
Dejemos el tiempo a parte -como si fuese un punto-, envolvamos nuestros sueños en papel estrasa y llevémoslos bajo el brazo -como los periódicos del ayer de hace unos años, cuando no eramos noticia de primera plana-. Pintemos nuestro cabello de blanco mientras encerramos los recuerdos que tenemos de estas lunas bajo llave, en el viejo cofre de girasoles pintados con olor a maderilla, al indio que soy -sí, justo ese cofre que jamás te regalé-.
Dejemos las cosas de lado -el diván de aquella noche cuando llenos de deseo nos arropamos con el torso desnudo y la entrepierna húmeda, las copas de vino a medio vaciar del día en que nos conocimos, la velas extintas del funeral de nuestra virginidad mancillada por "los otros", el óleo de tu antiquísima pintura,y los folios amarillos de mi novela no escrita-, apartemos la memoria -en especial la de la piel, aquella que te estremecía cuando mi voz te recitaba palabras y mis labios temblorosos se apagaban en el fuego de mancillar tu oído-, vaciemos nuestros bolsillos de lunas llenas, de cuartos de hotel y esferas menguantes -aquellas que nacieron entre órgasmos compartidos y caricias-. Seamos sólo nosotros, nosotros solos... Hoy más que el día en que nos conocimos y no...
Endulcemos nuestras lenguas bífidas y hartas de esperarnos, ahoguémonos en sudores profanos y llenos de pecado, del pecado de desear más allá del poder mismo, de la precocidad y capacidad de nuestros cuerpos -entes latentes, lejanos, mancillados de puro recordar y de darnos sin presente, sin futuro y sin pasado-.
Dame tu mano que yace abandonada sobre tu pecho, dame tu piel de ojivas latentes en busca de más que placer villano, dame el semblante que reptante, se posa, cual fotografía, sobre tu rostro andante y aventurero... Calla y a la vez, háblame de tus amantes -prófugos de tus brazos, signos de tu equivocada soledad de luna en brama, de luna fémina, de luna sangrante-. Sólo sé que siento celos, celos perros, celos de vellos punzantes, de caricias palpitantes en el éxtasis de la aquella vacuidad tan acompañada, tan unívoca y polisémica... Habla y recitame tus viejas coplas de luna trovadora, de luna diva, de luna poetisa, de luna andamio de los versos -tácitos escritos y blancos, como la luz de tus entrañas-.
Dejemenos de verdad, con la mirada en off en el cenit de nuestras gemas endiabladas y llenas de lujuria -dale la mano a tu amante, dale tus labios llenos de realidad, tus pezones soberbios y tu vulva dilatada-. Dejémonos mientras extiendo la mano con mis dedos noche, mis dedos poesía, mis dedos martirio, mis dedos llenos de lunas... para ver si sólo de esta manera puedo apresarte... luna prófuga, luna mentira, luna peaje, luna muerta, luna carnívora de mis ideas taciturnas...
(Y no te escribo para hilvanar eslabones, sólo esposas que te aten a mi alma de lunático poeta, de vigía de estas noches, por hoy apagadas).