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miércoles, 24 de junio de 2009

Puteces reivindicadoras...

Imagen deformada de http://3.bp.blogspot.com

Me acerqué demasiado, lo suficiente como para encaramarme a su pecho y me habló de soledades, de sus amores varios, de los insípido del sentimiento escondido tras el umbral de la noche...

Me acerqué demasiado, lo necesario para respirar sobre sus pezones turgidos y soberbios; y me habló de sus necesidades insurrectas, del diario devenir, de la realidad desgastando el risco de la orilla de su cama, de los poemas gestados en su vientre y de las fantasías ilusas bajo su piel.

Me acerqué lo suficiente para agazaparme entre sus brazos y acariciar las heridas en su seno, y coser con besos los vacíos sobre su costado. Ella recitaba su pasado de mujer seducida, evocando sus viejas pasiones, sus días enamorada y pretendiente del futuro -ella murmuraba entonces-. Me acerqué lo suficiente para escribir a mano en su cuerpo mi último libro, para saciar las metáforas vírgenes de mi pensamiento, y seguir la retórica de nuestra historia viajando a pie y en uso de veleros sobre su geografía lozana y perfecta a través de los años. Me acerqué lo suficiente para oler en ella la fragancia de mi tierra y sentir la brisa de sus ríos salpicando mi rostro de verdades, de conceptos y de pertenencia -llevamos a cuestas la memoria a la materia; ávida de caricias y de deseo sublime con ganas de las puteces reivindicadoras propias de nuestro sexo, y le llamo nuestro por cada penetración, por cada orgasmo que generamos sedientos de nosotros mismos-. Me acerqué lo suficiente para hacer mi madriguera entre sus piernas, para mamar de su vulva cada pena y curarla a lengüetazos, y me proclamé devorador de sus pecados. Y al igual que los vasos medio llenos llevan el secreto de su portador, guardo en mi boca sus omisiones y sus pretenciones de mujer vívida y soñada.

Me acerqué lo suficiente para curtir nuestra piel entre aromas cítricos, cargando de remiendos nuestros corazones y de suturas nuestra alma; entendí que el arte existe cuando nos movemos a un tiempo, cuando gastándonos la vida nos pagamos un pasado austero y un futuro incierto.

Me acerqué lo suficiente para quedarme toda la vida...

martes, 23 de junio de 2009

¿Vender un ideario?


En la noche se pueden escuchar los golpes de sus tacones salpicando hastío, en otras deseo y en las más la necesidad de vender su agujero. Hay algunas de medias negras caladas, con vestidos arriba de la rodilla, otras se conforman con el pantalón ajustado a la altura de su vulva y las caderas. Los pechos se muestran apaleados por el frío de la madrugada y los pezones se alzan furiosos, duros como monedas de veinte o viejos centavos más grandes que un peso -los tops y pequeñas blusas anudadas a la altura del ombligo no son buenos sobretodos, pero sí son anzuelos para el cliente-. En fila, siempre en hilera una a una se muestran de piel y sangre, de penas y hambres, de placeres y deseos; siempre viajeras en el tren de los desvíos... ¡Sin corretearte Papi! ¡Doscientos oral y terminas en mi boca! ¡Quinientos más el cuarto, sin prisas, una hora las veces que te vengas! Unas juegan, otras trabajan y las demás disfrutan; otras pasan la vida esperando cada madrugada sin cariño al alba. ¡Dime mi amor! ¡Muérdeme el cuello mientras termino! ¡Muévete, así, así! ¡Tócame, acaríciame como si fueras ella! Unos les llaman Cariño, Señoritas; otros Amor; los más Cachondez o Lujuria, algunos todavía Putas... Y ellas siempre están en fila al amparo de la noche: son sólo conceptos de mi ideario a la espera de prostituirse...

lunes, 22 de junio de 2009

Escenario nocturno



Amigo mío, lamento informarle que la noche sí es escenario de conjuros, herejías y maldiciones: la noche es el escenario sobre las tablas de las lamentaciones, es el medio para invocarlo todo. ¿Cuántas veces no ha sido sorprendido en la procesión de los convictos? ¿Acaso no ha sido el puntual, el bendecido y el maldito poeta de las letras blasfemas? Yo he de confesarle que hasta he mentido y en una sola noche, antes de que cantará el gallo negué tres veces su existencia -la de ella, la noche-. Y me sentí perseguido por las sombras que hay marcadas sobre la oscuridad, parecía ciego -lo estaba para haberla negado-, y mi corazón despepito implorando perdón. Y fui torturado hasta sentir mi osamenta quebrarse bajo mi piel, y ver mis brazos doblarse por el simple peso de mis ideas. Varias veces perdí el sentido -hay noches en que uno sobrepasa los límites del dolor-, y más veces mis ojos claros y tristes se ahogaban en llanto hasta ponerse morados y con el iris dilatado. No exagero, pensé que iba a morir encerrado en las mazmorras de su santo tribunal, condenado a jamás verle... Sólo eran noches sin días, sin luz ni albas, noches de angelús oscuros, de seres divinos entintados en la pared y en el muro de mi mente -obsecada por la idea de la nada y de la negación de mi mala estrella-. ¡Juro que iba a morir! Y sólo me salvó la falta de sentido: perdí la razón y mi nombre -ya no sabía si era yo, si había sido yo, si estaba preso en el tiempo y en la sombre de aquel que había fingido ser, que giraba en el sentido de las manecillas del reloj-. Sólo fui perdonado ante el vacío de mi existencia y condenado a recoger las letras que otros tiraban por inservibles para ordenarlas sobre papeles blancos... Y me hicieron jurar sobre mi corazón en carne viva que jamás le negaría otra vez -a ella, a la noche-. Por eso sólo, solo salgo de noche, al amparo de las lunas, sin importar si son de queso o si sirven de jaula para un conejo, si son medias menguantes o completas... por eso le hablo de la vacuidad y de infinitos pequeños, de semicírculos y estrellas de cinco picos, de bendiciones y desviaciones, de pasos bajos y durmientes de tranvías, de íncubos y súcubos plagados de deseo, de amores de mentiras y de aquellos verdaderos amparados bajo su manto... Amigo mío, la noche es el escenario donde podemos invocarlo todo, que importa si piensan que estoy loco, créame, suba al tablado y haga un solilóquio -no nos tome en cuenta-, y espere el aplauso más sonado, aquel que retumba en este anfiteatro de la vida y de los poetas sin salida... espere como yo a su ideal de noche y sienta como la vigilia nos lleva de regreso a casa... a sus brazos... a ella: su majestad la noche...

La sal de mis historias y de las cosas que hay


No es de noche, y mi armadura de sal se ha descompuesto por completo: hoy sólo tengo la sal de mis historias que se debaten por seguir existiendo en este mundo de fantásticos sueños. Hay que cosas que no deseo y sin embargo las tengo: como la maldición de las letras que fustiga a las lunas menguantes de mis dedos, el calor de la distancia y este letargo que me produce el extrañarte sabiéndote el único amor de mi vida [no puedo evitarlo, te amo demasiado como para tan sólo pensar en olvidarte un momento de mi día]. Hay cosas que deseo y no tengo: la fragancia de tu cuerpo a la orilla de la cama, nuestros abrazos de seres mitológicos en perfecta simetría, tu semblante al despertar de sus quimeras y mi sentimiento agradecido por tenerte viva, y esperando la odisea de un nuevo día [¿Cuanto amor cabe en una noche para apuñalar certeramente a la tristeza? -Todo-].

Hay cosas que saltan a la vista y a las letras, hay vidas, sólo existencias que se rodean a si mismas para seguir existiendo en un interminable círculo, lleno de niveles y de falibles infinitos. Hay momentos que lejos de pernoctar nos mantienen de pie, con el fuelle de oxígeno suficiente para no olvidarnos. Hay instantes para reptar tras la manzana, para matar al hermano que habita en el espejo, para alzarse al paraíso como ser divino, siguiendo el impulso de tu vientre y la delicia del orgasmo... hay días de padres y madres, de hijos y de hermanos, de todos; pero siempre sorprende que sin importar nada puedan ser reducidos a días de dos, de sólo dos enamorados.

[¿Qué puedo hacer si eres todo, absolutamente todo lo que hay en mi? Si eres la promesa de una nueva vida, donde puedo seguir siendo yo...]

jueves, 18 de junio de 2009

A veces



¿Qué hay que no exista sobre la Tierra? Hasta el desamor y la desesperanza ocupan un lugar en el espacio bajo los ojos de Dios que vigila nuestros pasos; haciéndonos cómplices de la nada, del vacío integral que atiborra nuestras vidas -que sin sentido-, se llenan con imágenes y reflejos de lo que creemos es la felicidad absoluta.


Y es que a veces hay una distancia mínima entre tu cuerpo y el mío, que se puede cruzar con un dedo y el izar de las velas de nuestro navío; pero a pesar de todo sigue siendo distancia -aunque se reduzca en dos segundos-.


Y es que a veces existe el universo en nuestra mirada y sigue su viaje a los confines de tus ojos, y paga peaje de a moneda de oro por noche sola sin los retenes de tus brazos y el escrutiño de tus piernas. Y aún con las aduanas sigue siendo un universo infranqueable de los miles que hay en el mismo cosmos que compartimos.


A veces los mares del deseo rompen en la orilla de tu cuerpo y el mío, espumosos y dadores de sal, de aquella que se acumula día con día a través de la vida, en la cuyuntura de los sueños y los pensamientos, en la línea en que se confunden las caricias en una, alimentadas por la delicias de nuestras bocas.


Y es que a veces hay un camino entre tu vida y la mía, y paso a paso los mapas se extravían y las fronteras se disipan. Y siendo un camino sólo hace falta caminarlo. A veces hay silencio entre tu boca y la mía, y ceñidos al vacío; dibujamos un puente sobre el abismo, a pesar de que el horizonte aparente estar muriendo lejos... a veces hay mil cosas entre tu mente y la mía, pero no importa si nos pensamos... a veces la vida se ensaña con olas salvajes entre tu día y mi día, y a pesar del anuncio de naufragio queda un abrazo... a veces hay tedio entre tus reflejo y el mío, pero sólo son espejos de lo humano... a veces hay vacío entre tu mundo y el mío, y sólo es la causa de entregarnos... Y a pesar de los muros, del sin sentido, de perder la batalla, del hastío, del odio, de nuestro pasado, siempre habrá que intentarlo... y salvarnos.

martes, 16 de junio de 2009

Tiempo, sólo tiempo


Cae el tiempo agotado, se desvanece sobre el puff que jamás utilizo, y vierte sus arenas derrotado: por fin se dio cuenta que la vida pasa de largo, que no es eterno y es parte del Aleph Zero -ese, el infinito más pequeño-. Jamás le había visto como esta noche, acongojado, triste, dulce Dios arrodillado; los tulipanes en su mano eran de un amarillo apagado y caía molécula tras molécula, cristalizado sin dejar de pensar en el fin, en el fin del tiempo. Hablaba de los momentos de su vida, de cuando niño de sus carreras veloces a pie, en avalancha o bicicleta, siempre contra reloj. Decía de los libros, de los instantes perdidos imaginando, soñando que era otro porque no tenía el valor de vivir lo suyo en su lapso y en su espacio -cada día incidía ufano: "es preferible tenerlo todo rápido, hay que ir por la libre sin moralinas pendejas y sin engaños"-. Me confesó con lágrimas en los ojos que eran palabras de dientes para afuera -él creía que no podía perder nada-. Me contó de sus sueños de poeta de naviero, de sus astas sin bandera, de las treguas rotas sobre barriles de cerveza y tequila almendrado. Se sabía pendenciero de tercera; luchando por causas irremediablemente perdidas y por razones oxidadas. Él creía que no tenía nada mejor que hacer: tenía las horas de su parte. Sabía que siempre había tiempo, de nacer, de coger, de crecer, de beber; siempre tiempo sobre el tiempo: el amor, la memoria de la piel, la reencarnación. Y tiempo más allá del tiempo: la muerte,y Dios y el Diablo. Es más sabía de su pasatiempo favorito: la música a contra tiempo. Siempre había tiempo -y él se lo creía todo-. Creía de historias, de amores, de existencias perennes, de estadías tardías, de esperas prolongadas, de excesiva paciencia, del orígen y caducidad de la vida, de locuras pasajeras, y de estados mentales salvajemente para siempre, por siempre... Y en su estado -con tiempo para todo-, se dio cuenta que siempre perdía tiempo en ser tiempo... Ese era su infinito, el más pequeño: sólo ser tiempo. Y lo dejé vacuo, erizo, tristemente cabiztabundo y meditabajo... Y me sentí; como se sienten los hombres con hoyos en los bolsillos, inherme, paralizado, ¿qué ha pasado en estos treinta y seis años? ¿Qué ha pasado sino el tiempo? ¿Dónde han quedado los tragos placenteros y los más amargos? ¿Qué queda de mi? ¿Qué he olvidado en el camino? ¿Cuantos sueños rotos y vasos templados en el vacío? ¿Será la misma sangre que corre por las venas desde mi origen? ¿Soy otro? ¿Qué ha cambiado, si sigo siendo el mismo? Será que sólo, muy solo; la vida se va de filo, pasa de largo... mientras hago mariposas plateadas y siento vuelcos en el estómago... hago letras ¿o será que ellas en su infinita sabiduría me hacen?... Después de estos años, parece, sólo parece que pierdo el tiempo y me reduzco con él, al infinito más pequeño -tal vez todavía tengo la esperanza de que suceda algo-.

lunes, 15 de junio de 2009

Confesión de un ladrón


Lamento haberles robado la luna y dejado un hueco en el firmamento... de verdad lo lamento, pero la necesitaba con urgencia, la necesitaba para hacer de la noche mi cómplice; ¡por favor, no se enfaden conmigo! Es que a veces me doblo y me quiebro, y como todo rompecabezas es muy difícil volver a armarme, al menos de valor para enfrentar la vida, y defender que todo es posible si de verdad se quiere... y yo quiero con toda el alma. Total, si se enfadan pues les regreso la luna, aunque mi venganza a su enojo será que jamás será la misma -acá entre nos ya fue mía, sólo mía y cuando alguien la quiera poseer tendrá que enfrentarse a mi recuerdo-. Lo siento, pero era la única forma de volver a ser yo y egoista como soy jamás pensé en la humanidad, -me dolió un poco por ustedes mis amigos contrastados de noches, lunáticos enamorados de su esfera desnudez, poetas sin salida; espero lo entiendan: era una situación desesperada, como desesperado es el amor mismo-. Agradezco su comprensión,su atención a estas letras de cuarto para las doce, de cuarto nada, de cuartos ignotos y jamás conocidos, de cuartos herejes: un cuarto de amores vacíos. [Eso es lo que se necesita, nada para dejar escapar el alma, para ahogarse en los mares septentrionales del pecho, en la tibieza húmeda de un cuerpo, que enajenadamente piensa uno le pertenece]. Amigos de piras, de hogueras y pecados, espero no hayan desesperado sin la luna, sin su embrujo, sin el hechizo de su lumen platino y la hojarasca de ideas marmoreas, sin los miles de cuerpos que se arrejolan y se agazapan en su nombre, sin las caricias perdidas, sin los besos de luna llena o cuarto menguante... sólo quería que de verdad cayera su majestad, que supieran que no lo había inventado, que cuando el destino nos alcanza cae la luna y anida en el corazón provocando un profundo anhelo... por el cual vale la pena seguir viviendo.

jueves, 11 de junio de 2009

Esta noche...



Esta noche se vienen las horas encima, y sólo veo lo que mi corazón quiere que vea. Mis letras temblorosas te piden una tregua de fantasías y verdades: te piden les perdones, si han ido lejos, si van muy lejos. Es que son impetuosas y apasionadas, siempre apartadas de la razón -a lo mejor en eso radica su magia-, pero de algo está segura; ellas -mis letras- siempre te aman como fiel reflejo de mi alma -loca y atormentada-. Y eso no podría explicarlo, será que no controlo el poder de las medias lunas de mis dedos sobre el teclado, y hablo y hablo, y hablo con el corazón en la mano... Esta noche de horas menguas, sólo pienso y te imagino a mi lado, sin letras, sin pasar de largo -es que a veces se van las horas y caigo en el laberinto de extrañarte y me pregunto si esta noche tendré tus pies entre mis labios-. ¡Cuánta razón tienes! Yo creo que este amor alcanzará para risas, para tristezas, para letras y novelas, para siempre llevarlo juntos de la mano, para los abrazos largos y momentos tranquilos y pausados, llenos de vida y lejos de las penas de cada uno de nuestros rosarios. Y no importa si esta noche se me viene la vida encima, si cargo al mundo o si sólo soy un rastro más de humanidad en este largo trecho de caminos circundados, no importa si mis cuadros de museo se vuelven sólo cajas de compactos, todo vale si sonríes y me llevas paso a paso -por eso amo tus pies desnudos por todo lo que significa cada paso-. Y sé que esta noche de siluetas apagadas estás dormida soñando sueños que no recuerdas, y no importa si en tu vida nocturna sólo por un segundo me sueñas -por eso amo cuando duermes, porque descansas y te escapas volando e iluminas, de vez en cuando, con tu vuelo mis noches-. Esta noche de estrellas fugaces sólo puedo pensar en lo que resta del camino, y te pido que te quedes conmigo, que hagas conmigo del destino el final de nuestro viaje... no te prometo, sólo lo intento y siempre en cada momento no dejo de amarte... y tal vez esa sólo sea la razón para salvarme... para gastarme la vida contigo a cada instante... para robarte caricias y besos, y ver una sonrisa en tu semblante... no te prometo algo que no pueda darte, sólo tan sólo no dejar de amarte...




Un poeta sin salida fiel devoto de la nada que queda cuando se entrega todo con el alma; y eso es suficiente cuando de verdad se ama...

miércoles, 10 de junio de 2009

Pregunta: ¿Sobrevivirá esta noche?


¡Quién hay que responda la pregunta! ¿Se acabará la noche y vendrá mañana? ¿O sólo mañana vendrá la noche? Pegaré mi oreja al suelo para oír sus pasos por la duela de este mundo mío hecho de maderos apolillados y viejos. Mis manos llevan las antigüedades del amor, se entrelazan de las fragancias impregnadas, de las esencias insolutas en el aire. Mis manos huelen a deseo, a vigas de museo: el amor en que yo creo es una vieja reliquia guardada en la memoria de la vida. ¿Será que sobrevivirá mañana? Mis manos siempre han sido la trampa, la caricia que moldea con tiento las figuras de tus más profundos sueños, amorosas, día con día, van tallando sortilegios palabra de futuros encuentros: ¿Acaso no es tu vida un sueño? ¿O sigue siendo el mundo paralelo de tu más profundo anhelo? Mis manos hacen felicidad, sólo hay que leer la etiqueta de antes de usar: "Tómese con cuidado, léase despacio, el producto de estas manos sólo pertenece a las manos". ¿Será que en la noche -mi noche- todo está permitido? ¿O será que sigo siendo ajeno a todo lo vivido? Mis manos me repuntan al abismo: ¿Seré pareja o sólo el amante buena onda que convive en el diario devenir contigo? ¿Entonces tener mis manos tendría sentido? ¿Es personal o sólo el camino del día perdido? ¿Mis manos tienen sentido? Yo creo que sí, si es que hacen de tu día una sonrisa, un artículo o la evocación del último encuentro de nuestros cuerpos azotados por la lujuría y la humedad del deseo... Yo creo que sí, sólo si te toco mañana, y te cuento las estrellas de tu pecho, y te hincho los labios, si te como y me sabes a sexo... Sí, sólo si tengo una vida contigo... Entonces agradeceré a mis manos el privilegio de haberte escrito. Alguien puede responder la pregunta: ¿Se ama siempre o sólo una vez en la vida? Dicen que el amor es como el humo del cigarro: "Siempre se escapa de las manos." Si esto es verdad, odio mis dedos y sus falanges, si esto es verdad ni dejando crecer mis uñas arañaría tu presencia en mi vida... ¡Entonces que mis manos se vayan al diablo! Si tocarte es sólo un momento de esta eternidad tan vacua, tan nada... ¿Se ama una vez en la vida? Sí, yo creo que sí; que lo demás siempre son ensayos para entregarse todo, para quedar liviano y hacer caso al instinto y a la memoria de la piel... ¿Vale la pena luchar por amor? No lo sé, mis manos escriben que sí, pero el corazón enfatiza que bastante tenemos ya con vivir, con respirar, con sangrar, con llorar para todavía luchar... Ambos coinciden en que no hay mejor batalla que aquella perdida sobre la cama... ¿Sobrevivirá mi amor esta madrugada? Yo creo que sí, si por un segundo creemos que tan sólo es amor y lo vivimos como es, Amor:

sin cortapisas,
sin escalones,
de piras encendidas,
de besos y caricias urgando los cajones,
del sentimiento sembrado en los pliegues de nuestro cuerpo...
de verdades,
de simples y llanas realidades,
de lunas, de dolores,
de días venidos a noches,
de amor es...
Mis manos cavando la tumba de mi corazón sobre tu pecho;
y los dos entregados,
perfectamente imperfectos,
inmolados,
imposibles contrariados,
vacuos,
equívocos certeros,
futuros presentes,
guardaagujas y durmientes.
Lenguas de fuego,
molusco atado en sus simientes
ceñido de caderas y de brazos,
de labios y de manos;
perenne, siempre perenne:
ángeles de carne que han cruzado el abismo llenando el nocturno cielo de deseo...

lunes, 8 de junio de 2009

¿Por qué el amor nos deja con nada?


La noche vino y me llamó avaro; y yo sólo pude contestarle: "Acaso no es el amor egoísta y desenfrenado, no cada quien cuida su tesoro deseando jamás ser robado".Y ella pasó de largo, hoy no hubo mimos ni besos, ella -la noche- se fue de largo pensando en que podría encontrar siempre una mejor noche que fuera mejor como noche que como preámbulo de un nuevo día.Antes de dar la media vuelta, me llamó ingrato mientras suspiraba por no encontrar lo que había querido encontrar; y le dije: "Tesoro, es que de verdad antes no sabías amar; por eso es que hoy no encuentras tu camino. Hace lunas sabías qué hacer y qué decir porque no sabías a quién; y este crepúsculo ha traído tu silencio porque sabes lo extraordinario de tu mundo guardado en tu pecho."Y me dijo y me habló y no supo decir más que de soledad, y yo callé porque ahora más que nunca sabía que estaba acompañada, acompañada de lo mejor de si...Solo, sólo la pude ver alejarse, tal vez porque en mis manos no estaba su felicidad -o porque según yo, metafísico empedernido, había logrado tejer en una telaraña de hilos dorados su roto corazón de noche-. ¿Quién hay que pueda jugarse el destino a los dados? ¿Quién hay que quiera saberse amor de segunda mano? Yo creo que muy pocos saben de lo que hablo, el amor es uno atemporalmente, sólo uno para toda la vida... y que quede claro, no porque sea tuyo estará siempre contigo. ¿No es preferible entonces quedarse con uno mismo?Mientras ella -la noche sublime- se alejaba siguiendo sus pasos, yo solté una lágrima de amor, de odio, de esperanza, de avidez y de lujuria... ¿Quién hay que no desee su propia noche? Una noche desgajada en caricias, de suspiros entrecortados,una noche negra y blanca, carmesí y rosa, húmeda y expectante... una oscuridad propia, que nos envuelva con sus piernas desnudas y nos abra el caparazón hasta arrancarnos el último latido de existencia... ¿No suena bello? Si en la noche la savia del árbol de la vida se mama con los labios secos y hambreados de vivencias, se comparten los fluidos y se excretan fantasías... ¿No es hermoso? Pensar en una noche profunda de senos floridos y vagina sonrosada, mojada de las termas del Leteo como anuncio del abandono y del propio olvido, nunca lo dije pero el abandono es la propia entrega... ¿Se puede vivir sin entregar el alma? Total si la pide Dios para entrar en su reino que se la pida a tu noche -a ella-, que le pida cuentas a quien debió cuidarla y llenarla de oscuridad... ¿Acaso no es el amor un veneno que espera a la noche para hacer su mejor efecto? No es ese el efecto de la entrega: abandonarse a sí mismo en los brazos de tu otredad... Nunca otra y otra; no aquella presencia que sin algo más que existir nos llena y complementa; no una estúpida media naranja, ¡no! Una naranja completa, una luna llena. Eso es la noche -a poco no cada quien quiere la suya-, el eterno mar de la tranquilidad que cincela entre el lumen marmoreo lunar la visión de ella -la otredad, al amparo de su oscuridad-. Por eso el amor es bello, no se puede amar sino te amas a ti mismo, lo suficiente como para entregarte al olvido y darlo todo en un sin sentido... Esa es la razón porque ella -la noche-, se fue: quería que el amor fuera raciocinio, estaba harta del absurdo de la soledad acompañada y de esa enorme sensación que aflige el corazón cuando llega la nada... Muy pocos saben de lo que hablo: cuando se ama de verdad se entrega todo y entonces, sólo entonces se conoce la nada...

miércoles, 3 de junio de 2009

Los poetas sin salida


En noches como estas, de alquitrán y vino tinto o blanco, los poetas se consumen, se inventan artificios para no morirse solos... Yo creo ha de ser por esa rara enfermedad que padecen: la realidad siempre está envuelta de niebla y aunque se tallen los ojos no reparan en la verdad que los rodea. Tal vez por eso se inventan, se buscan como lobos bajo la luna llena, quieren hacer camada de las hojas repletas de glifos y de signos: palabras -ellos siempre aman las palabras-, letras rosas, oraciones teñidas de sangre, poemas grises para sobrevivirse, para no extrañarse... Los poetas siempre se visten de metáforas, lo hacen para no morir en el intento de seguir viviendo una realidad de duras penas, de culos aquilosados, de besos insatifechos, de adioses divinos, de sueños vueltos mierda... Esos son los poetas que desvelados corrigen el rumbo del mundo, deseando bajarse a la primera -eso siempre sucede a finales de mayo, ha de ser por las costelaciones que se repiten en esos días, año con año-. [Hoy le pedí a Dios que detuviera el mundo un segundo y me mando a la chingada, estaba ocupado salvando las almas de aquellos más desgraciados que yo]. Los poetas se tumban en silencio, y hasta hoy no saben si es para ver pasar la vida, para ser felices o para seguir tristeando mientras las sílfides y las musas se mudan a su mente en espera de encontrar casa -de antemano saben que van a pasar hambre, que a veces convivir con el artista es pasar de largo, que suelen ser imposibles y de tan profundos bastante vanos-. Pero que le vamos a hacer a ellas les gusta ser parte de la herejía y de lo profano, les gusta la locura, la apetencia, la piel perdida jugando a los dados, les gusta difuminar la cordura con los viejos pasteles de tonos dorados... Los poetas son desvelados, se agazapan tras la puerta cazando fantasmas de blanca piel y lunares en lugares equivocados, se esconden para salir de casa, se piensan y en un ataque de impaciencia desaparecen y te dejan vacías las manos -como nunca tienen algo, siempre obsequian la nada envuelta para regalo-. Por eso es que los poetas son verdaderos, siempre guerreros de batallas perdidas y de casos insolubles en el líquido de la razón, suelen ser testarudos, y corren el peligro de morir encerrados entre las pastas de viejos libros -con la modernidad algunos prefieren ser enterrados en el estuche de un compacto-. Ellos, los verdaderos son fieles amantes que rehuyen el contacto; tienen miedo de perderse y no encontrar su propia revolución - su camino a casa-; la mayor parte cree que su tierra es el cuerpo de una mujer -en su caso un hombre- hecho a la medida, hecho para ellos. Por eso es que son avaros y se tragan las palabras para no compartirlas y morir ahogados, asfixiados en el ir y venir de las olas de esta realidad que castiga su santuario... Por eso es que los poetas sólo escriben cuando están enamorados. Gracias a los poetas la esperanza se mantiene viva en este mundo de cagada, siempre lo hacen por uno -para ellos siempre dos es uno, uno sólo que respira y vive, uno sólo, es su número divino-. Siempre preguntan, siempre lo hacen mientras guardan silencio, siempre se lastiman para seguir sangrando -tienen miedo que se acabe la tinta para seguir escribiendo sobre su hado-. Los poetas son panaderos que prueban la masa como prueban el cuerpo del enamorado, siempre acostumbrados a la soledad lo dan todo sin pedir nada a cambio, y lo hacen por ellos -por los enamorados-. Los poetas siempre inventan un amor de contrabando, se llenan de frases mientras invocan la belleza de la bestia que los mantiene encadenados: y ya no saben si es su libertad o su imaginación; o ambos forman las esposas que los tiene maniatados... Los poetas son vampiros en la noche, siempre maman leche de la vida, de sus historias y legados; ellos siempre hacen preguntas oscuras, honestas y terminan adornando la verdad que a duras penas ven como realidad. Los poetas no se rinden, no se rinden, no se rinden; sólo abdican las espadas y leyendas y conjuran artificios para seguir vivos, con los ojos abiertos y esperando una oportunidad de hacer letras labios, letras manos, letras besos, oraciones caricia y poemas de ensueño realidades de pareja... Ellos nunca hacen nada por alguien más, siempre lo hacen por ellos mismos -tienen la esperanza de encontrarse y decirse lo que nunca se han dicho, de abrir el corazón en canal y juntarse y saberse y pensarse y verse y callarse y reinventarse-. Los poetas siempre buscan el amor de una vida, y no preguntan porque lo saben, lo intuyen, lo huelen... y una vez que lo encuentran no piden más, aunque les duela y les deje el alma partida. Ellos -los poetas- siempre se juegan el alma y la vida, no tienen zona de confort porque en su búsqueda siempre se olvidan: ellos siempre se olvidan, por eso crean y creen para que no se les vaya ella, -la vida-; y siempre siguen ahí aunque nunca encuentren la salida... ¡Lindas lunas para ti que sueñas!

martes, 2 de junio de 2009

La belleza de la vida


Hoy no puedo saber qué es extraño para mi,
ni siquiera puedo ver su reflejo en este mundo,
y mucho menos tengo el conocimiento
para salir de mis prisiones,
o para romper las cadenas de mis profundos temores.

Parece que mi amor vive en una realidad que no me pertenece,
pero que es tan cierta que compartimos el aire que respiramos.
Y aunque es mía,
y soy de ella,
no entendemos la distancia entre los dos con la que a veces tratamos.

Imagino que el tiempo es un niño
que no sabe de la vida
ni de las necesidades del amor,
que no entiende de plazos
ni de la paz que sólo existe entre sus brazos.

Creo firmemente que nuestro amor
es la parte indomable del ser humano,
que vive entre mundos infinitamente distintos,
pero no por eso lejanos,
que a pesar de ser diferentes
no dejan de ser el mismo y siempre andan juntos de la mano.

Y es incomprensible pedirle a ese niño tiempo que sea sabio,
o entender que sólo estamos cerca cuando nos tocamos,
o cruzamos las miradas y sedientos nos besamos.
¿Qué sería de nosotros sin esa parte indomable del ser humano?
¿Qué sería de nosotros si dejamos de creer que estaremos juntos,
y caminaremos lado a lado por el sendero para nosotros destinado?
¿Qué sería de nosotros si dejamos que nuestro amor sea domesticado?
¿Podríamos romper las cadenas y hacer que el niño tiempo pase a nuestro lado?
¿Acaso no es suficientemente bella nuestra existencia y luchar por lo que ambos soñamos? Despertar juntos, ser pareja y amantes, prestarnos el hombro
y por gusto tendernos la mano... no dejar de amarnos, no dejar de amarnos;
porque juntos nos salvamos. Y unimos la distancia que hay entre nuestros mundos...
¿Acaso no queremos lo mismo a pesar de ser infinitamente distintos?
¿Acaso no es bello saber que mi mundo vacío se llena si estoy a tu lado?
¿No es insuperablemente bello saber que existes en este universo y que cada día vivo para decirte que te amo?
¿No es bello saber que somos imperfectos y así nos aceptamos, que todo puede pasar si tan sólo nos amamos? Que siempre hay más y más, y siempre es bello porque estás aquí... y eso es profundamente bello... que no hay nada bello si no nace de ti...

[Para ti, Laura, el amor de mi vida]

viernes, 29 de mayo de 2009

Fotografismos de Eugenio Robleda

El abismo


I
El inicio del viaje al fondo del abismo
es caer,
caer,
caer en pos de la razón
y olvidar que hay que entregar el corazón.

II
Profundo,
inmenso,
incomprensible a mi razón
es el infinito más pequeño,
un vuelco al corazón,
que hace inexistente la distancia entre los dos.

Diseño: Eugenio Robleda
Texto: Heriberto Cruz

Liturgia nocturna


Hoy, queridos amigos, en esta noche tormentosa he de confesarles mi mayor defecto —y por consiguiente mi mayor virtud—. Y me abro en desahogo tal vez porque no tengo alguien más con quien platicar, o porque siempre es buena la opción de conversar con algún extraño —que ustedes sin serlo demasiado—, sirvan de confesor y devoradores de pecados.
Dejo pues, expuesto mi tórax deshuesado ante las palabras salpicadas de verdad, y sirva este ejercicio para devolverme lo que he perdido en el trayecto de esta vida implacable; y sin más, mía.

Me he preguntado miles de veces si existe mañana, si el vacío que me embarga será llenado, o de alguna forma removido de mis entrañas —y he tratado de responderme con vehemencia—. Y siempre llego a la conclusión de que no hay más en el futuro que el destino —esa parte de la existencia que nos tocó irremediable e impuesta—; he de afirmar que eso me llena de desesperanza, que la certeza del cambio se desvanece ante el irrefutable argumento: “Esto es lo que corresponde a mi vida.” Y sin doblar las manos, veo como se desparraman mis sueños líquidos por el suelo, bajo las plantas de mis pies —cruel metáfora: mi existencia sobre aquello que me da la vida—. Siempre me admiro de mi reacción inminente: la estupidez de hacer el intento por recoger en pócimas las quimeras vertidas, que cual fluidos de mi cuerpo son tragadas por el mundo. Justo en ese momento me debato entre la necesidad de pelear y salir corriendo al campo de batalla, o de darme por vencido en esta lucha sin tregua, sin bandera blanca, sin derecho a ser prisionero. Y me lamento, y me digo, y me hago, y me castigo, y me rebelo, mientras él sólo me dice: “Cada quien forma su propio destino.” Y caigo desarticulado, desadjetivado y siento que la vida se me va de largo.
Y recurro cual mendigo al amparo de su cuerpo —sí, al de ella—, y busco la fuerza en su mirada, el aliento prendido a su boca que sirva de bocanada, de ánimo, de esperanza, de valentía ante la nada. Y nada, debo aclarar que no es por ella, es por mí y este vacío que se me atraganta y en días me hace pensar y pensar y pensar, dejando de lado lo que siento y lo que quiero: ella es parte de mis más profundos sueños.
Y mi necedad me sobrepasa, ¿quién hay que no quiera lo que quiero? Sólo un momento de paz entre tanto desosiego. Lo juro ella es un anhelo, es la única habitante de mis sueños. Y podría morir, y muero por estar más allá de la existencia misma, sólo en el diario devenir de días rosas y grises, de miradas tordas llenas de amor y de cansancio, de caricias secas y de besos blandos, salvajes y atolondrados. ¡Y no puedo! No porque no quiera o no deba: sólo es que no puedo.
Ese amigos es parte de mi mayor pecado, el que a pesar de desearlo con el corazón y alma, hay que cosas que en la vida no puedo; no siempre lo puedo todo. Y la desesperanza se vuelve una soledad acompañada, apegada al concepto modernista del amor… y sólo pienso en que las cosas sean como quiero, como las deseo —y esto queridos amigos, es mi mayor virtud y defecto—: Ser un hombre apegado a sus sueños.Sea pues esta noche marcada en mi memoria como una noche de una confesión larga, de abrir los ojos y dejar escapar por ellos el alma: que si los sueños no son realidad, tal vez haga faltar luchar más por ellos…[aunque en ello se vaya la vida y los sueños queden incompletos].

martes, 26 de mayo de 2009

De soledades III


La certeza de la noche es la misma que tenemos todos ante el futuro: siempre sorpresivo y fortuito. Escapado de las añoranzas, de las evocaciones, de los míseros recuerdos que tengo de mi cosechando la felicidad entre los prados de esta vida. ¡Qué momentos! ¿Cuánta felicidad cabe en la palma de la mano? Tal vez la misma que se posa sobre nuestros labios desnudos de tanto decir verdades completas, llenas, a medias o a cuartos menguantes. Sí, igual que la luna, exactamente igual que la esfera plateada de lúmenes marmoreos, de brillos argentinos de vacíos luminiscentes en esta noche oscura. Parece que la verdad sigue sus fases de acuerdo a la temporada, al calor y al frío, y su única certeza es que sólo hay cuatro cíclos lunáticos: el amor, el vacío, la soledad y la nada. Hoy, yo que tanto hablo de nada me siento más vacío que el amor que profeso a la misma soledad. ¡Vacuidad de mis amores, de mis sueños noctámbulos, de mis frases incompletas, de mis noches sin días, de mi amor desolado! ¡Cuántos vericuetos para decirme que estoy solo! Solo, que el mundo abre sus fauces para tragarme entero porque si lo hace por pedazos renazco de mis propios argumentos. Soy un mentiroso, de verdad, creeme soy un gran mentiroso. Eso sí, mi única certeza es la transformación y el cambio... aunque siga siendo el mismo de hace algunos ayeres sin nada y con el alma vacía, tanto que no tengo ni una moneda para pagar a Caronte, a lo mejor por eso no muero: no tengo ni para ir al infierno. ¡Cuánta soledad y yo tan pobre! Y no hablo de aquello que tengo, hablo de aquello que no llega ni de noche ni de día ni toca a la puerta ni se levanta para cederme el asiento en este viaje. ¡Cuán solo y cuán acompañado! Saltimbamqui de tercera, de piruetas entrelazadas para sobrevivir, payaso de cabriolas y malabares: bufón de la verdad. ¡Cuánta soledad y miles de noche en celo! De labios tintos y piel blanca, rosada, de curvas, colinas y valles; de declives, aureolas y capullos: de larvas lujuría metamorfeadas en deseo -Mariposa de alas platinas y polvos tecnicolor-. ¿Cuándo llega el amor si ya lo tengo en las manos? ¿Cuánta pinche soledad de rasgos soñolientos? ¿Cuánta de permisos exprofesos? ¿Cuánto es del peaje de este laberinto interminable? ¿Esa es la vida? Sí, aunque no sea justa ni buena ni mala; sólo vida y una, aunque se escape de las manos cual brisa taciturna, fuga nocturna de abrazos aplazados, de cuerpos en batalla, de plazas y zócalos perdidos en nuestra geografía. Sí, aquella que inventamos cuando hacemos de nuestra soledad acompañada noches de amor sin tregua, sin banderas blancas que salven a los heridos de guerra, a los muertos de lujuría, a los cuerpos ávidos salpicados de caricias y desangrados de tantos besos. ¿Cuánta vida en esta guerra de soledades y desesperanza? Soy un mentiroso, un vencido más en la batalla del entendimiento, por eso me vendo fantasías de a peso, por eso me engaño mientras sueño y sueño a la vez que vivo: ¿Acaso no es preferible inventarse un mundo que seguir viviendo en este tan desolado? ¿Dónde están tus brazos y tus labios? ¿Es que he quedado ciego? Sí, el amor es ciego y el deseo es el bastón que nos guía... ¡Cuánta soledad y yo sigo y sigo y vivo! ¡Cuánta vigilia! ¡Cuánta noche! ¡Cuánta alma! ¡Cuán es demasiado para saber cuánto! Por eso la verdad se da en fases: completa, llena, a medias, de cuarto menguante para que yo siga creyendo que la soledad es una compañía irrefutable, es la ortodoxia y el absoluto del lenguaje que vierto para hacerle una reja y que no se escape... ¿Qué haría sin ella? Qué sería sin ella... un solo más, o más solo, o solo mas... Sí, sería un simple solo... ni mas alegre ni más... ¿Qué sería sin ella? Lo que hoy no soy... y lo que sigo siendo.

viernes, 22 de mayo de 2009

De soledades II


Sólo, como siempre más solo, acompañado de una soledad extravagante, de tulipanes amarillos y de medias negras en mi mente, de guantes hasta el codo y del adiós de un día y bienvenida la noche. Sigo enfermo de vacío, de nada, de paciencia y de espera, que ojalá y fuese una venia más, pero es la buenaventura de mi vida. Ayer, precisamente ayer que no dormí, salió mi alma a caminar y se encontró confiada ante la vida, sola ante la vida; y se supo de memoria el sendero que lleva directo a los misterios de la mente: la soledad es la mejor vianda para hacerse acompañar. Y lo entendí, si estoy solo no es porque quiero, es por destino... ¡Dichoso destino! ¡Bendita enfermedad! ¿Existe alguien que no quiera estar solo? Esa es la paradoja, mi soledad no es la mía sigue siendo la de todos, la de aquel abandonado, la del poeta muerto, la del silencioso, la del mudo amor, la de diario... esa es la soledad que sudo siempre lleno de vacío, harto de todo, consciente del abismo que se abre a cada paso... ¿Hay ángeles que cruzan el abismo? ¡Ésa que va a su lado es mi soledad! La de noche ataviada de galantes soledades; la que se presenta asimisma como muerta y siempre está viva, de dulces bembos carnosos, llena de ansiedades y de deseos, ocupada consigo, conmigo... Es mi consigna: llevarla por siempre, lado a lado, juntos de la mano caminando, ella viviendo y yo de ella enamorado... ¡Puta vida! ¡Pinche vida! Siempre llena de soledades y martirios acompañados, de caricias azúcar y de grandes males, de orgasmos fresa y besos de chabacano... Esa es la sentencia que no hay soledad si no se está acompañado... ¡Maldito corazón! Si late y se quiebra, si vive y se aterra, si se congela ante su propia provocación en busca de compañía, en busca de ella, que se disfraza de mujer, de esposa, de amante, de puta, de todas y sigue siendo una, y es mía, siempre llena de soledades y pretextos, de ternuras, de tersas carnes y huesos... Esa es la verdad, que es mia, es mi vida, es mi consigna; es la dulce pena de una noche cualquiera de este cualquiera... Y no importa si estoy solo, siempre solo harto de mi mismo... [Me lo dijo mi alma regresar mientras yo no dormía]. Y entendí que más que todo, la soledad es mi eterna compañía...

martes, 19 de mayo de 2009

Necesidad

Imagen deformada de http://www.lasexologia.org


Si voy a casa,
te imagino dispuesta,
con el deseo entre las piernas.
Lo cierto es que no me acostumbro
a soñar deseos sueltos
eternamente rodeados de aire.

Siempre llego solo,
yendo sin camino, a ninguna parte,
Siempre vuelo solo,
creyendo tu cuerpo mi paraje
y sigo soñando deseos,
deseos húmedos al lado de nadie.

Déjame sentir…
Necesito que lo creas:
del destino marioneta
sólo siempre solo,
estoy en ti aunque no me veas.

Déjame sentir…
Quiero que lo creas,
que no lo entiendas:
que sólo, siempre solo,
vivo junto a ti aunque no me veas.

¡No estoy loco!

Sólo necesito vivir,
que dejes de ser nadie…
Necesito confiar en alguien…
Necesito confiar en alguien…


(Agradecimiento a Amaral, por la inspiración de esta noche…)

viernes, 15 de mayo de 2009

De soledades


Puedo entre abrir los ojos
y seguir soñando,
o continuar pensando que estoy vivo,
o sencillamente, sólo seguir creyendo
que estoy aquí por mi destino,
de ser inocuo:
simple payaso de lo inhóspito,
complejo andamiaje de lo vacuo,
solo, siempre solo;
graciosamente enamorado,
enamorado del fuelle de oxígeno
que hoy, por desgracia me mantiene vivo.

¡Y es que me importa un pito la soledad!
Aquella de calles largas,
de manos sucias,
de besos cortos,
¡odio la vaguedad de los amores fatuos!
Adoro las pesquisas de los amantes de contrabando,
de caricias escondidas,
de lúbricas partes,
de culos encendidos.
¡Aquellas de los grandes orgasmos cuando toman bando!

¡Es que me importa un pito la soledad!
Si camino mientras ando,
ando en hinojos, caído,
de bragueta cerrada,
y calzones humedecidos.
Solo, siempre solo;
castigando mis sueños
de un futuro mejor del pasado presente que he vivido.
Sólo por esto me mantengo vivo:
para estar solo,
siempre solo,
aunque la soledad me importe un pito...

jueves, 14 de mayo de 2009

El árbol de los sueños

Imagen deformada de http://www.educared.org.ar



Esta noche dejo de lado las palabras descritas para los corazones rotos -es que el corazón también se hace añicos por la ausencia-, y abandono las historias hilvanadas sobre la vida para imaginarme rodeado de la fragancia de tu cuerpo desnudo en medio de la habitación que tan bien resguarda nuestros anhelos. Me pienso en el paraje de tu piel, de ricos paisajes y de prados retozados entre las caricias que tanto nos damos, y en días anhelamos.

Pienso en el árbol de sueños que crece entre nuestras manos, y que pensamos de grueso tronco y frondoso remate, de frutos sueños que despiertan al tacto después de su letargo.Y lo sentimos florido, nacido de la semillas sembradas sobre las sábanas después de arar la tierra en cada entrega, entrega que llega luego de estar postergada. Y lo sentimos de sueños soñados para detener el tiempo y hacernos el propio de sueños brazos, de sueños besos, de mundos entrelazados, de dulces frutos orgasmo, del momento de quedar enramados, atados, cubiertos por la sombra de ese árbol de sueños que crece a cada caricia entre nuestras manos.

Y lo soñamos por la eternidad de esta vida, y queremos parar el tiempo de entregas y de risas, de horas grises, de venías perdidas, sueños de celo, de hambre del cuerpo, de labios juntos, de huecos llenados: sueños locos de vida, de sacar la chequera y depositar el alma entre tus brazos, de quedarme vacío al finalizar cada domingo, de paciencia y de la promesa de pronta entrega, de cierta estadía, de tu mano mía, de tu mirada prendida al sueño de soñar nuestra vida.

Y me pienso en el paisaje de desnudez florida, del calor de cuerpo calentando el agua tibia con que se baña mi hombría, la poca salvedad de mis días, y el ardor de tu pecho que sueña en seno por que te haga mía... y en tus verdes prados no dejo de soñar que rápido pasa el tiempo, y que pronto se va la vida, y no dejo de soñar con el sueño de soñar nuestra vida, y apesar de soñarlo lo quiero de verdad, aunque eso signifique cortar el árbol de sueños que crece entre nuestras manos...

miércoles, 13 de mayo de 2009

Destino


Esta noche he soñado las lunas de tus dedos abriendo este cielo gris, teniendo cuidado de no lastimar las últimas imágenes, que celoso, guardo de ti. Es que no quiero dejarnos caer en el olvido, como las arenas de la vida caen para formar las dunas de la incertidumbre de un futuro que no llega.
Véeme, soy un hombre con las manos sucias y una mala estrella; sin más que las letras sobre el teclado y una multitud de sueños sueltos, libres para enfrentar el rigor de la noche eterna en un acto de esperanza por ver llegar la luz de la mañana.
Tanto tiempo hemos vagado sin rumbo sobre los mares de sueños sin sentido; que al romper hoy nuestras olas sobre los reales acantilados se han fragmentado en dulces quimeras y en tristes utopías de una vida juntos, caminando lado a lado por el infinito y su profundidad. Y hoy, no sé qué sembrar entre los mares de tus adentros, en la inmensidad de tu ser. Y me quedo pasmado con mis manos vacías y mi mala estrella ante la posibilidad de verte partir.
Véeme, desnudo ante tus ojos, ante tus noches de mujer independiente, ante los te amos que te guardas... Véeme desnudo ante la fuerza de tu ternura y el golpe del destino: se pueden coleccionar noches sin ti; llenando cada evocación del sabor de la sal de tus vivencias que llevas impregnada en tu piel. Se pueden coleccionar noches sin ti, a pesar de llevarte adentro.
Véeme, sólo soy un hombre lleno de vacíos y recuerdos, de imposibilidades y de malos ratos, de madrugadas largas tras una noche de espeso llanto... Sólo soy un hombre más sobre la tierra, pero tal vez el único que puede llevarte con él a pesar de la distancia...
Y eso sólo es algo más que la querencia, es destino...

¡Por favor, una noche pequeña!


Si la noche fuese más pequeña sabría que eres mía, que la madrugada te sorprendería entre mis brazos y el amanecer en mi pecho, pero ante la longitud de la noche sólo puedo preguntarte, en verdad, ¿eres mía?
Parece que la pregunta es absurda, pero, ¿es cierto que nos pertenecemos? ¿Qué alguien escribió una novela sobre nosotros? ¿Será que somos pareja de papel? Y es que parece jugamos el juego retocado de los juguetes vívidos de noche y entonces hacemos la existencia a nuestro antojo, y de verdad en la noche parece que no estamos solos, o que nos acompañamos en nuestra soledad... ¿Cuándo será el día en que nos pertenenezcamos aún de día? ¿Cuándo dejaremos de jugar a la casita? ¿Cuándo dejaré de extrañarte si ya te extraño tanto? ¿Se puede vivir atormentadamente solo? ¿Es necesaria esta soledad? ¿Qué razón hay para pasar tanto tiempo lejos? ¿Qué razón? Sí, te lo pregunto a ti, me lo pregunto a mi y, ¡chingada madre! A Dios... Alguien más pudo escribir nuestra vida de pareja de papel... y es que no hay más que la tristeza sobre el teclado, que las últimas lágrimas de esta pinche soledad, de saberme celoso y estúpido, de no verte, de acumular días sin ti en mi tarjeta de solitario empedernido...
¿No te cansas de esperar? ¡Y qué si es un amor de verdad! ¡Y qué! Qué puede importar en noches como hoy si seguirán siendo igual de largas estés o no estés, esté o no esté, estemos o no... No entiendo, cuál es el motivo de extrañarte tanto, no entiendo cuál es la lección que debo aprender, no entiendo la vida ni los sentimientos que alberga la noche, si irremediablemente parece hemos de estar solos...
Y es que en noches como hoy pierdo la fe, si es que hay alguna ante la cual deba redimirme...
Y hoy no sé qué hacer, si volverme loco, si abandonarme al dolor de extrañarte o si hacerme pendejo y pasar por alto lo que parece tan sencillo y tan normal... ¿Habrá algo que hacer? ¿Qué hacer? Si lo hay, puedes indicarme el manual para estar juntos, para sabernos, para compartir la vida... Eso tal vez sea lo peor que creo no hay vida sin ti, y eso puede ser parte de una grave incomprensión al miedo que me da la vida... Yo tan pleno y tan pendejo, tan libre y esclavo, tan... desesperado... ¿Acaso entenderá Dios que nosotros también tenemos planes y deseamos vivir? ¿Acaso lo entiende? Y si lo entiende, ¿qué gana con retrasarlos o con hacerlos a un lado? Él es eterno y tiene todo el tiempo del mundo, yo no creo pasar de los setenta años, ¿debo esperar el tiempo correcto?
Hoy, por esta noche quisiera volver el tiempo atrás y cambiar algunas decisiones, y liberar mis manos para poder estar junto a ti, y hacerte mía y pertencerte... pero no puedo... y me pienso solo aún contigo al lado, y no es que quiera estar solo, es que parece debo estar solo... y hay noches en que la soledad sabe a mierda, a mierda... Por eso tal vez si esta noche durara menos podría llegar mi tiempo y ser feliz a tu lado... a tu lado... ¡qué bien suena!
Qué dura es la realidad cuando no corresponde con creces a nuestros sueños, ese es el contraste de la noche: que muera por estar contigo y que no pueda... ¡eso es la soledad del solitario! ¡Esa es la duración de la noche en desosiego! Eterna, interminable, plagada de momentos, carente de rezos... Por eso te pregunto una vez más, ¿eres mía? ¿Nos pertencemos? ¿Seremos los dos? O sólo yo y la noche interminable carente de calma, que tortura mi pobre alma: hoy, en esta noche cansada... cansada de estar sin ti... sin ti, que apesar de serlo todo hoy eres nada... nada...
¡Jamás pensé decirlo la nada me mata! Me mata de escorpiones y besos tiernos llenos de veneno, de corazas indescifrables, de tenazas caricias, de colores con sabor a noche... y no vendrás hasta el fin de semana, y yo con noches largas de escorpiones soñados, sexies, lacerando mi carne y mi pobre alma... Eso es la soledad y no mamadas, una soledad que empieza cada fin de semana y dura cinco días, o diez días o veintiún días... Da lo mismo si mis noches son largas... largas como los pasillos del laberinto de mi abandono, que ya no sé si es por mi, por ti o por destino... Habrá que sucumbir mientras seguiremos siendo una linda pareja de papel, de poesías no dichas, de frases escondidas, de palabras exquisitas, de sueños creídos, de imposibilidades y de razones, de cartas aplazadas, ¿eres mía? ¿Cuándo regreses seguirás siendo mía? O de verdad voy a estar solo, enfermo de nada y de vacío... de vacío. Anda, dime la verdad... aunque suene a espada, a catarsis, a metamorfosis, a muerte o a soledad... a una soledad donde yo no pueda dejar de amarte...

[Para el amor de mi vida]

martes, 12 de mayo de 2009

De luto por un gran genio del rock español

Foto tomada dehttp://www.elpais.com/articulo/cultura

Madrid, 12 May (Notimex).- El cantante madrileño Antonio Vega, quien saltó a la fama con el grupo Nacha Pop, falleció hoy en Madrid a los 51 años víctima de una neumonía, confirmó un portavoz de la Sociedad General de Autores (SGAE).

El músico, que llevaba varios días internado en estado crítico en un hospital madrileño, ingresó de urgencia el pasado 23 de abril aquejado de una neumonía aguda que le hizo empeorar el cáncer de pulmón que sufría.

Tras ser hospitalizado, se informó de la suspensión de un concierto que Vega tenía previsto ofrecer el día 30 de abril en Almería, en el sur español.

El cantante, ídolo de toda una generación, comenzó su carrera en 1978 al frente de Nacha Pop, grupo que fundó junto a su primo Nacho García Vega, y 10 años más tarde inició una trayectoria en solitario.

martes, 5 de mayo de 2009

Promesa nocturna

imagen modificada de http://www.linkmesh.com/


Cuando la tarde muera y llegue al cielo la gran esfera plateada te pido que le des la bienvenida a los ángeles, y si puedes, sólo si puedes les abras tus brazos para que se sientan hombres por unos instantes. No te preocupes te desean pero no pueden besarte como yo lo hago, no te alteres ni te pongas nerviosa sólo sentirás un poco de frío estremeciendo tu interior, sí, un poco de frío para cada uno de tus órganos; pero no te preocupes ellos no pueden calentar tu vientre como lo hace mi lengua atareada en el albor de cada madrugada.
Por favor, sólo te pido que les des la bienvenida hace tanto que no son hombres, hace tanto que no saben del olor y del sabor de una mujer. Por eso esta noche diles hola mientras bajan en picada extendiendo sus alas... diles hola y enarbola tu mejor sonrisa hace tanto que no saben de la risa y del amor...
Sabrás que vienen por la pequeña brisa nocturna golpeando tu ventana, por el color metálico y los lúmenes marmoreos que te bañarán como estrellas bajadas de la galaxia más cercana, y porque tu corazón brincará de alegría, de ganas de ser por un instante la mortal más feliz de esta tierra sobre calentada.
Los verás haciendo estelas en el firmamento, jugando a vivir con lo que queda de sus cuerpos, siempre tan llenos de deseo, de un deseo que no entienden porque sólo tienen de él su recuerdo. Los verás serpenteando con el pecho henchido de placer, el placer de volar libres a pesar de ser viejos esclavos de la carne: es que sólo tienen memoria de sus sentidos y carecen de sentimientos.
Pero está alerta, que aún sin sentimientos pueden amarte con el amor más puro, porque sólo es el recuerdo de lo que ellos creen que sienten, es que al ser perfectos olvidaron el corazón en esta tierra. Por eso ten un poco de piedad, y esta noche diles hola y abre tus brazos para darles la bienvenida... y por favor, aunque te tiente la idea no les hagas el amor, espera a que llegue yo, uno de esos días en que muere la tarde cuando se oculta el sol y alcanza su cenit la gran esfera plateada... ¡por favor, sólo espera a que llegue yo!

lunes, 20 de abril de 2009

Resentido




Odio tus revelaciones y el sensacionalismo con el cual dejas caer tu ropa cada noche junto a tu cama. Odio la espera, mi interminable paciencia y los dimes y diretes que acompañan nuestras pláticas; por consiguiente aborrezco tus palabras llenas de verdad y las sentencias que hay detrás de nuestros planes [si es que en verdad hay planes y un futuro]. Odio las rebanas de felicidad que se hacen tangibles en tu sonrisa, que todos pueden ver menos yo, en consecuencia caen de mi gracia los chistes y anécdotas que cuentas o que te cuentan, es decir, que la misma gracia cae de bruces cerca de la punta de mi zapato. Odio las misma frases de amor con las que te levantas risueña y esperas a recoger lo que sembraste el día anterior... odio la negrura de mi piel y amo la transparencia de la tuya; no tolero el racismo ni las contradicciones, ni las verdades a medias ni siquiera las mentiras que quieren ser verdades,o aquellas que veraces, de tan fantásticas se pierden en los terrenos de la imposibilidad. Odio la vida que yace en espera de la propia vida; y con resignación acepto los vericuetos espinados de la provocación y del estilo: formas de vida, les llaman, aunque a veces estén ausentes de su propia vida. Odio los mensajes de texto equivocados, y que no por equivocados encierren bellas verdades, odio la aspereza de los sentimientos más profundos y sin embargo me regodeo en la oscuridad del mismísimo amor que profeso cual imbécil enamorado y de culo deambulando por la vida. Odio los fines de semana perfectos que terminan tras el orgasmo del domingo, y odio que todo sea jugar a la casita... Odio perder el control y ganarlo sólo para cederlo después, entre arrumacos y sonrisas, odio la parquedad de algunas charlas, odio vivir de paso, o paso a paso, y denigro a quien lo vive todo de un chingadazo... Odio la verborrea que utilizo, odio esconderme tras los verbos y los sustantivos, odio adverbiar y adjetivar en exceso, presentarme barroco y seguir siendo párvulo o más niño. Odio el sentido de mis escritos cuando son más ciertos y aplaudo tristemente si son ciertos. Odio la tercera llamada y perder tras las tablas la gente que voy amando, odio que se mueran y se lleven la felicidad completa, en especial odio no perdonarles que se hayan muerto y me vayan dejando desarmado en los caminos de la vida. Odio la misma ausencia, el olvido y el recuerdo. Aborrezco la nada que no existe, y que si existe, llena mi cabeza. Odio las respiraciones cortas y las miradas perdidas y los brazos extendidos, y los encajes negros sin senos o sin nalgas... por eso, tal vez sueño con medias negras que acarician mis desplantes y mi hombría, y siembro el fetiche de la blancura tras la tela oscura. Te odio si me lees y me entiendes, te odio si te vale madre y pasas de post o de hoja, te odio si me amas porque no merezco tus labios, te odio si triste me compadeces y te llenas el alma, te odio si respiras y te vendes, si respiras y no sueñas, si vives y a pesar de tanto amor te sientes acongojada... te odio si me ves de carne y hueso, o si me ves un ente de la inmensa red computacional... te odio si al igual que yo sientes y no haces nada para que cambie lo que está a nuestro alrededor... En especial, odio cuando odio, porque lo hago de verdad y rompe en mi lo bueno que hay en mi capacidad de amar

miércoles, 8 de abril de 2009

Perfecta simetría


Es imposible no agitarse mientras se recorren los escombros de una vida,
y entre los adoquines y los muros derrumbados,
me pregunto cómo hacen todos para cambiar de párrafo,
para darle vuelta a la hoja,
y seguir los trazos de las viejas fotografías.

Ojalá y pudiera encontrar el sentido en lo que hacemos,
mientras quemamos las capitales escritas en la piel,
y dibujamos nuestra propia geografía,
creando un nuevo mundo
lejos del más sabio de los animales,
un mundo donde sólo estemos tú y yo.

¿Quién eres que deseo mi existencia contigo?
¿Qué es para ti la vida? ¿Por qué deseo pasarla contigo, hasta el último aliento?
Crees que de la misma manera que la vida se cobra los instantes perdidos,
nos de la oportunidad de una vida más, juntos.

Y es que la vida se vive en una perfecta simetría,
y todo lo que hago se hará en mí,
se realizará en mí,
así como el día hace a la noche,
y la consciencia a una existencia.

Y es que la vida se vive en una perfecta simetría,
como las agujas avanzan en ángulos perfectos
sobre las arenas de esta vida,
haciendo los zurcos en nuestro espacio.
Tal vez, el amor se siente demasiado cuando en verdad es amor.

Quizás sólo sea que sentimos que la vida es cruel,
que no hay puertas de oro para abrir,
ni cielo que nos espere al término de la jornada,
ni los brazos abiertos que calienten cualquier fría madrugada.

¿Quién soy si deseas tu existencia conmigo?
¿Qué es para mi la vida? ¿Por qué deseas pasarla conmigo?
Crees que de la misma manera que no se recuperan los instantes perdidos,
la vida nos dé la oportunidad de recuperarla, juntos.

Tal vez, la vida sea como el niño que corre solitario
por las avenidas de nuestras ciudades derrumbadas,
llenas de espinas,
y de iglesias vacías,
que sigue el murmullo,
el sonido del amor,
con la esperanza de encontrarse a sí mismo en la salida.
Quizás sea como cada correo electrónico desgastado,
cansado de sí mismo en la pantalla,
de no leerse o de ser releído,
quizás sea el mismo objeto lleno de letras pero inminentemente vacío.

Quizás, la vida es todo lo que está a mi alrededor;
quizás, sólo tal vez, es todo lo que está a mi alrededor y tiene tu nombre inscrito en su esencia.
A lo mejor, el amor se siente demasiado cuando en verdad es amor.

Y es que la vida se vive en una perfecta simetría,
y todo lo que hago se hará en mí,
se realizará en mí,
así como el día hace a la noche,
y la consciencia a una existencia.
Tal vez, el amor se siente demasiado cuando en verdad es amor.
Y es que la vida se vive en una perfecta simetría,
y así como todo es lleno se vacía.

martes, 7 de abril de 2009

Rosa Pálida


Innegable, la fortuna toca pocas veces a la puerta -dijo sin miramientos mientras recogía su pelo negro- y la impaciencia es una cualidad del hombre moderno, ahora tan falto de tiempo o de huevos.
Sonreía frente al espejo, coqueta con su imagen, dibujado en el iris siempre tenía el signo de interrogación, y sensual trataba de borrarlo pero su inquieta alma siempre le trazaba la próxima cuestión. Algo era muy cierto, le encantaba ir adelante, no sabemos de la vida, pero sí, adelante de los demás. Lo más curioso: se preguntaba de todo, aquello, de esto, de lo cercano, la certeza y la aspereza de la vida, de su corazón, del paso de los años, pero jamás se preguntaba sobre sus lunares, sobre la piel terciopelo que cubría su cuerpo. Ella era feliz, y eso es lo que le importaba.
Un día, mientras caminaba por el Distrito II, cerca del Parque Cementerio San Pedro se le acercó un hombre de mediana edad: -Disculpe, ¿usted sabe la ubicación del Mausoleo del General José Santos Zelaya López? - Sí -dijo señalando a su izquierda como traspasando en el aire el arco soportado por las columnas y las rejas-. Iba a continuar la explicación, pero el profundo color miel de los ojos de ese hombre le detuvieron, le parecía familiar: -Disculpe, ¿lo conozco?
- Imposible señorita, yo no soy de esta tierra, vengo de paso, así como pasa el aire entre los árboles. Pero créame hubiese sido un placer haberle conocido en algún momento de mi vida.
Su cuerpo parecía latir en cada uno de sus poros, y con gran dificultad le explicó a ese extraño la manera de llegar al Mausoleo. Llena de tintes y raras sensaciones, observó como se alejaba perdiéndose entre las lozas del camino, dejando en el ámbiente un suave olor a almendras.
Ella tenía mil cosas por hacer: realizar pagos, pasar a la tintorería, y comprar algún libro que le llamase la atención. Apresuró el paso y decidió dejar de "lado las raras sensaciones". El reloj marcaba pasadas las cuatro de la tarde cuando entró en la librería, pasó de largo los best seller's y se dirigió al estante rotulado "poesía", después de repasarlo con la mirada se alcanzó uno de pastas amate titulado: "Historias que no debiésemos olvidar". Con cuidado lo abrió, comenzó a leer, absorta se detuvo en la página nueve:

"Y si en tu cuerpo se dibujan,
cual vestigios de una vieja espina los lunares,
es que alguien tuvo la paciencia de hacerte florecer entre sus manos:
rosa pálida de amor..."

Impávida dejó caer el librillo y cruzó -como los ángeles cruzan el abismo- el infierno de los libros. Paso a paso, todo le daba vueltas, el sol apuntaba el atardecer y ella tenía prisa por llegar. No podía creer lo que le estaba sucediendo: ella no creía en esas pendejadas, no podía, no debía. Cruzó el arco de columnas rosas, el enrejado negro, y temblorosa vió de frente el Mausoleo, nunca le había parecido tan... el aire ligero, que anunciaba la caída del sol, le detuvo en sus pensamientos, un papel a la orilla de la base amenazaba con volar, curiosa interrumpió el anunciado vuelo, y papel en mano, se permitió vivir esas "extrañas sensaciones" a la vez que leía: -"Por la resurrección del recuerdo..."-

Atribulada, volteó en todas direcciones, no sabía qué buscaba, y más aún, no sabía si quería encontrarlo. Molesta y desesperada abandonó el Parque Cementerio San Pedro. Por primera vez en su vida no entendía lo que le pedía su cuerpo ni el lenguaje que utilizaba, sólo sabía que aquello que decía parecía como un grito ahogado. Al doblar en una esquina, sentado en el resquicio de una puerta, reconoció al extraño de ojos color miel profundo, se veía sereno, tranquilo. No entendía por qué lo había buscado y sin pensarlo se vió frente a él: -Oiga -dijo temerosa-. Oiga -y le sacudió por los hombros-. Él resbaló hasta el piso. Alarmada, tomó su muñeca, sin mayor resultado que el silencio del corazón de ese visitante de ojos miel. Todo se sucedió rápido, sus gritos, la llegada de la policía, su declaración sobre la muerte del desconocido, y la llave en el ojillo de la cerradura que abría las puertas de su casa. Se desvistió para tomar una ducha: había sido una tarde fuera de lo normal, y ella sólo quería descansar. Secó su cuerpo sin asimilar, aún, las vivencias de ese día. Con la toalla enredada sobre el cuerpo se vio en el espejo, miró aquellos lunares sobre su pecho y recordó las manchas en la palma de la mano de ese extraño. Sí las había visto mientras le tomaba el pulso, cayó de hinojos en el piso, a la vez que caían sus lágrimas sobre su seno, y recordó:
"Y si en tu cuerpo se dibujan,
cual vestigios de una vieja espina los lunares,
es que alguien tuvo la paciencia de hacerte florecer entre sus manos:
rosa pálida de amor.
Y le verás con las marcas
de tocarte,
aún sabiendo que a cada caricia le sigue el dolor,
rosa pálida,
de espinarse con tu amor."

La muerte


La muerte sólo es parte de un gran proceso, parece que es el fin de la vida misma, que se vive para morir, ya que es la única certeza y algo que inmutable e inexorablemente habrá de pasar para todos. La otra vez la pensé como el viejo carrito de madera con el que jugaba; ese era el producto terminado de una semilla muerta, de un árbol muerto, de un artesano muerto: Mi juguete favorito había nacido de la muerte misma. Luego entonces yo jugaba con la muerte mientras ella me proponía distracciones en mi vida. Yo perdía el tiempo mientras ella jugaba conmigo. Y ese juguete murió cuando inerme cayó mi inocencia por el suelo, dejó de ser mi juguete favorito nacido de la muerte y el único recuerdo que tengo de mi inocencia perdida.Eso es morir en cada instante, de repente, consciente. Miles de células mueren mientras otras se restituyen, cada que nace algo habrá de morir algo. La muerte puede ser una coca bien fría, un excelso pastel de chocolate, la avella rica de los dulces típicos, hasta el aire enrarecido que hoy respiramos. Todo proviene de ella y todo vuelve a ella, y desde mi punto de vista es justo que reclame por sus hijos, ya que todos hemos de acompañarle en el último paso. Y que conte que cada quien edifica su muerte como mejor le parezca, hasta se puede morir sin morir físicamente, se puede uno predisponer a morir de x o y forma, lo único que no se puede es disfrutar la propia muerte.Lo difícil de morirse no es descomponerse y saber que el mundo sigue girando en el tiempo y el espacio inventado por no sé quién, lo difícil es safarse de los apegos, lo cabrón está en aceptar que ya no se está y que todo seguirá sin uno. Eso es lo difícil, aceptar que uno sólo es material de descomposición, comida para los gusanos, abono para la tierra... ¿Qué es la muerte sino la cereza en el pastel, la idea genial, el orgasmo jamás vivido, la apertura de la mente y lo único en lo jamás habremos de equivocarnos? ¿No suele ser tan dulce aún en el peor de los momentos?, ¿es acaso el inicio del viaje? ¡A huevo! La muerte es la revolución misma del ser humano, es volver a casa después de toda una vida. La muerte no es ojete, es justa, no es culera: jamás nos ha mentido, sabemos que duele y que el corazón se estrujará hasta hacernos perder el sentido. La muerte siempre está llena de verdad, porque nadie sabe lo que vale hasta que se muere. Y nunca sabes todo lo que le quieres hasta que se muere... Parece que la muerte es la reivindación del ser humano en su propia existencia, sabemos que existimos hasta que morimos, mientras podríamos ser el engaño de la realidad aparente, del mundo cuántico, de un escritor cualquiera... Por eso la muerte es como colonizar la luna.La muerte no es una aberración, es la mano izquierda de Dios -llámale como quieras- que acogedora teje las almas para que siga existiendo la creación. La muerte es la espada vengadora de la naturaleza, es el equilibrio perfecto, es el momento de lucidez más alto en el cerebro de cualquier ser humano... La muerte es la doncella de buenas nalgas y buenas tetas; es el caballero de pecho y antebrazos firmes, de duras piernas y pene exquisito... Eso es la muerte la muestra de la soberbia de Dios, del Hombre, de la Naturaleza misma. Es la gracia divina que nos glorifica o nos entierra, porque después de ella sólo existe el olvido

jueves, 5 de marzo de 2009

Pecado original


Sigo reptando, me atraganto codicioso de las moléculas de aire, y siento tu temperatura cruzar el espacio que nos separa... Mi lengua se afila y se perfila sobre las comisuras de tus labios: intenta sacarte la verdad mientras te tienta. La noche me protege en la saciedad de mis instintos rosas, fiel salvedad cromática de tu flor abierta: siento la humedad en mi boca. ¿Ves como através de la palabra se derriten tus argucias y te quedas sólo mujer de carne y hueso, sola habitando tu paraíso. ¿Ves la noche como nos protege? Y yo sigo reptando, dibujando sobre la arena mis desiertos sentimientos, buscando en el calor de la tierra aquel que florece en tu cuerpo, y emana e irradia lo que a mi vida le hace falta, me haces falta. Y me muevo ladrón de tus silencios y de la clave de sol que aparece ceñida a tu cintura: pasivo intérprete de la música entre tus piernas... y en la noche sigo reptando, devorando la plenitud de tu sueño, llenando tus espacios vacíos... y oscilo entre la verdad y la mentira, gran usurpador de cuerpos, sediento de mares de palabras, negro habitante de tu cuarto de luna. ¡Sí tan sólo pesaran mis palabras sobre tu cuerpo y mis escamas recorrieran el piélago que yace amodorrado cubriendo tus huesos. ¿Qué hay de la pequeña muerte? ¿Qué del corazón tibio entre la gélida carne del reptil que en las noches me convierto? Y sigue la noche, y el espacio se mantiene impávido, y sigue, y gira el mundo y paro la noche, pasa la vida, y sigo siendo el reptil encerrado en el deseo de desear tu cuerpo... y no es que no te ame, es que hoy mi lengua es bífida, y las escamas se han puestas erizas ante la sola insinuación de tu carne... La noche sigue y yo, sigo reptando...

martes, 24 de febrero de 2009

Tristeza



Pareciera que la tristeza irrumpe en el penúltimo sueño, justo en ese momento en el que pudiésemos vivir o dejarnos morir de hastío... Sí, la tristeza es necesaria para saberse pleno y alegre, así como la muerte es vital para saborear la vida, y a pesar de su innegable existencia le confiero como sólo un estado de ánimo, un estadio del alma. Ya que se puede estar triste más no ser triste, en cambio si se puede ser el infeliz más feliz sobre el único guijarro de la tierra... ¡Éso! Al igual que cualquier sensación se sirve sobre la mesa, y se parte con cuchillo o con los dedos y se traga licuada en vino tinto [siempre he creído que el merlot es excelente para el inicio de la servidumbre ante el corazón, como el chiraz es preciado para la borrachera que termina en llanto infinito e intoxicado]. Sí, la tristeza puede ser la melodía arrancada de los acordes del piano en una sonata inmemoriable por el amor perdido, o la lunada perdida, en que el lobriego corazón, remueve las arenas de la consciencia para permitirnos plantar la simiente de una nueva vida... Sí, la tristeza es necesaria, pero sólo como el inicio del duelo por algo perdido [puede ser hasta la cosificación de alguien]. Sí, la tristeza sólo es necesaria sólo como parte de la dieta para el alma...

jueves, 19 de febrero de 2009

Fotografismos de Eugenio Robleda



Lujuria

I
Bajo un mismo cielo,
cruza el umbral de la noche,
un espíritu sobre el viento:
dos demonios envueltos en las alas del deseo.

II
En el tiempo vivos,
en el refugio y en la media luna
placer anverso de la espalda íntimos
surgidos, ardientes de la nívea espuma.

III
Intriga lúbrica del deseo,
apetito voraz de nuestro cuerpo,
peregrino del estremecimiento preso,
erotismo en espiral,
entrega con principio y sin final.

IV
Delirio en el arte de amar,
tocando,
acariciando,
besando,
entrando,
asimilando,
la luz de tu mismísimo mar.


Obra: Eugenio Robleda
Texto: Heriberto Cruz

No encuentro la manera de vivir si tú no estás [Fragmento]

¿Por qué me abandonas?

No sé cuándo tuve por primera vez un papel en la mano, blanco y vacío, no sé en qué momento creí podía llenar el espacio, hacerle una memoria de letras bailarinas y entrelazadas. Probablemente en la infancia, estoy seguro fue cuando niño, en ninguna otra época pudo ser. Y me pregunto: ¿por qué a mí? ¿Algo hice para merecer la maldición de las letras en mis manos? Alguna vez dijiste: “No me olvidaré de ti”. ¡Sé en algún momento de mi vida te dejé de lado, pero me estaba haciendo hombre! ¿Por qué me lastimas de esta manera? ¿Puedes dejar de observar tu creación? ¡Yo no podría olvidarme de todo aquello que escribo y soy las sobras de tu mesa! Ahora, ¿qué hago con este deseo agitando mis entrañas si estoy solo? Hoy, ¿qué hago con todo el amor que soy capaz de dar sino está ella? Si habita este sentimiento en mí, ¿qué ganas con ponerme en este mundo de soledad? Sí, me olvidé de ti con el deseo en el cuerpo y todo el amor bajo mi osamenta y translúcido en las palabras que parían mis labios. Justo en este instante, frente a ti, soy la talega con cenizas de mis huesos y letras retorcidas. ¿En verdad me odias? ¿Me odias tanto para abandonarme al desierto de tu paraíso? ¿Por qué me abandonas?
¡Dios, en verdad me odias! ¿Por qué me abandonas?
— Amén.

miércoles, 11 de febrero de 2009

El Asesino de Playa Pannuchis (reloaded)



12 de diciembre de 1996
Ha corrido casi todo el día y el océano de amor está en calma. Las cumbres de sus olas centellean como si fuese oro potable, listo para beber o sumergirse en la profundidad de sus aguas y soñar eternamente con mares de semen. De acuerdo con las historias de este pueblo, diferentes miembros ubicados en los cinco continentes vierten su semen a grandes cantidades en un hoyo al que llaman La gran grieta. Por eso es que a los genitales masculinos se les llama de formas distintas: lingam, dick, polla, Пене, pene, verga, pito, pudendo, Mr. Big, coño, pene, falo, miembro, méntula, aparato, avergallón, chaira, masteo, pangua, picha, pispiote, zizi y de mil nombres más, tantos que no caben en el hueco que tengo por memoria.
Dejo los Anales de Pannuchis sobre la mesa, junto a las fresas, los duraznos y los melones. Abro una botella de mezcal para olvidar mi desgracia. Los sonidos de la corriente líquida deshaciéndose en el borde de la tierra perturban mi cabeza, algo en el interior se queja constantemente, es mi ser erótico limitado y con ganas de expresarse. Las ondas sonoras rebotan en mi sesera con ganas de destruir mis pensamientos. Puedo oír el oleaje y la arena cediendo ante el viento que esparce cada uno de los granos en esta región. Puedo escuchar cómo se levantan cristalinos sus depósitos de la playa, chocan entre sí, brillantes protegidos por la luz de la luna, y arrojan millones de destellos musicales, como si fuera un repiqueteo de campanas, constante, embrujante... lo curioso es que a cada partícula se adhiere el perpetuo sonido de cada una de las letras de mi necesidad: ¡Quiero mi orgasmo!

sábado, 24 de enero de 2009

Poco

Cierto,
con que poco se hace uno necio,
se hace uno rico [muy muy rico],
se hace uno noche,
se hace uno deseperado,
se hace uno inconsciente,
se hace creyente,
se hace propina o limosna,
acertijo o veredicto,
beso o palmada,
amante,
abandonado o abandonante.
Con que poco se hace uno,[¡y eso ya es bastante!]
si sólo se necesitan dos para enamorarse.

Ilustraciones de Alma de Juguete por: Enrique Zaragoza

Este soy yo...

DE MI han dicho...Nació envuelto en la terrible sospecha del ser humano —él siempre quiso ser árbol, águila o imagen tras el espejo— un 13 de diciembre de 1972, en la ciudad más avasallante y más hermosa del mundo: el Distrito Federal.Desde pequeño creció con lunas en los dedos e ideas itinerantes colgando del cabello, ávido lector de tiras cómicas y de cuentos infantiles permitió a los seres mágicos, divinos y leviatanes arrullarse en su cama tras el profundo canto de las sirenas.Creció, y mientras decidía que hacer de su vida, en cada luna llena besaba las almohadas imaginando al amor de su vida. Por fin, una mañana decidió estudiar derecho, algo que le salió muy chueco porque abandonó la carrera para estudiar periodismo, dando por concluidos tales estudios en el PART, a la vez que rocanroleaba como oso en brama tras una batería.Años más tarde decidió llevar la música en sus adentros y trabajo como negro en la redacción del departamento de cultura de Radio Educación (de vez en cuando se aventaba un palomazo como productor del programa “Su casa y otros viajes”), todo esto sucedía mientras estudiaba un diplomado de Literatura y Periodismo en Casa LAMM. Las letras —aún las de pago— siempre le han perseguido, al igual que la radio, por tanto, trabajo como productor de la serie “Impulso Humano” en Radio Universidad, no sin antes pasar por la Subdirección de Logística Informativa del GDF, algunas agencias de publicidad y la coordinación de medios de IH, A.C.Por fin, el 12 de noviembre del 2005, su destino le alcanzó y se puso a escribir como secretaria ejecutiva después de una huelga, y dio a luz a varios chamacos, y con el único fin de darle de comer a su prole, actualmente se dedica al desarrollo de documentación administrativa para diferentes empresas y alguno que otro trabajo de producción en audio (es cierto, en México vivir de las letras, que no sean de pago, está de la China Hada).Por cierto, el nombre de sus chamacos son:* El eterno idilio entre las mariposas y las hormigas, 2007.* La caída de la luna, 2006. Noveleta rosa.* Alma de juguete (anhelos para el niño que nunca debiéramos olvidar), 2006. Cuentos ¿infantiles?* Egomanias y la Llantitos (cuento – lógia), 2006. Recopilación de 20 años de cuentos darkys y existenciales.La mayor parte de las veces me llaman ¡Hijo de la chingada! ¡o de tu madre!, bueno, la mía... aunque últimamente me he aficionado a ese término tan común y que sólo me sabe si proviene de sus labios y que juntos creemos es para toda la vida (chance y para algunas más).En fin, que de mi la gente puede decir todo y a la vez nada, tengo muchos nombres, lo cierto es que tengo buen corazón aunque lo disfrace de mil y un calamidades...

Rolas de la banda "Nívola_Cría Cuervos" (Quintanar/Vargas/ Cruz)