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jueves, 19 de agosto de 2010

La caída del muro (el dolor de crecer)


Separo las cortinas de humo que cubren los cristales de mis clisos, mientras las respiraciones entrecortadas dejan volar mis pensamientos, frágiles como las viejas mariposas de alas plateadas que se perdieron en el tiempo de nosotros -cuando jóvenes, cuando viejos-. Recuerdas como nos desgarraba el dolor y el desamparo tendía nuestras camas con la colcha de un futuro caído como el muro que separaba el oriente de occidente. Bloque a bloque, los misiles -con veneno en la punta- se hicieron obsoletos, y nosotros estupefactos vimos como el mundo no paraba en su viaje -tal vez todavía guardaba bajo la manga "algo" con que sorprendernos-. Y el mundo dejó de ser frío... Se envolvió en la calidez de la plusvalía tecnicolor y los abrazos se reforzaron entre metales y billetes verdes; tendríamos que crecer y olvidar los "buenos" sueños de cambiar al mundo: nuestro mundo. Recuerdas como sonaban las entrañas de las guitarras distorsionadas y el vacío en nuestro estómago acompañaba con tonadas de desesperación el llanto por el dolor que provocaba vivir, y los momentos se desvanecían al tiempo que se escurrían por la larga cabellera que nos separaba de los demás, de aquellos que habían decidido entregar las espadas, los micrófonos y las baquetas: ¿Dónde quedó el odio que nos alimentaba y daba fuerzas para un sólo sueño? ¡Dónde!

Fue tan difícil despertar y vernos no tan diferentes, tan iguales a los demás, ¿quién diría que crecer fuera como un gusano deslizándose por debajo de la piel? ¿Quién diría que la sobriedad y las corbatas serían las armas para lograr nuestro futuro? ¡Por qué no mantenerse dormido para siempre! Por qué no soñar por siempre... Recuerdas, recuerdas, nuestras viejas camisas de franela o seda, y las botas negras -hoy grises de tanto polvo acumulado-, el corazón deshecho por la vigilia del amor -la inconsistencia de las caricias por los dedos torpes o los besos sellados con la sangre de nuestras palabras tragadas, de las mordidas rabiosas-. Todo se desmoronó y se expandió como el polvo blanco de las quimeras dentro de los souvenirs que hicimos de nuestros ideales.

Y al igual que los dinosaurios una parte de nosotros se extinguió, al acabar el frío -la glaciación-, y quedamos sin mayor cura que el recuerdo, la imagen de nosotros en el todo de la luna, sintiéndonos vivos y dejando al vuelo nuestros pensamientos transformados en mariposas de endebles alas, tragándonos el amor y el odio... Recuerdas esa sensación de libertad que sólo los ángeles de negras alas tienen... Recuerdas cuando no éramos la mitad de lo que hoy somos y teníamos menos que eso y sin embargo éramos más...


viernes, 11 de junio de 2010

Mi noche, delirio de invención


Hay noches enredadas, de vendajes, de vasallos, de agrias fauces, de labios sangrantes... pero siguen siendo noches. Cuántas putas y sus cristos redentores, cuántos animales y sus fieles domadoras... pero siguen siendo humanos... Tal vez ese es el secreto de las noches y los humanos: transformarse y seguir siendo herejes de su propio testamento.
A lo mejor esa es la esencia de la noche, tu noche, tú noche -es pronombrable transformarte cada que quiero que para eso te he inventado-, ese es el numen colorido: la metamorfosis del ser en noche y de noche los seres transformados en gruesas crisálidas chupa sangre, en mariposas sexuales de encajes multicolores, en dioses taciturnos -arrodillados sobre sus propios ritos-, en luciérnagas apagadas de tanto vacío, en farolas enfermas de tanta soledad. Te pregunto, ¿esa es la noche? ¿Eres tú, noche?
Por eso siempre empieza despacio el rictus de la sombra, para retocarse y enredarse los sujetadores, para aplanarse las transparencias y lamerse las botas en la última plegaria del día: ¡Qué venga la noche! ¡Qué venga ardida de tanta luz! ¡Qué venga y que se vengue! ¡Qué no deje piedra sobre piedra! Que se muerda los labios y se trague sus palabras... sigues siendo una enamorada -de la misma luna de siempre, de las colgantes estrellas, de sus pilares galaxias, de sus bóvedas celestes, de faisanes cometas de plumas ornamento... ¿Eres tú, noche la misma puta enamorada? Por eso te transformas, te crees doncella de virginal sonrisa, de letras sacrilegio y correrías escondidas bajo el angelus de tu civilizada historia -da lo mismo correr para esconderse que tocar la puerta, la acción es la misma-. ¿De quién puedes esconderte si eres la misma noche de siempre? Flagelada, amada, idolatrada, estúpidamente nocturna... ¿En que te convertirás hoy? En hada o lobo estepario, en paisaje o en susurro de plata que brinque el hastío de tu siempre estuario vacío, en dama o en la bestia que te aflige, o serás hombre casado yéndose de lenónidas y salvajes bacanales... ¡esa eres noche! La tatuada en el dolor de la vida, de esta mentira que a diario vivimos y nos amordaza... por eso te transformas noche, por eso cambias el vestuario y el escenario, por eso el uso del lenguaje y de la lengua, por eso te chupas las heridas para aparecer rejuvenecida al crepúsculo, de 20 centurias menos, de miles de besos abandonados a tus garras y a tu suerte... que sería de nosotros sin ti: noche, noche flaca, noche plata, crisálida abandonada, zurrón de los malditos y los poetas, esencia de los calientes y de las bellas, de las seductoras de caricias centella, de las que dejan colgar su cabello por la ventana, de las inteligentes y de las savias guardadas bajo piel, noche olorosa, perfumada en tu propio veneno, aguijón de muerte -de esta bella muerte-, que significa amanecer una vez más para esperar tu transformación, noche... mi noche, -mía que para eso te he inventado y te he llenado las manos de mis amores, aunque sean de lejanos inviernos-.

jueves, 27 de mayo de 2010

Capítulo 4.- Diario de un antropófago


-¡Muévase!

Grita el policía arrastrándome de los brazos y forcejeo para verla en el carmín violáceo que deja la sangre al oxidarse.

- ¡Qué te muevas hijos de la chingada!

Y acto reflejo deja caer su tolete repetidas veces, pero mis ojos no pueden cerrarse ante la imagen de ella, quieta y con la jeta salpicada de gotas escarlatas, que en sus hilos se confunden con el hilvanado, sobre su pecho, de su camisón antes blanco. Ella yace en hinojos sobre el piso y yo no puedo parpadear; mis fanales no ceden ni ante el vigor de cada golpe ni por el molimiento de mi carne. Verla, mientras me arrastra este policía hijo de puta me eriza, me prende, me excita. - ¡Te va a cargar la chingada! Sentía que la cabeza me iba a explotar y los labios hinchados, un madrazo más y no supe más de mí, el tolete me noqueó por completo.

Perdido entre las sombras recordaba mis días como gente normal, cuando necesitaba aquello que cualquiera necesita, evocaba cada momento de cuando era un hombre y no la bestia en que me he convertido, siempre insatisfecho, siempre con hambre y después de esa más hambre… parece ser que todo comenzó con esta soledad, de días grises y faltos de color, con tu olor impregnado a los muros de las calles que siempre recorro en esta hastiada ciudad. Así es como empiezan los momentos que dan pie a las notables circunstancias de la vida, a mareos cortos y pasos sin sentido, pasos unívocos, pasos solos que te conducen por el sendero hasta llevarte a la vorágine de este absurdo que significa estar vivo, ¡pinche soledad!

Sí esa, la de tragos amargos y oblaciones al deseo inconsciente de tu ausencia... Sí, de la falta de ti. Y es que todo inicia con el dolor de no tenerte, de levantarme y ver la nada desplegando su sueño ámbar, con al testa recargada en la almohada de al lado, en el lugar sobre el colchón que en otros días fue tuyo... Todo se sucede con las primeras lágrimas fragmentándose para llenar el hueco que dejas al partir y desaparecer a placer.

Lo cansado son los días, donde segundo a minuto se respira el olor de la vida –cotidiana, pero vida al fin-, y veo pasar a uno que otro enamorado con flores y la sonrisa idiota – en busca de compañía-. Y los envidio por tener la esperanza que yo abandoné a su suerte al filo de la azotea... Miro y miro a éstos que se besan, se toman de la mano para recorrer el sendero que ellos mismos van imaginando sin la certeza de un futuro venidero. Veo aquellos amorosos que se enfadan y rompen sus ritos en busca de hacer las cimientes de su nuevo templo, barrocos de las palabras, churriguerescos de los gestos y sonrisas cursis. A los más que se testerean sobre las ropas, aguijoneando con el veneno de la lujuria la piel bajo los encajes, algodones y trasparencias, esos que blanden las palmas incitando el deseo con la huella de los dedos, partidarios de la eterna búsqueda del paraíso y la pequeña muerte, mientras yo camino con el aviso de la mía colgando de la espalda.

Mi muerte, mi muerte, mi muerte…En mi inconsciencia deseo despertar y el sabor de mis fluidos y mi plasma coagulado en mi garganta me reconfortan. Quisiera recordar a través del mensaje de la sangre cuando fue la primera vez que comenzó todo, cuando decidí que el ser humano es la cura para la soledad… no recuerdo qué me incitó a aliviar el terror al vacío alimentándome de los otros, tragándomelos… no se bien si era miedo o pánico, lo que sí sé es que el terror son las noches cuando a mis 13,333 días; 5 meses; 16 horas; 50 minutos y 44 segundos momentos de vida me descubro abandonado bajo las sábanas, tocándome como perro desencadenado, e implorando –a un Dios que no he conocido en toda mi existencia-, por la textura de tu piel, el sabor de tus labios, la humedad y lo profundo de tu oquedad; del nido que hizo la existencia entre tus piernas llenando cada hendedura encarnada de mi biografía. Por eso me deslizo al limbo de la soledad cuando desapareces y el vacío llena cada una de las expectativas y se hace la sustancia de mi mundo físico. Sí, de ésta, que me mantiene vivo, al menos por hoy.

Escucho en mi inconsciencia:

-Yo no lo quería matar, no quería, sólo me defendía –vociferaba la mujer llena de miedo, harta de todo-, le pedí mil veces que ya no pegara, se lo supliqué llorando, igual, así como me ve, es que, es que, yo de verdad lo amaba, pero el muy puto siempre me pegaba, y más ahora que estoy embarazada. Yo sólo le dejé ir el cuchillo hasta que dejo de moverse, vea usted en los libros hay un acta, no era la primera vez que me pegaba.

- ¡Está bien, mi reina, lo que tu digas! –gritó el MP- Y a ese güey que estaba espiando por la ventana, despiértenlo y déjenlo ir

Y día tras día cual devenir concéntrico sucede lo mismo, y en este estado de extrañeza -de ti, de ti, de nosotros-, me he llenado de un vacío enorme: la vacuidad habita lo mismo que Dios en mis entrañas... Y así es como comienza todo, en el arte estúpido de evocar sin un sentido exacto, sin un límite, sin ti...

Así comienza todo, sin saber si te amo más que a esta nada que llena mis vigilias nocturnas... Hoy ya no sé si vivo por mi, por tu existencia o por esta puta soledad de cagada... Y así comienza todo...

martes, 11 de mayo de 2010

Capítulo 3.- Diario de un antropófago


Sólo la veo pasar con sus facciones finas y su cuerpo irradiando tentación, camina despreocupada, con su cabello rozándole la espalda. Escucho el ir y venir de sus tacones golpeando el piso: ¡taz! ¡Taz! ¡Clac! Se mueve como una serpiente, se mueve zigzagueante, reptante, esperando el momento para seducir a cualquier incauto con sus encantos de mujer altamente sensual -su sexualidad desborda y es inversamente proporcional a su estatura-. Su cabello encarnado y ondulado, su cuello fino predispuesto a trazar sobre su tórax -desafiando a la gravedad- un perfecto par de tetas -que en días-, se esculpen al roce de sus manos, cuando descuidada en la monotonía, las carga con la palma de la mano sin otro fin que la cachondería o el acomodo de su sostén. Cuántas veces la he observado pararse frente al muro o a la orilla de su escritorio, apurada, balanceando su cadera adelante y atrás para alcanzar algo sobre la repisa, o cualquier cosa en el estante. Estoy seguro que mis brazos podrían cerrarse alrededor de su cintura sin ningún obstáculo, y mis dedos podrían hurgar sobre su vientre hasta alcanzarle su entrepierna, mientras las yemas sedientas, enredadas en la yerbera de su pubis, abrirían sus fauces para beber del manantial de su oquedad.

¿Cuántas veces me he tragado mis palabras queriendo hablarle? Sólo la veo venir y se forma una barricada en la garganta con el ¡hola! ¿Cómo has estado? Miles de saludos y ni una palabra se forma entre el espacio de la boca y mis labios... Por eso aquella, Lorena, la de Motolinia, terminó cediéndome sus palabras de poetiza desconocida, acalorada, llena del amor prófugo entre sus labios:

"Sí, entre tus labios
se teje el deseo y la vida,
con la seda de la letras mías,
con el áspero incubado de los cambios,
lejos de mis brazos,
cerca de aquellos que mueren por la carne y por tus senos,
mientras yo fallezco si te miento:
¿Cuánto deseo hay en mi cuerpo encerrado?
¿Cuánto deseo me provoca tu cuerpo enmarañado, tan osado, tan perfecto?"

Ella me mira estupefacta -no Lorena-, ésta, que se sabe deseada y perfuma con hormonas los pasillos de estos cuartos, ella, la caliente de sus años, la perfecta sombra de la lujuria encadenada con la ristra de sus sensaciones y sus anhelos. Dejé el poema sobre su Laptop pidiéndole esperara tras la salida, le firmé como un sincero admirador. Acompañé el escrito con un dulce en forma de corazón relleno de coolie de fresa...
Mientras el día proseguía, en su curso, le miraba expectante, tratando de descifrar en los ojos o en los movimientos de sus compañeros, algún rasgo de nerviosismo que les delatara, pero nada. Yo no me inmutaba ni por un segundo, pero siempre que podía le observaba desnudándole con la mente, me sabía los pliegues de cuerpo, las cicatrices de su infancia marcando las rodillas, los pequeños grumos de grasa bajo nalga por el paso de la edad, el vello crespo alrededor de su vulva, sus pezones redondos y bien formados cual corolas de las flores de ornato más bellas y de fragantes tintes.
En un descuido me escondí bajo el escritorio, y esperé pacientemente a que uno a otro, todos menos ella, fueran desapareciendo de la oficina. Cuando decidí salir, escuché abrirse la puerta de la oficina:
- ¿Eres tú? -preguntó azorada, mientras su cabello caía lentamente sobre su pecho.
- Sí.
De puntillas, con los brazos haciendo círculo se colgó del cuello, y sin dejar aliento en las palabras se fundió en un beso prolongado, que en su existencia le aceleraba el corazón y a mi la respiración. Sus manos fueron relajándose hasta volverse una caricia sobre el cuerpo, su cintura y sus nalgas se vieron invadidas por el tacto, en la búsqueda consciente de alcanzarse la mitad de ella... mujer prodigiosa de sangre hirviendo, pensamientos conversos en la herejía misma de la avidez y la lubricia. Podía ver sus botones blandir ensoberbecidos la bandera del amor carnal aconsejado por el diablo mismo, y a sus senos temblar en cada fuelle de oxígeno... Yo seguía agitado en mi respiración, mientras imaginaba cientos de palabras -aquellas que me había robado- sobre su cuerpo: éxtasis, seducción, hambre, pertenencia, cogedera, nido, amantes líquidos, ácidas palabras, necesidad. Cada una iban cayendo hasta adherirse a sus ropas o a su piel -adoraba los vellos sobre sus brazos-. Todo era perfecto hasta que irremediable una frase recorrió el camino desde su alma hasta salir por su garganta:

-¡Me encantas Pedro!

Todo había sido en vano... esperé paciente a que terminaran sus jugueteos enamorados... se despidieron fuera del elevador... Seguí sus pasos, silencioso le alcance fuera del coche y le clave un exacto en la base del cuello. Se desvaneció como los cerdos en el matadero...

Horas después el camino -que recorrieron las caricias sobre su cuerpo- permanecía pelado, sin pellejo. La luna se filtraba por los tragaluces de la orilla y yo disfrutaba el suave sabor de sus lisonjas, abandonadas sobre su piélago.

Él, Pedro, jamás llegaría a casa, no se aprendería de memoria las palabras -que tiernas-enamoran a las mujeres, las que llenan las hojas en blanco, con las que juegas el scrabble de la vida y de aquellas, numen de la permanencia del sentimiento a flor de piel... a ras de piel...

jueves, 6 de mayo de 2010

Capítulo 2.- Diario de un antropófago


Si tan sólo la noche guardara en su rincón secreto todos los momentos que incansables se agolpan en mi mente. Si la luna fuera en verdad el foco que alumbra las ideas y el sendero que ha de ser pisado... Si lo fuera... Pero no lo es, el golpe de lo vivido siempre es certero, y los recuerdos más...
Cuántas noches de vigilia alumbradas por las parafinas de la vida de aquellos de los cuales me he ido alimentando, no he dejado ni un resto, no he dejado algo, sólo la vela que prendo cada noche en honor al caído entre mis fauces. Y es un hecho, el hombre se alimenta del hombre para sobrevivir. Poco a poco se va uno tragando al otro hasta que no queda nada de aquel que fue, ni nosotros somos los mismos. Siguiendo al pie de la letra la leyenda absorbemos parte del alma mientras nuestros ácidos desprenden las proteínas de la carne deglutida: ¿Cuántos han caído para llenar este cuaderno de poesías?
Y es que las ideas se muerden mientras la substancia, el hito vital se va desprendiendo, cual espectro del cuerpo inherme, desvanecido, cargado de adrenalina en el murmullo silente de la muerte.
Me cuestiono incansable si es necesario matar a sangre fría a mis congéneres para apropiarme de sus ideas, pero esta maldita obsesión no me suelta, se metido en mis carnes como la púa que es. Maldita sensación de escribir mis letras con tinta sangre, con el sabor del miedo entre líneas, con el ocaso del ser humano en cada punto final, y el corazón latiendo perenne entre mis manos, chorreando el carmín que entinta el piso donde se halla el baúl de mis letras. ¿Quién eres tú para nombrarme si también tienes las manos llenas de letras y la marca de la estirpe del asesino? ¿No llenas tus cuadernos con las líneas de tus fechorías?
Cuántos rostros vuelan en el espacio de la noche, revoloteando en mi cabeza para llenar de vida mis personajes... lo sé, suena a locura... es una locura.
Recuerdo aquella mujer de blanco talante, casi transparente, platina diría yo. Caminaba apurada entre las jardineras de la calle de Motolinía, su negra cabellera golpeaba el vacío, mientras la luz de las farolas dejaba ver su rostro de facciones finas, que contornoeaban los detalles: su boca de labios anchos, encomiables, besables, rojos como la cereza procesada, casi olían al almibar y a la dulzura que sus palabras, encerradas entre sus dientes, eran capaces de ofrecer.
Caminaba apurada, moviendo la cadera de un lado a otro, sus nalgas se derretían en movimientos sensuales, y sus piernas torneadas ondulaban la bandera de una sexualidad satisfecha, ¡cogía delicioso esa era una realidad!

La vi acercarse... no sabía si enamorarme de ella, si hablarle de las cosas bellas de la vida, si dejar que mis manos torpes intentaran seducirla, si ofrecerle mi brazo, si matarla.

Tres horas después yacía sobre su cuerpo desnudo, sus tetas lechosas se bañaban con los hilos de sangre provocados por el desgarre de sus labios -llevaba un rato masticando un trozo de su belfo superior-. Quería arrancarle sus palabras dulces, para llenarle los oídos de amor... Mis manos tocaban su cuerpo, una y mil veces, deteniéndose en la sombra de su valle... Jamás he visto extrema blancura como en esa noche cuando la luz de la luna se reflejó sobre su cuerpo plata, casi transparente...

lunes, 3 de mayo de 2010

Capítulo 1.- Diario de un antropófago.


Hace tanto tiempo que he soñado con comerme la vida a cucharadas, a mordidas, en tacos o con cubiertos, pero siempre se escapa furtiva entre el vapor de las ollas sobre la hornaza, o se encoje entre las migas quemadas y los residuos de la hierbas de olor y el oleado olivo.

Hace tanto tiempo ya, que sólo la siento a través de los millones de olores que imagino, en las texturas y colores de las frutas en pleno invierno,en los sabores que recoge mi lengua mientras recorre vuelta atrás mis pasos, y se impregna de los momentos, que encadenados conforman la ristra de mis 13,870 días vividos...

Hace tanto tiempo ya que no le sé, que apenas parece fue ayer cuando la dejé escapar de su jaula de oro, fue un estúpido arranque libertario, ella quería extender las alas y sentir el golpe del aire de la noche sobre su faz: Era la vida que quería ir en pos de su propia vida. Y yo, existencial, a pesar de haberla criado para que engordará y pudiera comérmela el día de mi santo o de mi diablo, la dejé volar por sobre el infinito, siguiendo los brillos de la luna y las centellas rabiosas del angelus... Y es que yo sólo quería servírmela en un lindo plato de porcelana, con cubiertos de plata destrozarle las líneas dela carne hasta verle exudar sus jugos, chuparle la médula, y acompañarla con un buen vino afrutado de tintes briosos pero lleno de melancolía... Yo la dejé escapar...
Hace ya tantos años, que oculto mis canas tras los huesos de mamey que dejó mi abuelo sobre el buró, me disfrazo de gente respetable para que no sienta mis ansias de sangre y se acerque para que la pueda tomar, la engaño con los últimos olores de la perfumería para tenerla cerquita, para endulzarle el oído, recorrerle la piel. Quiero que me vea un poco más joven y tentador -hasta responsable-, para que se deje sobar los senos bajo la blusa, para tirarle de un jalón su bragas, mientras con los labios humedecidos, jadea, jadea y suda en su entrepierna... sólo para meterla despacio en mi cama, y lenguatearle el cuello y los pezones... lavarle el pubis a besos centrando su cadera entre mis brazos... ¡Hace tanto tiempo que me quiero coger a la vida!

Yo creo por eso me inventé la luna y su hermosa blancura, su conejo fértil, y el mar de su tranquilidad - que en cada orgasmo navego sobre la balsa de los recuerdos, de los No me olvides-. Por eso la inventé para provocar sus celos y las ganas de rabiar que siempre tiene, sí, ella -la vida-.
Si supiera cuánto le extraño -pero jamás se lo diré-, ni le buscaré hasta que no se siente a la orilla de la cama y reconozca la falta que le hace toda esta historia, que siembra el futuro por las noches con las palabras que le voy dejando en el camino, que a través de los celos ha aprendido el lenguaje del amor, no le diré nada hasta que sensual no me diga: ¡Cómeme!... Hace tantos años ya que dejé ir a la vida que parece fue el día de antes de ayer cuando juntos brincabamos la cerca del vecino para jugar a patear un balón, y soñar con viajar entre las constelaciones de alpha centaury para formar nuestro hogar en la esfera perfecta, en la esfera plateada.
Yo creo por eso me la quise comer, por celos porque quería fuera mía para siempre y dejará de ver el futuro con deseos y con ganas...

Hace ya tanto tiempo... que no sé ya si me la comería o de tanto desearla me la he terminado comiendo y la he dejado en puros huesos...

viernes, 30 de abril de 2010

Sólo maravillas en Nunca Jamás


Nadie es capaz de describir los conceptos como lo hacen mis manos sobre tu cuerpo, incapaces de prodigar caricias sólo saben redactar letras enfermas de soledad. Retoman y retoman mezclando el dolor con el alcohol destilado en el sudor abandonado sobre las sábanas de nuestra -casi nuestra- cama, y es que siempre bebemos para olvidar lo que hace vidas hemos dejado en el pasado... ¿Eres mía o sólo aparentas que lo eres?

Y es que no sé si sabes del vacío de los días, de los pensamientos aterradores y de las lunas opacas de abril, de la vigilia de las ideas, del desierto paraíso de los sentimientos: Del abismo que se abre entre tu torso y mis costillas.

Nadie es capaz de robarte los sonidos en pleno silencio como lo hacen mis letras. Nadie puede arroparte con ausencias, llenarte el corazón de palabras necias, sortilegios y hechizos. Nadie es capaz de dibujarte una luna con incertidumbres, con augurios pero siempre en el más profundo silencio, de ese que cala el alma, que hiela los huesos, todo sumido en la más profunda oscuridad, donde el negro es el mensaje de la luz... Nadie te puede pasmar sobre tus hombros, a horcajadas, de piernas abiertas, vestida o desnuda, nadie como lo hacen mis palabras... que si bien te saben nunca te han probado... Nadie te habla despacio entre lunas, nadie callado te habla, nadie te habla entre murmuraciones elucubrando el futuro, que si bien han pasado nunca ha sucedido... Nadie, si hasta tú has cambiado, por ser noche, por ser luna, por ser ella -cual generativo personalizado-. Todo va cambiando paso a paso, segundo a hora, caricia a letra, espacio a abrazo... silencio con olor a sexo de un amor cualquiera perdido en el pretérito fortuito, en el exilio de vidas, en el llanto de las quimeras. Todo cambia si hasta el vacío se ve repleto de silencios, de poemas idos... ¡Ay si todo cambia! Las noches se vuelven días y las lunas se van despegando del eterno cuaderno de dibujo que es el cielo... Por eso es que nadie se supone alguien en estas noches de letras, de vigilias, de estrellas y lunas en el agujero del conejo, en el nunca jamás... siempre, cual ángel vengador, cual ángel rojo.

jueves, 22 de abril de 2010

Colores a tu alma

Y te he adquirido un gran arco iris,

con centellas en sus doce colores,

no pienses si son pocos los derroches,

son para pintar tus días, tus noches.


Y cuando sientas ahogarte en dolor

en aquellos días negros o grises,

escoge de él y pinta con un color

esos adioses largos y muy tristes.


Sabe que la vida es simple y llana,

aunque se vea sombría y ajada,

se puede pintar rosa, azul o grana.


En cada tono existe una gama,

guarda siempre un crayón y muchas ganas,

para pintar de un color tu alma blanca.

May be


¿Piensas en mi?
si hay tiempo o no lo hay,
si despiertas o si vives en un sueño.

Será que nos desvanecemos tras los besos
y las palabras fugitivas que no decimos:
Sólo pensamos.
Será que sólo nos recordamos
en nuestro propio sin sentido.
Será que fuimos felices.

Será que nos pensamos en un futuro,
sin extender las manos para alcanzarnos,
mientras la vida se nos va de largo.

Será que no sabemos si hay un principio si hay un final.
Que somos historias,
estando sin estar.
O sólo es miedo de volver a empezar,
a salir de la conformidad...
Será que nos amamos sin amar.
¡Qué no entendemos nuestra realidad!

Será...
que todo esta en ti,
así tan simple...
como una caída lenta,
increíble,
que mata despacio sólo para volver a sanar...
Será que piensas en mi
si hay tiempo o si no lo hay.
Será que piensas en volver a empezar...

Pasos en círculo


Parece que todo aparece como aquello que sigue al acto ilusionista del mago cuando saca algo de su chistera... Y todo da vueltas alrededor de mi vida, y parece que espero algo, con aquella fe de los que creen sin ver y tocar... he intento seguir tras la pista de lo posible, siguiendo mis pasos -los pausados y los salvajes-, aquellos que con certeza llevan al desconcierto del retorno, al principio... Y corro tras ello, tratando de no volver la vista, y corro tras ello sin dirección, sin la convicción de respirar mis virtudes, mis defectos -aquello que me mantiene siempre tan vivo-, y sólo corro en círculos tras mis propios pasos seguido de mis fantasmas... Que al igual que yo buscan su lugar en esta tierra.

Mis fantasmas emergen de mi alrededor -como las siluetas por el reflejo de la luz de la luna-, siempre levitando entre el tiempo que no tenemos, el que perdemos y el que vivimos... Mis fantasmas flotan en el aire -como tu voz a través del teléfono-, que me dice: el dolor sólo es el compromiso de vivir y luchar por lo que deseamos, así es la vida; somos sólo por nuestras carencias, el vacío entre las manos, y la estúpida clasificación que hacemos de nuestros sentimientos en el intento por sanar el corazón roto que oxigena la sangre que nos da la vida... ¿Y tú encontraste un lugar en esta tierra? ¿Te fabricaste tu paraíso? ¿Acaso no existe un hueco entre los brazos? ¿No corres tras lo mismo que yo? Será que bajo la luna tus fantasmas y los míos se buscan para entrelazarse como hace tiempo que no lo hacemos, ¿extrañarán el olor de la piel que les da forma y continente?

Y siento que tu voz se diluye en este espacio, derritiendo las caricias ausentes de estas primaveras tan encogidas, tan llenas de ansia, tan huecas en días... Y tu voz que se escapa por el teléfono corre tras su propio sueño y su futuro, donde yo no tengo cabida... sólo mis fantasmas de gruesas letras y pares desordenados, que sin quererlo me dan la razón... A veces al amor hay que dejarlo dormir para que escape con vida de este abismo que le vamos cavando... tal vez se levante para correr sin dirección ni convicción y con ganas de llenar el hueco que hay en nuestros brazos... Hoy tan llenos de fantasmas e ilusas ilusiones que se cierran en círculos sobre sus pasos...

viernes, 16 de abril de 2010

Horizonte


La tierra no puede ser suficiente para los dos -si no lo es para la luna misma-, si aplaudimos los ríos de sangre y nos sostienen los aludes desplegados bajo el terruño de nuestro diario devenir, concéntrico y limitado al encuentro de nuestro cuerpo... Y no es que el amor lo sea todo, y no es que el sexo lo sea todo -y sin embargo lo es-.
La tierra no puede ser suficente para los dos si acostados sobre el continente nos buscamos en la fallas y horadamos los viejos cañones -donde alguna vez se juntaba el agua- para arrimarnos al amor que no hemos encontrado, mientras la vida se filtra bajo nosotros en los mantos frenéticos del pasado... Y no es que el amor lo sea todo.
La tierra no puede ser suficiente si no te bastan los troncos y las copas sobre los desfiladeros, si recorro las montañas a ciegas, en busca de la cueva de la vida, camino al fruto prohido -e invitado- oculto tras la hierba arómatica de tu entre pierna -acre, ácida, salina e inexorablemente dulce- y sólo encuentro desiertos abismos. Y no es que el sexo lo sea todo.
La tierra no puede ser suficiente si traslada en su eje y sobre su lomo infinidad de paisajes azules, bucólicos, fatuos, vorágines y desiertos... que cambian después de cada hibernación de nuestra vida misma -uno no se muere, sólo duerme esperando el momento en que, tras la glaciación, renace la vida-. No será suficiente si apenas ayer tú y yo no exístiamos sobre ella ni como esencia ni como idea.
La tierra no puede ser suficente para los dos si el viento no lleva tu nombre cruzando el espacio -aquel donde no estamos-, si el sol nos derrite bajo la piel ante la falta de caricias... Si las palabras salen sobrando y rebasan los márgenes de su continente -hace días que sólo miro hojas en blanco mientras las palabras corren, se agazapan, flotan, se abandonan, texturizan y disfrazan el mundo en su identidad secreta -la que inventamos en sueños solos, llenos de olvido, ahogados en el vacío existencial que produce esta lejana cercanía-.
Aseguro que la tierra no es suficiente para los dos si cada noche buscamos con ansia la luna para decirle: "No es que el amor lo sea todo, no es que el sexo sea todo... son lo único que mantiene vivo aquello que sólo muy solo escribo".

Miles de palabras


Te he de preguntar si bastan 20 mil palabras para olvidarse y convertirse en otro, para hacer los árboles de plástico y los peces de colores virtuales, para rellenar el hueco que hemos dejado en la tierra de tanto arar buscando muertos, inventando asesinatos y sembrando delatores de una verdad que no conocemos -lo peor- o que hemos inventado.
Serán suficientes veinte de a mil palabras para limpiar los oídos de la angustia que ensordece cuando joven, para rellenar la soledad que nos acompaña cuando adultos, para solventar la tristeza que queda cuando muertos -ya que el pedo no es morirse sino aceptar que se esta muerto-. ¿Lo serán?
Te lo pregunto porque tengo la boca seca de los besos que no han llegado, la piel áspera de las caricias perplejas bajo los rayos de la luna, la estúpida sonrisa que amanece cual sentencia de esta vida liviana y desgastada. Crees que veinte miles sean suficientes para bordar el libro que me espera resguardado por mi disco duro y su contraseña, serán de más o menos para hilvanar la trama y crear el desenlace que cual sentencia nos espera en este amor que lejos de construirse se atraganta para morir colgado con los huevos al aire -será que son tantas palabras que por eso se asfixia, y se mata y se provoca cual anorexico panfleto de quinta-.
¿Cuántas vidas son suficientes? ¿Cuántas? Y mientras invocamos las palabras en ensortijados sortilegios, la vida se va caminando osada, alevosa y llena de sueños rosas, dejando en el sendero oraciones blancas, versos azules y poemas de cuarta... ¿Cuántas palabras se necesitan para amlagamar los labios, sopesar el cuerpo mientras con la lengua limpiamos la piel de los orgasmos y las venidas? ¿Cuántas palabras bajan en forma de escarcha para ablandar las contingencias de la vida y hacernos volar en pos de sueños de un paraíso perdido y olvidado de los mapas? ¿Serán suficientes 20 mil? Te lo pregunto porque no lo sé, pero el teclado hierve entre las gotas carmines de mis medias lunas, y las gotas saladas de mi espesa tristeza... aquella por la vida? Son suficientes las dos decenas de miles de palabras que cual asesino en masa se divierte jugando con la vida mientras planea para los dos un futuro mejor lleno de momentos y segmentos, de amores mercantiles, de sensaciones trasbocado, del vino agrio de vivir callando... de respirar viviendo mientras la consciencia nos va hundiendo en un mar de tranquilas imposibilidades... ¿Son suficientes para decir un te amo momentaneo y que se vaya disolviendo en el ocaso de mis labios, en la mirada siempre fiel del espejo y entre los días de cada año venidero?
Te lo pregunto en silencio, a la vez que sin quererlo, sigo escribiendo, poema a letra, señuelo tras martillo, hoja en la hojarasca de un amor encontrado entre los mares de este limbo... de cada fuelle de oxígeno que irremediable se agolpa en los pulmones y nos mantiene vivos...
¿Crees que 20 mil palabras sean suficientes para servir de puente y salvarnos del abismo, para que pase el tiempo y la luna por fin, tras la noche agazapada, encuentre su destino no entre los hombres sino en aquel que está marcado por los designios divinos?

martes, 6 de abril de 2010

El sol bajo las sábanas


Dejo la vida en el buró, y ciego de deseo palpo entre las sábanas buscando a tientas los límites de tu cuerpo, guiándome por las texturas apócrifas de nuestro santo sudario... El colchón guarda en la memoria el peso del animal en que nos convertimos cuando la avidez recorre cada centímetro de nosotros... Somos la bestia de dos cabezas, de labios hinchados y miembros encadenados mientras las áspides entrelazadas -en las caderas- retozan inventando palabras de un viejo y abandonado diccionario... Somos la carne alada del espíritu indomable que cruza libre los laberintos y el abismo, asentado sobre los restos de ángeles perdidos, caídos en las búsqueda de su propio paraíso...

A cuarta de dedos, mido la espesura de tu aroma impregnado, de la fragancia de tu sexo que no olvido y que me he inventado -será porque extraño el sabor de tu vulva entre mis labios-. Inclinado hurgo entre las memorias que he sembrado mientras nos revolcamos sedientos y complacientes el uno con el otro, miro los frutos colgantes, lujuriosos, rojos, advenedizos al orgasmo que los llena de jugo -razón de más para jugar al paraíso-, de la savia que inadvertidos, vertimos gota a gota sobre el cadalso de la pequeña muerte que va y que viene.

Y la mirada se pierde en su propio corazón, destilando tus caricias llenas de sal... y el dulce sabor de la ausencia llena de recuerdos el mundo que hay bajo las sábanas... Y la luna colgante de cuarto de vida da paso a la luz de un nuevo día...

miércoles, 17 de marzo de 2010

Clara imaginativa


Anoche cavamos las entrañas de la tierra, las edades de mi vida y yo como un ente aparte. Cojimos las palas, arañamos el suelo en varios sentidos, levantamos polvo sobre polvo, desenterramos muertos -conocidos y olvidados, teñidos y abandonados-, sacamos piedras y precipicios, horadamos hasta salpicarnos de magma... y ni un rastro tuyo -nada-, ni el timbre de tu voz ni la fragancia de tu cuerpo ni las texturas de tu piélago: nada.

Por primera vez, extrañé tu luminiscencia prendiendo la noche de blanco, ningún día ha sido igual desde que hay un hueco en el firmamento, se ve ridículo: una oquedad en el espacio, y aunque está ahí teñida de negro, acompañada de cuerpos celestes, esa -la oquedad- no esta vacía. Conforme se apaga el sol en su infeliz día, llega la noche y con ella las aspiraciones que nacen de los corazones enamorados, de los torturados por su vientre abultado: preñados por las palabras de los amorosos, que si bien se arrastran en su soledad siguen escribiendo versos blancos del idilio, del corazón sangrante, del espejo vacuo, de la nostalgia de la otredad soñada, añorada -irremediablemente un cuarto o mitad de una naranja-. La paradoja: los abandonados y los ausentes aman -no sé qué- mientras los demás se aman...

Desde que desapareciste las noches no son las mismas, pero el amor no ha muerto, ahora es más oscuro es menos desviado, pero sigue intacto... ya no hay trenes que lleven directo al deseo, ya no hay vías camino a ninguna parte, ya no hay metáforas o hipérboles sembradas a lo largo del paisaje... sólo hay un hueco enorme en el manto estelar, tan lleno, repleto de vacío.

Parece que la locura se ha extinto, desde que tú no estás la vida es más cuerda, enmarcada en una incipiente lógica, que va de mano con un sólo destino: vivir. Antes, luchabamos por más, por sobrevivir a como de lugar, contra paradigmas y necedades, entablabamos la batalla contra nosotros mismos, mientras caíamos en partes: por el flanco izquierdo, las ideas; por el centro, los orgasmos; en la avanzada, las caricias convexas, derretidas, transmutadas, disueltas... en la retaguardia, el deseo, de tus palabras, de tus señuelos, oculto por ti, ¡el deseo!, aquel de desearte, el que hay en la vida misma.

Cuántas noches hay sin ti, miles de pensamientos y de palabras aplastadas por el olvido... Te he dibujado en mi mente, desnuda soñolienta, cubierta de seda, de encajes, de algodones, de nimbos plateados, húmeda, deseosa, de suaves tercipelos, de caricias bandidos, de orgasmos cuatreros -de esos que se roban a mitad de la noche-. ¡Cuánto pinche deseo! ¿Cuánto? Ya no lo sé, porque aún en el exceso no puedo dejar de pensar en la voluptuosidad de tu cuerpo blanco, de mapas trazados para tesoros escondidos... Desde que no estás las noches son demasiado largas...

Por eso, anoche cavamos las entrañas de la tierra, las edades de mi vida y yo como un ente aparte. Cojimos las palas, arañamos el suelo en varios sentidos, levantamos polvo sobre polvo, desenterramos muertos -conocidos y olvidados, teñidos y abandonados-, sacamos piedras y precipicios, horadamos hasta salpicarnos de magma... y ni un rastro tuyo -nada-, ni el timbre de tu voz ni la fragancia de tu cuerpo ni las texturas de tu piélago: nada. Y es esa nada la que me hace pensar que sólo te inventé en mi mente, luna fugaz, luna escapada, luna fría, luna ausente, luna apagada...Mi luna inventada

miércoles, 10 de marzo de 2010

Discurso encontrado













¿Qué sería de nosotros sin la lunática luna y su reflejo en esta realidad aparente, realidad de noches llenas de contrastes y sortilegios? ¿Quién le ve tras el borde del billete? ¿Quién saboreando las migas del mendrugo y del vinagre tinto?

¿Quién es Dios que nos manda o nos sugiere?

¿Acaso no es el hombre la divinidad expuesta mientras retoza en hinojos, detrás o sobre su Diosa arrodillada? ¿No es el maná la vulva envuelta en los olores lujuriosos, no es el pene el báculo que abre y cruza a pie los muros -cual aguada- del Mar Vivo? ¿Y la danza de la fertilidad no es el rito mayúsculo de la deidad en el hombre -si es que Dios no es en si, solo, tan sólo un hombre? ¡Es la bendición el movimiento de caderas, la presión en los muslos, santiguada exposición del caldero del deseo, comunión del sexo compartido y sin remilgos! ¡Chinga, esto es un credo exacerbado por el lumen mortuorio de la luna! ¿No es la muerte pequeña, el desceso chiquito -la máxima caricia, la deidad vuelta instante- no es la misma muerte el beso de su magnificiencia? ¿Acaso no se enredan los herbarios y las flores del jardín de tu Edén a mi tronco, el del árbol maldito, el del fruto del bien y el mal?

Luna psiquiatra, Luna loquero... Dadora de las furias creadoras, lente plateado de la visión profética y poética... Alimento de los pobres, paupérrimos enamorados, góticos amantes, prisón de barrotes cursis para las bestias del apocalipsis del deseo divino... ¡Cuánta lujuria hay encerrada tras el deseo del crepúsculo! Y no te defiendo del olvido, sólo de la falta de tinta o de la goma del poeta...

Luna mía, ¿Quién no desearía volar contigo y conocer ambas partes del mundo? ¿Quién no observaría junto a ti el terreno, el paraíso y el inframundo? ¿Quién no te desea vestida de trasparencias -que dejen ver tus formas y el rosado de tus pezones y tu vulva, el pelambre florido de tu pubis, las pecas que yacen como puntos y comas sobre tu pecho-, y de encajes de gamas sueño, de colores vida, de combinaciones ávidaz semitonales?

Dime, ¿no es elitista que sólo algunos hombres tengan acceso a tus misterios, a tus hechizos, a tu antiguo diccionario y al placer oculto en tus sortilegios? Luna monógama, luna caliente, luna humana, luna divina...
Y no te defiendo de otra cosa que sólo del destino que hoy te brinda la pluma, de un loco que sólo dijo que amar es muy divinamente humano... fuera y dentro de los sentidos...

jueves, 4 de marzo de 2010

Autismo lunar (prosa a la soledad acompañada)


Dejemos el tiempo a parte -como si fuese un punto-, envolvamos nuestros sueños en papel estrasa y llevémoslos bajo el brazo -como los periódicos del ayer de hace unos años, cuando no eramos noticia de primera plana-. Pintemos nuestro cabello de blanco mientras encerramos los recuerdos que tenemos de estas lunas bajo llave, en el viejo cofre de girasoles pintados con olor a maderilla, al indio que soy -sí, justo ese cofre que jamás te regalé-.

Dejemos las cosas de lado -el diván de aquella noche cuando llenos de deseo nos arropamos con el torso desnudo y la entrepierna húmeda, las copas de vino a medio vaciar del día en que nos conocimos, la velas extintas del funeral de nuestra virginidad mancillada por "los otros", el óleo de tu antiquísima pintura,y los folios amarillos de mi novela no escrita-, apartemos la memoria -en especial la de la piel, aquella que te estremecía cuando mi voz te recitaba palabras y mis labios temblorosos se apagaban en el fuego de mancillar tu oído-, vaciemos nuestros bolsillos de lunas llenas, de cuartos de hotel y esferas menguantes -aquellas que nacieron entre órgasmos compartidos y caricias-. Seamos sólo nosotros, nosotros solos... Hoy más que el día en que nos conocimos y no...

Endulcemos nuestras lenguas bífidas y hartas de esperarnos, ahoguémonos en sudores profanos y llenos de pecado, del pecado de desear más allá del poder mismo, de la precocidad y capacidad de nuestros cuerpos -entes latentes, lejanos, mancillados de puro recordar y de darnos sin presente, sin futuro y sin pasado-.

Dame tu mano que yace abandonada sobre tu pecho, dame tu piel de ojivas latentes en busca de más que placer villano, dame el semblante que reptante, se posa, cual fotografía, sobre tu rostro andante y aventurero... Calla y a la vez, háblame de tus amantes -prófugos de tus brazos, signos de tu equivocada soledad de luna en brama, de luna fémina, de luna sangrante-. Sólo sé que siento celos, celos perros, celos de vellos punzantes, de caricias palpitantes en el éxtasis de la aquella vacuidad tan acompañada, tan unívoca y polisémica... Habla y recitame tus viejas coplas de luna trovadora, de luna diva, de luna poetisa, de luna andamio de los versos -tácitos escritos y blancos, como la luz de tus entrañas-.

Dejemenos de verdad, con la mirada en off en el cenit de nuestras gemas endiabladas y llenas de lujuria -dale la mano a tu amante, dale tus labios llenos de realidad, tus pezones soberbios y tu vulva dilatada-. Dejémonos mientras extiendo la mano con mis dedos noche, mis dedos poesía, mis dedos martirio, mis dedos llenos de lunas... para ver si sólo de esta manera puedo apresarte... luna prófuga, luna mentira, luna peaje, luna muerta, luna carnívora de mis ideas taciturnas...

(Y no te escribo para hilvanar eslabones, sólo esposas que te aten a mi alma de lunático poeta, de vigía de estas noches, por hoy apagadas).

martes, 23 de febrero de 2010

Para el olvidar el apagador


Hoy harto de todo -en especial de la poesía-, puse el switch en off... La noche se apagó mientras los duendes brincaban sobre tu lecho y saciaban tus instintos de mujer volcán, de mujer dormida, de luna aletargada ... miraba -retorcido por la angustia y el placer- como los pequeños seres se enlazaban entre los vellos de pubis, serpenteando sediciosos por la aureolas de tus tetas... ¡¡no sabía qué hacer!! Voyeur desesperado -con el pantalón abultado una cuarta bajo el ombligo-, no sabía si llamarte por tu nombre, si decirte Luna, o interrumpir el deseo que te embargaba y ponía lúbrica tus entrañas... Me maldije y juré jamás utilizar el apagador de las letras, luna caliente, luna ramera, puta de duendes, verdugo de mi poesía:

"Y te miré entre sus brazos, como se mira el pan en días de hambre, y te miré mujer y me supe para siempre hombre".

lunes, 22 de febrero de 2010

Canibalismo poético (ruido blanco)


Y no hay más que el silencio en mi cabeza,
el bullicio eterno del ser humano,
destellando el ruido blanco de mis pensamientos.

NO hay más en este mundo,
que el hambre de mis letras
por tu cuerpo...

Y escribo, escribo, escribo letras:
letras caricias,
letras besos,
letras poesías...
Por más que trato siempre encuentro vacío...
Y con harta hambre de mis letras por tu cuerpo,
Pienso en el ruido blanco de mis mutilados movimientos.

jueves, 18 de febrero de 2010

FotoFobia


Hoy la noche se teñirá de rojo espeso -con el único fin de no robarle su hermosura tan oscura y tan sencilla-. ¿Será que la nueva sangre del mundo se debate para dejarnos en las tinieblas o traernos un poco de luz? ¿Habrá algo en el futuro si la luz se apodera de la noche? ¿En esta batalla habrá algún ganador?

Lo único que sé es que no me gustaría perder mi orco, las cadenas de los muertos que caminan a mitad de la noche penando angustiosos, y el sonido de los eslavones que repiquetea en mi cabeza para traer nuevas historias.
No quiero perder la sensualidad de las vampiresas, que vestidas de encaje y transparencias me muestran el camino a la lujuria, al sexo intermitente y corrompido, lleno de deseo, al pecado mismo... al camino del luzbel hedonista y oscuro, sacrilego de piel y huesos.
No quiero desaparecer sin los besos prohibidos de las ideas putas y rameras, del sabor a alcohol en la saliva y del estupor en la mente -no importa si es nuez o almendra-. No quiero tener que esconderme para las caricias furtivas a tu cuerpo, de antes de mutilarlo entre mis líneas y sonetos... no quiero perderme en la luz.

¿Qué será de los enamorados y los locos? ¿De los intelectuales estúpidos? ¿De la perversión feliz e irrisoria del mundo? ¿Qué será del tren de los desvíos y de las angustiosas soledades? ¿Desmejorarán los paisaje bucólicos y septentrionales en la pérdida de la razón? ¿Se enfriará la pasión por el placer sin las sombras protectoras? ¿Que hay de los lobos y las pécoras, de las hidras y las musas? ¿Los seres de ensueño serán los mismos tras el extravío de la noche? ¿Y los cadáveres exquisitos no se descompondrán por el efecto luminiscente? ¿Serán momias de luz?

¿Y la luna? Ya no será tan blanca, tan incandescente, tan mágica, tan redonda y llena de lujuria. ¿Qué será del amor que furtivo se cuela agazapado entre las sombras? ¿Y el misterio de los claroscuros?

El cielo ya no será el mismo... ¡y no me esconderé para tocarme!

El único que pierde es el voyeur, el que mira con los ojos desorbitados robándose las imágenes de la noche... quién vestirá de negro, ¿quién? ¿Quién alimentará los leviatanes y hechizos del Necronomicrón? ¿Quién terminará el bestiario del zoo del ser humano? ¿Y la crónica de los muertos, y la razón de la memoria de la piel? ¿Quién encontrará la escalera al cielo? ¿Quién nos llevará al paraíso más negro y más oscuro?

Prefiero la noche oscura, amalgamada de descesos, de insanes, de perversión, de desvíos, de amores, de angustias... de sueños: de ti -luna hechizo, luna muerta, luna mía, luna poesía-.

jueves, 11 de febrero de 2010

e-Cor@zón




¡Esos viejos corazones tan enfermos! Insanos y llenos de vacuidad, incapaces de amar más allá de la pantalla, de las letras, de los mensajes encubiertos bajo el sello de confidencial a letras rojas y en negritas. Esos corazones tuertos, carentes de la visión de profundidad, tan exangues, tan pálidos; muertos de miedo ante la palabra compromiso -¡estúpidos eternamente jóvenes!-. Pobres idiotas -los corazones- perdidos en el ocaso del sepia antiguo, en la melancolía del blanco y negro, violados en sus principios tecnicolor de libertad... Esos mudos corazones, sincopados elitistas en busca de las musas, de la figuras que lleven a la épica, a la epopeya, o al simple desierto de la poesía... Silencios corazones acorazados entre el mar del deseo apagado de la mano sobre el sexo, de la réplica eterna -seducir, coger, vivir, amar-, tan endebles como la verga a través de los años, tan profundos como el río de lujuría en la oquedad de la vulva reseca por la edad. ¡Cuánto apego a los corazones mecanizados, hiperespaciales! ¡Cuánto deseo y cuánto amor sembrado en la infertilidad del espacio separado, del vacío existencial, entre pixeles y notas de saxofón alcachofa... entre teclas y pantallas luminiscentes. Corazones rotos, amedrentados, pernoctados, muertos, impávidos, tan futiles como inteligentes, tan ásperos e incandescentes... corazones a punto del deseo, con el olor al sexo inventado del otro -de aquel que inventamos para seducirnos y callados masturbarnos-, corazones desnudos, de óleos clarificados, de lagos esculpidos, de terrenos desflorados; corazones mano, corazones labios, corazones húmedos, mojados en el elixir de la avidez, pesados como la turgencia del corazón pezón... cuántos corazones escritos, lúbricos, vueltos hoja o código encadenado, cuántos de ellos se han perdido y cuántos se han ganado... ¡qué larga batalla hay entre el corazón, el teclado y la pantalla! Mientras el deseo se sigue derramando en corrientes electrón...

Ilustraciones de Alma de Juguete por: Enrique Zaragoza

Este soy yo...

DE MI han dicho...Nació envuelto en la terrible sospecha del ser humano —él siempre quiso ser árbol, águila o imagen tras el espejo— un 13 de diciembre de 1972, en la ciudad más avasallante y más hermosa del mundo: el Distrito Federal.Desde pequeño creció con lunas en los dedos e ideas itinerantes colgando del cabello, ávido lector de tiras cómicas y de cuentos infantiles permitió a los seres mágicos, divinos y leviatanes arrullarse en su cama tras el profundo canto de las sirenas.Creció, y mientras decidía que hacer de su vida, en cada luna llena besaba las almohadas imaginando al amor de su vida. Por fin, una mañana decidió estudiar derecho, algo que le salió muy chueco porque abandonó la carrera para estudiar periodismo, dando por concluidos tales estudios en el PART, a la vez que rocanroleaba como oso en brama tras una batería.Años más tarde decidió llevar la música en sus adentros y trabajo como negro en la redacción del departamento de cultura de Radio Educación (de vez en cuando se aventaba un palomazo como productor del programa “Su casa y otros viajes”), todo esto sucedía mientras estudiaba un diplomado de Literatura y Periodismo en Casa LAMM. Las letras —aún las de pago— siempre le han perseguido, al igual que la radio, por tanto, trabajo como productor de la serie “Impulso Humano” en Radio Universidad, no sin antes pasar por la Subdirección de Logística Informativa del GDF, algunas agencias de publicidad y la coordinación de medios de IH, A.C.Por fin, el 12 de noviembre del 2005, su destino le alcanzó y se puso a escribir como secretaria ejecutiva después de una huelga, y dio a luz a varios chamacos, y con el único fin de darle de comer a su prole, actualmente se dedica al desarrollo de documentación administrativa para diferentes empresas y alguno que otro trabajo de producción en audio (es cierto, en México vivir de las letras, que no sean de pago, está de la China Hada).Por cierto, el nombre de sus chamacos son:* El eterno idilio entre las mariposas y las hormigas, 2007.* La caída de la luna, 2006. Noveleta rosa.* Alma de juguete (anhelos para el niño que nunca debiéramos olvidar), 2006. Cuentos ¿infantiles?* Egomanias y la Llantitos (cuento – lógia), 2006. Recopilación de 20 años de cuentos darkys y existenciales.La mayor parte de las veces me llaman ¡Hijo de la chingada! ¡o de tu madre!, bueno, la mía... aunque últimamente me he aficionado a ese término tan común y que sólo me sabe si proviene de sus labios y que juntos creemos es para toda la vida (chance y para algunas más).En fin, que de mi la gente puede decir todo y a la vez nada, tengo muchos nombres, lo cierto es que tengo buen corazón aunque lo disfrace de mil y un calamidades...

Rolas de la banda "Nívola_Cría Cuervos" (Quintanar/Vargas/ Cruz)