
Sigo reptando, me atraganto codicioso de las moléculas de aire, y siento tu temperatura cruzar el espacio que nos separa... Mi lengua se afila y se perfila sobre las comisuras de tus labios: intenta sacarte la verdad mientras te tienta. La noche me protege en la saciedad de mis instintos rosas, fiel salvedad cromática de tu flor abierta: siento la humedad en mi boca. ¿Ves como através de la palabra se derriten tus argucias y te quedas sólo mujer de carne y hueso, sola habitando tu paraíso. ¿Ves la noche como nos protege? Y yo sigo reptando, dibujando sobre la arena mis desiertos sentimientos, buscando en el calor de la tierra aquel que florece en tu cuerpo, y emana e irradia lo que a mi vida le hace falta, me haces falta. Y me muevo ladrón de tus silencios y de la clave de sol que aparece ceñida a tu cintura: pasivo intérprete de la música entre tus piernas... y en la noche sigo reptando, devorando la plenitud de tu sueño, llenando tus espacios vacíos... y oscilo entre la verdad y la mentira, gran usurpador de cuerpos, sediento de mares de palabras, negro habitante de tu cuarto de luna. ¡Sí tan sólo pesaran mis palabras sobre tu cuerpo y mis escamas recorrieran el piélago que yace amodorrado cubriendo tus huesos. ¿Qué hay de la pequeña muerte? ¿Qué del corazón tibio entre la gélida carne del reptil que en las noches me convierto? Y sigue la noche, y el espacio se mantiene impávido, y sigue, y gira el mundo y paro la noche, pasa la vida, y sigo siendo el reptil encerrado en el deseo de desear tu cuerpo... y no es que no te ame, es que hoy mi lengua es bífida, y las escamas se han puestas erizas ante la sola insinuación de tu carne... La noche sigue y yo, sigo reptando...