el cuerpo inerte sobre un charco de sangre.
— ¡Se mueve!
— Increíble pero se mueve. La policía militar lo recoge y lo traslada al hospital más cercano en calidad de detenido, aún está con vida.
Epílogo

— ¿Qué vamos a decir a los medios, Capitán?
— No sé, para empezar desconéctalo del oxígeno.
— Pero... eso es un asesinato.
— ¿Quieres que te encarcele por desobedecer órdenes de un superior?
— No— el soldado se aproxima, uno a uno, desconecta los tubos de respiración artificial. Ego con el último rasgo de conciencia flexiona su brazo y dice: ¡A la chingada!

domingo, 20 de abril de 2008

Mi infinito más pequeño




Descifrar
el sentido de mi infinito es
desdecir las afirmaciones
del sistema
que me mantiene vivo.

La continuidad de mi espacio.

La dirección intermitente de mis pasos.

El paisaje de mi cuerpo atardecido.

La muerte inminente de los patrones
de los que soy esclavo.

Descifrar
el sentido de mi infinito es
desarticular las ideas
del teorema
que me mantiene vivo.

El dilema de la eternidad

El código de mi trascendencia.

La secuencia de mi mortandad.

El síncope de los sueños que hacen
de la búsqueda de mi infinito
lo único que me mantiene vivo.

La caja que queda después de la caída de la luna







Deseo Ubicuidad



De mis temblores fenece,
mitiga la senda de esta soledad,
vacío oriente al amante que amanece
lacrado cúspide y declive: su fragilidad.

Anhelo tu cuerpo desvanecido,
manantial, presente y sensibilidad,
entre mis brazos pausado, enloquecido,
del instinto envuelto y su conformidad.

Deseo etéreo y estremecido,
batalla y caricia en la intimidad,
el mar de fuego entre tus piernas
abandono en mi olvido entumecido,
de tus labios un te amo:
Beso y templo de mi ubicuidad.




Ilustraciones de Alma de Juguete por: Enrique Zaragoza

Este soy yo...

DE MI han dicho...Nació envuelto en la terrible sospecha del ser humano —él siempre quiso ser árbol, águila o imagen tras el espejo— un 13 de diciembre de 1972, en la ciudad más avasallante y más hermosa del mundo: el Distrito Federal.Desde pequeño creció con lunas en los dedos e ideas itinerantes colgando del cabello, ávido lector de tiras cómicas y de cuentos infantiles permitió a los seres mágicos, divinos y leviatanes arrullarse en su cama tras el profundo canto de las sirenas.Creció, y mientras decidía que hacer de su vida, en cada luna llena besaba las almohadas imaginando al amor de su vida. Por fin, una mañana decidió estudiar derecho, algo que le salió muy chueco porque abandonó la carrera para estudiar periodismo, dando por concluidos tales estudios en el PART, a la vez que rocanroleaba como oso en brama tras una batería.Años más tarde decidió llevar la música en sus adentros y trabajo como negro en la redacción del departamento de cultura de Radio Educación (de vez en cuando se aventaba un palomazo como productor del programa “Su casa y otros viajes”), todo esto sucedía mientras estudiaba un diplomado de Literatura y Periodismo en Casa LAMM. Las letras —aún las de pago— siempre le han perseguido, al igual que la radio, por tanto, trabajo como productor de la serie “Impulso Humano” en Radio Universidad, no sin antes pasar por la Subdirección de Logística Informativa del GDF, algunas agencias de publicidad y la coordinación de medios de IH, A.C.Por fin, el 12 de noviembre del 2005, su destino le alcanzó y se puso a escribir como secretaria ejecutiva después de una huelga, y dio a luz a varios chamacos, y con el único fin de darle de comer a su prole, actualmente se dedica al desarrollo de documentación administrativa para diferentes empresas y alguno que otro trabajo de producción en audio (es cierto, en México vivir de las letras, que no sean de pago, está de la China Hada).Por cierto, el nombre de sus chamacos son:* El eterno idilio entre las mariposas y las hormigas, 2007.* La caída de la luna, 2006. Noveleta rosa.* Alma de juguete (anhelos para el niño que nunca debiéramos olvidar), 2006. Cuentos ¿infantiles?* Egomanias y la Llantitos (cuento – lógia), 2006. Recopilación de 20 años de cuentos darkys y existenciales.La mayor parte de las veces me llaman ¡Hijo de la chingada! ¡o de tu madre!, bueno, la mía... aunque últimamente me he aficionado a ese término tan común y que sólo me sabe si proviene de sus labios y que juntos creemos es para toda la vida (chance y para algunas más).En fin, que de mi la gente puede decir todo y a la vez nada, tengo muchos nombres, lo cierto es que tengo buen corazón aunque lo disfrace de mil y un calamidades...

Rolas de la banda "Nívola_Cría Cuervos" (Quintanar/Vargas/ Cruz)