Hoy aprendí que las agujas del reloj nunca dan contra marcha, en especial si se dan pasos para sobre pasar las barreras de la vida. Hoy aprendí lo inherente del juego del amor, y que los dulces son sólo para recrear el cuerpo pero no el espíritu -a pesar de su excitante sabor-. ¡Qué decir, si sólo soy un niño recreándome entre tus brazos y soñando despierto con los cambios de este mundo! Si sólo paso la vida como se traga un bocado almibarado, si creo que la mañana sólo es el descanso de la noche. Hoy te vi mujer dormida, adolescente despierta, niña con los problemas encima; y no es que no sepas afrontarlos, es que siempre te es difícil hablarlos... mi mujer de risas floridas, de caricias térmicas -siempre se refleja lo que sientes en tu piel-, mi niña con el corazón partido, la amante prometida entre nubes y problemas cotidianos -juro que no quiero que te lleven los extraterrestres, me quedaría solo de verdad-. Hoy aprendí que las palabras son un juego que sólo juegan los mayores, los que persiguen la vida día con día, y yo yo sólo soy un pequeño tirando bolas de helado en la calle, besos soñados con sabor a sugus, caricias seguidas de salvavidas multicolores... y es que sigo pensando que la vida empieza entre tus labios y con un "buenos días". Hoy me fingí tranquilo viendo lo que menos puedo y la poca gran ayuda que soy, te observé desnuda alimentando sólo el cuerpo y dejando el alma para después -¿quién hay que quiera sólo cuerpo y se olvidé de la promesa de encontrarse cuando muertos otra vez-. ¿Y yo?, no pude arrancarte la sonrisa ni llevarte al paraíso; hoy mis manos sólo son la oferta -y tal vez no la mejor-, de un futuro -si es que lo hay-, incierto, incierto y superfluo... ¿Quién hay que quiera la vida si no se deshace en la boca dejando un dulce sabor? Hoy aprendí que el tiempo nunca va hacia atrás, que las sensaciones no son iguales, que sólo creemos que se duplican... el diario devenir puede dejar en ruinas los castillos, desaparecer las nubes, llevarse los años y los senimientos... Hoy aprendí, que siendo sólo un niño necesitas tu espacio para la adulto, y que yo siendo un adulto siempre necesito la despreocupación del niño... ¿Quién hay que no quiera dejar que la vida vuele libre como el algodón de azúcar por el aire, después de girar vertiginosamente? Y me pregunto si de verdad tu felicidad puede ser moldeada entre mis manos, -y eso, si son mis manos-.
