Lo lamento, hoy amanecí seco sin ninguna idea en particular, más bien fueron muchas que he hilvanado para tejer el cobertor de mis sueños más apócrifos y sediciosos, o más bien tiernos y llenos de esperanza, o mejor dicho, de esos sueños que uno sueña cuando más no puede soñar: ¿Será que se pierde la inspiración conforme pasa el tiempo, o las musas van muriendo y caen al piso como las flores multicolores de mis palabras? No lo sé...
Y es de lamentarse cuando no se dice nada, no importa el tiempo y la enseñanza, ni el momento en que furtivos los pensamientos seducen a la carne y jamás llega el orgasmo de la palabra. Todo da igual si se levanta la mirada y la luna brillante se oculta tras los nubarrones, del pasado presente ha de venir, y nunca llega; o simplemente uno se para de la cama sin más razón que vivir un día más. Y valen madre las cosas que hay afuera en ese mundo que compartimos, y una especie de melancolía alegre nos invade, se puede sentir y no sentir, o sólo se siente y uno se hace pendejo para no sentir. Es lamentable hurgar entre la piel y no encontrarse las caricias, ni probarse las texturas, o blandirse las señales de la proximidad, hoy tan desolada. Es de encabronar, que uno se pierda en el propio vacío que ha creado, aún con las sonrisas colgadas sobre los muros, las miradas furtivas tras la puerta, la aceptación de la desnudez absoluta, donde más que las carnes nos cuelgan los sentimientos y las ideas: ¿Será que hay ojos que ven más allá de lo que otros ven como fachada? ¿Se pueden mostrar las cicatrices del alma y decir: ¡cuidado!?
Tal vez dé lo mismo, hay cosas que no cambian como la bucólica semejanza de la jungla y mi mente, donde los principios animales se yerguen conforme el hombre camina en dos patas, y las bestias terminan amándose, profundamente, sin más razón que su natural existencia. Y por supuesto que hablo también del deseo; de ver tu piel platina bajo los lúmenes de la esfera plateada, de los miles de brillos que plagan tus cumbres y laderas, del fuego encendido sobre el césped de tu entrepierna; y no es para menos, si mi boca vacía, se llena de recuerdos y noches de ti, no es menos si he extraviado el mapa dibujado sobre tu espalda y no encuentro la salida ha esta vida, tan llena de todo y sin nada.
Sé que pensarán que estoy triste, y lejos muy lejos de la locura, me espanta ver mi sonrisa sobre el espejo, el reflejo de mis tertulias soñolientas y pausadas, mis palabras cenizas, llena de brillos multicolor, la fogata que hace la esperanza en medio de mi cuarto, y el closet lleno de historias no contadas. Suena a una extrañeza sacada de algún cuento de Poe, o un dilema Kafkiano, pero lejos de esperar el pozo, o tus mensajes en la pata del cuervo, o disparar rifles de corcho en busca de la libertad; sólo me divierto viendo caer mi mundo a trozos, y tallando las viejas paredes de las ruinas de aquel complejo que hace tiempo construí... se puede seguir viviendo, siempre se trata de seguir viviendo.
Y no es que no guarde lo más preciado, es que decidí echarlo al aire para ver si mis memorias levantan el vuelo y salen de su jaula de oro, y se adentran en la aventura, y esto no es una locura, sólo es lamentable que no estés para ayudarme en este afán libertario y tan humano; como reír, coger o llorar; ya que amar es una bestialidad, tan llena de horrores y temores, ¿a poco no es bestial perderlo todo y tener que seguir viviendo? ¿A poco no es cierto que si no estás en tu mundo todo se va a al chingada? Y sigue siendo humano volverlo a intentar, sacando el olor del café entre tus manos, y viendo como la luna se asoma con ganas de jugar con el corazón, alumbrando la flor que nace en tu vientre salpicada de deseo y ganas de seguir viviendo. Y parece que este es ciclo, saber, creer, vivir, morir y renacer.
Lamento que hoy amaneciera seco de ideas, a pesar de la lluvia incesante, del frío ensordecedor, de la falta de lápiz para mi bitácora, y sin moneda para peaje al mundo de la mente; que no tuviera nada que decir...