Cada vez que cierro la puerta tras de mi, sólo puedo ver un sin número de rostros que se han grabado en mi memoria y de los cuáles no tengo mayor referencia que las líneas sobre su piel de todo aquello que han vivido: y me enfrento a mi sin más arma que la verdad.
Me miro en días bajando la cabeza sin más razón que no encontrar el camino que lleva a mi destino, y repliego las alas mientras dejo que se embarren en mi cuerpo los artilugios y hechizos del hombre modernista y sus máquinas... y observo en mis manos los estuarios y volcanes que he perdido en la lejanía; y se reflejan en mis ojos los atardeceres naranjas de un cielo azul que me parece extraño y desconocido: será que es verdad que los seres humanos somos islas cuyo único contacto es el vacío alrededor que ahoga el agua.
Es esta sensación asfixiante de no poder sentir lo que alguna vez sentí, ¿recuerdas? Cuando después de vagar en un espacio, te encontré hablando de todo lo que sabes y que no te detenías a explicar, era una edad donde todos nos pintábamos el rostro de mil formas, y nos describíamos con palabras necias de tertulias enrojecidas y taciturnas, nos escondíamos entre las líneas y las comas, entre los puntos suspensivos que nos llevaban a la calle a buscar o fabricar nuestras historias, de amantes y de locos pidiendo aullidos de cama, cuerpos desnudos y seres mágicos envueltos en lo que no se atrevían a vivir. Y me hiciste de pan y yo, me vestía de sal para domar a la bestia de mi interior, y a sus miles de demonios que embriagados se deslizaban entre la magia de la noche para tocarte, y rozarte con palabras de su propia invención: sólo querían seducirte y navegar entre tus piernas, deslizarse por el piélago de tu cuerpo y detenerse en tus montes, descansar en tus valles, y sembrar la lujuria; el hambre de mi.
En ese intento, entre esos murmullos, dibujaste un beso a la distancia, que en su muerte llevaba tu nombre, y no lo pude olvidar; a pesar de estar tan lleno de vacío y de la insoportable existencia de la nada. Tal vez por eso nos abrazamos a otros, buscando en otros cuerpos las texturas de los cadáveres exquisitos que sacábamos del armario cada noche, los olores y sabores que nos servíamos cuando compartíamos las viandas, y llenábamos de durmientes las vías del tren de último vagón que construíamos a las luz de las velas, al sonido de una lengua antigua que nos mantenía prisioneros, víctimas de la hambre de nosotros: y trazamos un mapa sobre tu espalda lleno de lisonjas y mentiras, de halagos y verdades, de cicatrices y caricias, de anzuelos y caídas, de vuelos y delicias... de historias y poesías.
Me hiciste tuyo en la profundidad de cada crepúsculo y angelus, en el mar de la tranquilidad de tu mente, a cada palabra, y en cada oración; me fuiste dibujando como cuando trazas el paisaje del desierto que hay en tu pecho, y lo llenas de color con las arenas de ese viejo reloj que nos regalo el tema más gastado entre los dos: la fugacidad y la permanencia del amor.
Y te vi entre la oscuridad de mi mente, el ocaso de mi corazón -es que parece que ya no puedo sentir lo que sentí alguna vez-, y el olor del café llenó la mañana, como mi cuerpo el tuyo, y te probé como se degusta la savia de la tierra, me ceñí a tu cintura como la sombra a los últimos rayos de la tarde, y te abrigué entre mis manos, dejando un rastro con mis dedos -es que quería que recordarás el camino de mis manos cada vez que vieras las huellas-. Quería verte mujer bajo la luz que se cuela transparente por las ventana, y alzar las velas, y romper las olas al navegar contigo, cederte el timón y pedir tierra en mi naufragio.
Y me aprendí tu nombre y jamás lo pude olvidar: me di cuenta que necesito alguien como tú.
Ahora cuando con mi mente cerrada voy a dormir y hago guerras, planeo la batalla contra mi verdad, y le gano al poeta y a la letra, espero que veas que estoy junto a ti, asiendo tu cuerpo y comiendo tu alma, aunque estés con alguien como yo.
Por eso siempre divago, entre las calles y voy plantando desazones -es que hoy soy lo que no fui-, y me siento tan asustado como jamás lo estuve, mi corazón ya no late como solía hacerlo -parece ser que le dieron cuerda la revés-, y de pronto me falta tiempo y aire, me ahogo con mis latidos y mis palabras, levanto piedras y te busco, araño la tierra y podo el césped con mis labios: quiero que sea de noche y evitar cada falsa mañana, y es que por alguna extraña razón mi corazón ya no late como solía hacerlo.
Lo sé hay días que quisiera caminar directo al mar y poco a poco, perderme mientras ardo en el profundo azul, tal vez así pueda olvidar tu nombre y esperar que llegue una mañana sin ti -es que ya no soy el mismo y ya no puedo sentir lo que alguna vez sentí-.
Y es que me aprendí tu nombre entre cada caricia, en la muerte de tus besos, en los orgasmos y en tu respiración, y jamás pude olvidarlo. Cada vez que cierro la puerta tras de mi, sólo puedo ver un sin número de rostros, las avenidas y calles que se han grabado en mi memoria, y me enfrento a mi sin más arma que la verdad: me di cuenta que necesito alguien como tú, que piense y hable como tú, que seas tú... Luna.
El caos es el orden en el mundo, de todo aquello que no entiendo, de lo que percibo dentro de esta realidad aparente... Parece, creo es parte del destino que me espera en alguna parte. Lo sé, por la caída de la luna que ha llenado el hueco más profundo de mi cuerpo: aquel existente dentro de mi pecho... Por: Heriberto Cruz Reséndiz
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Se puede mencionar este blog, sólo si es con fines informativos y literarios. Si deseas podemos hacer un intercambio de difusión en los links, para promover nuestro trabajo. Saludos
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lunes, 9 de julio de 2012
martes, 12 de junio de 2012
Algo más que nada
No miento si te pido que calles, sobre nosotros y los últimos vestigios,
no miento si suplico que respires y sigas tus huellas, tus pasos viejos, y los indicios,
y es que somos polvo y arena,
ceniza, lastre y condena.
Juro que no miento si perdido me sostengo a tu cadera,
entre sueños mojados,
en mis erecciones nocturnas,
en mis palideces diurnas.
Y es que somos nada,
algo más que nada,
somos la vieja zorra en la nueva mascarada:
tu risa tan perfecta,
yo lecho de andanzas y locuras macabras.
Somos sarcasmo y alabanza,
verija y mentira de media asta.
Juro que somos putería,
añoranza,
la flecha sin un poco de puntería.
Somos la serpiente y la manzana,
la respiración del día a día...
camino, virtud y jornada;
pecado, pluma y palabra.
Somos lo que somos,
ni más ni menos que ataúd y semblanza,
la víspera del muerto,
de su entierro la esperanza,
su paraíso desierto,
ese camino que caminas y no cansa.
Juro que sin más compartimos el hielo,
arrullamos con besos al viento,
tapamos con caricias encendidas el frío del cielo:
y es que somos lo que somos,
ni más ni menos,
que todo aquello que diario se ahoga bajo el firmamento.
miércoles, 30 de mayo de 2012
Sueño tan natural...
Llevo días colgado de la falta de sueño, y el galope de tus ideas dejan mullido el piso de mis neuronas, es que a lo mejor no ves lo que tu sonrisa le hace a mi vieja muralla de adoquín (es que es tercermundista). Vuelco tras vuelco te voy conociendo en mis paisajes oculta, tras los abetos y los baobabs -aquellos de profundas raíces-, en la sonrisa del sol y el talante de los viejos estuarios que formaron las lágrimas -las mías o las de alguien, en mi historia da lo mismo-.
Y me pregunto si me sueñas como se sueña el penúltimo sueño, ese que se sabe desde antes, el que antecede al último, en ese que todavía hay esperanza por soñar; y es que es natural, el reflejo de la tarde sobre tus ojos, tus labios rosados, tus impávidos miedos, y la hojarasca de verano a medio comenzar: se siente el terror a saber de la fugacidad de la piel y el impacto que tiene sobre la hoja blanca de tu deseo, la vieja tabula rasa de tu desnudez ofrecida a los perros. Y es que es natural, a cada palabra consigo las pistas del lugar donde escondes el caldero de tu protección, el nido de tu corazón arropado por los señuelos del pasado, los eslabones que te atan, las ristras a tu cuello, y los anhelos de un futuro castrado de tanto estar sentado esperando por el. Es tan natural como el olor a café inundando la mañana, la caricia remojada a la orilla de la taza, y el tarro harto lleno de palabras dulces y diabéticas... ¿será el pan sobre la mesa, el fruto bendito, tu vulva, tu vientre? Es que es tan natural, la orquídea y sus botones en tu pecho, el veneno del diario devenir, y los surcos en la piel al paso de los años, las huellas dactilares de cada frase que retozona te hace el amor; sé que eres feliz tras cada engaño de la metáfora, que prefieres el desatino y el desastre en el cual nos hemos convertido; si es que ya no somos los mismos, y en pos de la libertad nos sumamos a los otros que endiablan nuestra vida con sus artilugios de poetas conscriptos y revolucionarios. ¿No te saben sus besos a caso perdido, a vacío vacío, a sopa de piedras en medio de la abundancia?
Y mira que es natural que te busque y no te encuentre, que te de por extraviada en el camino de mis fantasmas perdidos, de mis errores consumados, en la fatalidad de mi pensamiento modernista y claustrofóbico: será que soy de sal y no de piedra, que llevo la talega de la traición en la diestra para que florezca la vida tras la entrega de mi alma a los fariseos. ¡Quiero mi corona de espinas y la lanza en el costado para que mi corazón loco y libre se esparza por el aire contaminando a esta ciudad tan falta de él! (Aclaro que mi corazón no es el culpable de mi negra imaginación, si no el poder de tus manos sobre mi cuerpo, o el dolor de perderlo todo tras cerrar la puerta de tu alacena donde escondes tus cadáveres exquisitos, o la visión de tus labios henchidos de placer agazapados entre tus piernas).
Llevo días de penas y deseos, de soplar velas en los candelabros para quedar en la oscuridad de tu natural inquietud, y me da miedo responderte al filo de las palabras, en medio de los libros que te has escrito, o ahogado en la bolsa de dulces de tu última película. Y me dan ganas de quedar sin ganas, de ti o de respirar -da lo mismo, a pesar de que uno no es causal del otro menos el efecto-. Y es que la vida es tan natural como pasar de largo y quedarse en la cortedad, es tan tan natural como lo complicado del efecto simple de vivirla... Y me pregunto si me sueñas como se sueña el penúltimo sueño, ese que se sabe desde antes, el que antecede al último, en ese que todavía hay esperanza por soñar, antes que llegue el último y se lleve todo a la mierda.
martes, 17 de abril de 2012
Mentira confundida
Mientras te pierdo, busco aterrado al hombre de malvavisco dentro de mi taza de chocolate: ¿Hay algo más dulce que buscar a tu amante ahogado por lo espeso del cacao?... y es que no puedo decirte lo absurdo que es amarte y perderte cada día, ya que nunca me sirvió dejar moronas de galletas de jengibre por el camino, ni dejarte volar libre mientras vivas en tu portátil jaula de oro que con tus manos fabricaste: ¿Será que buscas tu corazón de hojalata tras el final del camino amarillo en la casa del charlatán merolico?
Nunca te lo dije pero en especial no soy un súper hombre, me refiero a que de súper héroe ni las nalgas, juro que si sale un villano corro hecho la chingada mientras le miento su madre esperando no me alcance, y no es que sea cobarde, sólo odio la violencia. Eso de la tener poderes esta de pensarse, prefiero tener en mente los días grises, llenos de lluvia, hartos de frío, en una chimenea y un vino acompañando la desnudez de los dos mientras cogemos y nos besamos: prefiero la comodidad que vivir salvando este pinche mundo (ni Jesucristo lo salvó siendo Dios, menos yo que soy un ser tan terreno y mortal).
Y es que lo pienso y eso de ser mártir o redentor, está como el precio de la gasolina, cada vez cuesta más recorrer un kilómetro... ya ves, bien lo dicen: "de piedras esta plagado el camino de la verdad". ¡Mmm! O sea que por una mentira le quito una piedra al puto camino: La tierra es cuadrada, el hombre es el centro de todas las cosas, jamás te mentiría y nunca te ame, en verdad no lo hice; sólo deseaba jugar contigo y perder el tiempo y hacerme pendejo a mi mismo mientras te prometía el cielo -que no el paraíso- y te bajaba las estrellas -ya lo sabes, la luna no porque es mía, y soy muy envidioso, además me pongo mal cuando la presto-. A toda madre el desempance, eso de decir mentiras también está a toda madre... a fin de cuentas es como hacer poesía, ¿no lo crees?
Mientras continua mi vida, se me enciende el carmín de tus labios en el vientre, en mi cuerpo, y te platico cerrando mi boca entre tus piernas, te susurro las flores del mal junto al ombligo, te hablo de lo mal que nos portamos los dos, de cuánto jugamos al cazador - casado, de lo mucho que esperamos mientras nos balanceamos recorriendo nuestro orgasmo mundo, ese que sólo entendemos cuando estamos juntos a pesar de estar tan solos, y es que no somos únicos pero somos en el otro, sobre las ruinas de este mísero terreno, tan hermoso y enclaustrado, tan merecedor de ser salvado, protegido, amado...
A la chingada, te estoy mintiendo: yo no te amo ni amo al mundo... sólo amo lo que amo por conveniencia, obvio cuando estoy enamorado, como esa vez que me hablaste de noche y te dije que de súper héroe ni las nalgas, que te veías hermosa y suculenta de negro... que sólo hacía falta recortar distancia para tenerte entre mis brazos, no te ame ni el día que te vi, justo en ese momento me di cuenta... y me entregué como un estúpido a tus caricias sedosas y tersas, manifiestas de lo que siempre hemos sido un par de estatuas tallas de piedra lunar, esculpidas en el mar de la tranquilidad, desechas en la tempestad que abriga la cama y los señuelos tendidos por la palabra escondida entre las sábanas, reptando entre los huecos, en el espacio que hay entre nuestros cuerpos, moldeados a mano divina para encontrarse el uno con el otro, encima o de frente, ahogados, asfixiados... Otredad de soles en el pecho, de metáforas colgando en el cuello, hogaza de mi hambre y savia de mis cuentos y escritos... y te miento, y te hago poesía y no te amo y no te deseo, soy un hombre confundido que prefiere la comodidad a los designios trazados para los hombres comunes, soy sacrílego y cínico, pero centrado en el disfrute de los placeres que de tan terrenos se vuelven divinos, soy lo que soy y a la vez no, nada apegado a Dios: desenfundo la mentira sin misericordia en pos de la poesía... por eso soy cómodo más que poeta, soy un hombre para los días grises y grandilocuentes, corto de letras... siempre corto de metáforas, silogismos y paráfrasis, soy un hombre tan vulgar y común... por eso siempre miento... para tenerte inhóspita a mi lado y por eso no te amo...
martes, 10 de abril de 2012
Tiempo de historias
Sí, para ti que dejas algo fuera de la hoja, y desvaneces la tinta entre los dedos, como migas de pan para los buitres, y que siembras suspiros en las tundras de la especie, segregando el género y evitando los capullos de cada palabra, de cada armonía, de perdidos silencios...
A ti que te escribes y te dibujas de letras pausadas, que hilvanas las tramas esperando desenlaces, que escribes finales sobre tu vientre, que engarzas puntos finales en su césped, y te dilatas entre los recovecos de la ausencia de sonidos de aquellos recuerdos perdidos a los que dictas testamento: y es que estuviste ahí, en el lugar que nadie más ha pisado, resolviendo con tus piernas las dudas de una existencia.
¿Acaso la vida se enmaraña entre caderas y resbaladas palabras? ¿Seducidas lenguas de vocablos extraños, onometopéyicos y metamorfos? ¿Se puede pensar con el aroma y las caricias a ras de piel?
Sí, si es que te inventas a cada línea y entre las sábanas, o te pintas en otros brazos y te haces conocido a los extraños: ¿Podrán ellos conocerte y saberte? ¿Hay historias colgando de las sábanas para fugarse de madrugada?
Probablemente, si hay asesinos del lenguaje, y violadores de ideas y besos cautivos y tejedores de ilusión: habrá vida al otro lado del espejo, aunque sea una imagen de mil palabras, y cien palabras de más... y es que siempre hay más, aunque no quieras se muere uno en la historia y se inventa en la novela del ayer o el cuento de hoy... y no hay nada más solo que amarrarse a la pluma que deja el ave al volar, que llegar a casa y encontrarse en la respiración de otro, de aquel que no es y sin embargo está.
Sí, es a ti, que te sueñas y tallas con tus manos el tiempo de vivir, de hacer historias, es sólo a ti, que sin nada imaginas la vida mientras le das la espalda.
viernes, 9 de marzo de 2012
Pensamiento real
Y pensaré con el ruido de la soledad dentro de mi, en mis circuitos y avenidas; en aquel viejo callejón de farolas a punto de apagarse, celosos guardianes del escondrijo de mis sentimientos más profundos y obsoletos, tan faltos de vida y de sonrisas, de insectos revoloteando dentro de mis vísceras desprogramando mis entrañas y enroscando la cuerda de mi antiguo corazón.
Y pensaré entre las notas del piano de cuerdas rotas y teclas de marfil, escribiré sobre el papiro de la partitura, letras vacías de tinta sangre, borrador de los besos escondidos entre los vacíos del pentagrama, con la clave de luna iluminando los tres cuartos de cada compás, tu cuarto de suave terciopelo y ajetreado devenir, mi cuarto tan oscuro y tan alto, de esquinas apretadas y ángulos de puntos de vista; y el tercero vacío, tan vacío como tan lleno de lo que nunca tuvimos, de lo que no engendramos, de lo que llamaste una pesadilla y un error: queda la cuna ligada a los sobrecamas inútiles, a la orilla del ventanal, bajo la tutela de la luna, redonda y plata, tan bella y tan fría.
Y pensaré redondo sobre las cruces que pintabas sobre tu rostro y tu pecho, pendiente de las líneas paralelas de la palma de tu mano, la de la vida y el amor, la de la soledad y la edad, la del tiempo que contorneándose se fue enredando hasta hacer raíces en tu corazón, levantando los adoquines de tus ideas y pensamientos, dejando el libre paso a los demonios, que sin querer se apoderaron de la catedral de tu cuerpo: y aún así seguían las cruces sobre ti.
Y pensaré lo impensado, lo falto de imaginación y de credibilidad: te pensaré rabiosa y tierna, amante y pareja fallida, llena de espanto y temor ante la vida que debimos y no pudimos vivir, te recordaré en el regazo de otro, te fabricaré un amante fantasma y una luz cegadora en pago a las noches que sufriste de tristeza a mi lado, dejaré los zapatos ahormados de aquel que nunca fui y que deseaste despertara al lado de tu cama, abandonaré mis señuelos y mi esperanza en las fotos de tu sala, pagaré el peaje y los víveres para el viaje que sin principio siempre se dedicó al final perpetuo, el que no termina ni deviene.
Me aflojaré el corazón y los pulmones, te regalaré mi cáncer y los coágulos de sentimiento enraizado, mi último cigarro y los huecos en mis entrañas... te dejaré mis pensamientos para que los tires de filo al bote y se hagan a la mar como yo intento hacerme a la idea. Y pensaré de azul tu pecho, bajo el roído suéter que siempre te acompaña, te veré la celulitis sobre las piernas y la gravedad apuntando de filo a tus senos, encerando tus pezones de velas apagadas, desgajaré tus palabras hasta sembrarlas en los pliegues de piel... Y pensaré que no hay amor que no salga de tus manos, de las grietas en tu rostro. Y pensaré que somos ruinas, que somos el paraíso abandonado, carne y alma. Y pensaré en la mujer madera, en la mujer planta y en tu pubis en flor, en el hacha y el serrote, en los miles de insectos que anidan en tu vientre y en la savia que producen, en nuestros labios chocando, en mi lengua libando.
Juro que aflojaré el arnés de mis alas, y te veré de frente, te reconoceré como ayer, abriré la jaula de mi alma... y volaré en círculos sobre nosotros... Y pensaré, y pensaré lo que no he pensado para matar el tiempo y hacer una historia de ocio: sólo nos pensaré como siempre nos he pensado.
miércoles, 29 de febrero de 2012
Súplica inmutable
Hay días que vivo mientras por las noches -de largas lunas-, me dejo seducir por la idea de escapar, me consumo en el devenir de tu mirada, y el tiempo sigue oxidando nuestros lustros de pastores de sueños, de guías febriles del deseo: Y nada se detiene.
Y alcanzo a comprender el puente en el abismo y la salida del laberinto que ayer desdeñe, la súplica inconclusa ahogada en el vacío de tus labios, al calor de tu piel; y te pido no te vayas ni te extingas al término de esta glaciación. Me callo que te quedes hasta mi última respiración, y es que hay días que sólo vivo con ganas de no vivir.
Araño la tierra -haciendo surcos- para sembrar la oportunidad de una vez más, pero este mundo gira sin memoria, sin historia, harto de su predecible final; mientras, el volcán de tus caricias se apaga tras la brisa de lo que no quiero y no alcanzo comprender: Estira la mano para detener mi inspiración.
Y quisiera revivir de las cenizas de nuestra historia consumida, de los minutos agotados, de la indiferencia que sembramos noche a noche al pasar de los años, pero nada se detiene, ni los caballos salvajes de tus ansias y temores ni se apagan los sinsabores de los besos mustios, arrullados por las frases inconclusas en el seno de cada palpitar... Y es que el amor sabe a sal, a eterna despedida, a mal.
Silencio tras silencio te pido que no me abandones más, susurro una vieja melodía que aprendí de ti y suplico por perderme en el infinito de tus ojos, de profundos y desiertos océanos para asfixiar mi corazón. Y te hablo de cerrar las puertas, de abrir las piernas, de lamer heridas y quitar las coronas de espinas, te pido la cuna abandonada, y la maldición dicha... te dejo que me odies y me arrojes de tu memoria para en caída libre abandonar esta realidad. Y me pierdo entre las calles añorando la velocidad y golpe de mi sangre al sentir en cada palabra la certeza de tu razón: Aunque quieras nada se detiene.
Silencio tras silencio, se derriten mis alas y cae el telón de mi épica tragedia, todo se pierde y no ha de regresar, se va y se queda camino atrás, se desliza hasta filtrarse entre los huecos de la mano, y es que nada se detiene, y te suplico por una vez más, mientras me callo los besos y las caricias que no vendrán, y es que hay días que vivo, y cierro los ojos con ganas de no volver a soñar...
martes, 28 de febrero de 2012
Realidad
Mientras, me voy recordando y no hay nada que pueda evitar, ni el golpe de los años ni las visiones ni las andanzas... Parece que me encuentro conmigo. Entre las viejas fotos y las nuevas: ¿Será que sólo han pasado los años?
Lo reconozco deambulo por la tristeza -he formado su nombre con las letras de contacto sobre el antiguo pizarrón-, pero eso no quiere decir que sea tristemente humano menos animalmente feliz, sólo soy el inicio y la resaca, la hoja medio llena de mis deseos incumplidos, la tertulia despierta de la cúspide de mi vida: sólo soy y parece que no dejo de ser.
Sin más, anoche fui moneda de largas cuentas, de búsqueda de placer, de putas perdidas y vaginas reencontradas, fui centavo de lujuria, y peso de nostalgia; y no por eso anteayer dejé de ser lámpara, quinqué de cuentos de finales inconclusos, reflector de estrellas y lunas pasajeras, vela de pabilo vida, y luz del final del pasillo... y apenas era la tenue esperanza de los ciegos y oscuridad de los videntes - si es que hay futuro escondido por los rincones de mi casa-.
Y sonrío cada vez que memorizo la cuadrícula de mis primeras letras, redondas o afiladas, las líneas temblorosas de los claveles guardia y la mancha púrpura de la sangre de mis juegos sobre la alfombra, cuando veía ángeles caer del cielo y posarse sobre mi ventana para destronar a los demonios de mi imaginación, como pericos y lechuzas tragando alacranes, como nada engullendo algo... quizá fue en algún momento que opté por los demonios mientras cenaba ángeles desplumados.
Y me río cuando recuerdo las miradas frescas de cada mañana, esas miradas de cuando amanezco solo sobre la colcha, y lleno de almohadones. Adoro esos ojos tan vacíos, tan llenos de la brisa de la añoranza, y el peso de la nostalgia mulle mi piel, y qué hacer cuando sólo, siempre solo se está bien, sin miedo a perder el calor o a el extravío de los sentidos: amo la locura de mis ansiedades y el laberinto de mis ideas, los vagones de tercera, las caricias compradas en el sin sentido del amor, al absurdo oculto en los besos del ocaso... si es que alguna vez sale el sol cuando enamorado abres los ojos para ubicarte en la realidad: un tiempo y un espacio, va más allá.
Si parece que va al inframundo, se pierde en el orco o de plano se deja, se abandona en el abismo, en ese paraíso terreno de placeres indiscriminados: la realidad se teje en la tierra lejos de la mente y la imaginación para eso podemos dormir y vivir en sueños; o sólo cerrar los ojos para morir.
Lo reconozco deambulo por la tristeza -he formado su nombre con las letras de contacto sobre el antiguo pizarrón-, pero eso no quiere decir que sea tristemente humano menos animalmente feliz, sólo soy el inicio y la resaca, la hoja medio llena de mis deseos incumplidos, la tertulia despierta de la cúspide de mi vida: sólo soy y parece que no dejo de ser.
Sin más, anoche fui moneda de largas cuentas, de búsqueda de placer, de putas perdidas y vaginas reencontradas, fui centavo de lujuria, y peso de nostalgia; y no por eso anteayer dejé de ser lámpara, quinqué de cuentos de finales inconclusos, reflector de estrellas y lunas pasajeras, vela de pabilo vida, y luz del final del pasillo... y apenas era la tenue esperanza de los ciegos y oscuridad de los videntes - si es que hay futuro escondido por los rincones de mi casa-.
Y sonrío cada vez que memorizo la cuadrícula de mis primeras letras, redondas o afiladas, las líneas temblorosas de los claveles guardia y la mancha púrpura de la sangre de mis juegos sobre la alfombra, cuando veía ángeles caer del cielo y posarse sobre mi ventana para destronar a los demonios de mi imaginación, como pericos y lechuzas tragando alacranes, como nada engullendo algo... quizá fue en algún momento que opté por los demonios mientras cenaba ángeles desplumados.
Y me río cuando recuerdo las miradas frescas de cada mañana, esas miradas de cuando amanezco solo sobre la colcha, y lleno de almohadones. Adoro esos ojos tan vacíos, tan llenos de la brisa de la añoranza, y el peso de la nostalgia mulle mi piel, y qué hacer cuando sólo, siempre solo se está bien, sin miedo a perder el calor o a el extravío de los sentidos: amo la locura de mis ansiedades y el laberinto de mis ideas, los vagones de tercera, las caricias compradas en el sin sentido del amor, al absurdo oculto en los besos del ocaso... si es que alguna vez sale el sol cuando enamorado abres los ojos para ubicarte en la realidad: un tiempo y un espacio, va más allá.
Si parece que va al inframundo, se pierde en el orco o de plano se deja, se abandona en el abismo, en ese paraíso terreno de placeres indiscriminados: la realidad se teje en la tierra lejos de la mente y la imaginación para eso podemos dormir y vivir en sueños; o sólo cerrar los ojos para morir.
viernes, 24 de febrero de 2012
Historia propia
He de pensar en los silogismos que me dan la vida:
Existo luego pienso -de reversa o de frente-, es como ir en la vía -no del tren o de los automotores-, solo; sólo es ir... la mayor de las veces contra corriente, como los salmones: de subida y en primera.
La vida va más allá de la naturaleza... aunque esté muerta; y me refiero al vino sobre la mesa y a las ricas viandas, al pan de tu cuerpo, a la miga del orgasmo y a las velas que nunca encendimos, por falta de cerillas, por el exceso de recuerdos, por las mill y un historias guardadas bajo la manteleta. Hablo del frutero lleno de pecados y de falta de misericordia para nosotros, la uva pálida y presente, la manzana de mi cuello atorada de tanto tragar palabras, el plátano jodido de joderse, la papaya suculenta de mieles, sabores dulzones y retozos fuera de tiempo, la naranja ácida de nuestras incomprensiones... ahora, el día de hoy, solo quedan olvidados los frutos rojos de tus labios perdidos sobre el postre; si es que hay cabida en mi sangre para algo dulce.
Puedo asegurar que para siempre hay más... seguramente dolor, la plusvalía del amante que decide pagar en cómodas mensualidades los altos dividendos de sus intereses. Y es que nunca se piensa en el mañana, ni en los días venideros, aquellos que le siguen formados en hileras y creando tumulto: como cientos de hormigas diciendo adiós mientras desfilan para partir a la guerra o a explorar nuevos continentes. Acá entre nos, siempre las veo alejarse hacia el crepúsculo para no volver, para no volver... y cada día es igual, como círculo infinito en esa sucesión de futuros programados y de presentes -sin envoltura ni moño- fallecidos. ¿Será el pasado el devenir constante?
Mañana vendrá cargado... será de nubes -sobre tu vientre-, de volcanes sedientos al tacto de mi boca, de extraviados viajeros -mis dedos-, de los géiseres por donde escapa el calor de nuestros arrumacos, dejando el despoblado de la soledad: será que dejamos de ser pueblo para convertirnos en el infierno chico que nuestras lenguas -diferentes- van inventando... y es que no nos recorremos ni nos corremos, solo vamos por el desfiladero atraídos al vacío, tal cual las luciérnagas se dejan seducir por las explosiones centelleantes de un futuro promisorio, acercándose hasta quemar sus alas...
El corazón sólo es un juguete... no importa si es de enchufe o de pilas, si vibra o cabecea, de velocidades o de cuerdas... siempre se termina jugando el juego de otr@, o con el muñec@ del otr@, o temeros@ en los rincones o deseando ser de verdad... antes de ser parte del olvido o un mero recuerdo de los buenos años...
Será que hay una historia propia... antes de que se terminen los estantes en las bibliotecas, o los aparadores de los best sellers, será que hay tinta suficiente e ingenio para evitar las tramas recicladas, de éxito probado, o los finales sacados de la manga: ¿No son mejores los finales abiertos?
Existo luego pienso -de reversa o de frente-, es como ir en la vía -no del tren o de los automotores-, solo; sólo es ir... la mayor de las veces contra corriente, como los salmones: de subida y en primera.
La vida va más allá de la naturaleza... aunque esté muerta; y me refiero al vino sobre la mesa y a las ricas viandas, al pan de tu cuerpo, a la miga del orgasmo y a las velas que nunca encendimos, por falta de cerillas, por el exceso de recuerdos, por las mill y un historias guardadas bajo la manteleta. Hablo del frutero lleno de pecados y de falta de misericordia para nosotros, la uva pálida y presente, la manzana de mi cuello atorada de tanto tragar palabras, el plátano jodido de joderse, la papaya suculenta de mieles, sabores dulzones y retozos fuera de tiempo, la naranja ácida de nuestras incomprensiones... ahora, el día de hoy, solo quedan olvidados los frutos rojos de tus labios perdidos sobre el postre; si es que hay cabida en mi sangre para algo dulce.
Puedo asegurar que para siempre hay más... seguramente dolor, la plusvalía del amante que decide pagar en cómodas mensualidades los altos dividendos de sus intereses. Y es que nunca se piensa en el mañana, ni en los días venideros, aquellos que le siguen formados en hileras y creando tumulto: como cientos de hormigas diciendo adiós mientras desfilan para partir a la guerra o a explorar nuevos continentes. Acá entre nos, siempre las veo alejarse hacia el crepúsculo para no volver, para no volver... y cada día es igual, como círculo infinito en esa sucesión de futuros programados y de presentes -sin envoltura ni moño- fallecidos. ¿Será el pasado el devenir constante?
Mañana vendrá cargado... será de nubes -sobre tu vientre-, de volcanes sedientos al tacto de mi boca, de extraviados viajeros -mis dedos-, de los géiseres por donde escapa el calor de nuestros arrumacos, dejando el despoblado de la soledad: será que dejamos de ser pueblo para convertirnos en el infierno chico que nuestras lenguas -diferentes- van inventando... y es que no nos recorremos ni nos corremos, solo vamos por el desfiladero atraídos al vacío, tal cual las luciérnagas se dejan seducir por las explosiones centelleantes de un futuro promisorio, acercándose hasta quemar sus alas...
El corazón sólo es un juguete... no importa si es de enchufe o de pilas, si vibra o cabecea, de velocidades o de cuerdas... siempre se termina jugando el juego de otr@, o con el muñec@ del otr@, o temeros@ en los rincones o deseando ser de verdad... antes de ser parte del olvido o un mero recuerdo de los buenos años...
Será que hay una historia propia... antes de que se terminen los estantes en las bibliotecas, o los aparadores de los best sellers, será que hay tinta suficiente e ingenio para evitar las tramas recicladas, de éxito probado, o los finales sacados de la manga: ¿No son mejores los finales abiertos?
lunes, 2 de enero de 2012
Diferencia
Difiero de la puntualidad:
Mientras un punto sólo ocupa su lugar en el espacio, varios puntos en un sentido generan una dirección, una línea continua con una trayectoria definida, pero ¿y dos puntos? Serán la puntualización directa de varios entes del mismo género con particularidad diferente -la cuál es enumerada-, o puede ser la hilerita de características o fragmentos que forman un elemento.
La conjunción de varios puntos puede ser una minuta, la carta protocolo, o el pedido rebelde de no sé qué, es más varios puntos pueden ser un lunar o varios lunares -no importa si son de la misma luna-. Es más hay puntos rellenos de color, de cajeta, de frambuesa o de mierda. Un punto es el inicio de todo si es que ha de puntuarse o puntualizarse, es más siempre buscamos que sea el punto, focalizamos en él , vamos a él, diferimos, o nos unimos, o nos apartamos o finalizamos en él. ¿Y tres? Son aburridos, son calaveras del lenguaje, patrocinadores del juego más atroz, es suspensivo, o un continuará, ¿serán los puntos parejos y el salero? Se refieren al final, o al principio, son aletargados, o la cascarilla de nuez y las galletas que marcan el camino, será que son tres por ser divinos: Un punto padre, otro hijo y el de más allá tan espíritu santo. No a lo mejor son cinematográficos: El Bueno, El Malo y El Feo; será el no oigo, no veo, no hablo de los tres monitos que huyen del pecado en alguna caricatura gringo -francesa de mediados de los 50's. No sé por qué 3 y no diez, es más serán serial killers, recordemos que cada asesino memorable tiene 3, si no busca al de JFK, al de Lennon, y hasta el de Colosio; no hay que mamar son una jugarreta, son para decirnos que el final no es final, que todo es un devenir y que no se detendrá, que mañana amanecerá o anochecerá, son para decir hasta aquí pero hay más, o de verdad son un final a al mitad, o son aburridos porque se acaba la vida y como da hueva pensar pues ahí están tres para no pensar y que pienses mejor tú, son para infiltrar, para socavar, para imaginar, para descansar, o simple y sencillamente para mandar todo a volar... y ahí es donde empieza la imaginación.
Mientras un punto sólo ocupa su lugar en el espacio, varios puntos en un sentido generan una dirección, una línea continua con una trayectoria definida, pero ¿y dos puntos? Serán la puntualización directa de varios entes del mismo género con particularidad diferente -la cuál es enumerada-, o puede ser la hilerita de características o fragmentos que forman un elemento.
La conjunción de varios puntos puede ser una minuta, la carta protocolo, o el pedido rebelde de no sé qué, es más varios puntos pueden ser un lunar o varios lunares -no importa si son de la misma luna-. Es más hay puntos rellenos de color, de cajeta, de frambuesa o de mierda. Un punto es el inicio de todo si es que ha de puntuarse o puntualizarse, es más siempre buscamos que sea el punto, focalizamos en él , vamos a él, diferimos, o nos unimos, o nos apartamos o finalizamos en él. ¿Y tres? Son aburridos, son calaveras del lenguaje, patrocinadores del juego más atroz, es suspensivo, o un continuará, ¿serán los puntos parejos y el salero? Se refieren al final, o al principio, son aletargados, o la cascarilla de nuez y las galletas que marcan el camino, será que son tres por ser divinos: Un punto padre, otro hijo y el de más allá tan espíritu santo. No a lo mejor son cinematográficos: El Bueno, El Malo y El Feo; será el no oigo, no veo, no hablo de los tres monitos que huyen del pecado en alguna caricatura gringo -francesa de mediados de los 50's. No sé por qué 3 y no diez, es más serán serial killers, recordemos que cada asesino memorable tiene 3, si no busca al de JFK, al de Lennon, y hasta el de Colosio; no hay que mamar son una jugarreta, son para decirnos que el final no es final, que todo es un devenir y que no se detendrá, que mañana amanecerá o anochecerá, son para decir hasta aquí pero hay más, o de verdad son un final a al mitad, o son aburridos porque se acaba la vida y como da hueva pensar pues ahí están tres para no pensar y que pienses mejor tú, son para infiltrar, para socavar, para imaginar, para descansar, o simple y sencillamente para mandar todo a volar... y ahí es donde empieza la imaginación.
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Harto corazón sin sentido
Harto sin sentido,
inoculen el paisaje tras los ojos,
vicien al alma,
corrompan al animal encerrado en la jaula del ventrículo izquierdo,
liberen al ángel en cada exhalación...
¡Respiren el óxido de esta gélida mañana!
Estamos vivos...
Como siempre, harto sin sentido:
Mi corazón está maldito...
sábado, 24 de septiembre de 2011
Sobrevivir a las imágenes (Para aclarar una duda)
Y pensar en mis fantasmas encerrados en sus propios laberintos, es tan sutil como desflorar las primaveras de los últimos años, es recortar la siembra y limpiar la tierra de gusanos, es vaciar el alma en alguno de los frascos de tu alacena, mientras afuera los árboles se mecen cual muertos pacientes a la luz del sol.
Pareciera que son recuerdos volcados en mi mente, pero sólo son la destreza de mis ideas por sobrevivir al tecnicolor de las imágenes:
Mis falanges hechas de fuego y sus huellas avispas...
Tu figura melosa sobre la cama, de suaves subidas y bajadas, mientras mi lengua bífida; llena de mentiras piadosas, herejías y palabras de amor, brincolina, se pierde en el mar de tu tranquilidad, hablando sin decir absolutamente nada, resguardando los miles de pactos a medio redactar, dejando oraciones profanas por debajo de tu piel, sembrando incertidumbre y reduciendo certezas. Pide a gritos las fases cuervo para que vengan a sacarnos los ojos, que vengan volando a robarse las ventanas del alma y tener un pretexto para decir que estamos ciegos, y no tiene nada que ver con el amor.
¿Alguna letra crecerá en tu fértil valle? ¿Crecerá la simiente hasta florecer en capullos, que cual enredadera, teja la esperanza entre nuestros cuerpos? ¿Sin ojos podremos ver el horizonte, de grises multilínea, azules pacientes y naranjas arrebatados?
Transparencias y luminiscencias del influjo de la luna...
Mientras mis muertos viajan con el dedo encendido en procesión por el valle de mis ideas hasta perderse en la caverna que el destino les ha preparado, cadáveres exquisitos que resbalan de la luz a la sombra, y se convierten en el faro de mi ignota y perecedera existencia. Resbalan en sinuosa caída, entre laderas y serpenteantes veredas; nos van tallando, mujer piedra, mujer hogaza, mujer envinada de los placeres y artilugios de la humanidad; y sólo me esculpo de sal: ¿Nos fundimos en el centro de nuestras almas al calor de la indeseable sensación de -a veces- soledad que -hoy- nos acompaña?
Silencio: La ausencia y reconocimiento del sonido...
Las decenas de fantasmas que se esconden tras la puerta, mientras los pasos silentes del asesino -que cuchillo en mano-, se acerca despiadado por entre los corredores y pasillos, descarga salvaje su furia -contenida por tantos años-, en el corazón, en nuestro corazón; asesta una y otra vez hasta partirlo en dos y ver como brotan en borbotones los líquidos sentidos de nuestros temores y pulsaciones, las dudas y remilgos que nuestra mente reniega. Pulsar de la irreverencia en el mundo de nuestras ideas, colapsa, pasma, enamora la saña y lo natural de la bestialidad del encuentro... ¿Si tan sólo anteayer y hoy fuimos?
Armar el rompecabezas de mis fantasmas, de sus asesinos, de mis cadáveres exquisitos encerrados en su laberinto suena a batalla, a melancolía, a la locura que corre por mis venas, mientras abre tu alacena con el croscitar de los cuervos, y al encontrar el frasco que encierra mi alma, tal vez, sólo tal vez decidas llamarle esperanza...
martes, 13 de septiembre de 2011
Rompecabezas sin palabras
A pesar de todo, no hablaría de lo que se espera porque sin decirlo no esperábamos más que aquello que podíamos esperar: nosotros; o tú y yo -el vos que se conjuga trasnochado entre tus labios salpicados de verdad-. Y no lo hablaría porque no lo sé, no sé nada de ti que no me hayan explicado tus brazos abiertos, o tu voz sellada al juramento de nuestro desamor más grande; aquel que vivimos a la distancia, acortada por el monitor que te disfraza de suerte o de leyenda, que te viste mientras mi mente te arranca las ropas, o que te deja al caer la noche para no volver hasta que mis recuerdos llenan la pantalla y evoco tu presencia sobre tu cama -es que la traje conmigo para que tuvieras un pretexto y me extrañaras-.
Y es que no puedo decir nada, o algo, porque sería usado en mi contra la próxima vez que me veas y se te llenen las manos de mi mala educación, y mis codos escriban sobre la mesa lo fascinante que despiertas, o cuando me señalen tus piernas censuradas al roce furtivo de mi ignorancia. Seguro, que aquello que te diga me será restregado en la cara mientras cubres tus ojos de mi juiciosa mirada y de mis caricias monótonas y costumbristas.
No lo puedo decir por miedo a que cierres tu ventana en cada noche y no lo oigas, o quizá porque algo debe suceder para que la espera se dibuje en un cartel frente a tu puerta con tinta indeleble, no sea que la lluvia borre el mensaje, y pienses que jamás estuve. No lo digo para que no te lo quedes y pienses que es tuyo, y bajo ese privilegio desaparezca el olor de mi presencia en tu vida, y los golpes de tus nudillos en la puerta de tu cuarto. Me lo callo para que las llamadas del amanecer, te lleven a mi boca y se te encienda el deseo sobre la piel, mientras el sol desflora la penumbra, y se quedan en tus recuerdos la música y las letras, las transparencias, y las insinuaciones tras la puerta de tu casa.
No lo digo para que cierres los ojos y sientas mis manos sobre tus pies, a la vez que el alcohol se evapora de mi cuerpo... no lo digo porque es un tema que te sabes tan bien, y del cual guardas los cadáveres exquisitos en tu gaveta -la segunda de tu tocador-, para armar el rompecabezas. No lo digo porque no estoy en posibilidades de decirlo, de seguro las ventiscas de septiembre arrasan con todo y mojen tu cuerpo en horas imposibles del día. Juro que no lo digo, sólo pídeme... que parece mis pies están sobre el camino.
domingo, 11 de septiembre de 2011
Nada que decir
Lo lamento, hoy amanecí seco sin ninguna idea en particular, más bien fueron muchas que he hilvanado para tejer el cobertor de mis sueños más apócrifos y sediciosos, o más bien tiernos y llenos de esperanza, o mejor dicho, de esos sueños que uno sueña cuando más no puede soñar: ¿Será que se pierde la inspiración conforme pasa el tiempo, o las musas van muriendo y caen al piso como las flores multicolores de mis palabras? No lo sé...
Y es de lamentarse cuando no se dice nada, no importa el tiempo y la enseñanza, ni el momento en que furtivos los pensamientos seducen a la carne y jamás llega el orgasmo de la palabra. Todo da igual si se levanta la mirada y la luna brillante se oculta tras los nubarrones, del pasado presente ha de venir, y nunca llega; o simplemente uno se para de la cama sin más razón que vivir un día más. Y valen madre las cosas que hay afuera en ese mundo que compartimos, y una especie de melancolía alegre nos invade, se puede sentir y no sentir, o sólo se siente y uno se hace pendejo para no sentir. Es lamentable hurgar entre la piel y no encontrarse las caricias, ni probarse las texturas, o blandirse las señales de la proximidad, hoy tan desolada. Es de encabronar, que uno se pierda en el propio vacío que ha creado, aún con las sonrisas colgadas sobre los muros, las miradas furtivas tras la puerta, la aceptación de la desnudez absoluta, donde más que las carnes nos cuelgan los sentimientos y las ideas: ¿Será que hay ojos que ven más allá de lo que otros ven como fachada? ¿Se pueden mostrar las cicatrices del alma y decir: ¡cuidado!?
Tal vez dé lo mismo, hay cosas que no cambian como la bucólica semejanza de la jungla y mi mente, donde los principios animales se yerguen conforme el hombre camina en dos patas, y las bestias terminan amándose, profundamente, sin más razón que su natural existencia. Y por supuesto que hablo también del deseo; de ver tu piel platina bajo los lúmenes de la esfera plateada, de los miles de brillos que plagan tus cumbres y laderas, del fuego encendido sobre el césped de tu entrepierna; y no es para menos, si mi boca vacía, se llena de recuerdos y noches de ti, no es menos si he extraviado el mapa dibujado sobre tu espalda y no encuentro la salida ha esta vida, tan llena de todo y sin nada.
Sé que pensarán que estoy triste, y lejos muy lejos de la locura, me espanta ver mi sonrisa sobre el espejo, el reflejo de mis tertulias soñolientas y pausadas, mis palabras cenizas, llena de brillos multicolor, la fogata que hace la esperanza en medio de mi cuarto, y el closet lleno de historias no contadas. Suena a una extrañeza sacada de algún cuento de Poe, o un dilema Kafkiano, pero lejos de esperar el pozo, o tus mensajes en la pata del cuervo, o disparar rifles de corcho en busca de la libertad; sólo me divierto viendo caer mi mundo a trozos, y tallando las viejas paredes de las ruinas de aquel complejo que hace tiempo construí... se puede seguir viviendo, siempre se trata de seguir viviendo.
Y no es que no guarde lo más preciado, es que decidí echarlo al aire para ver si mis memorias levantan el vuelo y salen de su jaula de oro, y se adentran en la aventura, y esto no es una locura, sólo es lamentable que no estés para ayudarme en este afán libertario y tan humano; como reír, coger o llorar; ya que amar es una bestialidad, tan llena de horrores y temores, ¿a poco no es bestial perderlo todo y tener que seguir viviendo? ¿A poco no es cierto que si no estás en tu mundo todo se va a al chingada? Y sigue siendo humano volverlo a intentar, sacando el olor del café entre tus manos, y viendo como la luna se asoma con ganas de jugar con el corazón, alumbrando la flor que nace en tu vientre salpicada de deseo y ganas de seguir viviendo. Y parece que este es ciclo, saber, creer, vivir, morir y renacer.
Lamento que hoy amaneciera seco de ideas, a pesar de la lluvia incesante, del frío ensordecedor, de la falta de lápiz para mi bitácora, y sin moneda para peaje al mundo de la mente; que no tuviera nada que decir...
jueves, 8 de septiembre de 2011
Lejanía...
No quiero oír tu voz y sembrar huracanes en mi alma, mientras los espejos de mis memorias caen astillados bajo las plantas de tu pies. Y es que es tan sencillo caer, como desmontar los cuadros que hicimos juntos, mientras la incertidumbre se enredaba en nuestros cuerpos: Todo es tan simple si tu voz se pierde de tan lejana.
Parece el silencio se muerde los labios para guardar el deseo y el sentimiento bajo las sábanas -que hoy solas-, se recuerdan vivas en medio de los sueños que soñamos, tranquilos, sacios, haciendo alarde de la quietud del alma; será que mientras respiramos fuimos guardando los peros y costumbres bajo la almohada, que impávida, se revolcaba en las quimeras y ventiscas que fuimos inventando sobre el piélago de tu espalda, es que éramos mis manos y tu torso, la tinta y el papel, donde dibujamos el mapa de nuestra soledad tan sola, tan compartida, tan geográficamente compatibles, tan imposiblemente diferentes, tan absurdamente uno del otro: como el tú y el yo.
Indescifrable, el camino de mis manos te mostraba la ruta que sabías de memoria, te jugaba a escondidas y te reías del intento de perderte antes de tenerte y detenerte entre mis aspiraciones y tus temores: Sí, la incertidumbre da miedo aunque sea por un segundo, y más si en ese mísero lapso de tiempo se es y se pertenece sin cuarteaduras en el alma, sin rezagos; aún por encima de las ruinas de la vida que cada quien ha tenido por su lado. Quién pensaría que la ruta que fueron dejando las huellas de mis dedos sobre tu espalda en trayectorias infinitas, llevaba a la señal -que trazada a la misma altura-, nos cruzaba de pecho a pecho, dejándonos exhaustos, tan llenos de vacío bajo la trágica luz de los días pasados.
Y es que mientras el tiempo transcurría, hicimos el silencio, callamos y guardamos las palabras, esas mismas que nos enamoraron, para otra ocasión: el momento de extrañarnos. Círculo perfecto de nuestras vanidades y la falta de pactos y juramentos: No quiero oír tu voz, si todo es simple en su lejanía, prefiero saber que ambos somos la promesa de la nada, tan nada y tan vacía.
domingo, 4 de septiembre de 2011
Nuestros nombres
Evoco el olor de la mañana sobre tu cuerpo, mientras mi mirada levita transparente entre la copa de los árboles, dibujando quimeras de colores ácidos y suaves tonos pastel, para romper la liturgia en la que se envuelve el nocturno de nuestras voces: no tengo que hablar para darme a entender.
Vuelco las miles de palabras que existen en mi endeble vocabulario, miles de signos insignificados, muestra del sino y de la eternidad, absurdos sin anclaje en esta realidad que compartimos y que carece de sentido: no necesito abrir los ojos para esclarecer los paisajes de tu mundo interior.
Y consagro el silencio al apego y la dignificación de tus temores -que son iguales a los míos-, y sin saber por qué, sé que irremediables nuestros nombres serán arrastrados por el viento a miles de kilómetros, navegarán por el espacio que colman los lagos e iluminan los horizontes prendidos por el delirio de la incertidumbre, viajaran juntos sin intentar salvarse y saltarán a ciegas al abismo, se fundirán en una sola voz hasta transformarse en un rumor.
Seremos arrastrados mientras nos olvidamos y nos reencontramos en cada parada, sin decir palabra alguna, escarbaremos la piel con caricias ávidas, y horadaremos tan profundo como para dejar escapar el vacío que carcome el alma, rascaremos tan hondo para que el miedo se extinga... Nuestros nombres serán arrastrados hasta formar un murmullo indisoluble en las arenas del tiempo y de la espera.
Evoco la luz de la mañana filtrándose por la ventana de tu cuarto y pienso que todo pase aún sin oír tu voz ni saber de ti más de lo que sabes tú, y aunque te llame de mil formas, y guarde tus segundos ausentes bajo la almohada que no conoces... y que todo pase aún sin encontrar tus ojos ocultos a la distancia y tu respiración se pierda entre la maleza de las ideas y de las letras, que todo pase como pasa la vida de largo por el umbral de mi puerta, y mis ojos te digan todo mientras callas...
Vuelco las miles de palabras que existen en mi endeble vocabulario, miles de signos insignificados, muestra del sino y de la eternidad, absurdos sin anclaje en esta realidad que compartimos y que carece de sentido: no necesito abrir los ojos para esclarecer los paisajes de tu mundo interior.
Y consagro el silencio al apego y la dignificación de tus temores -que son iguales a los míos-, y sin saber por qué, sé que irremediables nuestros nombres serán arrastrados por el viento a miles de kilómetros, navegarán por el espacio que colman los lagos e iluminan los horizontes prendidos por el delirio de la incertidumbre, viajaran juntos sin intentar salvarse y saltarán a ciegas al abismo, se fundirán en una sola voz hasta transformarse en un rumor.
Seremos arrastrados mientras nos olvidamos y nos reencontramos en cada parada, sin decir palabra alguna, escarbaremos la piel con caricias ávidas, y horadaremos tan profundo como para dejar escapar el vacío que carcome el alma, rascaremos tan hondo para que el miedo se extinga... Nuestros nombres serán arrastrados hasta formar un murmullo indisoluble en las arenas del tiempo y de la espera.
Evoco la luz de la mañana filtrándose por la ventana de tu cuarto y pienso que todo pase aún sin oír tu voz ni saber de ti más de lo que sabes tú, y aunque te llame de mil formas, y guarde tus segundos ausentes bajo la almohada que no conoces... y que todo pase aún sin encontrar tus ojos ocultos a la distancia y tu respiración se pierda entre la maleza de las ideas y de las letras, que todo pase como pasa la vida de largo por el umbral de mi puerta, y mis ojos te digan todo mientras callas...
viernes, 2 de septiembre de 2011
Será...
El sol se agazapa tras tus ojos -sí, los tuyos-, y me deja claro el horizonte de tus brazos, mientras el prado de nuestras imposibilidades se tiñe de blando naranja: ¿Acaso sólo somos y a eso se resume la existencia? No lo sé, y no me importa saber, sólo sentir la primavera del café contenido entre tus manos mientras tus pasos resumen las millas de distancia que hay entre nosotros, a la par que el aire mueve las arenas de las dunas acumuladas en mi pecho: ¿Será que la espera trazó las calles en el desierto de mi soledad?
Escucho sin cesar el latido del corazón vuelto cenizas y humaredas, y tus labios se vuelven la entrada del infierno, y cada caricia, los peldaños que llevan a tu boca, y me sabe a fresca tarde, a la promesa de la ausencia y del viaje, al sabor de la tierra que sin ser mía expropio al ritmo incesante de un viejo arrullo -inventado en mi cabeza por los dioses y los adioses-.
¿Será que el sabor dulce de tus labios es fruto de la tierra?
Miro la paleta de colores del atardecer sobre tu cuerpo, y el sol oculto, cual fisgón tras tus ojos, se asombra de la fusión de los grises azulados, de los cristales minerales que empapan tu rostro: ¿será que el astro rey es el ladrón de los momentos y las imágenes en mi memoria? ¿O es que acaso, lo escondiste para robarme el alma y tender tras tus ojos la trampa de la proximidad? Es que ahora la distancia es irrelevante, es sólo un paso sobre las aguas, la conexión entre las islas, el vuelo -libre- sobre el cráter del volcán, el beso que acompaña la danza de la naturaleza humana: la ausencia sólo es el numen de esperar.
Y me olvido de mi, y me olvido de ti, de tu sonrisa franca de mujer verdugo del sol, de la paz contenida entre los trazos de tus dedos en el horizonte... Y al olvidarme, no te hablo de amor porque todo aquello está escrito como libro de cabecera, como charla de sobre cama, virtual e irreverente, es el mensaje oculto en el follaje de todas las veredas que inmutables llevan a ti... Y me olvido entre las ruinas y la niebla, y me llevo los recuerdos y memorias, y me transformo -transparente-, en el fantasma de los días y las mañanas, en el extraño -que sin serlo-, ve más allá de la carne y toca a la mujer dentro dentro de la mujer: Hoy ya nada es igual.
¿Será que los colores pintan entre tus manos la ausencia?
¿Será que pasé el tiempo, y el espacio relativo a nosotros?
¿Será el será con que inician las promesas y las maldiciones en cada historia de siluetas mágicas y grandes aventuras?
Hoy ya nada es igual, si el sol sigue tras tus ojos ladrón, furtivo, agazapado y las lunas de mis dedos quedaron sembradas en el jardín de tu casa, esperando para florecer el fruto prohibido de la palabra:
Será que hoy ya nada es igual...
jueves, 1 de septiembre de 2011
Fijación Oral
Cierro los ojos y veo los copos de nieve que hay amalgamados sobre tu pecho, y como las cenizas de mi cuerpo van cubriendo el rojo oxidado de tus labios, mientras mi lengua despierta al Fénix oculto en tu vientre: cada vez que se enciende se funde el deseo en tus entrañas...
Y pienso en el camino que recorre la avidez, ¿será que los pasos perdidos siempre encuentran el camino del abandono? Y no hablo de la soledad ni del vacío; sólo dejo al aire el momento en que se olvida todo, hasta uno mismo. Es el momento en que la boca se entibia, y se desgajan las caricias por los pliegues de la piel, es la vibración que dando a luz, se pierde en la madeja de los cuerpos hechos nudo, embriagados de ganas, sedientos de las palabras que negadas al habla, sólo se escriben... Y parece que el sol es invisible y el alma transparente, que los sentidos se mueven sigilosos ocultando sus temores tras la palpitación de los sexos confundidos al ámbar de la mañana.
A la vez la historia se escribe entre las sábanas revueltas, revolucionarias, muestrario del campo de batalla: banderas flageladas, de tierras casi desconocidas, extrañas combatiendo juntas en pos del orgasmo, -y no hablo de la venida que hay a la altura de las caderas-, sólo dejo en los cimientos los poemas tejidos entre sonidos y silencios, las historias sin final y de página blanca: será que hay novelas inéditas y perennes. Lo digo porque no lo sé, y lo escribo para recordarlo; aunque todo nazca de la síntesis del olvido. Y es que si bien uno se abandona entre brazos circunscritos al letargo, se reconoce desnudo antes de encontrarse extraviado en los senderos del placer reencontrado o desconocido... ¿será que la misma lengua viperina de diabluras y sacrilegios puede hacer el surco que seguirá la hombría encendida?
Y todo en mi cabeza se llena de neblina: el sabor de fresca mañana, de cítricos olores y silencios forzados al endeble tiempo del movimiento de dos cuerpos... será el ardor de las huellas que se quedan impregnadas entre cojines y cogidas, de mano, de espaldas, de nalgas, de almas... ¿se puede comer el beso tan deseado y llevarlo al sistema, así como se pasa por alto un pecado? No lo sé, pero la lluvia se lleva las herejías que hay en el intento de pertenecer y entregarse a alguien, por minutos, por días... ¿seguirán de filo las lunas plateadas, sin palabras y con ganas? ¿Se puede ser sin ser suyo, ni mío? Suave tentación la de la carne ante el café de la mañana, y los sabores que emanan de la tierra, los sonidos de las aves buscando sus nidos, y las babosas enredando con su hilo de baba los rastros del destino: ¿Se puede saber sin entender nada? No lo sé, tal vez si sólo se prende mi lengua entre sus piernas...
Cierro los ojos y veo los copos de nieve llenando las oquedades de tu pecho, creciendo como los horrores del apego, miro mis cenizas como van cubriendo su cuerpo, mientras el amor escondido va ardiendo como el Fénix... será que alza el vuelo antes de que el sentimiento prenda las velas del duelo, y no es que este muerto, solo, sólo estoy lejos...
lunes, 22 de agosto de 2011
Teatralidad de la agonía (Cuerpo sobre cuerpo)
Sin miramientos, la noche de ayer caminé a tus espaldas, seguí cada uno de tus pasos -ya no sé si eran de tacón o zapato bajo, si te pesaban o se deshacían como dulce-, lo cierto es que era casi la sombra que te pisa los talones... Mientras seguías adelante sobre tu camino rosa y púrpura, miles de bestias se hacían al límite del vacío en tus brazos, hambrientos de carne, de tu cuerpo. Ellas -las bestias- se adherían al lado del camino, siguiendo tu humor, y yo no podía hacer nada, nada contra el poder que da el libre albedrío.
Sin más recordé los viejos piratas de papel que hicimos alguna tarde y que dejamos a la orilla de un viejo cuento castaño oscuro, para que el río de palabras se los comiera en sus aventuras, no pude más y sollocé tras el viejo árbol que abrazaste pensando en devolverle la vida, uno a uno fui dejando en el camino cada una de las evocaciones que te conformaban en tu historia, y a la vez que desaparecían las bestias te fui olvidando, y no recordaba porque caminaba tras de ti, se me fue tu rostro, la textura de tus caricias, el olor de tu vagina, la magia encerrada en tus labios, y me olvidé...
Justo hasta hoy por la mañana que decidí medir la agonía del tiempo y medir los plazos: de la vida, del amor, de la muerte; y me miré vacío con el tiempo medido... y di un paso al abismo -aquel que siempre quieren cruzar los ángeles-, y no sentí miedo de caminar el sendero que nos separa... fue como si decidiera construir mi propia escalera al cielo... y mientras flotaba -yo también busco alguien con quien volar cuando tengo sexo-; me pregunté de tu cuerpo, de la suavidad de tus pezones, del sudor sobre tus pechos, de la seda de tu vulva, de las palabras que miden tu inteligencia... y decidí hacer una resbaladilla que bajará a la tierra, los hombres como yo no fuimos divinos, somos guijarro, piedra y costilla; somos carne para los buitres del deseo y la pasión, somos tela de la araña de la red del pensamiento, la tablilla sagrada de los sentidos... somos amor divino, muerto al tacto de los hombres, somos el frío del rictus de los prohibido, somos grillete y ristra de nuestro propio destino... somos la risa de la hiena que mata lo material y alimenta lo sublime; somos el niño y el demonio encerrado en la osamenta del delirio... Tal vez por eso desaparecían las bestias de tu camino...
Por eso anoche caminé a tus espaldas, tenía hambre no de tu cuerpo, si no de lo que hace el mío cuando está contigo...
jueves, 11 de agosto de 2011
Sin recuerdos
Mientras en la mañana se confabulan las posadas y artilugios, me desdigo de los pecados de mi noche, porque habiendo estado me niego el infierno de tus labios prometidos: paraíso construido a punta de almendros y piedras sobre piedras...
Y no te recuerdo de otras veces, sólo de noches permeables, dónde las palabras se regodean como fieras, se destajan en caricias, se huelen hasta encontrarse en el consuelo de la piel -si es que hay piel a la distancia-, y se muerden la esperanza, para atragantarse los anhelos y colmar el veneno sembrado en el vacío que dejan los otros, aquellos que desfilando, se roban los fantasmas de las viejas historias e interfieren en las imágenes mentales de los durmientes de tus vías, del tren que te inventaste para viajar más allá de los abismos, sólo para provocar las heridas del alma.
De verdad, no te recuerdo de días pasados, te miro llena de vacío, de esa plenitud sonriente que da la migración del alma, de los besos mojados en tinto, de expresiones arrebatadas al destino. Y no te miro vacía sin sentido, te observo plena de silogismos, plagada de metáforas compradas a las vigilias acumuladas . Se pueden sentir las ideas rozando tu piel, aferradas en el intento por llegar a tu corazón -ideas locas por morir en el intento-. Es en serio, no recuerdo nada que no sea tu mirada jamás vista, ni el peso de tu cuerpo ni tu sonrisa de alborada, no recuerdo nada; sólo el deseo de las figuras nocturnas sobre tu piel de bruja blanca, y los hechizos perdidos en cada pliegue y rescoldo rojo vivo sobre tu vientre, ruinas de amores perdidos y caminos encontrados. ¡Lo juro no recuerdo! Ni el más mínimo detalle ni mis dedos descalzos tejiendo frases pergamino por la alborada de tu pecho ni mis labios desiertos jugando con la comisura de tus labios frescos; no recuerdo -si es que recordar es origen del olvido-, sólo sé del vacío de mis brazos en tus aguadas, caracolas de acuarelas, de mi nuevo rostro con la huella de tu dedo pincel, de las cimientes de un reino de poder: palabra sobre palabra, silencio sobre silencio.
Parece que mientras no recuerdo, olvido; o será que sólo te evoco de páginas sentidas, aradas al filo de la pluma, manchadas con la sangre del tintero, pasteles provocados por la vista de tu ventana que sin ir más allá, fotografía los trazos del alma: ¿Ese es el paisaje del corazón? Y es que no lo dudo, pero no recuerdo las salvajadas en nuestras tertulias ni los mitos o verdades, no sé si me viste completo o jalando el lastre que me ata a este mundo, no sé de tus versos suaves y blandos, menos de la nieve, que caliente, se filtra en cada prosa de tus manos, no imagino tus espacios, y me lleno de ansia por los vacíos, y no es que ame la nada, pero suspiro al deshojar nuestros libros, al ser parte de los antiguos aquelarres: durmiente tras durmiente, se forman los peldaños que brincan del anhelo al deseo: ¿Será ese el paraíso?
De verdad no recuerdo, no sé de ti... menos de mi, no se el sabor de tus pasos, ni el olor del desfiladero de tu espalda; y con la mañana he de saber, y entonces recordaré.
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Ilustraciones de Alma de Juguete por: Enrique Zaragoza
Este soy yo...
DE MI han dicho...Nació envuelto en la terrible sospecha del ser humano —él siempre quiso ser árbol, águila o imagen tras el espejo— un 13 de diciembre de 1972, en la ciudad más avasallante y más hermosa del mundo: el Distrito Federal.Desde pequeño creció con lunas en los dedos e ideas itinerantes colgando del cabello, ávido lector de tiras cómicas y de cuentos infantiles permitió a los seres mágicos, divinos y leviatanes arrullarse en su cama tras el profundo canto de las sirenas.Creció, y mientras decidía que hacer de su vida, en cada luna llena besaba las almohadas imaginando al amor de su vida. Por fin, una mañana decidió estudiar derecho, algo que le salió muy chueco porque abandonó la carrera para estudiar periodismo, dando por concluidos tales estudios en el PART, a la vez que rocanroleaba como oso en brama tras una batería.Años más tarde decidió llevar la música en sus adentros y trabajo como negro en la redacción del departamento de cultura de Radio Educación (de vez en cuando se aventaba un palomazo como productor del programa “Su casa y otros viajes”), todo esto sucedía mientras estudiaba un diplomado de Literatura y Periodismo en Casa LAMM. Las letras —aún las de pago— siempre le han perseguido, al igual que la radio, por tanto, trabajo como productor de la serie “Impulso Humano” en Radio Universidad, no sin antes pasar por la Subdirección de Logística Informativa del GDF, algunas agencias de publicidad y la coordinación de medios de IH, A.C.Por fin, el 12 de noviembre del 2005, su destino le alcanzó y se puso a escribir como secretaria ejecutiva después de una huelga, y dio a luz a varios chamacos, y con el único fin de darle de comer a su prole, actualmente se dedica al desarrollo de documentación administrativa para diferentes empresas y alguno que otro trabajo de producción en audio (es cierto, en México vivir de las letras, que no sean de pago, está de la China Hada).Por cierto, el nombre de sus chamacos son:* El eterno idilio entre las mariposas y las hormigas, 2007.* La caída de la luna, 2006. Noveleta rosa.* Alma de juguete (anhelos para el niño que nunca debiéramos olvidar), 2006. Cuentos ¿infantiles?* Egomanias y la Llantitos (cuento – lógia), 2006. Recopilación de 20 años de cuentos darkys y existenciales.La mayor parte de las veces me llaman ¡Hijo de la chingada! ¡o de tu madre!, bueno, la mía... aunque últimamente me he aficionado a ese término tan común y que sólo me sabe si proviene de sus labios y que juntos creemos es para toda la vida (chance y para algunas más).En fin, que de mi la gente puede decir todo y a la vez nada, tengo muchos nombres, lo cierto es que tengo buen corazón aunque lo disfrace de mil y un calamidades...

















