El caos es el orden en el mundo, de todo aquello que no entiendo, de lo que percibo dentro de esta realidad aparente... Parece, creo es parte del destino que me espera en alguna parte. Lo sé, por la caída de la luna que ha llenado el hueco más profundo de mi cuerpo: aquel existente dentro de mi pecho... Por: Heriberto Cruz Reséndiz
Disculpas, participación y permisos
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Se puede mencionar este blog, sólo si es con fines informativos y literarios. Si deseas podemos hacer un intercambio de difusión en los links, para promover nuestro trabajo. Saludos
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martes, 31 de mayo de 2011
Metamorfosis metáfora
Mientras pasa
se desvanecen los crisoles de esta era,
y el colibrí vate con sus alas la pluma al cielo en busca de la metáfora
vuela lejos, sólo espera...
A que caiga la luna y se haga trizas en tu cuerpo,
y seas la mujer satélite,
la mujer noche,
de mis noches aciagas y clandestinas.
Y no es que te ame,
es que sólo te amo
cuando sueñas despierta
y te abalanzas sobre la vida,
en esos momentos en que no le dejas respirar:
Como si todo fuera un beso,
como si sólo eso desgarrara el alma,
como si respirar no contará...
Y sin embargo te pienso de cuatro cuartos,
de cuando hacemos el amor buscando el silencio perdido,
el destiempo obligado, el acento de muerte que sigue al preludio
de los puntos cardio-virginales:
norte, este, o este que se pierde en tu sur orgasmado,
Mientras el colibrí sólo espera que se haga la luna sobre tu cuerpo.
Y no es que te ame,
es que vivo espantado
de la crueldad de este mundo,
del desatino del hado,
y viejo mago,
me transformo para escribir en el cielo la metáfora:
"Espero los trozos de la luna sobre tu cuerpo,
aunque se vaya al diablo el mundo y el firmamento".
miércoles, 25 de mayo de 2011
Derrumbe sugestivo
![]() |
| Colapsada |
se mezclan para dar a luz nuevas sugestiones,
y los mundos paralelos y simétricos dejan de ser:
El inicio y el final entrelazados, confundidos;
la virtud cual juego de matatena, golpe- pelota- suelo;
los ángeles disfrazados de nubes, perdiéndose en el espacio;
el 4 como error de lo perfecto: 2+2=∞ imperfecto;
la mirada perdida de los enamorados,
la revuelta silenciosa de los amantes;
los dedos cruzados faltos de suerte;
un abrazo vacío;
la personalidad de la desolada compañía;
la sangre sobre tus manos;
los asesinatos pausados y equilibrados por el sano derecho de matar;
el sendero laberinto y sus huellas extraviadas;
Dios como esperado final de las cosas:
Las cosas que olvidamos,
que se derriten y resbalan,
y la imparcialidad del juicio animal para convivir con el humano;
la querencia desvalida;
la falta de justicia en los besos;
el miedo atroz, y el horror de cada paso;
la respiración como escape a esta realidad mal sana;
la genialidad de la idiotez;
el enigma resuelto y su vericueto;
la amistad incapacitada;
las caricias atadas a su propia libertad;
la mujer virgen y su descendencia;
la interrogante enumerada, su pregunta abierta;
las vaginas rosadas de primavera;
la eyaculación precoz y el orgasmo detenido;
Afrodita saliendo de la mar;
Pegaso flotando en tu vía láctea;
el nagual que llevo dentro;
tu misión partida;
la partida de madre de todos los días;
el ladrón del fruto de tu vientre;
la savia en tu entrepierna;
mi lengua perforando el piélago de tu cuerpo en sábanas de seda;
que ya nada gira en rededor del sexo; todo es sexo;
la blasfemia cobijada entre tu seno;
la caída del hombre y la revolución de su naturaleza;
la numeración brincada; de raíces cuadradas y violetas cayendo del cielo;
la frase adverbial que fue,
lo que es y sigue siendo;
lo que no tenemos;
lo que más anhelamos y carecemos;
la querencia maldita, la maldita vida...
la enumeración idiota de las ideas que colapsan para crear sugestiones:
El mago y su sombrero y el conejo muerto;
El orco y el paraíso vejado en su terreno;
Lo salado y lo dulce y el hambriento;
La cordura envuelta en esta locura...
Lo que es y no es al mismo tiempo...
El recuerdo del anhelado olvido...
Mi nombre perdido en el vacío...
La puntualización de las ideas vanas que colapsan.
viernes, 6 de mayo de 2011
Delirio de palabras
El viento sopla las ideas,
las lágrimas,
la lluvia,
entrelaza los hemisferios,
se roba las caricias,
y hoy somos más humanos
de lo que jamás fuimos,
será que padecemos el delirio del poeta,
la esclavitud de las letras,
y fluye la sangre tinta desempolvando las lenguas...
Será que los caminos se han hecho sus verjas,
y las plantas sus semillas,
o es el sol que se esconde tras la luna
haciendo castillos de hielo,
mientras juega con la marea alta:
¡Cuántas imposibilidades!
Como aquella donde siempre recargamos nuestros cuerpos desnudos,
soñados,
imaginados o deslavados por el tiempo,
ese futuro inalcanzable
de tan pensado,
ese presente lleno de contradicciones pasadas,
de pronombres salvados,
donde yo no se transforma en tú...
Será que somos fantasmas,
reencarnaciones desdibujadas,
reencontradas,
aparecidas,
somos novela,
o sólo historia entrelazada...
jueves, 28 de abril de 2011
Hommo Hummanis (Delirio - cotidiano)
siempre de alas atadas
listo a pagar su sombrío peaje.
Tan sobrenatural
y sólo sangra en silencio,
sin oraciones,
sin llantos,
sin fundamentos.
Y no desaparece,
ni cae con las bolas de fuego,
ni vuela,
últimamente, ya ni sueña:
se siente puente,
cerrojo,
su misma jaula de oro.
Tan misterioso,
y se levanta descalzo
camina horrores,
siembra desiertos,
se acompaña siempre de muertos,
de la virgen de los lamentos
implorando socorro.
Ya ni habla,
ya ni mira,
ni toca o respira...
se agota,
se hace dejo
se voltea y camina a contra flujo,
se desata,
se desgasta...
y se mira viejo,
apagado,
transistor descontinuado...
Se sienta y siente al esclavo,
de los medios,
de lo común,
de lo muy humano...
Se observa normal -a aquel salvaje-,
hoy la vida se le escapa de las manos.
martes, 26 de abril de 2011
Retorcido deseo
Yo quisiera
retorcer las lisonjas de los poetas,
abastecer el sol de las sufridas caricias,
abrir el closet y sacar a las divinas muertas,
y besarles sus labios tiesos,
mirarme en el reflejo de sus ojos opacos,
sonar la marimba en sus costillas...
Apretar el apagador,
prender las noches,
salvarlas del pecado de vivir,
ceñirles el corsé y apretarlo hasta asfixiarlas.
Yo quisiera,
dejarlas solas,
hastiadas,
perdidas en el vericueto,
sanarles las heridas del laberinto,
dejarlas caminar a su ritmo,
llenarles la cadera:
Tirar las puertas y enseñarles el mundo.
Las guiaría entre las trincheras,
las zanjas que dejan en sus batallas perdidas,
las dejaría en su campo de exterminio,
junto a todo lo que ha quedado en el olvido:
Sus cadáveres exquisitos,
las letras paganas,
las herejías escritas sobre el cuerpo de los enamorados,
sus besos muertos,
sus muertos besos...
Yo quisiera
retorcer las lisonjas de los poetas,
pero sólo las lleno de deseo.
martes, 12 de abril de 2011
Escenario Vital (cuento en FA)
Hoy me desperté entre tinieblas, debo reconocerlo sentí miedo de verme sólo, rodeado de asperezas y contextos mentales, de esos que he ido creando a través del tiempo; sentí el frío de esta realidad aparente, compartida con todos -y con ninguno al mismo tiempo-. Al fondo, muy lejos sólo el sonido describía la ruta que debía seguir... mientras el escenario de mi vida se aparecía, develado, por la fuerza de la música, una síncopa perdida deambulaba, y la distorsión emulaba cuál grito de ayuda, envolviendo todo el ambiente espasmado... y caminé con la cabeza baja como buscando mis pasos perdidos, veía las huellas sembradas por el devenir de los tiempos -a veces pasado y futuro no son lo suficiente para hacer un presente-. Me sabía extraviado, y mil veces recogí las astillas de madera tiradas en el piso para formar mis baquetas, las pegaba con las gotas de sudor de los trabajos hechos -esos que me habían llevado al abandono y a obtener unas monedas para sobrevivir-. Caminé sin sentido, sólo balbuceaba palabras a destiempo, fuera de tono, fuera de mi -inspiradas por el sabor de los besos aplopéjicos de este presente continuo-, y no era yo, ¿o sólo era otra parte de mi que decidí enterrar?
Sólo la música, de bajo sinuoso y de letras encendidas en el odio a la existencia misma, o repletas de esa esencia vital, me mantenían de pie. El escenario de mi vida se iluminó tras las explosiones y las luces góticas de cada historia que decidí contar -con escalas, o en menores, entre vistas, o a pura pluma-, era una Nívola escrita a tinta sangre y con pulsaciones propias, una epopeya con los ojos dispuestos a salir de su órbita por las aves negras del olvido: "Cría Cuervos..." Acaso, ¿era yo? ¿Era una parte de mi que decidí sacar a la luz? ¿El arte se seca mientras más apegado estás a él, o se confunde con tu propio corazón?
Caminé de filo hacia la luz, mientras mi lengua viperina aprendía los vocablos de esta tierra y olvidando su viejo diccionario de juglar peleado con la vida, caminé por entre las flores humanas, que se mecían soñolientas al compás de 4/4 y los gritos estridentes... los espacios del delay provocados por los armónicos no son suficientes para hacer un peaje. Caminé hacia la luz que bajaba morada de adviento, amarilla locura, sentida fría azul, verde esperanza, mientras él, Dios con su llaga al costado y las heridas de los clavos pulsaba una Fender Stratto y entonaba gritos de justicia, y yo perdido en mi mismo, le veía sobre el escenario de mi vida... podía ver a algunos llorando, como los lagartos antes de comer a su presa, así como decía Genet que sentía el amor, vi al súper hombre que soy al pie del escenario de su propia vida, a la vez que cruel el Destino hacía octavas y quintas en la teclas de un Kurzweil... ¿Acaso era yo el mismo que observaba en la pantalla las viejas escenas de su vida? ¿Era el mismo que en Match grip, hacía redobles sobre los toms de aire, y apaleaba el ride? ¿O sólo era aquel que observaba el escenario de su vida?
Hoy no lo sé...
miércoles, 30 de marzo de 2011
No cuento
Haré de cuenta que hoy no cuento... ni uno ni mil ni trescientos sesenta y cinco, pero haré mis artificios al lado de la hoguera y mis malabares con las cinco lunas que encontré ayer en mi vieja caja de zapatos -donde guardo mis tesoros, lo más preciado-.
Moví mi niñez, los gajos del primer amor, y la babosada de un beso -por aquello de la saliva-. Me detuve en algunos acordes del círculo de Mi, todo en menores, y la letras de esa vieja canción:
"No puedo cerrar los ojos,
no puedo,
más llevo veinte años sin dormir,
no puedo cerrarlos, no
pero me pesan tanto,
que creo no podré despertar jamás.
No llores
que mi alma se quedará en ti
para hacerte el amor
cuando yo ya no esté aquí..."
E hice de cuenta que no hice nada, ni el viejo barco de papel que solté a la deriva en algún llanto, ni las hélices de los ángeles -que en su afán de modernidad-, me buscaron de adolescente para que les echara una mano y pudieran sortear el abismo. Ese soy yo, soy el que jamás hace algo, no es que tire la piedra y esconda la mano, es que tiro la piedra y siempre doy en un blanco errado.
Por eso yo no cuento hoy, ni los corazones ni los enojos ni las planchas conque estiro mi piel de anciano prematuro: ¿Será que mi alma está cansada y mi cuerpo ha dado de si más que lo que da los jueves? No es que tenga horario o agenda, pero es que como no cuento ni los días de la semana ni las fases de la luna, se me va olvidando todo. Hoy me vi al espejo y no me reconocí, hasta me asusté de no tener algún barro escondido en las líneas de mi cara o de mi panza -jajajajaja-, apenas ayer era otro no el mismo que amaneció hace 3 días antes de ayer con las sábanas mojadas... me espanté porque era una versión extra de mi.
Por eso ya no cuento ni de mi ni de mi corazón ni de mis extrañezas, mucho menos de ti -se me olvidó tu nombre-, si tú, la de los ojos negros y profundos, por eso ya no cuento ni yo ni tú, si en la suma final siempre seremos...
Moví mi niñez, los gajos del primer amor, y la babosada de un beso -por aquello de la saliva-. Me detuve en algunos acordes del círculo de Mi, todo en menores, y la letras de esa vieja canción:
"No puedo cerrar los ojos,
no puedo,
más llevo veinte años sin dormir,
no puedo cerrarlos, no
pero me pesan tanto,
que creo no podré despertar jamás.
No llores
que mi alma se quedará en ti
para hacerte el amor
cuando yo ya no esté aquí..."
E hice de cuenta que no hice nada, ni el viejo barco de papel que solté a la deriva en algún llanto, ni las hélices de los ángeles -que en su afán de modernidad-, me buscaron de adolescente para que les echara una mano y pudieran sortear el abismo. Ese soy yo, soy el que jamás hace algo, no es que tire la piedra y esconda la mano, es que tiro la piedra y siempre doy en un blanco errado.
Por eso yo no cuento hoy, ni los corazones ni los enojos ni las planchas conque estiro mi piel de anciano prematuro: ¿Será que mi alma está cansada y mi cuerpo ha dado de si más que lo que da los jueves? No es que tenga horario o agenda, pero es que como no cuento ni los días de la semana ni las fases de la luna, se me va olvidando todo. Hoy me vi al espejo y no me reconocí, hasta me asusté de no tener algún barro escondido en las líneas de mi cara o de mi panza -jajajajaja-, apenas ayer era otro no el mismo que amaneció hace 3 días antes de ayer con las sábanas mojadas... me espanté porque era una versión extra de mi.
Por eso ya no cuento ni de mi ni de mi corazón ni de mis extrañezas, mucho menos de ti -se me olvidó tu nombre-, si tú, la de los ojos negros y profundos, por eso ya no cuento ni yo ni tú, si en la suma final siempre seremos...
viernes, 25 de marzo de 2011
Rigor Mortis
¿Te he dicho miles de veces que cuando sale la luna me transformo?
Y es que sé sólo hay una razón para existir dentro del hueco que hay en tu corazón de papel, y parece la misma desde siempre: Odiar la luz del sol sobre nuestros cuerpos, como anclaje a esta estúpida realidad que en días nos separa y nos deja de lleno hartos de nuestro vacío. ¿Acaso no te sientes sola?
Yo lo hago y me odio, y ni me entierro ni me salvo; y me escribo de letras y salvajes ironías que van formando el collage de las paredes de mi cuarto, letras y agnósticos, sibilas y epitafios, de quimeras y deseos desahuciados, a punto de muerte, de una eternidad idealizada. ¿No sientes siempre el rigor mortis de la noche? Esa es siempre mi poesía:
Si la noche prevalece,
si cual grifos,
tus pezones derraman en su viaje
la Vía Láctea.
Si en su manto y con su tea
nos cobija,
muertos de deseo,
encendidos,
predilectos,
herejes,
de la vida ermitaños y bandidos.
Si la noche prevalece
y entre tus piernas,
salvajes las estelas,
de los viejos soles
y las estrellas nos encienden:
Animales,
viejos,
ansiados,
jodidos,
siempre, por siempre jóvenes,
erectos,
mojados;
muy cogidos.
Si la noche etérea
guarda su promesa,
y en su propia muerte se hace eterna.
Si prevalece y se olvida de su propia existencia,
por qué jamás nos amamos más allá de su pálida y terminal transparencia.
Será el sol, la luz ,
la luna que mengua día con día,
ante tu soledad,
la vacuidad,
aquella que es mía.
Si la noche prevalece,
¿estarías muerta o viva?
Siempre me espanta la respuesta del lucero de la mañana, sé que no calla la verdad que se musita entre mi piel y mis labios, que se filtra por mis poros... Amor, por qué no vienes y me salvas de esta adicción que florece entre las yemas de mis dedos, astilladas por las lunas de otros confines que habitan en mis uñas; no sabes -solo- escribo para vivir y desencadenar mis muertes, mis sortilegios, de brujo antiguo y mal versado en las artes del eros y el amor. Por qué no vienes y apagas las ninfas que corren tetas al aire en mi cerebro, y pones a pastar a los sátiros de cornamenta, miembro y patas de cabra; ¿no te dicen nada mis valquirias prisioneras de mis demonios y leviatanes? Ven y corta las cadenas de esta locura que edifico con pilares de papel y la hojarasca de mis letras -poemas vencidos y prosa cautiva de sus propias reglas-. Ve las ruinas en el iris de mis ojos y las paredes desgajadas con frases incomprensibles. ¿Sientes mi adicción por la noche y la cabalgata de los jinetes malditos sobre las veredas de mi razón? ¿No fluye mi maldición al llegar la mañana y tocarnos el sol, mientras desnudos y sudados nos conjuramos en los otros que siempre por la noche somos? Amor, por qué no vienes y me abrazas, aunque juntos nos derrita la luz, aunque no haya mañana, Amor, por qué no vienes y me salvas de mi...
¿Te he dicho miles de veces que cuando sale la luna me transformo?
jueves, 10 de marzo de 2011
Sin puntos finales
Mientras limito al horizonte con mis manos, frágil la estepa de tu vientre se estremece al roce de mis labios -que temblorosos-, posan palabras de aliento sobre los bordes de tu cuello... es que no quiero verte caer sobre tus mismas historias, esas que inventas para alejarte del mundo en que vivimos: no te das cuenta que compartimos la misma luna -claro, tú la cara vista y yo la oculta-.
Siento el palpitar de tu corazón en las comisuras de mis labios, ¿será que te excitan mis palabras o mis demonios? Es que en verdad ya no sé si hablarte o dejarte caliente, con la vagina mojada, como cuando te muestro mis pecados en la piel, te lo juro no quiero verte caer, me gustas mujer, hembra, completa; llena de sortilegios y embrujos inventados.
Te das cuenta que siempre escribes de lo mismo: de tus viajes, de tus amores, que si tu muy potra, que si el vacío en el que vives. Tú no tienes esa fijación que hay en mi mente y en mis manos, a pesar de tener el oficio te desdices de las letras mientras buscas en los encuadernados de otros tu propia verdad. Por eso ya no te encuentro entre tantas letras, te perdí como se pierde la respiración en el mar... y en este vasto océano de poemas, cuentos y memoratas ha caído el fuelle de mi último suspiro.
Por eso me acerco a ti esta noche, temblando y con lisonjas que suenan a insultos para despertarte, para inyectarte un sueño profundo, de ganas, para joderte el alma como se machuca la piel en cada batalla del diario vivir, para arrancarte las entrañas y llenarte de vacío, de verdad llenarte en cada eyaculación con mis seres inmortales y delirios, como el de las puertas, ¿será que siempre espero algo? ¿O sólo me contagié de tu ferviente deseo de viajar y despertar entre los brazos del Guardagujas?
Mira que no miento cuando te digo que no quiero verte caer de espaldas y piernas abiertas para recibir a otro que no sea yo -erecto y a punto-. No quiero decirte ni pensarte pero estoy harto de tus laberintos de salidas etéreas y prisiones verdaderas, como aquella en la que siempre predices mi derrota amorosa y me mientes para decirme que me esperas con tus senos al descubierto, de pezones mirando al sol...
¡Juro que no te quiero ver caer, lo juro como se jura el nombre de Dios en vano! Y sin embargo, lo daría todo por ver como se desmorona el cielo, sobre nuestros cuerpos entintados y repletos de color, cubiertos por manto hueco de las estelas en el firmamento mientras la luna se desploma para hacer su nido, con tus palabras, en la azotea de mi casa... Mientras mis dedos limitan al horizonte, mi cuerpo tembloroso te hace el amor, una vez más, para verte caer desnuda en el infierno que he creado para ti, y es que es la fiel versión del paraíso, donde mis puntos finales siempre saben a suspenso.
martes, 1 de marzo de 2011
Absurda realidad
Ellos se miraban tan profundamente que se veían el alma consumida por las llamaradas del deseo, se olían como se olfatean las bestias en brama, seguidos por las hormonas en el ambiente, era el celo programado por la naturaleza... pasaban las horas contemplándose, memorizando cada rasgo en el rostro del otro, de ese que tenían enfrente y que les colmaba los sentidos. Por momentos se entrelazaban tiernos como los brotes de las enredaderas buscando la luz. Cuando uno suspiraba, el otro abría la boca para probar el aire que les daba la vida y sellaban su pacto con beso prolongado, fundiéndose uno en el otro al igual que se derrite en sus entrañas la tierra, era imposible parar, era estúpido parar: a la muerte de cada ósculo explotaba el seguido cúmulo de caricias, sus manos se buscaban en el piélago del otro, en su sagrada tierra.
Sin más exploraban sus territorios, subidas y bajadas, aludes y montañas, se detenían sólo para retomar energía y encontrarse frágiles en su permeabilidad: ambos, testereados, dactilizados, chupados, desfallecían. Y pasaban las horas en su eterno rito, se veían, se tocaban, se preguntaban si existían o uno era el sueño del otro, se extraviaban en las arboledas y pasajes que abundan entre las piernas, se vestían con la savia ajena, y socavaban las trincheras de su propia ideología, se dejaban débiles para la batalla, pero llenos de ilusiones -de esas buenas-, de las que dejan marcas en el cuerpo por haberse vivido intensamente. Eran la mutua otredad, la salvaje bestialidad del para sí -ya no importaba si para si mismos mientras fueran del otro. Momento a momento, se despejaban las dudas, se limpiaban la vida mientras se lamían los dolores y sinsabores del pasado, se agazapaban entre sus brazos para dejar pasar las penas -las propias y las vecinas-, dentro del mundo habían creado su mundo, una esfera de protección contra los otros, contra aquellos, contra todos, y no es que fueran rebeldes, sólo eran ellos... ellos...
Día a día, rito a rito, se miraban tan profundamente que veían su alma consumida por la hoguera del sentimiento; hasta que un día, por primera vez, armándose de valor el rompió el silencio y dijo: -Te amo. Y ella se desvaneció en el acto... y él comenzó a inventar palabras, una tras otra, las fue nombrando mientras el mundo le miraba extrañado: ¿Quién era ese loco que se inventaba un mundo llamado de otra forma?
Bautizó el todo y hasta la nada, se llamó sólo rodeado de aquellos de los que había huido, se miró al espejo y vio otro, que no el mismo que era, se inventó la tragedia y el cruel destino, se dijo por su nombre y se olvidó, y al acordarse de ella se sintió vacío; no quedando más que nombrar, fijó su mirada en el cielo y lo inventó a él, todopoderoso y se denominó maldito... y por más esfuerzos que hizo se sintió más muerto que vivo... o preso de un mal sueño que vivía despierto.
Mientras el mundo le miraba atónito, ¿acaso la realidad puede ser nombrada, y cada palabra tener un significado en ella? ¿Quién era ese estúpido que había decidido nombrarlo todo? Probablemente sólo un ser humano...
Seguir...
Y se guardó las ganas, mientras su mundo caía a trozos: "el techo se le vino encima", "todo cae por su propio peso" decía la gente, y él estaba tan cansado que le importaba poco esquivar los bloques o caminar sobre sus ruinas. Él, hoy, era el maestro de su inframundo -aquel que de verdad existe y sólo vestimos para llamarlo mundo-, pero estaba tan harto y cansado que aún teniendo la oportunidad, el lápiz, y la hoja en blanco decidió no escribir ni para salvarse o tener un final, es más, ni siquiera rezó sólo siguió viviendo.
lunes, 28 de febrero de 2011
Luna apagada
¡Basta! Grite acorralado por la luz de ella, maniática, depresiva, mierda de fémina, hermosa y seductora como siempre; con esos ademanes que parten el aire dibujando mundos, partiendo la tierra a cada paso: ¡Maldita! Le grité con todo el amor que cabe en mi pecho, ¡maldita seas! Y temblaban mis manos, ya empapadas por mi baba y las lágrimas que no dejaban de caer hasta hacer hilos en mis brazos... ¡Basta, baaasstaaa! Encabronado la señalé con el odio en los ojos, encendidos, rojos, traía el diablo y unos tragos adentro, ¡ya no lo soporto! Me restregué la cara hasta deformarla... Te has dado cuenta que todos hablan de ti y te miran enamorados, y tú les correspondes con abrazos y caricias: te endiosa y tu tan creída, tan sexi, te humedeces hasta provocar tus mares; perversa, sediciosa, voluptuosa: ¿A poco no te entregas a cualquiera, putísima? Y yo que de verdad te amo profundamente, desde mis vísceras, siempre con el deseo colgando entre mis piernas...
¡Bastaaaa! Grité sin dejar de verla, mientras caía de espaldas y el viejo puente se hacía más pequeño. Escuché el sonido de mis huesos al romperse sobre las vías del tren -de tu tren, ese que adoras-, y la luna se apagó para siempre en mis ojos...
miércoles, 2 de febrero de 2011
Soy...
Hoy yo digo que abramos la reja, que salgan los seres de nuestro propio Necronomicrón, los invito a mirarnos en el espejo y deshojarnos como lo hacen los libros en el otoño. ¡Vamos seamos valientes y hablemos con la verdad! Hagamonos de frases y vistamos el quimono de la empatía, calcemos las sandalias frescas de las primaveras que se han perdido en sus propios pasos... Es más abracémonos ensortijados, tejamos la colcha con los pelos de nuestro pubis, besemos las almohadas, recemos un rosario por nada y para nada, alabemos en hinojos al absurdo mayor: La vida sólo es la vida que tienes para vivir, lo demás son mamadas.
¿Acaso no les da miedo? Yo vivo aterrado, lleno de demonios y leviatanes, salpicado de cristos inmolados, perdido entre los besos -muertos silenciosos-, atado alas caricias -muertos alevosos-, encadenado a la cadera de una fémina -musa controladora y vengativa: El cementerio en la cara oculta de la luna-.
Yo me miro al espejo y me veo lánguido, ojeroso, cíclope y de lengua bífida -y no soy reptil-, pecado circunscrito a la rueda de la fortuna de mi existencia: a veces vampiro y a veces ángel de negras alas, otras maldito, las más, fiel escribiente con satélites colgando de los dedos, catador de la vía láctea, y de las mamas divinas que la vierten.
Tiemblo de miedo y horror, desde la A hasta la X, la Y o la Z, esa amigos es mi verdad, me sudan las manos sobre el teclado, se abre el corazón a doble página, se me arruga el forro y hasta la fecha no tengo título: no soy Archiduque o Conde ni lámpara ni águila ni moneda ni escribiente ni hombre. Soy el vademécum de las locuras ocultas y lisonjas de mediodía, soy el hacedor de puterías, el rasgador de medias, el asesino de palabras, el violador de las historias rosas y de las vaginas perfumadas de las últimas primaveras. Ese soy, el que pide la limosna de los viejos bolsillos rotos, el observador de los pretéritos confundidos, de los futuros acongojados y olvidados en el ridículo presente. Sólo soy el muro que se levanta entre nosotros -justo en medio de mi y el otro yo que suelo ser-, el de los acordes tristes en menores; sólo soy el que se ajusta su propio Apocalipsis, a sus muertos, a sus miedos, a su vigilia, a su tierra alumbrada por la luna... a su tierra alumbrada por la luna... a su tierra -temblorosa y asustada de esta vida- alumbrada por la luna, alumbrada por la luna... vida... por la luna... luna... vida mía.
jueves, 20 de enero de 2011
Los mismos otros
Despertar de entre sueños líquidos es despertar al calor de tu espalda, con las caricias enredadas en la piel y el olor de tu vientre impregnado en mi corazón. Y aparece la esperanza de verte dormida a mi lado, y respirarte dormida y sentirte despierta y tratarnos, redescubriéndonos apasionados, por momentos adolescentes llenos de pasión, con ganas de más mientras se nos va el tiempo... Y es que si bien no somos los mismos seguimos siendo los otros que una vez inventamos bajo las sábanas, al calor de los focos de un hotel de paso: ¿No crees que seguimos amándonos desesperados? Y si bien no somos los mismos de hace unos años, seguimos siendo los mismos amorosos de luces taciturnas, esos que matan al amor en cada encuentro y lo encierran en palabras, lo mantienen cautivo y ansioso, lo apañan en las entrañas hasta asfixiarlo y lo dejan merodear libre sin que salga de la casa.
¿Acaso no somos los mismos otros? Esos que se encuentran amarrados entre abrazos porque tienen miedo de perderse, aquellos que se buscan la luz del deseo en los ojos para alumbrarse en las penumbras del día a día, los mismos que se besan amados y aterrados, los que se buscan las caricias en la bolsa parar gastarse la vida juntos. ¿Acaso no somos los mismos que se inventan el destino? Y es que si bien somos los otros nunca dejamos de ser los mismos que se calzan el amor por la noche y a cada espacio van de paso en paso por la vida, intranquilos y llenos de dudas, pero serenos y llenos de delicias.
¿Es que acaso, nunca cambiamos y nos engañamos a nosotros mismos? ¿Será que siempre hemos sido los otros y sólo lo somos con nosotros mismos? ¿Será que siempre hemos sido los mismos amorosos y solos, juntos, somos los otros?
miércoles, 29 de diciembre de 2010
Irremediable extraño
Es extraño desvanecerse como la sombra que dejan tus pies al caminar,
y fascinante caer flotando como las lágrimas que se derraman llenas de odio o de felicidad.
Alucinante es el espectro vislumbrando cada amanecer,
y sabido es: irremediable, el día volverá a nacer...
Y mientras sigue la noche me abrazo a las lunas caídas,
a los fantasmas perdidos guías de mis pasos;
a los cambios de vía y al enlace del último vagón.
Será la gracia noctámbula,
o cada latido de mi resquebrajado corazón,
que en su vigilia, se sienta a la orilla de estas calles tan vacías,
siempre repletas de candor.
Me recuerdo nada y lleno de todo,
salvaje, harto de pasión.
Evoco mientras olvido,
imploro por aquello que no soy.
Y pienso que es extraño,
no reflejarse en los espejos,
no saberse las arrugas,
no ser más viejo de lo que soy.
Y desvanecerse líquido entre los tiempos,
las eras y los años,
es mejor que saberme extraño a aquello que soy.
Caer despacio, flotando,
casi como suspiro
es más real que mi propia oscuridad,
es estar más cercano a esta endeble realidad:
Y pienso, y digo, y olvido,
y me acuerdo de la nada,
de la fragilidad del ser y la vacuidad.
Beso nada,
cojo todo,
acaricio esta infertilidad...
de vuelta y sin retorno,
de siempre lo mismo,
sea de aquí o allá,
sin sentido ni dirección,
perdido en los caminos de mi mente.
Beso todo
cojo nada
acaricio el mismo compromiso,
sea conmigo o con la vida
no importa si siempre va en círculos...
o de vez en cuando decide regresar.
Es extraño desvanecerse como sombra entre la ruinas de la noche
y cada mañana -irremediable- volver a empezar.
martes, 21 de diciembre de 2010
Incoherencias nocturnas (de lunas)
I
Frío de fondo,
y las miles de lunas que inventé
se mecen en su muy triste vuelo:
El universo es un desfiladero muy hondo.
II
Y quiero creer en el futuro del verbo duelo,
y saber sobre el deseo habitante de este mundo,
edificando países sobre los escombros,
de avenidas semen y te amos abandonados tras tus hombros.
Y quiero creer en tus dedos dibujando estelas de algodón,
sobre las caricias ruinas
de un tiempo pasado siempre fue mejor,
te quiero ver descolgando lunas
mientras besas inquieta tu acepción de libertad,
quiero ver el universo que creas sobre mi fragilidad.
III
Sólo quiero volver
los segundos de espera
de lunes a lunes,
para crear un paraíso,
de lunas tristes alzando el vuelo,
de ruinas de paso,
de caricias salpicadas de celo,
de bestias llenas de deseo
y llenar este abismo de negros sueños.
martes, 14 de diciembre de 2010
Puede ser posible...
¿Te besé los pies cansados de llevar el peso de tu cuerpo y el exceso del sino?
¿Me ahogué en el arenal cuándo más falta te hacía el tiempo?
¿A cada día, en cada mes no dibujé con mis dedos tus nuevas arrugas y memoricé tu piélago?
¿Te lloré sin más razón que tu pecho desnudo al amparo de mis cuidados?
¿Convertí tu cadera en el centro de mi universo?
¿Te asfixie de besos?
Cuando mi cuerpo cansado y lastimado, ¿te seguí llevando en mis brazos?
¿Me ausenté de sueños?
¿Me derretí oscuro, entre las sábanas y tus manos?
¿Me reí contigo y te llené de textos?
¿Me eché cama al lado, me guardé las ganas, me seguí de largo?
¿Llené tu vida de hastío, de odio y de vacío?
¿Seré la inanición y el hambre del amor no fraguado?
¿O sólo la pobreza, los días aciagos?
¿Será que el amor es la causa y nosotros los indefensos?
¿O será que el amor es el efecto de la causa: nosotros seres imperfectos?
Puede ser posible...
del tiempo
del hombre y la mujer
del amor
de la causa y el efecto.
Puede ser posible -que para cada cual- todo aquello que pasa es perfecto...
jueves, 18 de noviembre de 2010
Cubo de hielo 1
Sin tu cuerpo
mis caricias se congelan,
se me parten los labios,
mis latidos se hielan...
Sin mi,
simple y sencillamente,
la vida,
¡la pinche vida es una heladera!
mis caricias se congelan,
se me parten los labios,
mis latidos se hielan...
Sin mi,
simple y sencillamente,
la vida,
¡la pinche vida es una heladera!
Muñecos en la nieve
¡Cuánto frío!
Vacío y lúgubre...
Si la esperanza fuera un cristal de esos que caen en copos de nieve
ni tu ni yo nos salvaríamos
ni aún estando a la intemperie.
¡Cuánto frío!
Y sólo se va quedando el desierto soleado,
sin los cristales que la esperanza tiene,
¡cuánto chingado frío!
Y apenas, a duras penas amanece.
Vacío y lúgubre...
Si la esperanza fuera un cristal de esos que caen en copos de nieve
ni tu ni yo nos salvaríamos
ni aún estando a la intemperie.
¡Cuánto frío!
Y sólo se va quedando el desierto soleado,
sin los cristales que la esperanza tiene,
¡cuánto chingado frío!
Y apenas, a duras penas amanece.
miércoles, 27 de octubre de 2010
La caída del velo de manos del Dragón
“El continente no puede existir en el contenido, ya que dos objetos no pueden ocupar el mismo espacio en el mismo tiempo… vgr. El todo no puede estar contenido en la nada, puesto que es el continente, sin embargo, el todo para ser un absoluto permite la existencia de la nada en sus entrañas”.
Fragmento de la insoportable necedad del Ser Supremo,
de Fernando Lucci
Jesús sube corriendo las escaleras del edificio. Sabe que el tiempo, a veces, es la cortedad de la existencia. Pisada tras pisada marchan los segundos y con ellos se esfuma la posibilidad de encontrar a Magdalena viva. Se sujeta del barandal para tomar impulso y cubrir el mayor número de escalones con cada zancada mientras su gabardina golpetea tras sus piernas.
No sabe cómo pero se vio inmerso en este torbellino de acontecimientos:
¡Ring! ¡Ring! ¡Ring! Las cuatro de la mañana se preguntaba quién podía marcar a esa hora, desde que había dejado su trabajo de detective de homicidios en la PGR el teléfono sólo sonaba con la solicitud de una cita para alguno de sus pacientes. ¡Ring! ¡Ring! ¡Ring! Psicólogo especializado en criminalística, ahora atendía a personas con algún desorden emocional. ¡Ring! ¡Ring! ¡Ring!:
— Bueno… capitán Y. Ova… pero… ¡dos millones de pesos! Voy para allá.
Se levantó ante la mirada dormibunda de María que se encendía con el reflejo de las lucecitas de la última pantalla que compraron en el mercado de artesanías de Buenavista, junto al tianguis del Chopo.
— ¿A dónde vas? —preguntó molesta— ¿no es demasiado tarde?
— Es qué —titubea— voy a hacer un trabajo para la PGR.
Sin más María se revuelve en las sábanas, sabe que Jesús no le dirá nada, es el acuerdo que tienen de hace siete años que viven juntos. Él jamás le contará algo.
Se presentó en el SEMEFO, sus viejos compañeros improvisaron en el penthouse una oficina con la pared repleta de fotografías de los últimos asesinatos:
— Estamos preocupados, Jesús—afirma el capitán Y. Ova rascándose la cabeza— nunca habíamos visto crímenes tan brutales y tan bien estructurados.
— Explíqueme con más detalle —contesta Jesús mientras saca un delicado del bolsillo derecho de su gabardina negra—.
— Creo que las fotos hablan por si solas.
El Capitán hace una seña y se acerca Gabriel para guiarlo frente a la pared del primer homicidio. Jesús observa con detalle cada una de las impresiones. La primera serie muestra a un individuo en hinojos, clavado al piso con una varilla, las manos atadas al frente, entre los dientes, un libro sostenido por cinta canela y en el pecho clavado un letrero de madera en el que se puede leer: “Yo soy el mensaje”. Frente a él, la estatua de un ángel con las alas abiertas y, que con su mano derecha reconforta a una monja, de hábitos blancos con un cordero bordado a la altura del pecho, y cuyo rostro se ve iluminado por una sensación de paz que ni el rigor mortis pudo borrar, en su mano izquierda, el ángel, blande una espada metálica de hoja reluciente que traspasa por la espalda a una mujer de suave belleza, cabello negro, sus senos blancos y pubis tupido al descubierto y, cubriendo sus torneadas piernas unas medias negras caladas. En la pared se pueden leer un mensaje escrito con sangre: “El tiempo está cerca… Vengo pronto. Amen”.
Jesús aspira el humo de su delicado, pensativo atiende a Gabriel:
— El difunto es Juan Martus, trabajador de Correos Mexicanos, soltero, sin hijos ni familia que reclame su cuerpo. La monja es Sor Virgina, de la orden de la Encarnación, acababa de hacer sus votos y, la mujer desnuda es Desire, una prostituta de las más caras y solicitadas…
— Y tú ¿cómo sabes? —interrumpe en tono burlón, Jesús—.
— ¡Cagum, cagum! —sonrojado Gabriel continúa— el vínculo entre los tres es que vivían en la calle de Las cruces, cerca del Ex convento de la Merced.
— Esto es de lo más raro.
Jesús deja caer la colilla de su delicado al piso. La apaga con la punta de sus zapatos flexi negros, pulcramente voleados y que combinan a la perfección con sus pantalones a pinzas negros y la playera blanca de cuello alto: nunca ha olvidado sus años en el seminario de Panzacola en Tlaxcala.
— ¿Y el segundo crimen?
— Es el del lado derecho de la pared: Mataron al “Colorado”, el lenón más conocido de la zona centro, lo encontraron en la silla de su despacho con un balazo en la cabeza —extrañado, Gabriel hace una pausa y toma unas copias del escritorio más cercano— lo raro es que se encontraron las cartas de propiedad de sus congales en un fólder con una carta de cesión de derechos para diversas asociaciones civiles y órdenes eclesiásticas.
Jesús toma las copias de manos de Gabriel y les da una ojeada:
— Parece cómo si hubiese querido limpiar su conciencia, ¿y su dinero?
— Lo dejó todo a la Asociación nacional de Sexo Servidoras con la única condición de que se crearan fuentes de empleo para las “muchachas”.
— Raros son los caminos del Señor, parece más un suicidio que un asesinato…
Gabriel señala la última foto:
— En la pared estaba escrito “…he aquí una puerta abierta al cielo… sube acá y yo te mostraré las cosas que sucederán…”
— Naturalmente la sangre es del “Colorado”.
— Así es.
Se acerca el capitán Y. Ova con una tasa de café que humea cual espeso pensamiento apoderándose de su simiente:
— Ahora entiendes por qué te llamamos, ni modo mi hermano tu reputación te precede desde el caso de “La flama eterna” o el de "El Asesino de Playa Pannuchis" y mi propuesta sigue en pie ¡dos millones de volovanes si encuentras al asesino!
— Lo que no entiendo es ¿cuál es la premura? No están cerrando la información y no han hablado con los reporteros de la fuente, ¿o es qué no quieren dar el chayo, cómo siempre?
— Lo que pasa es que la información de mañana no se puede parar, ¡es una bomba!
— No entiendo —dice Jesús consternado y temeroso de lo que va a escuchar—.
— Traigan las fotos —ordena el capitán Y. Ova—.
Llega corriendo Sa K. Hiel con una carpeta y extiende la mano. Al revisar la carpeta, Jesús, no puede creer lo que está viendo: en el mar, sobre una plancha de madera, se encuentra empalado y decapitado un hombre, con un letrero en el pecho y con siete cabezas cosidas a su cuerpo y encima de cada una de ellas un cuerno.
Las cabezas eran de gente reconocida y de diferentes ámbitos de la vida de este México moderno: Calderón, Obrador, S. Pliego, Rivera, A. Jean, G. Pascoe, M. Sarquis.
— El cuerpo ¿de quién es? —Jesús cuestiona entendiendo la magnitud del problema en sus manos—.
— Es del rey de la droga: Luis A. Carmelo. Teníamos años tras él y alguien ya nos hizo el favorcito —responde el Capitán— ¿aceptas el caso?
Continuará... Someday
miércoles, 20 de octubre de 2010
Sueño 4 (Alucine bajo el influjo de la vista de tus senos)
Los casos y sucesos fortuitos están lejos de mi entendimiento
y las causalidades siempre me vuelven loco,
es como la poesía y las letras -aderezan con sus señas mi horizonte-,
y entiendo el placer que te producen los trenes
su caminar, deslizándose sobre las vías,
su mapa trazado en vigas de metal,
su realidad a ultranza,
guardada con celo entre los verdes valles y los cielos azules y grises
-como flor entre las hojas de un libro-.
La avidez que altera su existencia con la vista de su próxima visita,
el sonido de su corazón atado a sus pasos nunca es fortuito,
siempre tiene un lugar a dónde llegar,
uno de dónde proviene.
Mmm! Lleva la vida a cuestas,
en cuarto de máquinas,
en vagones de carga,
en el salón comedor y de diversión.
Lleva el amor oculto en las maletas y las solapas,
las miradas perdidas en los cristales,
la sonrisa metida entre las piernas...
¡Y todo por un boleto!
Y sólo hay que comprarlo... y aferrarse a llegar al final del camino...
Un tren siempre tiene un final:
final completo,
de puntos intermedios,
de bienvenida despedida o de entronque con la vida
¿Será que Dios es el Guarda agujas? -No mames, ¡Fue una invención de Arreola!-
¿Ya sé porque te gustan los trenes?
Porque la única forma de llegar al destino es evitar las bajadas...
y las causalidades siempre me vuelven loco,
es como la poesía y las letras -aderezan con sus señas mi horizonte-,
y entiendo el placer que te producen los trenes
su caminar, deslizándose sobre las vías,
su mapa trazado en vigas de metal,
su realidad a ultranza,
guardada con celo entre los verdes valles y los cielos azules y grises
-como flor entre las hojas de un libro-.
La avidez que altera su existencia con la vista de su próxima visita,
el sonido de su corazón atado a sus pasos nunca es fortuito,
siempre tiene un lugar a dónde llegar,
uno de dónde proviene.
Mmm! Lleva la vida a cuestas,
en cuarto de máquinas,
en vagones de carga,
en el salón comedor y de diversión.
Lleva el amor oculto en las maletas y las solapas,
las miradas perdidas en los cristales,
la sonrisa metida entre las piernas...
¡Y todo por un boleto!
Y sólo hay que comprarlo... y aferrarse a llegar al final del camino...
Un tren siempre tiene un final:
final completo,
de puntos intermedios,
de bienvenida despedida o de entronque con la vida
¿Será que Dios es el Guarda agujas? -No mames, ¡Fue una invención de Arreola!-
¿Ya sé porque te gustan los trenes?
Porque la única forma de llegar al destino es evitar las bajadas...
Lugar reservado para tu foto
Lugar reservado para tu foto
Lugar reservado para tu foto
Pon tu foto aquí
miércoles, 6 de octubre de 2010
Sueño 3 (Incompleto)
Trato y me desvanezco, así como se esfuma el día al amparo de la noche, que sin ti se ha vuelto vacío... Mis penas y mis días ya no son pretexto, mis vidas se transforman paralelas y siempre me dejan "bicho", desasosegado y melancólico, me dejan vaso sin líquido, loco, tuerto sin tu imagen y beso sin tus labios...
Ya no hay nada ni silencio, que si te amo es porque vuelvo torpe y cansado, maltrecho y con el rostro descompuesto, de payaso sin tu risa, de mundo sin tu hemisferio: dulce cartografía de los años que pasados se vuelven venideros.
No hay algo que se musite y descomponga entre los dientes, no hay susurros ni murmullos, sólo gritos ahogados de los sentimientos -que en forma de coágulos- me tapan el corazón y atrofian mi hipotálamo... ¡Cuánto devenir! ¡Cuántos bocetos y ninguna tinta agua de tu sangre embalsamada con las sales de mi cuerpo! ¿Cuánto espacio y cuánto vacío? Y no te tengo enfrente para corresponder con la fuerza de mis brazos tu te amo vaciado, desahogado... Y puede ser otro que no yo... sin embargo, me callo lo demás y te digo que...
Ya no hay nada ni silencio, que si te amo es porque vuelvo torpe y cansado, maltrecho y con el rostro descompuesto, de payaso sin tu risa, de mundo sin tu hemisferio: dulce cartografía de los años que pasados se vuelven venideros.
No hay algo que se musite y descomponga entre los dientes, no hay susurros ni murmullos, sólo gritos ahogados de los sentimientos -que en forma de coágulos- me tapan el corazón y atrofian mi hipotálamo... ¡Cuánto devenir! ¡Cuántos bocetos y ninguna tinta agua de tu sangre embalsamada con las sales de mi cuerpo! ¿Cuánto espacio y cuánto vacío? Y no te tengo enfrente para corresponder con la fuerza de mis brazos tu te amo vaciado, desahogado... Y puede ser otro que no yo... sin embargo, me callo lo demás y te digo que...
martes, 5 de octubre de 2010
Sueño 2
Guardé en mi mochila:
tu voz,
mis ganas,
el deseo
y la cama.
Pero al momento de emprender el viaje,
como siempre,
cobarde se me escapa el alma...
tu voz,
mis ganas,
el deseo
y la cama.
Pero al momento de emprender el viaje,
como siempre,
cobarde se me escapa el alma...
Sueño 1
Anoche
me acerqué a tu cuerpo desnudo,
con mis tímidas manos,
mis labios trémolos,
y mis cansados ojos hechos nudo.
De besos,
caricias y orgasmos,
no era yo,
era otro que aprovechando mi brújula se perdía en tu mundo.
me acerqué a tu cuerpo desnudo,
con mis tímidas manos,
mis labios trémolos,
y mis cansados ojos hechos nudo.
De besos,
caricias y orgasmos,
no era yo,
era otro que aprovechando mi brújula se perdía en tu mundo.
Capítulo 5.- Diario de un antropófago
— No hay justificación, lo sé. Cada una de mis acciones repercute en el espacio y en el tiempo determinado de alguien más, pregúntate qué pasaría si de pronto desaparecieras, ¿acaso no todo tu mundo se iría a la chingada?
Le digo mientras le veo con los brazos extendidos en forma de cruz, colgando casi del techo, y sus pies clavados uno sobre otro dejaban escapar los pasos abandonados al polvorín del camino de su vida, ¿cuántas marchas había dado para llegar a colocarse su corona de espinas y dejarse perforar el costado? ¿Cuántas travesías inconclusas y parajes varados de insólitas circunstancias? ¿Habrá paraísos abandonados que sus cabos no hayan enredado con sus múltiples formas y nombres?
— Oye a la noche hostigando la endeble armonía de la ciudad. Si pegas el oído tras el vidrio puedes escuchar el sigilo de los gritos, sonidos de horror y necesidad, aullidos de lujuria y perversión, ecos de la graciosa escapada que hace la vida de entre nuestros brazos para blandir sus hermosas alas: ¿Pensaste alguna vez que todo lo que soñaste terminaría de esta manera? ¿Somos en semejanza la imagen de tus más profundos anhelos? ¿Y este albedrío fue un regalo tuyo o de tu eterno amante? Aquel formado de tu costilla etérea y traído a la vida por tu misma sangre, tu hálito…
Mientras te veo, miro en ti mis instintos, aquellos los sublimes y los otros, los más bajos, los más ruines: y me pregunto en cuál parte habita la deidad que hay en mi, si de verdad proviene de ti este apego al nirvana o lo he ido devorando de cada uno de mis congéneres, ¿será acaso que al deglutirlos entra en mi sistema su parte correspondiente de este gran misterio en el cual te envuelves?
— Sientes el mundo atrapado en tu concepto, y rozas tu existencia encerrada entre las paredes de hueso y carne “de estos tus hijos”. ¿No es nuestro piélago la más dulce envoltura envenenada y la ristra que te ata, te funde al destino que tu mismo nos creaste? Este es tu concepto de libertad, vivir para morir encerrados durante toda una eternidad en el otro. Y esa otredad lleva cargando sobre su espalda la épica de nuestro viaje, ¿o porque compartimos la misión nos pertenecemos? Siente el latir de los edificios, fríos y llenos de cristales, harto de luz y de pasillos, de olores putrefactos, simbiontes a las acciones del ser humano que los habita en sus entrañas. ¿Escuchas el rechinar de las camas prestadas en los hoteles de paso? ¿No te eriza la piel saber que tu creatura se reproduce dentro de los confines de este, “tu gran experimento”? Sientes las vibraciones de la vida, pegando, luchando por encontrar su propio cauce y alejarse a cada golpe de su propia muerte. Mírame de frente, no vivo en el pecado y sin embargo, soy el ángel libertario de “mis hermanos” quien les lleva a la paz de la muerte y a tus brazos de padre olvidado.
Te analizo de pies a cabeza, de extremo a extremo, me acerco para probarte, a la vez que saco la lengua mis recuerdos se agolpan y siento la hostia mezclada con el sabor del vino y la sangre del dedo de aquel viejo sacerdote de cuando yo era niño, estiro mi apéndice para llegar a tus llagas, y después de esa vez cada que comulgaba mordía por dentro, mientras te recibía sangraban mis encías o la piel suave de mis cachetes, una vez me tiré a propósito de las escaleras de la sacristía, y solo, sólo me rompí el hocico, todos alabaron mi muestra de fe y yo disolvía tu cuerpo entre mis coágulos: ¡No es divino! Mi lengua se retuerce, tus llagas y tu cuerpo hoy son sólo el molde de plástico y la figura de yeso.
— Hueles el latir de aquellos viejos corazones rotos que formaron los caminos de la esperanza, ¿te imaginaste algún día que el hijo de un carpintero gobernaría el mundo? ¿Cada vez que asesino te devoro? ¿Es como si comiera mis palabras? ¿Y el amor? ¿Y la vida?
Epílogo
A la mañana siguiente apareció en los periódicos la noticia, compartiendo la de ocho, encontraron muerto a Salvador Pérez, sacerdote de la parroquia de La Preciosa Sangre de Cristo. Su cadáver fue encontrado crucificado en el altar de su parroquia, completamente desnudo le fueron extraídas las vísceras y descarnados los dedos dejando expuestas las falanges. En su caja toráxica fue encontrada la imagen de un cristo inmolado, era el viejo crucifijo de la sacristía. Pintado con sangre a grandes letras podía leerse:
Si desaparecieras ¿acaso no todo tu mundo se iría a la chingada?
Le digo mientras le veo con los brazos extendidos en forma de cruz, colgando casi del techo, y sus pies clavados uno sobre otro dejaban escapar los pasos abandonados al polvorín del camino de su vida, ¿cuántas marchas había dado para llegar a colocarse su corona de espinas y dejarse perforar el costado? ¿Cuántas travesías inconclusas y parajes varados de insólitas circunstancias? ¿Habrá paraísos abandonados que sus cabos no hayan enredado con sus múltiples formas y nombres?
— Oye a la noche hostigando la endeble armonía de la ciudad. Si pegas el oído tras el vidrio puedes escuchar el sigilo de los gritos, sonidos de horror y necesidad, aullidos de lujuria y perversión, ecos de la graciosa escapada que hace la vida de entre nuestros brazos para blandir sus hermosas alas: ¿Pensaste alguna vez que todo lo que soñaste terminaría de esta manera? ¿Somos en semejanza la imagen de tus más profundos anhelos? ¿Y este albedrío fue un regalo tuyo o de tu eterno amante? Aquel formado de tu costilla etérea y traído a la vida por tu misma sangre, tu hálito…
Mientras te veo, miro en ti mis instintos, aquellos los sublimes y los otros, los más bajos, los más ruines: y me pregunto en cuál parte habita la deidad que hay en mi, si de verdad proviene de ti este apego al nirvana o lo he ido devorando de cada uno de mis congéneres, ¿será acaso que al deglutirlos entra en mi sistema su parte correspondiente de este gran misterio en el cual te envuelves?
— Sientes el mundo atrapado en tu concepto, y rozas tu existencia encerrada entre las paredes de hueso y carne “de estos tus hijos”. ¿No es nuestro piélago la más dulce envoltura envenenada y la ristra que te ata, te funde al destino que tu mismo nos creaste? Este es tu concepto de libertad, vivir para morir encerrados durante toda una eternidad en el otro. Y esa otredad lleva cargando sobre su espalda la épica de nuestro viaje, ¿o porque compartimos la misión nos pertenecemos? Siente el latir de los edificios, fríos y llenos de cristales, harto de luz y de pasillos, de olores putrefactos, simbiontes a las acciones del ser humano que los habita en sus entrañas. ¿Escuchas el rechinar de las camas prestadas en los hoteles de paso? ¿No te eriza la piel saber que tu creatura se reproduce dentro de los confines de este, “tu gran experimento”? Sientes las vibraciones de la vida, pegando, luchando por encontrar su propio cauce y alejarse a cada golpe de su propia muerte. Mírame de frente, no vivo en el pecado y sin embargo, soy el ángel libertario de “mis hermanos” quien les lleva a la paz de la muerte y a tus brazos de padre olvidado.
Te analizo de pies a cabeza, de extremo a extremo, me acerco para probarte, a la vez que saco la lengua mis recuerdos se agolpan y siento la hostia mezclada con el sabor del vino y la sangre del dedo de aquel viejo sacerdote de cuando yo era niño, estiro mi apéndice para llegar a tus llagas, y después de esa vez cada que comulgaba mordía por dentro, mientras te recibía sangraban mis encías o la piel suave de mis cachetes, una vez me tiré a propósito de las escaleras de la sacristía, y solo, sólo me rompí el hocico, todos alabaron mi muestra de fe y yo disolvía tu cuerpo entre mis coágulos: ¡No es divino! Mi lengua se retuerce, tus llagas y tu cuerpo hoy son sólo el molde de plástico y la figura de yeso.
— Hueles el latir de aquellos viejos corazones rotos que formaron los caminos de la esperanza, ¿te imaginaste algún día que el hijo de un carpintero gobernaría el mundo? ¿Cada vez que asesino te devoro? ¿Es como si comiera mis palabras? ¿Y el amor? ¿Y la vida?
Epílogo
A la mañana siguiente apareció en los periódicos la noticia, compartiendo la de ocho, encontraron muerto a Salvador Pérez, sacerdote de la parroquia de La Preciosa Sangre de Cristo. Su cadáver fue encontrado crucificado en el altar de su parroquia, completamente desnudo le fueron extraídas las vísceras y descarnados los dedos dejando expuestas las falanges. En su caja toráxica fue encontrada la imagen de un cristo inmolado, era el viejo crucifijo de la sacristía. Pintado con sangre a grandes letras podía leerse:
Si desaparecieras ¿acaso no todo tu mundo se iría a la chingada?
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Ilustraciones de Alma de Juguete por: Enrique Zaragoza
Este soy yo...
DE MI han dicho...Nació envuelto en la terrible sospecha del ser humano —él siempre quiso ser árbol, águila o imagen tras el espejo— un 13 de diciembre de 1972, en la ciudad más avasallante y más hermosa del mundo: el Distrito Federal.Desde pequeño creció con lunas en los dedos e ideas itinerantes colgando del cabello, ávido lector de tiras cómicas y de cuentos infantiles permitió a los seres mágicos, divinos y leviatanes arrullarse en su cama tras el profundo canto de las sirenas.Creció, y mientras decidía que hacer de su vida, en cada luna llena besaba las almohadas imaginando al amor de su vida. Por fin, una mañana decidió estudiar derecho, algo que le salió muy chueco porque abandonó la carrera para estudiar periodismo, dando por concluidos tales estudios en el PART, a la vez que rocanroleaba como oso en brama tras una batería.Años más tarde decidió llevar la música en sus adentros y trabajo como negro en la redacción del departamento de cultura de Radio Educación (de vez en cuando se aventaba un palomazo como productor del programa “Su casa y otros viajes”), todo esto sucedía mientras estudiaba un diplomado de Literatura y Periodismo en Casa LAMM. Las letras —aún las de pago— siempre le han perseguido, al igual que la radio, por tanto, trabajo como productor de la serie “Impulso Humano” en Radio Universidad, no sin antes pasar por la Subdirección de Logística Informativa del GDF, algunas agencias de publicidad y la coordinación de medios de IH, A.C.Por fin, el 12 de noviembre del 2005, su destino le alcanzó y se puso a escribir como secretaria ejecutiva después de una huelga, y dio a luz a varios chamacos, y con el único fin de darle de comer a su prole, actualmente se dedica al desarrollo de documentación administrativa para diferentes empresas y alguno que otro trabajo de producción en audio (es cierto, en México vivir de las letras, que no sean de pago, está de la China Hada).Por cierto, el nombre de sus chamacos son:* El eterno idilio entre las mariposas y las hormigas, 2007.* La caída de la luna, 2006. Noveleta rosa.* Alma de juguete (anhelos para el niño que nunca debiéramos olvidar), 2006. Cuentos ¿infantiles?* Egomanias y la Llantitos (cuento – lógia), 2006. Recopilación de 20 años de cuentos darkys y existenciales.La mayor parte de las veces me llaman ¡Hijo de la chingada! ¡o de tu madre!, bueno, la mía... aunque últimamente me he aficionado a ese término tan común y que sólo me sabe si proviene de sus labios y que juntos creemos es para toda la vida (chance y para algunas más).En fin, que de mi la gente puede decir todo y a la vez nada, tengo muchos nombres, lo cierto es que tengo buen corazón aunque lo disfrace de mil y un calamidades...

























