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viernes, 10 de junio de 2016

Hay historias sin acento

Así la mañana... Vienen a mi mente imágenes itinerantes, salpicadas de dulzura, llegan tomadas de la mano: el olor del café del desayuno, los platos llenos de fruta, mientras alguien -seas tú o yo-, estirábamos las sábanas que la noche anterior fueron mudos testigos de nuestras charlas de sobrecama, de la entrega esperada de cada fin de semana, del ansia insoportable de estar tan lejos y tan cerca. Me recuerdo esperando el amanecer, si bien para verte si bien para perderme entre tus piernas, justo como se pierde la mente entre los sueños de una vida. Te recuerdo sonriente, tibia, viva, llena de utopías y de momentos aletargados y crujientes: sonaba entre nosotros la vida como las hojuelas de maíz mojadas en el plato, como las hojas en otoño al caer desprevenidas sobre el camino de la vida... Te recuerdo llena de palabras y de signos, dibujando mundos en el aire, para meterlos en tu esfera de cristal: aquella que guardaba los designios de un futuro juntos, de aquello que querías para el resto de los días. Me recuerdo hilando ideas, tejiendo planes, sí, a veces soñando despierto, es la materia fundamental de mis imposibilidades, y de los pasos vacíos sobre mi futuro.
Y Luego, te recuerdo triste, ausente, y me recuerdo perdido sin más café, o platos llenos de fruta, sin yogurt light en la nevera, sin corazones puestos sobre la cama, y entre las sábanas los silencios más incómodos y lúgubres... Y así se fue la vida se fue ocultando, pasando de la costumbre divina al tedio de nuestros pocos día a día, aquello que era más se hizo menos, y lo menos, sin ser más, terminó por ahogarnos: justo como hoy habita la pena bajo mi piel.
Y por momentos, asoma a lo lejos tu sonrisa y los minutos en que dibujabas mundos en el aire, el placer de ponerle nombre a cada uno, tejiendo historias sobre la cama y dejando marcas en la piel... Y me juró que todo fue por esos momentos pareja, donde eras feliz y yo de verte, creyendo en la magia de nuestros pequeños instantes cotidianos de la vida.
Así la mañana, así la vida llena de lapsos, de momentos lúcidos, unos negros y otros blancos, así la vida se va haciendo y a veces, se va apagando... Aunque a lo lejos asome tu sonrisa como un sueño o una utopía, mas... (Así sin acento).


Conclusión

Y después, sólo después no llegamos al futuro, ni arrastrando el pasado... Pero nos queda el presente: este momento en que estamos vivos y podemos ser todo lo que soñamos, incluso felices.


Música en tu carne

Así la mañana... Y hay música que baja desde el cielo, y aquella que nace desde el fondo de tu alma y de tu carne; que arrastra la complejidad de tu ser femenino, la simpleza del amor a flor de piel... Y reconozco entre sus puentes las verdades que operan el sistema: la séptima de luna; donde los enamorados se hacen de caricias, se besan y se colman, se hartan del amor y se consuelan, se calman con el lenguaje y su propia tonada, se deshacen de noche y se conforman de día, se ven en otro y se hacen uno, y dos y mil veces conjugando entre los versos el coro de su canción y su tonada... Veo el menor de cada escala, los daños de mis sueños en tus sueños, la falta de oportunidad y de paciencia, lo grave de respetar tu silencio, la pérdida innombrable de las fuerzas, del ritmo: la desobediencia a tu ley natural, seguimos siendo de uno, y del otro; sin igualdad de condiciones; tú me amas como dices que se ama y yo te amo como se ama, así tal cual, así tal cual tú... te sé tan bien, como se sabe la ligadura entre las hojas de una partitura... Hay que leerte para adelantar ese movimiento que lleve a tu alma, y a la caricia y a la permanencia, a la casa dencia de tus caderas y la avidez de tu vientre, al orgasmo oculto de tu mente... Se te ama de verdad y se te llena el cuerpo de notas, claves y palabras... y es que así es el amor contigo tan libre, tan sublime y a la vez, tan lleno de pecado.
¿Cuántas veces mis dedos estúpidos no sabían si amarte o recoger las frases, o hacer la tonada sobre el piélago de tu cuerpo? ¿Cuántas veces no llegué a tiempo a los compases de tus sueños? Justo ahí, deje la textura y la intención... justo ahí, en el intento de hacer realidad aquello que se lleva dentro, justo ahí en mi realidad de imposibles cosas, y de grandes discernimientos... ¿Cuántas veces a lo largo de la vida, mientras pensabas en el amor aparecía de frente con mi propio pentagrama? ¿Cuántas veces? ¿Cómo en la evolución de la melodía se pasa de sentir una bendición al tedio y a la melancolía? Y Ahí justo ahí, es que llega este tiempo de oquedades, de ausencia y de un enorme vacío... Y ahí justo ahí es que te sé y me enamoro y te reconozco, no porque no estés, si no porque a pesar de mis ausencias siempre estuve... Y te recorro, nota a nota, tecla a tecla, compás a compás, y en esta sinfonía, me abrazo al recuerdo de este amor y de tu cuerpo... y le planto la otredad, y te sé tan perfectamente imperfecta,  y te amo más, y te llamo vida.


jueves, 2 de junio de 2016

Divinas palabras

El amor se hace hilando palabras, tejiendo mensajes, colgando ideas de los labios... No basta un te amo con toda el alma, si no puedes hablar aquello que se esconde en el corazón... Y es que las palabras tienen su propia fuerza, invocan fantasmas, resucitan muertos, despiertan el deseo y te llevan inconsciente hasta la cama para dormir y descansar o al sofá para desnudarte... Porque son innecesarias las ropas, cuando las palabras se cuelan y anidan en tu ser, y aunque no lo quieras están ahí esperando a ser dichas —tal vez por eso, es que hablar es sinónimo de felicidad: sólo se es feliz cuando se vomitan las ideas y sentimientos en forma de palabras—. Las palabras enconadas ahogan, matan, se vuelven tedio y hartazgo; nos hacen irascibles, nos convierten en aquello que ocultamos al otro —porque nos da miedo que nos vean como realmente somos—, tal vez, y sólo tal vez nuestra necedad se convierte en ceguera, en el plan de desahucio: en pedir las llaves de la casa y pasar por alto que la única cerradura que abre tu alma y tu cuerpo son las palabras adecuadas, aquellas que por su propio tiempo y espacio y peso mojan tus entrañas... Y es cuando el nombre de otro habita contigo, no entre cuatro paredes, si no en tu presente y en tus sueños. — Mi casa no eran cuatro paredes, era el lugar donde se juntan tus piernas y tu vientre—.
Y hablar es el deseo del mudo, de aquel que somos cuando el argumento no es suficiente, y decimos: aburrimiento, insuficiente, miedo... Y del mutismo pasamos al vacío, al absurdo, a la indecisión y nos ahogamos en nuestras propias palabras, las escondidas a nosotros mismos... Y el discurso se vuelve soledad, aquella que lleva otro nombre —porque hasta para eso sirven las palabras para apropiarnos de las cosas y los seres—.
Justo en ese momento, ahí donde todo se desquebraja, las palabras más sencillas se hacen más fuertes: caricias, manos, olores, sonidos, pezones, cadera, labios, textura, humedad, cuerpos, piel, pies, vulva, corazón, ojos, ideas, juntos, futuro, besos..., y los personificas: tus caricias, tus pezones, tu cadera, tus ideas, tus sentimientos, tu alma... Y estructuras: "Tu humedad de sueños agazapados entre la comisura de los labios, de ambos pares. Tus besos irreductibles de suave textura e insólitas ideas, tu piel que guarda en sus secretos y laberintos, el mapa de las caricias sublimes, que marcan los pasos para un futuro juntos..."
Y hoy, no existen esas palabras mas que en su tinta sobre mi piel.
Y las palabras hiladas, en ristra, una tras otra, y dichas, sirven para hacer una realidad, no sólo el amor...



Así...

Así la mañana... Anoche entendí de sentarse en el umbral de la puerta y ver pasar la vida —me acerqué los panditas de todos colores, menos los rojos esos tú te los comiste; algunos chocolates sin azúcar, palomitas con tajín y esta soledad rigurosa—.
Recordé tus manos apretadas entre las mías, tan fuerte, como el deseo de que jamás salieras de mi vida, el examen de caminar juntos, pasó a paso, so pretexto de robarnos la sonrisa con un helado. Tu acongojada chamarra, arrugada entre mis falanges que morían por tocarte y se ahogaban en ese sueño; ¿recuerdas las flores imaginarias que jamás te di en secundaria? ¿Nuestra historia nunca contada? —Extraño los panditas rojos en tu boca—. Me vi recorriendo ese camino interminable, rompiendo el cochinito y sacando las monedas que guardaba para un viaje: ese de cada semana que me llevaba a la vida, a ese extraño sendero que hay en el hueco de tus brazos, dónde todo se podía resumir como si fuera el extracto de una vida: nuestra vida. ¿Cuántas planas de tu nombre engarzado con el mío cayeron bajo la sala y bajo las sábanas de la cama? —Me encantaba quitar la envoltura de esos chocolates sin azúcar, me hacían sentir recordado en el placer o tedio de las compras, de la despensa: Extraño un trozo de chocolate en mi boca—. Me deleité con la sorpresa de una, de otra casa; con las ganas de construirnos un futuro, lleno de días grises y de otros multicolores, de las bendiciones familiares y de ángeles guardianes: una casa por año, a lo mejor eran las velitas del pastel de cada aniversario. Vi tus amaneceres sola, y vi la luz filtrándose y dibujando esperanza en tu cara, en cada mañana que presencié ese sublime espectáculo, preguntándome al menos 176 veces —no cuento vacaciones— si estaba yo en tus sueños. Recordé el olor de la comida y el lunch de cada domingo: ser tu pinche amor, era para lo que daban las horas del cierre de semana, corriendo por tareas, encerrados por cansancio, heridos de la semana y a veces, hartos de tanto tedio. —Extraño las palomitas con tajín en tu boca—.
Poco a poco se fue cerrando la noche, y eran más los momentos de rutina, y eran más las costumbres y los avisos: "me dan risa tus cajitas", "no me gusta la ropa regada sobre el piso", "así no se tiende la cama", "aquí las ensaladas se preparan así": irremediable solté la carcajada. Y desapareció en mi esta angustia que no entendía, al paso del tiempo hicimos cotidianidad, de más pocos días que muchos, esa era la realidad de nuestro mundo costumbrista... Y me di cuenta de la magia, del poder de transformar con cada pequeña cosa una vida, o dos o tres... Y para mí fue suficiente, siempre con la esperanza de un futuro de dos. Así la mañana o la vida... Extraño tu boca en mi boca.


¡Y nada!

Me vi cruzando los puentes que llevan a la profundidad del abismo que significa estar con uno mismo; ya no con el otro, sino solamente solo, justo al final de nada y al principio de todo; es decir, justo cuando el todo para existir acepta el principio de la nada: panteísmo divino de la coexistencia; yo, tú, nosotros y nada... Ahogado en sus soliloquios y palabras nada, con el fuelle de oxígeno en la zona baja de los mares abismales, con los poemas muertos y nada; brazada tan abrazada nada, es el hueco que dejan las mariposas en su partida... Y después de tanto y tanto, sólo nada... Y es cierto, tan cierto como el mutismo y la preferencia de abrir las manos y dejar que se nos vaya la vida entre tanta nada y esta perpleja soledad, así como si nada... Es la pendeja idea de una libertad solos sin nada más que nosotros —es decir, uno mismo—, ¿acaso en su eterno romance las mariposas revolotean sin aire? ¿Son libres?
Y es que la nada se asienta en el cogote, se enmaraña en las ideas y anida tras el hipotálamo —la idea del corazón ya no es objeto de este poema, anda feo y escondido en un rincón, temeroso de que tú lo veas—.
Y así la nada hace su sitio de guerra en la existencia... "Nada, no pasa nada" y todo se derrumba mientras buscamos pretextos y consejos, y nos mentimos y nos engañamos y nos auto-cogemos y nos flagelamos con un te amo enredado como lastre en la garganta: porque no podemos decir: —¡Ven, sin nada de promesas, tan humano como nunca, como siempre! (Y nada).
Ese es el vacío de las mariposas... Nos dejan con los sentimientos colgados, unos en el perchero y otros en el clóset, se quedarán ahí esperando, llenándose de polvo con la esperanza de algo que no sea nada, de algo; que al menos sea suficiente.
Y por primera vez, en esa visión sistemática y tan deseada de las caricias vueltas costumbre, de los besos llenos de cotidianidad, de lujuria encerrada en el frasco del encuentro, de un sólo buenos días, de los sueños escondidos en tu vientre y en el viso del placer de ambos —lenguaje de otredades, que únicamente cuando se es otro se sabe al rigor del uno—, entiendo que el aleteo de una mariposa puede hacer un huracán o un tsunami, si y sólo si, es para levantar el vuelo y dejarnos así como si nada... Y nada pasa y siempre nos deja con algo, que tal vez mañana entendamos cuan suficiente fue... ¡Benditas mariposas!


Real Dragonfly

Una libélula voló sobre mi entre mis sueños: y aún así no retrocedió el tiempo, ni se acallaron las voces, no cesó el ruido ni llegó tu silencio... se quedó el espacio muerto relleno de cadáveres exquisitos, de liturgias sobre tu cuerpo, de cada palabra sobre la cama -diría nuestra, pero hoy es tu cama-. Voló sobre mi y le pedí un favor: y sonreíste a través del espacio; y le pedí un deseo: y dibujó sobre el espacio cada rasgo de tu cuerpo, y le puso tu nombre, y lo colmo con tus virtudes... le agradecí, y antes de que volará le dije: no te vayas sin ponerle sus defectos... sólo así es perfecta, sólo así es tan humana... una libélula voló sobre mi, no era magia, ni era un sueño, ni era un beso... ni retrocedió el tiempo, ni llegó tu silencio: sólo las voces de mis fantasmas y mis cansados anhelos.

Besos perdidos

Anoche, sentí el desahucio de los besos perdidos, aquellos que jamás llegaron, que escondidos bajo la almohada o los sillones no entraron a la batalla de la realidad sexual y amorosa: y entendí que en ellos también hay mensaje.
Puede haber besos tuertos que no ven la mitad del camino, besos mudos que se guardan cualquier oportunidad de rencor, y de pelea; por cobardía o prudencia. Hay besos tántricos que se mueren de deseo y se caen por abstinencia, o besos l
ocos, aquellos perdidos en su propia enfermedad, besos poemas o besos prosa; de palabras gravitacionales y sentimientos febriles; o besos suicidas: los destinados, desde el fondo del alma, a morir en el mero intento.
Hay besos grandilocuentes, de peso filosófico y hasta académico, besos diablo; los que encierran la intención de pecar y vender el alma -creo que estos son los peores, de tanto ardor se hacen ceniza prontamente-.
Como estos hay más pero a mí me importan sólo los más dolorosos, los que no hicieron nada, estos pinches desahuciados, estos heridos, o muertos bien muertos que se escondieron por cabrones o que por problemas existenciales no entraron a la batalla, ni a la de los sexos, ni a la de las charlas, ni para bendecir cada una de tus pijamas, ni para acercarte ni para nada... Si son los más dolorosos, esos besos que no dados llevan en vez de puntos, nuestros nombres.

domingo, 22 de mayo de 2016

La maleta

Así la mañana... Y me traje la luna conmigo, que ya descolorida, aún brillaba. Me la traje porque sigue ahí esperando el momento en el cual ha de apagarse, la traje aún maltrecha, la metí en mi maleta junto al perfume que tú conoces, hoy objeto de tus reminiscencias. La vi y recordé la bendición de estar vivo, y mis brazos vacíos se escurrían de ausencias, mientras yo agradecía el milagro natural de la cosmogonía: y es que era uno con la tranquilidad del rededor y otro con el ruido en el alma... Y me aterró darme cuenta que no siempre he sido diferente, y me pregunté si fui reconocido... Y decidí no contestarme, por eso me traje la luna y la escondí en mi maleta para explicarle que cada ciclo termina, que así tan pobre y mendiga, de huecos y cráteres, de lados oscuros y mares "tan tranquilos", un día volverá a estar llena... Porque así es la vida y no a todos nos cabe la luna en la maleta...

Así la vida... solos

Así la noche... La vida se muestra ante nosotros siempre impávida, sorpresiva, perpleja, siempre en espera de nuestra propia vida. Fugaz, se llena de instantes que no le pertenecen, se moja las ganas en el café que huele con la entrada del sol por la ventana, se viste y se va descalza a nuestro lado, dejando huellas y signos por si pierde la memoria y el camino a casa. Se agazapa entre los rincones, se funde en los sillones desesperada, esperando el amor, pidiendo que venga su presente con forma de mañana. Se esconde en el lecho, se aprende, letra a letra, las charlas de sobre cama, y los designios del placer que se dibujan entre las sábanas, se sabe de memoria las arrugas que dejan tus manos, el peso de tu cuerpo, la hondonada de tus curveadas nalgas; reconoce los ritos de tus humedades, y el vaivén de nuestras naves acaderadas, que perdidas en cada viaje, regresan en forma de espuma a la orilla de la nada. Mide los saltos de las ideas calientes que brincan cual diablos y ángeles sobre tu vientre, y es que la vida no sabe de placer hasta que ve mi lengua abierta, espinada, desflorando poemas, y acariciando palabras y señas entre tus piernas.
Y es que la vida se deleita de tu sombra desnuda formada cada noche, cubierta por la luz de la madrugada, o por el foco del baño fingiendo ser estrella, y es que te sabe cómo se sabe una plegaria, o el sabor del helado de chocolate.
Y es que así es la vida se alimenta de un nosotros y va yéndose a su ritmo, a sabiendas que a cada paso nos deja en el olvido, y todo se va quedando, sólo en la memoria de la piel, en la genética del otro que somos, cuando solos hacemos el amor...
Imágenes de Petitluxures en instagram









Viajar

Así la mañana... Todo comienza con un sueño, o algo que se cree un sueño: ¡para volar no necesitas alas! Sólo un salto de fe y un precipicio.
Eso es como despertar juntos en una simbiosis dicotómica, ¡eso! Justo cuando uno y otro, no son uno, son uno y otro consecutivamente pero se comportan indistintamente como uno. Ese es el salto de fe, saberse y encontrarse en el otro y confiarle aquello que se es... O no. Porque como en los pecados, también cuenta la omisión: ámame una eternidad pero vete, cómeme despacio, tómame pero ahora no; que no eres tú y no soy yo. ¿Y el precipicio? Ese comienza al momento del viaje, cuando empieza la espulgada de corazón, con la lavada de culpas, cuando exorcizas cada maldición. Se da justo en el momento del viaje que haces en su interior cuando siembras palabras, hablas viejas lenguas y las cuelgas en los globos oculares, en el lóbulo frontal, en los pulmones, cerca de su corazón. Y dentro de ese viaje aceptas el vértigo de la fuerza de su alma, de sus inquietudes, de sus creencias, y de su lado oscuro que empaña cualquier rastro de futuro o de razón.
Todo, inmutable, comienza con un sueño: ¡para volar no necesitas alas! Sólo uno, que sea otro, que te deje viajar dentro de su humana condición.


Comerse a sí mismo

Así la mañana... Auto-Antropofagia, es tener hambre del otro, y comérselo en el afán de encontrarse uno mismo... El amor siempre es la bestia hambrienta por el otro, aquel en que reposa lo que somos y no. Y quisiéramos tragar su alma, sus penas, sus más profundos pensamientos, relamer los dedos, los labios -ambos pares-, encontrar a qué sabe mientras no está con uno, deglutir su desesperanza, masticar sus sueños hasta que entren al sistema y hacerlos de uno -para ser dos, en el sustento de la pareja-. Y es que esta hambre no se sacia con nada, ni con la luz de la mañana sobre su cara, persiste como la silueta dibujada entre las arrugas de la cama, se queda en el humor de la almohada cuando ya sólo existe nada. Es esa hambre la que nos hace salvajes, y nos despierta cada mañana, esa sensación de insaciedad, de buscar batalla para encontrar la forma de llenar, una vez más, el alma...

martes, 3 de mayo de 2016

Más

"Y que tus brazos lo fueran todo, siempre más cercanos al cielo, a la respiración de los astros en nuestro microcosmos... Que fuéramos más amor y hasta salvajes, más mujer y más hombre en nuestras imposibilidades: menos imagen y más sinceridad, ya no con el otro, sólo con nosotros mismos..."

Singular

Así la mañana... Hay momentos de locura, de flaqueza, de pérdida y de falta de memoria; y no es que uno olvide, es que uno decide aunque se pierda en el intento... Y a pesar de todo siguen los sueños, la vida, y es esta sensación de vacío y de plenitud equivocada lo que nos mantiene vivos, tejiendo palabras, ocultando mundos y poniendo a colgar las historias en el tendedero. ¿Cuánto bien hay en tanto mal? ¿Cuán como ayer si fuera un futuro continuo? ¿Qué hay en cada ser humano que lo hace único e irrepetible? El alma será su alma...

Palabras

Así la mañana... Ceder no es perder, es regalar tiempo, cosas, vida, es aprender a desprenderse. A veces es necesario perderse para encontrarse y se vale jugar a las escondidillas con uno mismo, y gritar un, dos, tres que estoy abajo de la cama, o en el lado oscuro de tu corazón. Permitir los vuelcos de la vida es como permitirse escribir un gran cuento, es mantener la trama hasta sus últimas consecuencias, generar tensión hasta que explote en esa vuelta de tornillo que toda buena historia debe tener: los finales son la razón de cada historia, pero ¿el final siempre es un The End o es sólo un principio? ¿Existe el vivieron felices para siempre? -¿juntos o por separado?-. Mas bien, esperamos que siempre hayan sido felices, que las risas y las lágrimas valgan la pena, que los detalles, momentos y silencios sirvan para derrumbarse y volverse a construir, y es que hablando se hace el amor, se expresa con caricias, temores, besos, y alguna que otra maldición: y es que se vale el ruido y el silencio pero no el mutismo, se vale hacer la guerra y que termine con la última batalla entre las sábanas, así es como se hace el amor hilando palabras, sembrándolas en los rincones de cada habitación para que no se nos olviden.
Siempre se necesita parar, ceder, perder, olvidarse por un momento si eso termina en una sonrisa que borre cualquier mal momento.
¡Qué ingenuos cuando hablamos del amor! 


Ideas

Y es que el amor es una de tantas ideas que cuelgan desde el firmamento... Lo mismo da decir juguete, o perdido navío de velas guardadas, foco o expresar terror y apagar las luces, sacudir las manos y pensar en el adiós de dos personas que impávidas se aman y se desgajan. Y es que da lo mismo pronunciar por ejemplo: tengo una soledad tan concurrida porque en noches como esta la tuve entre mis brazos, que bienvenido al síncope de los que pierden el rumbo porque mantienen cerrada la jaula de su mente. Y es que son tantas ideas, que uno se apendeja o se vuelve loco: microondas, circo, sándwich, vida, tierra, vino, Tierra, solo o sólo, todo, todito o nada, que se parta el mundo que está de la chingada. Y esas son ideas, es como decir: palabras, acciones, te desean, te quieren, te aman, y poco a poco, el tiempo te desarma, regresa a tu lugar, a tu escondrijo, respira hondo y mantén la calma. Y es que las ideas tienen ese juego de ser ideas, lisas, pesadas, crujientes, utópicas, disléxicas, tajantes o bellas; quién no ha sido seducido por la simple idea de un beso, besito o besazo -de esos que se prefieren franceses, de lengüetazo-. ¿Y la idea de la caricia que mórbida se desplaza por la desnudez, por la textura de la piel y el sonido del onírico deseo provocando la humedad lujuriosa entre dos cuerpos?
¡Ay de las ideas que descuelgas! Terminas haciéndolas tuyas, les pones nombre, les dibujas una sonrisa, se transforman en sueños tuyos pero prestados, de esos por los que mueres y terminas con el vacío entre los brazos. Y es que en el mundo, día a día, hay ideas, como el amor, como la soledad, la vida misma, la ausencia y el perdón.
Inevitable, hay ideas que cuelgan del firmamento y para hacerlas realidad sólo tienes que encontrar a alguien más que las vea igual que tú: ¡colgadas desde el firmamento!

Contrastes

Así la tarde... Busco entre las palmas de mi mano la huella y el mensaje, intento descifrar el código con el que se explica el alma, ese murmullo plagado de síncopas y de silencios, algo así como la orilla donde el corazón se desboca y se vierte en el orgasmo. Busco impaciente los sonidos de tu cuerpo: la fricción de mis manos sujetando tu pecho, la erosión de mi aliento sobre tu cuello, el repique de mis labios; sus palabras necias, su lenguaje mundano, sublime, de contrastes -al igual que nuestros cuerpos-, tú tan blanca y yo siempre tan profano. Busco a tientas nuestros movimientos etéreos, perplejos, sinuosos... Siempre tan llenos de sonidos, siempre muertos de deseo. Busco incansable, siguiendo las líneas de mis manos, paso a paso, y entre ellas me pregunto: ¿cuándo perdimos el camino que se camina juntos? ¿Cuándo decidimos dejar este sentimiento tan lleno de nosotros, de pasión y lujuria, y salir solos, de este mundo ilesos?

Vaivén

Así la noche... Viene y se va, llega y se sienta a la orilla de la cama: desgaja mis sueños, se pierde de luces, se ríe de cada imposibilidad y de la sustancia. Viene y va, como el aire de esta noche, no sopla pero va, cayendo de sueño, despierta de ilusiones, poniendo la mirada en el futuro. Viene y va, sembrando huracanes en la ya no tranquilidad de mi alma, cosechando imágenes y suposiciones, certeras, fantasmas, utópicas; tal vez soñadas, es que viene y va la memoria en su lucha con el olvido, que recuerda y se llena de tan vacía... Y es que en este silencio los recuerdos -hoy tan todo y nada- ni son parte de la libertad y saben a multitud, a muchedumbre. 

Ese o esa

¿En qué momento nos convertimos en un ser real y dejamos de lado la imagen que convertimos de nosotros al paso del tiempo? ¿Quién afirma aquello que somos y no? ¿Es la casualidad, las causas o el destino? ¡Suena tan barato! Es como doblar el sol en forma de rollo y esconderlo bajo la cama, cambiar el calendario con la tinta y gestar la primavera o el otoño, es guardar el corazón bajo la almohada, preservar los osos polares en la nevera, reservar los besos en el frasco de las medicinas, y conservar los recuerdos en el celular en forma de fotografía. ¿Cómo eliges a quien comparte tu vida? ¿Por qué ese o esa y no aquel o aquella? Lo mismo da si somos todos seres humanos ¿Qué forma y conforma a uno y al otro? Suena tan absurdo. Verse en el otro cual reflejo de uno mismo, amarse y sentirse uno por medio del cuerpo y el corazón del otro, percibir la existencia sólo en referencia al otro: esgrimir la trascendencia sólo en la memoria del otro; otro yo, otro tú; porque la historia del otro encuentra espacio y trama en el uno, que a su vez es otro: uno de otro. ¿Será la soledad en uno que forma al otro? O ¿es la soledad del otro que se forma en uno? Parece ser que sí, cuál entrada al cine o al concierto, la fila al corazón se llena de aventuras, de caricias, de rimas, de amaneceres sobre el rostro, de pericias y advertencias, de sonrisas y peleas, de los cuerpos húmedos y fantasías, de los cadáveres exquisitos y del salvaje encuentro con el otro que termina siendo uno mismo. Suena tan absurdo como que el todo sólo existe si hay vacío... Tal vez, sea en este absurdo que dejamos la imagen y damos paso a nosotros mismos

Lo siento, te quiero

Sí, así la noche... Será que el tiempo lo conjuga todo; las lágrimas, los recuerdos, los verbos: un te amo se puede transformar en un siempre te he amado; un presente que muta en el futuro perfecto de aquel pasado continuo que no deja de ser un presente, ¿o será la muerte inminente del hoy? ¿O el hoy convertido en mañana y siempre? Lo siento, te amo es un verbo imperfecto, tan humano, tan plausible e imposible, absurdo, atemporal, es tan presente como un regalo, y fugaz como dure tu tiempo, es el veneno de las conjugaciones empieza en segunda persona y siempre se muere por ser la primera o la única o la persona de toda una vida, cuando nunca ha dejado de ser un nosotros. Amar se conjuga en plural. Lo siento, pero es una conjugación de vida, de lucha, de batalla cuerpo a cuerpo, de palabras, de rifarse por el otro, de sentidos y acciones -será que es un compendio de verbos y en eso radica su complejidad-. Paradójico que siendo un verbo tan personal sólo existe si radica en el otro, es decir, -lógica y matemáticamente-: suma, cuando quiere comienza en uno y termina en dos, tú y yo; o en más; tú y y yo y nuestro tú y yo. Y en veces resta, pero sigue siendo del otro; yo y lo que fuimos tú y yo. Lo siento pero es verdad, siempre duele, si es bueno o es malo: invariablemente duele, y no hay cura que lo cure -porque ni Dios puede salvar o salvarse del amor-, a lo mejor es tan divino como él -o ella-. Lo siento, pero es cierto: el tiempo no cura al amor, sólo lo conjuga, y aunque parezca o perezca en varias personas, siempre; inmutable termina en un nosotros.

Ilustraciones de Alma de Juguete por: Enrique Zaragoza

Este soy yo...

DE MI han dicho...Nació envuelto en la terrible sospecha del ser humano —él siempre quiso ser árbol, águila o imagen tras el espejo— un 13 de diciembre de 1972, en la ciudad más avasallante y más hermosa del mundo: el Distrito Federal.Desde pequeño creció con lunas en los dedos e ideas itinerantes colgando del cabello, ávido lector de tiras cómicas y de cuentos infantiles permitió a los seres mágicos, divinos y leviatanes arrullarse en su cama tras el profundo canto de las sirenas.Creció, y mientras decidía que hacer de su vida, en cada luna llena besaba las almohadas imaginando al amor de su vida. Por fin, una mañana decidió estudiar derecho, algo que le salió muy chueco porque abandonó la carrera para estudiar periodismo, dando por concluidos tales estudios en el PART, a la vez que rocanroleaba como oso en brama tras una batería.Años más tarde decidió llevar la música en sus adentros y trabajo como negro en la redacción del departamento de cultura de Radio Educación (de vez en cuando se aventaba un palomazo como productor del programa “Su casa y otros viajes”), todo esto sucedía mientras estudiaba un diplomado de Literatura y Periodismo en Casa LAMM. Las letras —aún las de pago— siempre le han perseguido, al igual que la radio, por tanto, trabajo como productor de la serie “Impulso Humano” en Radio Universidad, no sin antes pasar por la Subdirección de Logística Informativa del GDF, algunas agencias de publicidad y la coordinación de medios de IH, A.C.Por fin, el 12 de noviembre del 2005, su destino le alcanzó y se puso a escribir como secretaria ejecutiva después de una huelga, y dio a luz a varios chamacos, y con el único fin de darle de comer a su prole, actualmente se dedica al desarrollo de documentación administrativa para diferentes empresas y alguno que otro trabajo de producción en audio (es cierto, en México vivir de las letras, que no sean de pago, está de la China Hada).Por cierto, el nombre de sus chamacos son:* El eterno idilio entre las mariposas y las hormigas, 2007.* La caída de la luna, 2006. Noveleta rosa.* Alma de juguete (anhelos para el niño que nunca debiéramos olvidar), 2006. Cuentos ¿infantiles?* Egomanias y la Llantitos (cuento – lógia), 2006. Recopilación de 20 años de cuentos darkys y existenciales.La mayor parte de las veces me llaman ¡Hijo de la chingada! ¡o de tu madre!, bueno, la mía... aunque últimamente me he aficionado a ese término tan común y que sólo me sabe si proviene de sus labios y que juntos creemos es para toda la vida (chance y para algunas más).En fin, que de mi la gente puede decir todo y a la vez nada, tengo muchos nombres, lo cierto es que tengo buen corazón aunque lo disfrace de mil y un calamidades...

Rolas de la banda "Nívola_Cría Cuervos" (Quintanar/Vargas/ Cruz)