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miércoles, 25 de junio de 2008

Panfleto La Caída de la luna


Historia de café



En una cafetería
una mujer
llora tristemente,
sus lágrimas salan el expreso
y entre sus manos
un papel tiembla.

Los claveles
del florero
se enternecen de su dolor
mientras
la silla se infla
para hacerse más confortable,
la mesa se acongoja
y con un guiño
quiere
hacerle sentir bien.
Pero las lágrimas
no paran.

Saca una moneda
y la pone
sobre la mesa.

Lentamente
se incorpora
y
toma dirección
de la salida.

Al abrir la puerta
siente
el golpe de la lluvia
y al frío soplando.
Camina
en un abismo
con el agua escurrida.

En la mesa
la hoja de papel
decía:

"Murió pidiendo le perdonaras
por haberte amado tanto..."

Encuentro



...:

- ¿Por qué te recuerdo?
- Tal vez, aún te quiero.
- ¿Por qué escribo a cerca de ti?
- Es que aún te recuerdo.
- ¿Por qué no pienso mas que en ti?
- A lo mejor... estás presente en mí.
- ¿Por qué te perdí?
- Es que... aún no estaba preparado para amarte.
- ¡¡Adiós!!- corriendo y llorando. ¡Snif!
¡¡Lo siento!!- gritando. En voz baja:
- Siento haberte amado a lo loco.


_¡¡¡ Fin de la hora de visitas!!!
_¡¡¡A su cuarto pinches loquitos!!!

El eterno idilio entre las mariposas y las hormigas [Fragmento]


— Por cierto, ¿cómo te llamas? —pregunto mientras desesperado fuma su cigarro—.
— Jorge —aspira el humo de su cigarro, se ve más tranquilo—.
El Gordo le arremeda por la espalda. Se seguirá pitorreando a sus costillas y algún día Jorge hará lo mismo con un chavito fresa de servicio social.

[Ruido blanco].

“Drive away and it's the same
Everywhere death row, everyone's a victim
Your joys are counterfeit
This happiness corrupt political shit
Living life like a comatose
Ego loaded and swallow swallow swallow
Under neon loneliness motorcycle emptiness
Under neon loneliness everlasting nothingness.”


— En estado de coma, vivimos del ego, cargándolo, solventándolo y guardándolo en el buró de al lado de la cama y algún día nos damos cuenta: nunca hará las simientes de una nueva vida. Probablemente, es una parte de nosotros que deberíamos olvidar con más frecuencia. De las ondas pasadas The Manic Street Preachers, la canción Motorcycle Emptiness. Les recuerdo los teléfonos del cuarto de sorpresas 52393540 y 41. Hablen, tiren una moneda al aire y pidan un deseo: la luna siempre está dispuesta a escuchar. [Pausa]. Cuando encontramos o reencontramos a alguien es inevitable la sensación de incredulidad, de fantasía. Y es natural, el golpe de los recuerdos y las vivencias pasadas nos hacen vibrar alrededor de la sorpresa, y por qué no, de un poco de miedo, el cual, nos hace ver sombras en la oscuridad. Pero, de algo estoy seguro, siempre encontraremos un destello en la inmensidad del infinito que pasa a través de nuestra existencia con el único fin de llevarnos por el sendero del cambio. Se quedan con James y She’s a Star. [Identificación: La caída de la luna].


“She's been in disguise forever
She's tried to disguise her stellar views
Much brighter than all this static
Now she's coming through
Oh no, she knows where to hide in the dark
Oh no, she's nowhere to hide in the dark
She's a star
Don't tell her to turn down
Put on your shades if you can't see,
Don't tell her to turn down,
Turn up the flame.
She's a star
It's a long road
It's a great cause
It's a long road
It’s a good call
You got it
You got it,
She's a star."

Lo único malo de estar encerrado en una cabina de radio es que no puedes ver el cielo ni las estrellas y pareciera que la existencia se te va de largo. Los sinuosos pasillos, la enredadera de la información encerrada entre estos muros, ¿cuántas vidas se consumen bajo las antenas que hacen posible cada emisión? De arriba abajo, escalón tras escalón. ¿Son las mismas estrellas bajo el mismo cielo para los dos? Cuántas veces no he soñado mi mano estirada, con el cobijo de la noche, depositando un deseo a tu lado y dibujando una sonrisa entre tus sueños para saberte feliz.

¿Sabes? Cuentan los operadores y los ingenieros de transmisión que por las noches, cuando se terminan los programas en vivo, se pueden escuchar susurros y el teclear en las computadoras. En algunas estaciones, afirman, se pueden ver personas o fantasmas o entes vagando por las oficinas vacías.
Cómo Juan José, ejecutivo de ventas de la estación. Desde que su esposa lo abandonó por un hombre más joven se dedicó a trabajar duro, terminaba su jornada cerca de las doce de la noche. Yo creo que le daba pena o coraje llegar a su casa y encontrarse solo. Murió de un paro cardiaco. Lo encontraron sentado frente a su escritorio. Ahora, los operadores dicen que escuchan el ruido de la fotocopiadora en su oficina o el sonido de los pasos ir y venir, igual que cuando Juan José trabajaba hasta tarde.
Parece un cuento de fantasmas. Lo cierto de todo es que las palabras se encierran entre los muros. Las vivencias y las emociones generadas se aprisionan entre los controles y las paredes. A veces, creo las historias se esconden entre los cables y los micrófonos esperando a ser contadas.

Desde ese día, sí, cuando nos reencontramos, aparece en mi el deseo de contarte como nos conocimos, para no olvidarnos, para no repetir los errores que antes dejaron un hueco en la existencia de cada cual. Por eso es que te escribo, te escribo letras gastadas sobre un papel, por eso te busco entre las líneas y la cadencia de un sueño fomentado desde niño: me encantaría ser escritor de los buenos.

¿Crees que algún día, alguien contará nuestra historia? ¿Seremos una historia viajera en el tren de la vida? ¿Pertenecemos al mismo tren desaforado sobre las vías de un amor de contrabando? Por eso te guardo y te platico por el micrófono, para encerrar esta historia entre las cuatro paredes de esta estación, con suerte, un día, estando apagada la radio escuchemos el sonido de ese día cuando la luna se cayó y lleno nuestras vidas.

Tomo un sorbo del café, liquido aromático mensajero del sabor de tus labios y del color de tus ojos expresivos, retóricas ventanas de tu alma.

— Vas mi hermano —dice el Gordo entretenido con los mensajes de su celular—.
— Por cierto, regálame otro cafecito, ya sabes sin azúcar y de la jarra de la oficina, no me vayas a dar de la maquinita.
Pido, a la vez que le extiendo la mano con mi taza vacía, pero llena de besos alrededor, en la orilla. Lo juro, en cada trago siento el calor de tu boca y la tersura invitante de seducirte, de tocarte, de acercarme a tu cuerpo de manera lasciva y hacerte mía y ser tuyo hasta el límite del deseo.
— ¿Algo más? Soy tu mandadero, no cabrón —alega y estira la mano y se encamina a la salida de la cabina, haciendo aspavientos y muecas con la boca—.
— Por favor, y si está bien caliente, mejor.
Tengo tus ojos cual obsidianas en el iris, reflejando las imágenes de cada vez que nos vemos, te llevo tan presente tan conmigo tan como tú: eres todo, mi día y mi noche y mis espacios y mi único silencio y el despertar a una nueva forma de vivir.

[Golpe]. [Identificación: La caída de la luna]. [Abres micrófono y entra locutor].

La estructura del beso


La estructura de un beso es la dilación del tiempo,

es el rito,

es la sujeción del alma,

humedecer las entrañas,

hacer la carne blanda.

La estructura de un beso es el preámbulo al ansia de morir,

de ganas,

de lujuria,

de deseo,

es sentirse libremente preso...

viernes, 20 de junio de 2008

Fragmento del 1er capítulo de campaña de prevención VIH-SIDA


Op. Entra Música [identificación de campaña] a P/p y bajas a fondo.
Entra Locutor institucional.
Loc Inst.
Esta es una producción de Visión Mundial de México, A.C. con el fin de crear conciencia sobre uno de los problemas que aqueja tu comunidad: El contagio del Virus de Inmunodeficiencia Adquirida (VIH) y su sintomatología el SIDA.

Lo que escucharás a continuación son historias verdaderas que suceden con frecuencia en cualquier comunidad de la República Mexicana.

Los nombres de los personajes han sido cambiados por el respeto que nos merece cada una de las personas involucradas en la Trama.
Op. Sube Música a P/p y mantienes para hacer cross con música de historia.
Op. Efectos de ambiente a P/p. Va a fondo. Entra Loc.
Loc. Inst.- Carlos camina por alguna vereda mientras recuerda aquel día saliendo de la escuela…
Carlos (Voz de joven como de 17 años, gritando).- ¡María, María! ¡Espera, por favor!

María (voz de mujer joven como de 15 años).- ¿Sí?

Carlos (agitado).- ¡Hola!

María.- ¡Hola, Carlos!
[Silencio]

María.- ¿Qué quieres? Acaso me detienes para quedarte callado. Perdón, pero llevo un poco de prisa.

Carlos (nervioso).- Es que… es que… (Rápido) ¡Quiero ver si me permites acompañarte a tu casa!

María.- ¡Y ora tú! ¡De veras que estás raro! Si siempre nos vamos juntos…

Carlos.- Es que hoy es un día especial, muy especial…

Loc. Inst.- Los detalles de esa tarde se agolpan en la memoria de Carlos, el olor de la hierba inundando cada ladera, al sol traspasando con sus rayos el follaje de los árboles y despuntando cual cristales sobre el rostro de María.
Op. Se oyen pasos que se detienen
Loc. Inst.- Carlos se detiene y…

Carlos (ansioso).- ¡María!

María.- Mande…

Carlos (sorprendido).- ¡De verdad que te ves hermosa!

María.- ¡No seas payaso!

Carlos (tierno).- Sí, eres muy bonita y pues (pausado) yo quería decirte…

María (juguetona).- Eso quiere decir que ya no me vas a decir…

Carlos.- ¡No!

María.- ¿No?

Carlos.- ¡No me confundas! (decidido) ¡Quiero que seas mi novia!

María.- ¡Por fin! ¡Hasta que te decidiste!

Carlos.- Eso quiere decir…
Op. Se oye un beso
Loc. Inst.- Carlos siempre recuerda con ternura ese día en que comenzó su noviazgo con María. De eso hace ya dos años. Se sienta junto al árbol que divide el camino, esta sumido en sus pensamientos. Cuando…

Francisco.- Hola, Carlos.

Carlos (desganado).- Hola, Francisco.

Francisco.- ¿Sucede algo? Te ves desganado y triste.

Carlos.- No es nada, a lo mejor y tanto calor me abochorna.

Francisco.- En serio, si en algo puedo ayudarte, ¡sabes que puedes contar conmigo! Sea lo que sea. Somos amigos, ¿o no?

Carlos.- Desde chavales.

Francisco.- Sí, tú siempre en problemas y yo tratando de ayudarte (ríe).

Carlos.- Cierto. (Preocupado) Tú, ¿qué sabes del VIH y el SIDA?

Francisco.- No mucho pero, ¿por qué la pregunta?

Carlos.- Pues como sabes María y yo somos novios, y la verdad estoy muy enamorado de ella y…

Francisco.- De seguro te quieres casar con ella.

Carlos.- ¡Pues sí!

Francisco.- ¿Y eso que tiene que ver con el SIDA?

Carlos.- Tú mejor que nadie sabe…

Francisco.- ¿Yo?

Carlos.- ¡No te hagas! Acuérdate de nuestros días de parranda, aquí cerca, por la cañada…

Francisco.- ¡Cómo no me voy a acordar! Si por esos días (pícaro) fue cuando te iniciaste en los caminos del amor…

Carlos.- Pues eso, eso mero las relaciones sexuales que tuvimos con aquellas muchachas no eran por amor, ¡sólo placer y curiosidad!

Francisco.- ¡Fueron calaveradas de chavales!

Carlos.- Sí, pues esas calaveradas me tienen con el alma en un hilo.

Francisco.- No te entiendo.

Carlos.- ¡Sí, a aquellas muchachas no las quería y a María la amo!

Francisco.- Sigo sin entenderte.

Carlos.- Aquellas veces, tuve relaciones sexuales sin utilizar condón

miércoles, 4 de junio de 2008

Esbozo



Aparece,
cada noche,
en la espiral del deseo,
en el laberinto de la piel,
de todo aquello que vivo
y que no veo.

Aparece en el silencio,
en la bocanada,
tras el vacío de la despedida,
en lo repleto de la nada,
tras la muerte de un beso,
y la vida entre tus labios encerrada.

Aparece,
el esbozo de la pareja que somos en mi mente.

lunes, 26 de mayo de 2008

Telegrama corto



(comillas) Cada loco con su tema (se cierran comillas) (punto y aparte)


(puntos suspensivos) Impredecible (punto y aparte)


Yo (puntos suspensivos) Loco (punto y aparte)


El amor (puntos suspensivos) Sin rumbo (punto y aparte)


(se abre admiración) Bonito triángulo amoroso (se cierra admiración)


Lástima de bobos (punto y aparte)

Atentamente
Uno de los bobos
(punto final))

martes, 20 de mayo de 2008

La venida del Señor


— Buenas tardes amables pasajeros, tengo 33 años y estoy muriendo de cáncer —dice levantándose su playera roja— llevo tres días sin comer y aún no he podido tomar agua, donde vivo no hay agua.
Golpea su vientre con la palma de la mano. Suena al sonido de los huesos, sin piel, que chocan bélicos y vencidos por la lucha por la vida. Su torso es una marimba con pellejo sucio. Las escaras de la mugre se confunden con los tonos marrones de una epidermis enferma.

Son las 2:30 pm. y el metro se mueve llevando a cada usuario a su porvenir, pareciera que existe una estación destino cual dulce envoltura de la cotidianidad de todos los que habitan ésta ciudad de sueños despejados y de la desesperanza.

— Próxima estación: Colegio Militar.
Se escucha por la bocina de los nuevos trenes. Estos vagones de calidad de importación [son franceses y españoles] llevan en sus costillas de metal a estudiantes, abuelitos, amas de casa y alguno que otro valiente que decide afrontar el reto de la rutina: desgastarse físicamente por unas cuantas monedas y venderse al mejor postor con tal de tragar.

— Si alguno de ustedes trae un bote con agua y ya no se la va a tomar, ¡no la tire! Con gusto yo puedo tomarla.
Las palabras caen de su boca con letras desiertas y desgastadas, secas. Tiene los labios blancos y la saliva espesa. Se recoge su larga cabellera con la mano sucia mientras con la otra se abraza a un tubo de en medio del vagón.

— La verdad yo no sé robar. Lo he intentado y lo único que he podido hurtar son las palabras que me mantienen vivo— entreteje aire en su pecho y alza la voz— esas palabras no son mías, son los cristales opacos y traslucidos que alguien con mejor cabeza dejó caer sobre una hoja en blanco.
Recita:
Igual que los cangrejos heridos
que dejan sus propias tenazas sobre la arena,
así me desprendo de mis deseos,
muerdo y corto mis brazos,
podo mis días,
derribo mi esperanza,
me arruino.
Estoy a punto de llorar.”


Lupita, una anciana con suaves vetas en la piel suspira y no le quita la vista de encima. Clarito se le ven los recuerdos agolpados en los ojos, a punto de estallar y reventar licuados con el dolor de una vida estéril, de sueños olvidados y deseos apagados en la soledad de su cuarto. Tuvo cuatro hijos que hoy no ven por ella. Tuvo cuatro hijos y jamás conoció un orgasmo.

Él se balancea de tubo en tubo, entre los asientos de crudo acero, limpiando con su vieja playera roja las huellas de todos los que pasan por ahí. Llega al extremo de un vagón.

— Próxima estación: Normal.
Se escucha por una bocina de los nuevos trenes.

Impone el sentimiento en su voz y recita:
“¿En dónde me perdí, en qué momento
vine a habitar mi casa,
tan parecido a mí que hasta mis hijos me toman por su
padre
y mi mujer me dice las palabras acostumbradas
?”

Jaime sucumbe desparramado en su asiento. Hace años que no siente amor por su mujer, ya no le inspiran sus curvas ni sus grandes nalgas ni sus tetas abultadas, ahora caídas por la gravedad de aquella vida de rutina y costumbre apelmazada con las obligaciones que nunca quiso contraer. La existencia de sus dos hijos, de cinco y diez años, le recuerdan a diario el destierro de su más grande sueño: ser veterinario.
Día a día, Jaime, trabaja de obrero y rola turnos. Sabe que cuando trabaja en la noche su mujer abre la puerta y sus piernas a Carlitos, el hijo de 16 años de la vecina del nueve. A Jaime le vale madres, lo tolera porque con eso evita montar a su esposa.

— Próxima estación: San Cosme.
Se escucha por otra bocina de los nuevos trenes.

Pegado a la puerta, se amasa el sarro de los dientes dando forma a sus ideas. Recita fuerte y rítmico:
Me recojo a pedazos,
a trechos en el basurero de la memoria,
y trato de reconstruirme,
de hacerme como mi imagen.
¡Ay, nada queda!
Se me caen de la mano los platos rotos,
las patas de las sillas, los calzones usados,
los huesos que desenterré
y los retratos en que se ven amores y fantasmas.

¡Apiádate de mí!
Quiero pedir piedad a alguien.
Voy a pedir perdón al primero que encuentre.
Soy una piedra que rueda
porque la noche está inclinada y o se le ve el fin
.”

Heriberto se adhiere al piso del vagón y la memoria le hace ver como sus sueños se desmoronan, desgajándose cual yermo aplanado en una pared vieja de adoquines ocres humedecidos. Siente el peso de su falsa promesa, a sus años, no es alguien ni tiene nada que ofrecer, lo peor es que ni a él mismo. La envidia lo corroe lacerando su mullido cerebro. Siempre quiso hacer poesías como Sabines, tener muchos libros publicados y vivir de sus letras. En este día siente la L sobre su frente: va camino a un trabajo que necesita para pagar sus deudas, pero que nunca lo llenará.
Heriberto, se repliega en su interior buscando la razón por la cual su vida no es como siempre la soñó. Dejó la universidad, sigue siendo el mismo buey abrazado a la quimera de vivir del R&R. Pareciera que su vida es la eterna imposibilidad del ser. Quisiera hincarse y pedir perdón por algo que hizo y le ha acarreado tal karma. Siente la vacuidad en su sangre y desearía encontrar a Dios para pedirle una oportunidad de ser feliz, muy feliz; tanto como para sentir mariposas en su cuerpo. Está hasta el moco de ésta puta realidad de mierda. A veces ser autosuficiente lo sería todo. Ser escritor y llevar el pan a la mesa con el sudor de sus letras. Pero no, él no es alguien, parece el sueño loco del personaje de alguno de sus escritos:
— ¡Mierda! —dice aferrado al piso del tren que lo lleva a derrumbarse en su castillo de sal que él mismo inventó para huir de este mundo— ¡esta vida es una mierda!

— Próxima estación: Revolución.
Se escucha por otra bocina de los nuevos trenes.

Con su larga cabellera enredada a sus palabras, se deja caer en hinojos, retorciendo con fuerza su playera roja mientras una mueca de dolor asoma en su cara. Con voz apagada recita:
Me duele el estómago y el alma
y todo mi cuerpo está esperando con miedo
que una mano bondadosa me eche una sábana encima
.”

Comienza a babear cerca del piso. Heriberto se acerca. Lo ayuda a levantarse. Saca de su morral un envase con agua y lo deposita en las manos de aquel pobre canceroso que toma agua desesperado. Cierra la botella y con un gesto de amabilidad toma por el hombro a Heriberto:

— Gracias hermano —dice fuerte y claro— ¡bendito aquel que da de beber al sediento porque de él es el reino de los cielos!
Se aferra al pasamano y un suave resplandor ilumina su cara:

— Yo soy Jesús Cristo y he venido a traer un mensaje de amor. Ésta es la última venida del Señor. Yo soy aquel que te librará del tedio y del yugo de ti mismo – levanta la mano con el índice encendido en flama— por mí hablaron los profetas y trajeron el primer mensaje: “Ámense los unos a los otros como yo os he amado”.

— ¡Estás loco! —grita un fulano de tal escondido en el anonimato—.

— Yo soy Jesús Cristo y he venido a hacer la revolución, soy el hijo de Dios que comparte la pobreza de su pueblo: México. He venido a compartir el sufrimiento de los humildes por amor. Traigo el mensaje para el fin del mundo, el Apocalipsis ya está aquí, hoy y ahora. ¡Benditos los que vibran al ritmo del planeta! ¡Bendito mi pueblo! ¡Benditos los mexicanos!

— ¡Crucifíquenle! —vocifera el mismo fulano—.

— ¡Bendito el que reniega del Señor porque ejerce su libre albedrío! ¡De él es el reino de Dios! La razón es el arma más poderosa y la bondad adelgaza las dificultades. Por eso estoy en México, nací en este hermoso país porque en el hay gente buena y llena de gozo: ángeles caídos, fénix resucitados de sus cenizas. Nací mexicano de tierras llanas y bajíos, de serpientes sierra y águila en su nido. Vengo del agua a traer un nuevo evangelio: ama a un hermano o hermana como a ti mismo, sólo por un día y al día siguiente has igual. Comparte el pan, ama los defectos de aquel que viaja a tu lado por los senderos de la vida.

— Próxima estación: Hidalgo.
Se escucha por aquella bocina de los nuevos trenes.

— ¡Crucifíquenle! ¡Póngale su corona de espinas!

— ¡Ya cállate cabrón! —grita emputadísima una señora— si se cree Dios cuál es el pedo, no te hace ningún mal.

— ¡Crucifíquenle y píquenle el costado!

— ¡Qué cierres el hocico! —dice una abuelita con las lágrimas vivas en los ojos—.

— Mamá, ¿él es Dios? —susurra una niña— ¿por qué no está en la iglesia?
— Porque Dios está en todas partes.
— ¡Voy! Hasta en el metro —arremeda la niña en tono de sorpresa rosa como su vestido—.

— Soy Jesús Cristo y estoy muriendo de cáncer, vivo en un registro de luz de la Alameda Central. Dejo que los niños vengan a mí. Ahí nunca hay nada, ni comida ni agua, sólo amor. Soy Jesús Cristo, mexicano de nacimiento y estoy muriendo de cáncer, siento que mi estómago desaparece, mi cuerpo espera con miedo el momento de mi pasión.

Abre los brazos en señal de su cruci - ficción mientras el fulano de tal se acerca vestido de blanco y sin más le arrea una bola de chingadazos mientras grita: “¡Cállate, cabrón, cállate!”. Unos muchachos se unen al fulano de tal y entre puñetazos y patadas. Lo bañan en sangre.

— Próxima estación: Bellas Artes.
Se escucha como una llamada desde el cielo.

— ¡Déjenlo! ¡Déjenlo! —desesperadas varias mujeres gritan— ¡lo van a matar!

— Llegó el Apocalipsis, el fin del mundo… Yo soy Jesús Cristo— levanta la voz desesperado sin cubrir su cuerpo—.

Heriberto abre los ojos y se da cuenta que Jesús Cristo con su envase de agua baja del vagón para desaparecer entre la multitud. El metro arranca. Pensativo se dice:

— Me cae que cada quien lleva su Apocalipsis en la cabeza. ¡Qué pendejo tenía que bajar en Bellas Artes!
Sonríe. Al menos ya sacó tema para “La cucharita del crack”

viernes, 16 de mayo de 2008

Visión


Hace años
levanté
los ojos y vi
como cuerpos femeninos
y
masculinos
hacían el amor
en el universo.

¡Se veían
tan gozosos!

Levitaban
a la vez
que se decían palabras de amor.

Era
algo raro
verlos brincar
al filo de la luna
acariciándose
risueños,
orgiásticos.
De cada roce
salían chispas
que se convertían
en estrellas
de cada penetración
un cometa.

Dejaban
el olor del sexo
entre el rocío
de la fresca
noche,
volaban abrazados
dando giros,
haciendo espirales.

Impregnaban
su dependencia
en la quietud
de la alta madrugada.

¡Eran tan felices!
Podía escuchar
sus risas juguetonas
provocando al eco.
Y al mar
vi crecer
para alcanzar
algún polvo
de pasividad.

Eso fue hace tiempo
cuando todavía
había
cuerpos
en el firmamento...

martes, 6 de mayo de 2008

Llamadas del caos

* 777-77-77. ¡Ringg!
- ¿Bueno?
- Disculpe, ¿está Dios?
- En este momento está en una junta.
- Es urgente.
- Lo siento, pidió no ser molestado.
- ¿Qué hace?
- Planea otro mundo dónde no exista el hombre

* 222-22-22. ¡Ringg!
- Hola.
- Hola.
- Te amo.
- Yo también.
- Te extraño.
- Yo también.
- Lo eres todo para mi.
- Igual tú para mi.
- Te deseo.
- Yo también.
- Besos, amor.
- Mil más.
- Nos vemos.
- Al rato.
- ¡Chao!
- ¡Adiós!

* 999-99-99. ¡Ringg!
- Buenas noches, ¿disculpe se encuentra...? ¿Eres tú?
- Sí, ella habla.
- ¿Cómo has estado?
- Bien. ¿Tú?
- Existo ¿Sigues escribiendo?
- No he escrito últimamente, desde hace unos años.
- ¿Tus seres de sueño?
- En mi mundo color rosa.
- ¿Sabes? He intentado convertirme en ángel.
- ¿Y...?
- Te estoy hablando desde mi paraíso negro.

* 333-33-33. ¡Ringg!
- ¿Bueno?
- Comuníqueme con Dios hijo.
- ¿De parte de quién?
- De Dios padre.
- Un segundo por favor.
- Hola Padre en qué puedo servirte.
- Sabes Hijo, he estado pensando en destruir la creación.
- ¿Porqué?
- He estado viendo la tele y los hombres están densos. ¡Me tienen harto!
- Creo que es un malestar normal.
- ¿A qué te refieres?
- Es como si vieras el espejo. ¿No los hiciste a tu imagen y semejanza?
Al otro día voló una paloma anunciando el suicidio de Dios padre.

* 111-11-11. ¡Ringg!
- ¿Disculpe se encuentra xy?
- Sí, él habla.
- Habla xx.
- ¿Quién?
- Creo que no te acuerdas de mí. Soy una compañera del trabajo, ¿recuerdas el brindis de fin de año?
- Por supuesto, ¡qué bien la pasamos!
- Hablo para decirte que mi pareja me contagió de SIDA. Lo más probable es que tú lo tengas. ¡Suerte!
- ¿Qué?
- ¡Lo siento!
- Espera...

* 555-55-55. ¡Ringg!
- Estoy excitado.
- ...
- Necesito estar entre tus nalgas, lamer tus senos y la grieta húmeda acariciante.
- ...
- ¿Estás ahí?
- ...
- ¡Te dormiste otra vez en el teléfono!

* 666-66-66. ¡Ringg!
- ¿Esta Luzbel?
- Yo soy.
- Te extraño.
Me haces falta para complementarme.
- ¿Quién habla?
- Lamento haberte arrojado del paraíso.

* 444-44-44. ¡Ringg!
- Por favor con Van Gogh.
- Sin lóbulo pero yo soy.
- Hablaba para decirle que yo si hubiera comprado sus cuadros.
- ¡No puede ser otro crítico mamón!

* 888-88-88. ¡Ringg!
- Blanca Nieves, ¿eres tú?
- Sí.
- ¿Podemos ir esta noche?
- Sí, el Príncipe salió de viaje. Vengan los siete. Tenemos dos días para los ocho solos.


lunes, 28 de abril de 2008

La caja que queda después de la caída de la luna





Origen


Una espera
la suma suelta.


Anhelo de madrugada
tu, desnuda sobre la almohada.
Y en mi asiduo despertar
me torno serenidad
esperar es origen de nuestra eternidad.

jueves, 24 de abril de 2008

El grito (Egomanías y la Llantitos)




— ¡A la chingada! —grita Ego mientras se balancea peligrosamente en la orilla de la azotea de Palacio Nacional esa mañana fría del 31 de agosto. El viento sopla. Deshace el peinado y ondula la bandera del zócalo, la sacude al igual que las ideas del hombre de traje que está en la cornisa.

— ¡Somos muertos! —piensa Ego en el límite— ¡apestamos! Vivimos en la red del inframundo que se teje entre edificios y avenidas —la corbata le golpea la cara repetidas veces— somos muertos con hambre de nuestros restos. ¿Cuántos latidos formaron en miles de años esta ciudad dónde se cantaba a la libertad y a la belleza? ¿Quedó algún sollozo de la armonía? ¿Quién manipula las esperanzas de un pueblo en beneficio propio? No lo sé...

Por primera vez en este sexenio la vista del primer cuadro del Distrito Federal se le hace algo placentero. Justo encima del balcón presidencial la perspectiva es excelente, el sincretismo de lo prehispánico—colonial y lo urbano es una de las siete maravillas de la época postmoderna, se lo dicen la Catedral, el Templo Mayor y la punta de la Torre Latinoamericana que con grandes números le hace saber que son las diez de la mañana.

A esta hora debería de estar trabajando en la oficina sobre la redacción y contenido del informe presidencial, es un alivio no tener que disfrazar los problemas del México de los muertos, que como él, viven al día entre lamentos por la polución, la crisis y una situación extrema que en algunas partes de la provincia se deja sentir con levantamientos armados por el cúmulo de injusticias, hambre, opresión, miseria e intereses creados, deshumanizados.
Por eso estamos muertos— exclama dentro de sus divagaciones— hemos perdido la conciencia de exigir nuestros mínimos derechos en una “tierra bárbara”, como la denominó Kenneth Turner en el año de 1911. La espiral concéntrica de la historia está reproduciendo las causales de la primera revolución del siglo veinte pero con la influencia de las tendencias globalizadoras— el cuasi suicida se encabrita, la corbata le hace palmadas en las mejillas por el viento— según Turner los mexicanos comenzaríamos una lucha en favor de la democracia gracias al paternalismo de un gobierno que no tenía contrincante en las elecciones y se reelegía en una dictadura. El Pueblo de fin de milenio lucha contra una democracia unipartidista. A principios de 1900 se sufría una esclavitud física y gracias a la modernidad heredamos de la intervención norteamericana la dependencia económica, somos esclavos de los valores. Algo sigue constante: México tiene una Constitución y leyes justas pero una población ignorante de sus derechos.

Los clásicos curiosos se aglomeran frente a la entrada del edificio, observan con detenimiento a un tipo de traje oscuro que tratando de mantener el equilibrio hace aspavientos:

— ¡Un loco!— alguien grita.
— Está limpiando la fachada.
— ¡Qué güey eres, va a brincar!— comentan dos “aguacates” de cualquier secundaria pública.
— ¡Virgen de Guadalupe!— se persigna una abuelita.
Un policía militar corre hacia adentro para dar aviso mientras otros van con dirección a la puerta para evitar cualquier tipo de desmanes.

Ajeno a esto, Ego se abstrae aún más:
— Todo en esta vida se repite, es bueno luchar por nuestras garantías pero no con violencia. Lo último que necesita este país es una revolución armada. Desearía tener el ingenio de Kafka para mandar un aviso a mis conciudadanos: "Queridos compatriotas, pueden pasar a mi pequeño departamento ubicado en Antonio Caso número 91, colonia Tabacalera, por rifles que disparan corcho para luchar por los derechos de las personas que habitan en este territorio denominado Estados Unidos Mexicanos. ¡Unámonos por un México mejor! Entablemos la guerra ideológica contra la corrupción, la represión y el mal gobierno. Votemos por una alimentación y educación digna. Nota: Algunos rifles necesitan aceitarse”.

¿Cuál es la ubicación del punto donde coinciden lo imposible y lo creíble?— se cuestiona ante la vista de una ciudad de muertos, frente a las ruinas de un pasado común— ¿No es cierto que la tierra es la misma para todos?, ¿no lloran los nopales por la desigualdad en el islote?, ¿se nos ha olvidado que provenimos de un sólo grano de maíz y que nos aulló el mismo coyote para despertar a la vida entre cantos de libertad? Mi memorando no obtendría respuesta. ¡No existe la unión!, por esa razón fuimos conquistados y seguiremos sometidos a un yugo, ¡por eso estamos muertos!— vitupera exaltado— no hay conciencia, ni de lo que somos, ni de donde venimos... ¿Algún tiempo pasado fue mejor?— se calma— peor aún ¿existe un futuro prometedor para la ciudad más poblada del planeta?
Una nube oscura baja tranquila, serena, llena de gases tóxicos como para hacerle regresar el sentido común. Siente el vértigo y sus manos sudan frías ante la inconsciencia de este acto: nunca pensó en brincar desde Palacio Nacional, no tiene un motivo o pliego petitorio alguno. La nube se desplaza y los números rojos del reloj Seiko marcan las once menos tres. Una sensación extraña le recorre y por un momento se atrofia la kinestecia, olvida dónde está cada uno de sus miembros sólo existe la fuerza con la que intenta sujetarse de algún lado, cree que la gravedad se lo traga y una parte en su interior se dispara al infinito:
— ¡Va a caer!— ese grito detiene el fenómeno extrasensorial del cual estaba siendo objeto y se da cuenta de la muchedumbre que se ha juntado para verle saltar.

Varios elementos de la policía militar están detrás, sobre la azotea, dentro de sus cavilaciones ha ido descendiendo unas decenas de centímetros hasta colocarse a una mano del balcón presidencial, de donde intentan cogerle para evitar la de ocho en los diarios justo antes del informe. Ego esquiva los brazos y grita:
— ¡Déjenme tranquilo, sino brinco!— trata de mostrar cordura ante la situación.
— ¿Qué desea? Baje de ahí y se atenderán sus peticiones— una voz surge del hueco de la fachada mientras las ventanas del recinto son ocupadas para intentar convencerlo de no tirarse al vacío. Al ver la expectación de su causa viene a su mente el cuadro de una película de Resortes Resortín de la Resortera, Clavillazo, Capulina o Cantinflas, imagina la nota del día siguiente: "Emulando al hombre mosca se suicida desde el edificio de gobierno".

— Díganos qué es lo que quiere— es la misma voz. Lo cierto es que no ha pensado en nada en concreto, desearía tener alguna pena para dejarse caer y aunque nadie lo espera en casa, la soledad no es tan mala, siempre la ha disfrutado. Conoce de la vida los dolores, las alegrías, es lo que es gracias a sus decisiones. Por fin se le presenta la oportunidad de ser escuchado y no se le ocurre nada, paradójico.
— ¿Qué es lo que quiere?— repite la voz con un poco más de autoridad.
Se anima a manifestar:
— ¡Un México mejor!— responde automáticamente, vaya estupidez, pero es cierto, es lo único que desea.
— ¿Qué dijo?— cuestiona la voz sorprendida.
— Lo que oyó, un México mejor— ratifica.
— No lo entiendo. ¿A qué se refiere?
— A eso, al progreso constante de mi nación. A lo que debió de haber sucedido hace mucho tiempo desde que la Revolución estalló: la reestructuración y tecnificación del campo, no hay grandes países sin un campo productivo —la ciudad se aletarga en el sueño de siglos— una pluralidad real, elecciones limpias, la no reelección del partido. La libre expresión y el derecho a la información —la gente se desliza en la plaza principal, despacia, tranquila— justicia social para el trabajador, para el campesino. Vivienda y nivel de vida digno para cada uno de los mexicanos. Una educación actual, real que capacite por igual a los jóvenes de cualquier estrato social, que fomente el progreso y formadora de libre pensadores, críticos y analistas de su momento para beneficio de su país —el ruido de la gran urbe y los impulsos nerviosos le proyectan a la ciudad de los palacios llena de sueños— gobernantes que basen sus decisiones en el bien común y no en intereses creados. Una impartición ecuánime de la justicia. El fin de la impunidad. La creación de un sistema donde la seguridad social sea la base en la que residan los derechos humanos. ¡Sólo quiero un México mejor!

Sabe que sus peticiones no son más que una charla de café de un pseudo intelectual buscando un cambio.

— ¿Cuál es su nombre?— pregunta la voz.
— E...—tartamudea— Eg... Ego... Ego del Pueblo— asevera finalmente cuando una mano le jala la pierna rápidamente, pierde el equilibrio y se proyecta hacia la banqueta mientras piensa: ¿no llora la madre cuando sus hijos se mueren de hambre? ¿No clama el hombre en su desesperación para ser escuchado? Ante la evidencia ¿no son las cuestiones la fortaleza de un pueblo? ¿Cuántos latidos formaron esta nación? ¿Cuántos ríos de sangre? ¿No somos hijos del mismo grano de maíz? ¿No cantó el cenzontle para despertarnos entre himnos de libertad y esperanza? ¿Quién mueve los hilos de esta telaraña para beneficio propio?
— ¡Estamos muertos!— grita antes del impacto.

Los curiosos se arremolinan para ver el espectáculo, el cuerpo inerte sobre un charco de sangre.
— ¡Se mueve!
— Increíble pero se mueve. La policía militar lo recoge y lo traslada al hospital más cercano en calidad de detenido, aún está con vida.
Epílogo

— ¿Qué vamos a decir a los medios, Capitán?
— No sé, para empezar desconéctalo del oxígeno.
— Pero... eso es un asesinato.
— ¿Quieres que te encarcele por desobedecer órdenes de un superior?
— No— el soldado se aproxima, uno a uno, desconecta los tubos de respiración artificial. Ego con el último rasgo de conciencia flexiona su brazo y dice: ¡A la chingada!

domingo, 20 de abril de 2008

Mi infinito más pequeño




Descifrar
el sentido de mi infinito es
desdecir las afirmaciones
del sistema
que me mantiene vivo.

La continuidad de mi espacio.

La dirección intermitente de mis pasos.

El paisaje de mi cuerpo atardecido.

La muerte inminente de los patrones
de los que soy esclavo.

Descifrar
el sentido de mi infinito es
desarticular las ideas
del teorema
que me mantiene vivo.

El dilema de la eternidad

El código de mi trascendencia.

La secuencia de mi mortandad.

El síncope de los sueños que hacen
de la búsqueda de mi infinito
lo único que me mantiene vivo.

La caja que queda después de la caída de la luna







Deseo Ubicuidad



De mis temblores fenece,
mitiga la senda de esta soledad,
vacío oriente al amante que amanece
lacrado cúspide y declive: su fragilidad.

Anhelo tu cuerpo desvanecido,
manantial, presente y sensibilidad,
entre mis brazos pausado, enloquecido,
del instinto envuelto y su conformidad.

Deseo etéreo y estremecido,
batalla y caricia en la intimidad,
el mar de fuego entre tus piernas
abandono en mi olvido entumecido,
de tus labios un te amo:
Beso y templo de mi ubicuidad.




martes, 15 de abril de 2008

La caja que queda después de la caída de la luna

Estampa en el cristal


Me postro ante el reflejo
del complejo articulado
que somos frente al espejo…


Tu cuerpo
convirtiéndose en mi cuerpo,
cada uno de nuestros miembros
transformándose en silencio,
perdernos cada uno en el otro
irrumpiendo nuestro espacio
y nuestro tiempo.


Desfallezco en el momento
en el cual somos reflejo:
dos haciéndose uno frente al espejo…

Descaminado



Estuve buscando
entre mis notas
alguna línea
que me recordara
a qué lugar pertenezco
pero no encontré
ni una sola letra.

Salí
a la calle
para trazar los planos
del lugar que habito
pero nada me resulto familiar.

Los edificios se han movido
y la gente no es la misma.

Sus caras se muestran
endurecidas
con una perdidez en la mirada
que ni Dios es capaz de borrar.

De las flores
no queda ni una frase
todos los poetas se han desflorado
por el otoño sin ideas.

A todos se los ha tragado el mundo.

Los colores
ya no brillan
ni en las películas ni en los pinceles.
Han intentado transformar la vida
pero se han extraviado
en el proceso.

Regreso
alumbrado por el vacío
de los faroles de cada casa
parece como si hubiese dormido mil años.

A todos se los ha tragado el mundo...

Una clase en el paraíso



Don Diablo Sin Cuernos pasea delante de sus alumnas con un libro abierto entre las manos. Enfático recita mientras cae la tarde bañando de centellas rojizas el rostro de las adolescentes:
La verdad, te busco en el universo creado por cada movimiento de tus manos, cierro los ojos y siento en cada rayo solar el calor de tu cuerpo y me acurruco a él como prendiéndome de tu desnudez, de esa sensación de la piel que se absorbe en el cenit y plenilunio de tu amor, en el ritmo de tu cadera: espasmo de tu mente, holgado tiempo de ritmos y silencios confabulados en la búsqueda eterna del placer que se haya oculto entre tu vientre y a punto de estallar”.

- ¡Wau! –suspira Eleanor con las mejillas rojas y sus lóbulos erizos.
- ¡Mega romántico! –exclama Zusu mientras sus pómulos se sonrojan.
Continúa Don Diablo Sin Cuernos poniendo un tono cachondo en la lectura mientras las hojas de los árboles caen despacias:
Estrujo cada gama ultravioleta para hacerme de la vida que encuentro en cada una de tus respiraciones agitadas, entre amores ahogados y sellados con los labios exaltados y llenos de la codicia: numen del advenimiento de dos cuerpos que se anhelan lúbricos, sedados por las endorfinas de un encuentro de años, reconocidos en el único oficio heredado del tiempo…amarse sin recelo hasta saciar sólo para volverse a reinventar en un abrazo”.

- ¡Me puso…mmm! –Niní se roza entre sus carnes de repollo a punto de madurar.
- ¡Está súper excitante! –Lilith se restriega cerca de sus pecíolos que se translucen por su lozana y delgada piel.
Click. Entra despacio Gracia con su Divina silueta contoneándose hasta llegar al maestro:
- Ve cómo las tienes –señala a las alumnas que sienten que flotan por encima de las copas de los árboles, entre las nubes.
- Tú sabes que sólo de esta manera crecen bellas y jugosas –repone el Diablo Sin Cuernos.- ¡Sólo leyéndoles saben!
- ¡Pero son sólo manzanas! –dice Gracia con su Divino semblante atónito.
- Sí, creo que eso es lo único que no saben –inquiere Don Diablo Sin Cuernos encogiendo los hombros.

sábado, 12 de abril de 2008

¿?


“El tiempo se va de largo,
somos el polvo,
la verdad que en mi espalda cargo,
somos la astilla en el ojo
la historia de un tiempo vago,
loco y atropellado”




Soy la pérdida de todo aquello que hago,
tal vez la vida se altera y se va de lado,
generación del mundo en letargo,
soy el periodo muerto a la orilla del vado,
soy el vacío de mi sueño alado,
inocuo,
insípido,
amado…
el paraíso a mi orco encadenado,
el ángel caído
lacerado,
Soy el perdedor,
el vencido en la cruzada
por mi mundo corrompido,
atado,
espasmado,
atardecido,
asfixiado por el aire enrarecido,
revolcado de los mares embravecidos…
soy lo que jamás había sido…
Un hombre claro en su destino.

Ilustraciones de Alma de Juguete por: Enrique Zaragoza

Este soy yo...

DE MI han dicho...Nació envuelto en la terrible sospecha del ser humano —él siempre quiso ser árbol, águila o imagen tras el espejo— un 13 de diciembre de 1972, en la ciudad más avasallante y más hermosa del mundo: el Distrito Federal.Desde pequeño creció con lunas en los dedos e ideas itinerantes colgando del cabello, ávido lector de tiras cómicas y de cuentos infantiles permitió a los seres mágicos, divinos y leviatanes arrullarse en su cama tras el profundo canto de las sirenas.Creció, y mientras decidía que hacer de su vida, en cada luna llena besaba las almohadas imaginando al amor de su vida. Por fin, una mañana decidió estudiar derecho, algo que le salió muy chueco porque abandonó la carrera para estudiar periodismo, dando por concluidos tales estudios en el PART, a la vez que rocanroleaba como oso en brama tras una batería.Años más tarde decidió llevar la música en sus adentros y trabajo como negro en la redacción del departamento de cultura de Radio Educación (de vez en cuando se aventaba un palomazo como productor del programa “Su casa y otros viajes”), todo esto sucedía mientras estudiaba un diplomado de Literatura y Periodismo en Casa LAMM. Las letras —aún las de pago— siempre le han perseguido, al igual que la radio, por tanto, trabajo como productor de la serie “Impulso Humano” en Radio Universidad, no sin antes pasar por la Subdirección de Logística Informativa del GDF, algunas agencias de publicidad y la coordinación de medios de IH, A.C.Por fin, el 12 de noviembre del 2005, su destino le alcanzó y se puso a escribir como secretaria ejecutiva después de una huelga, y dio a luz a varios chamacos, y con el único fin de darle de comer a su prole, actualmente se dedica al desarrollo de documentación administrativa para diferentes empresas y alguno que otro trabajo de producción en audio (es cierto, en México vivir de las letras, que no sean de pago, está de la China Hada).Por cierto, el nombre de sus chamacos son:* El eterno idilio entre las mariposas y las hormigas, 2007.* La caída de la luna, 2006. Noveleta rosa.* Alma de juguete (anhelos para el niño que nunca debiéramos olvidar), 2006. Cuentos ¿infantiles?* Egomanias y la Llantitos (cuento – lógia), 2006. Recopilación de 20 años de cuentos darkys y existenciales.La mayor parte de las veces me llaman ¡Hijo de la chingada! ¡o de tu madre!, bueno, la mía... aunque últimamente me he aficionado a ese término tan común y que sólo me sabe si proviene de sus labios y que juntos creemos es para toda la vida (chance y para algunas más).En fin, que de mi la gente puede decir todo y a la vez nada, tengo muchos nombres, lo cierto es que tengo buen corazón aunque lo disfrace de mil y un calamidades...

Rolas de la banda "Nívola_Cría Cuervos" (Quintanar/Vargas/ Cruz)