
Ve dentro de mis ojos el reflejo de la preparación fastuosa de la misa negra que he preparado esta noche para ti... deja todo de lado y observa con detenimiento tu cuerpo semidesnudo sobre la cama: cubierto tu pubis por los encajes oscuros de veladas transparencias mientras tus pezones rosados se agitan estremecidos entre el calor del frío desierto del angelus... Y ambos estamos solos, más solos que nunca jamás.
Mira como te rodean mis demonios, viles y taciturnos, ávidos de tu carne y del sabor de tus entrañas, huele el viento de nuestra respiración haciendo la tempestad del deseo sobre el piélago de tu desnudez que arde al tacto de mis manos que no han llegado, pero que buscan incansables la puerta de tu orgasmo más explosivo y por ende más profano... no soy Dios, pero le pido a mi ubicuidad que se riegue entre tus piernas buscando el más oscuro continente que jamás algún hombre ha tocado, le ruego que se desvanezca a lengüetazos sobre la orilla de tus pechos y toquen el fin del mundo para salvarse de esta vida envenenada con tu ausencia... Y tú y yo somos los ausentes, los jamás venidos a nuestra vida.
Mira como la luna nos protege en esta locura de golpes bajos y palabras llenas de lujuria, de caricias que arañan la distancia, de la media luz que nos envuelve y nos provee de vida... Mira la luna y verás los miles de ángeles que brincan de un lado a otro del abismo que hemos creado con el vacío y estas ganas estúpidas de extrañarnos... Velos dar vueltas con el signo del sexo en la mano y el amor dibujado de pasteles en el pecho... Y hoy somos más extraños y no saltamos abismos, sólo sacudimos la tierra que nos vio crecer como animales desamparados y hambrientos el uno del otro... Y hoy sólo estamos solos...
Por eso hereje rompo los tendones del verdadero Dios para que no siga escribiendo esta novela de gruesas millas, de campos de temporal, de sierras enardecidas ante la falta de batalla, de muertos vivos que se enlazan a esta historia: sólo cadáveres exquisitos con ganas de vivir en una poesía de besos y abrazos, mientras se extinguen en su propio delirio del sentimiento líquido.
Por eso te preparo las medias velas para destruir tu cadera con cada penetración hasta verte parir el momento, nuestro momento; por eso te enjuago en vino sagrado, carmín de tu fertilidad para ensañarme en el sacrificio de tu cuerpo soportando mi peso y el camino de mi esperma... Es que ambos somos el deseo mismo, que inteligente, destruye la burbuja rosa de los enamorados y se edifica en el sufrimiento de la soledad acompañada, somos la vorágine del sentimiento que se pierde entre la noche... sólo somos las bestias que purgan sus penas en cuerpos ajenos, en vidas de otros que jamás nos llenarán pero que están ahí para que no muramos de soledad...
Esta noche los dos estamos más solos que nunca jamás lo habíamos estado...