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viernes, 16 de abril de 2010

Horizonte


La tierra no puede ser suficiente para los dos -si no lo es para la luna misma-, si aplaudimos los ríos de sangre y nos sostienen los aludes desplegados bajo el terruño de nuestro diario devenir, concéntrico y limitado al encuentro de nuestro cuerpo... Y no es que el amor lo sea todo, y no es que el sexo lo sea todo -y sin embargo lo es-.
La tierra no puede ser suficente para los dos si acostados sobre el continente nos buscamos en la fallas y horadamos los viejos cañones -donde alguna vez se juntaba el agua- para arrimarnos al amor que no hemos encontrado, mientras la vida se filtra bajo nosotros en los mantos frenéticos del pasado... Y no es que el amor lo sea todo.
La tierra no puede ser suficiente si no te bastan los troncos y las copas sobre los desfiladeros, si recorro las montañas a ciegas, en busca de la cueva de la vida, camino al fruto prohido -e invitado- oculto tras la hierba arómatica de tu entre pierna -acre, ácida, salina e inexorablemente dulce- y sólo encuentro desiertos abismos. Y no es que el sexo lo sea todo.
La tierra no puede ser suficiente si traslada en su eje y sobre su lomo infinidad de paisajes azules, bucólicos, fatuos, vorágines y desiertos... que cambian después de cada hibernación de nuestra vida misma -uno no se muere, sólo duerme esperando el momento en que, tras la glaciación, renace la vida-. No será suficiente si apenas ayer tú y yo no exístiamos sobre ella ni como esencia ni como idea.
La tierra no puede ser suficente para los dos si el viento no lleva tu nombre cruzando el espacio -aquel donde no estamos-, si el sol nos derrite bajo la piel ante la falta de caricias... Si las palabras salen sobrando y rebasan los márgenes de su continente -hace días que sólo miro hojas en blanco mientras las palabras corren, se agazapan, flotan, se abandonan, texturizan y disfrazan el mundo en su identidad secreta -la que inventamos en sueños solos, llenos de olvido, ahogados en el vacío existencial que produce esta lejana cercanía-.
Aseguro que la tierra no es suficiente para los dos si cada noche buscamos con ansia la luna para decirle: "No es que el amor lo sea todo, no es que el sexo sea todo... son lo único que mantiene vivo aquello que sólo muy solo escribo".

Miles de palabras


Te he de preguntar si bastan 20 mil palabras para olvidarse y convertirse en otro, para hacer los árboles de plástico y los peces de colores virtuales, para rellenar el hueco que hemos dejado en la tierra de tanto arar buscando muertos, inventando asesinatos y sembrando delatores de una verdad que no conocemos -lo peor- o que hemos inventado.
Serán suficientes veinte de a mil palabras para limpiar los oídos de la angustia que ensordece cuando joven, para rellenar la soledad que nos acompaña cuando adultos, para solventar la tristeza que queda cuando muertos -ya que el pedo no es morirse sino aceptar que se esta muerto-. ¿Lo serán?
Te lo pregunto porque tengo la boca seca de los besos que no han llegado, la piel áspera de las caricias perplejas bajo los rayos de la luna, la estúpida sonrisa que amanece cual sentencia de esta vida liviana y desgastada. Crees que veinte miles sean suficientes para bordar el libro que me espera resguardado por mi disco duro y su contraseña, serán de más o menos para hilvanar la trama y crear el desenlace que cual sentencia nos espera en este amor que lejos de construirse se atraganta para morir colgado con los huevos al aire -será que son tantas palabras que por eso se asfixia, y se mata y se provoca cual anorexico panfleto de quinta-.
¿Cuántas vidas son suficientes? ¿Cuántas? Y mientras invocamos las palabras en ensortijados sortilegios, la vida se va caminando osada, alevosa y llena de sueños rosas, dejando en el sendero oraciones blancas, versos azules y poemas de cuarta... ¿Cuántas palabras se necesitan para amlagamar los labios, sopesar el cuerpo mientras con la lengua limpiamos la piel de los orgasmos y las venidas? ¿Cuántas palabras bajan en forma de escarcha para ablandar las contingencias de la vida y hacernos volar en pos de sueños de un paraíso perdido y olvidado de los mapas? ¿Serán suficientes 20 mil? Te lo pregunto porque no lo sé, pero el teclado hierve entre las gotas carmines de mis medias lunas, y las gotas saladas de mi espesa tristeza... aquella por la vida? Son suficientes las dos decenas de miles de palabras que cual asesino en masa se divierte jugando con la vida mientras planea para los dos un futuro mejor lleno de momentos y segmentos, de amores mercantiles, de sensaciones trasbocado, del vino agrio de vivir callando... de respirar viviendo mientras la consciencia nos va hundiendo en un mar de tranquilas imposibilidades... ¿Son suficientes para decir un te amo momentaneo y que se vaya disolviendo en el ocaso de mis labios, en la mirada siempre fiel del espejo y entre los días de cada año venidero?
Te lo pregunto en silencio, a la vez que sin quererlo, sigo escribiendo, poema a letra, señuelo tras martillo, hoja en la hojarasca de un amor encontrado entre los mares de este limbo... de cada fuelle de oxígeno que irremediable se agolpa en los pulmones y nos mantiene vivos...
¿Crees que 20 mil palabras sean suficientes para servir de puente y salvarnos del abismo, para que pase el tiempo y la luna por fin, tras la noche agazapada, encuentre su destino no entre los hombres sino en aquel que está marcado por los designios divinos?

martes, 6 de abril de 2010

El sol bajo las sábanas


Dejo la vida en el buró, y ciego de deseo palpo entre las sábanas buscando a tientas los límites de tu cuerpo, guiándome por las texturas apócrifas de nuestro santo sudario... El colchón guarda en la memoria el peso del animal en que nos convertimos cuando la avidez recorre cada centímetro de nosotros... Somos la bestia de dos cabezas, de labios hinchados y miembros encadenados mientras las áspides entrelazadas -en las caderas- retozan inventando palabras de un viejo y abandonado diccionario... Somos la carne alada del espíritu indomable que cruza libre los laberintos y el abismo, asentado sobre los restos de ángeles perdidos, caídos en las búsqueda de su propio paraíso...

A cuarta de dedos, mido la espesura de tu aroma impregnado, de la fragancia de tu sexo que no olvido y que me he inventado -será porque extraño el sabor de tu vulva entre mis labios-. Inclinado hurgo entre las memorias que he sembrado mientras nos revolcamos sedientos y complacientes el uno con el otro, miro los frutos colgantes, lujuriosos, rojos, advenedizos al orgasmo que los llena de jugo -razón de más para jugar al paraíso-, de la savia que inadvertidos, vertimos gota a gota sobre el cadalso de la pequeña muerte que va y que viene.

Y la mirada se pierde en su propio corazón, destilando tus caricias llenas de sal... y el dulce sabor de la ausencia llena de recuerdos el mundo que hay bajo las sábanas... Y la luna colgante de cuarto de vida da paso a la luz de un nuevo día...

miércoles, 17 de marzo de 2010

Clara imaginativa


Anoche cavamos las entrañas de la tierra, las edades de mi vida y yo como un ente aparte. Cojimos las palas, arañamos el suelo en varios sentidos, levantamos polvo sobre polvo, desenterramos muertos -conocidos y olvidados, teñidos y abandonados-, sacamos piedras y precipicios, horadamos hasta salpicarnos de magma... y ni un rastro tuyo -nada-, ni el timbre de tu voz ni la fragancia de tu cuerpo ni las texturas de tu piélago: nada.

Por primera vez, extrañé tu luminiscencia prendiendo la noche de blanco, ningún día ha sido igual desde que hay un hueco en el firmamento, se ve ridículo: una oquedad en el espacio, y aunque está ahí teñida de negro, acompañada de cuerpos celestes, esa -la oquedad- no esta vacía. Conforme se apaga el sol en su infeliz día, llega la noche y con ella las aspiraciones que nacen de los corazones enamorados, de los torturados por su vientre abultado: preñados por las palabras de los amorosos, que si bien se arrastran en su soledad siguen escribiendo versos blancos del idilio, del corazón sangrante, del espejo vacuo, de la nostalgia de la otredad soñada, añorada -irremediablemente un cuarto o mitad de una naranja-. La paradoja: los abandonados y los ausentes aman -no sé qué- mientras los demás se aman...

Desde que desapareciste las noches no son las mismas, pero el amor no ha muerto, ahora es más oscuro es menos desviado, pero sigue intacto... ya no hay trenes que lleven directo al deseo, ya no hay vías camino a ninguna parte, ya no hay metáforas o hipérboles sembradas a lo largo del paisaje... sólo hay un hueco enorme en el manto estelar, tan lleno, repleto de vacío.

Parece que la locura se ha extinto, desde que tú no estás la vida es más cuerda, enmarcada en una incipiente lógica, que va de mano con un sólo destino: vivir. Antes, luchabamos por más, por sobrevivir a como de lugar, contra paradigmas y necedades, entablabamos la batalla contra nosotros mismos, mientras caíamos en partes: por el flanco izquierdo, las ideas; por el centro, los orgasmos; en la avanzada, las caricias convexas, derretidas, transmutadas, disueltas... en la retaguardia, el deseo, de tus palabras, de tus señuelos, oculto por ti, ¡el deseo!, aquel de desearte, el que hay en la vida misma.

Cuántas noches hay sin ti, miles de pensamientos y de palabras aplastadas por el olvido... Te he dibujado en mi mente, desnuda soñolienta, cubierta de seda, de encajes, de algodones, de nimbos plateados, húmeda, deseosa, de suaves tercipelos, de caricias bandidos, de orgasmos cuatreros -de esos que se roban a mitad de la noche-. ¡Cuánto pinche deseo! ¿Cuánto? Ya no lo sé, porque aún en el exceso no puedo dejar de pensar en la voluptuosidad de tu cuerpo blanco, de mapas trazados para tesoros escondidos... Desde que no estás las noches son demasiado largas...

Por eso, anoche cavamos las entrañas de la tierra, las edades de mi vida y yo como un ente aparte. Cojimos las palas, arañamos el suelo en varios sentidos, levantamos polvo sobre polvo, desenterramos muertos -conocidos y olvidados, teñidos y abandonados-, sacamos piedras y precipicios, horadamos hasta salpicarnos de magma... y ni un rastro tuyo -nada-, ni el timbre de tu voz ni la fragancia de tu cuerpo ni las texturas de tu piélago: nada. Y es esa nada la que me hace pensar que sólo te inventé en mi mente, luna fugaz, luna escapada, luna fría, luna ausente, luna apagada...Mi luna inventada

miércoles, 10 de marzo de 2010

Discurso encontrado













¿Qué sería de nosotros sin la lunática luna y su reflejo en esta realidad aparente, realidad de noches llenas de contrastes y sortilegios? ¿Quién le ve tras el borde del billete? ¿Quién saboreando las migas del mendrugo y del vinagre tinto?

¿Quién es Dios que nos manda o nos sugiere?

¿Acaso no es el hombre la divinidad expuesta mientras retoza en hinojos, detrás o sobre su Diosa arrodillada? ¿No es el maná la vulva envuelta en los olores lujuriosos, no es el pene el báculo que abre y cruza a pie los muros -cual aguada- del Mar Vivo? ¿Y la danza de la fertilidad no es el rito mayúsculo de la deidad en el hombre -si es que Dios no es en si, solo, tan sólo un hombre? ¡Es la bendición el movimiento de caderas, la presión en los muslos, santiguada exposición del caldero del deseo, comunión del sexo compartido y sin remilgos! ¡Chinga, esto es un credo exacerbado por el lumen mortuorio de la luna! ¿No es la muerte pequeña, el desceso chiquito -la máxima caricia, la deidad vuelta instante- no es la misma muerte el beso de su magnificiencia? ¿Acaso no se enredan los herbarios y las flores del jardín de tu Edén a mi tronco, el del árbol maldito, el del fruto del bien y el mal?

Luna psiquiatra, Luna loquero... Dadora de las furias creadoras, lente plateado de la visión profética y poética... Alimento de los pobres, paupérrimos enamorados, góticos amantes, prisón de barrotes cursis para las bestias del apocalipsis del deseo divino... ¡Cuánta lujuria hay encerrada tras el deseo del crepúsculo! Y no te defiendo del olvido, sólo de la falta de tinta o de la goma del poeta...

Luna mía, ¿Quién no desearía volar contigo y conocer ambas partes del mundo? ¿Quién no observaría junto a ti el terreno, el paraíso y el inframundo? ¿Quién no te desea vestida de trasparencias -que dejen ver tus formas y el rosado de tus pezones y tu vulva, el pelambre florido de tu pubis, las pecas que yacen como puntos y comas sobre tu pecho-, y de encajes de gamas sueño, de colores vida, de combinaciones ávidaz semitonales?

Dime, ¿no es elitista que sólo algunos hombres tengan acceso a tus misterios, a tus hechizos, a tu antiguo diccionario y al placer oculto en tus sortilegios? Luna monógama, luna caliente, luna humana, luna divina...
Y no te defiendo de otra cosa que sólo del destino que hoy te brinda la pluma, de un loco que sólo dijo que amar es muy divinamente humano... fuera y dentro de los sentidos...

jueves, 4 de marzo de 2010

Autismo lunar (prosa a la soledad acompañada)


Dejemos el tiempo a parte -como si fuese un punto-, envolvamos nuestros sueños en papel estrasa y llevémoslos bajo el brazo -como los periódicos del ayer de hace unos años, cuando no eramos noticia de primera plana-. Pintemos nuestro cabello de blanco mientras encerramos los recuerdos que tenemos de estas lunas bajo llave, en el viejo cofre de girasoles pintados con olor a maderilla, al indio que soy -sí, justo ese cofre que jamás te regalé-.

Dejemos las cosas de lado -el diván de aquella noche cuando llenos de deseo nos arropamos con el torso desnudo y la entrepierna húmeda, las copas de vino a medio vaciar del día en que nos conocimos, la velas extintas del funeral de nuestra virginidad mancillada por "los otros", el óleo de tu antiquísima pintura,y los folios amarillos de mi novela no escrita-, apartemos la memoria -en especial la de la piel, aquella que te estremecía cuando mi voz te recitaba palabras y mis labios temblorosos se apagaban en el fuego de mancillar tu oído-, vaciemos nuestros bolsillos de lunas llenas, de cuartos de hotel y esferas menguantes -aquellas que nacieron entre órgasmos compartidos y caricias-. Seamos sólo nosotros, nosotros solos... Hoy más que el día en que nos conocimos y no...

Endulcemos nuestras lenguas bífidas y hartas de esperarnos, ahoguémonos en sudores profanos y llenos de pecado, del pecado de desear más allá del poder mismo, de la precocidad y capacidad de nuestros cuerpos -entes latentes, lejanos, mancillados de puro recordar y de darnos sin presente, sin futuro y sin pasado-.

Dame tu mano que yace abandonada sobre tu pecho, dame tu piel de ojivas latentes en busca de más que placer villano, dame el semblante que reptante, se posa, cual fotografía, sobre tu rostro andante y aventurero... Calla y a la vez, háblame de tus amantes -prófugos de tus brazos, signos de tu equivocada soledad de luna en brama, de luna fémina, de luna sangrante-. Sólo sé que siento celos, celos perros, celos de vellos punzantes, de caricias palpitantes en el éxtasis de la aquella vacuidad tan acompañada, tan unívoca y polisémica... Habla y recitame tus viejas coplas de luna trovadora, de luna diva, de luna poetisa, de luna andamio de los versos -tácitos escritos y blancos, como la luz de tus entrañas-.

Dejemenos de verdad, con la mirada en off en el cenit de nuestras gemas endiabladas y llenas de lujuria -dale la mano a tu amante, dale tus labios llenos de realidad, tus pezones soberbios y tu vulva dilatada-. Dejémonos mientras extiendo la mano con mis dedos noche, mis dedos poesía, mis dedos martirio, mis dedos llenos de lunas... para ver si sólo de esta manera puedo apresarte... luna prófuga, luna mentira, luna peaje, luna muerta, luna carnívora de mis ideas taciturnas...

(Y no te escribo para hilvanar eslabones, sólo esposas que te aten a mi alma de lunático poeta, de vigía de estas noches, por hoy apagadas).

martes, 23 de febrero de 2010

Para el olvidar el apagador


Hoy harto de todo -en especial de la poesía-, puse el switch en off... La noche se apagó mientras los duendes brincaban sobre tu lecho y saciaban tus instintos de mujer volcán, de mujer dormida, de luna aletargada ... miraba -retorcido por la angustia y el placer- como los pequeños seres se enlazaban entre los vellos de pubis, serpenteando sediciosos por la aureolas de tus tetas... ¡¡no sabía qué hacer!! Voyeur desesperado -con el pantalón abultado una cuarta bajo el ombligo-, no sabía si llamarte por tu nombre, si decirte Luna, o interrumpir el deseo que te embargaba y ponía lúbrica tus entrañas... Me maldije y juré jamás utilizar el apagador de las letras, luna caliente, luna ramera, puta de duendes, verdugo de mi poesía:

"Y te miré entre sus brazos, como se mira el pan en días de hambre, y te miré mujer y me supe para siempre hombre".

lunes, 22 de febrero de 2010

Canibalismo poético (ruido blanco)


Y no hay más que el silencio en mi cabeza,
el bullicio eterno del ser humano,
destellando el ruido blanco de mis pensamientos.

NO hay más en este mundo,
que el hambre de mis letras
por tu cuerpo...

Y escribo, escribo, escribo letras:
letras caricias,
letras besos,
letras poesías...
Por más que trato siempre encuentro vacío...
Y con harta hambre de mis letras por tu cuerpo,
Pienso en el ruido blanco de mis mutilados movimientos.

jueves, 18 de febrero de 2010

FotoFobia


Hoy la noche se teñirá de rojo espeso -con el único fin de no robarle su hermosura tan oscura y tan sencilla-. ¿Será que la nueva sangre del mundo se debate para dejarnos en las tinieblas o traernos un poco de luz? ¿Habrá algo en el futuro si la luz se apodera de la noche? ¿En esta batalla habrá algún ganador?

Lo único que sé es que no me gustaría perder mi orco, las cadenas de los muertos que caminan a mitad de la noche penando angustiosos, y el sonido de los eslavones que repiquetea en mi cabeza para traer nuevas historias.
No quiero perder la sensualidad de las vampiresas, que vestidas de encaje y transparencias me muestran el camino a la lujuria, al sexo intermitente y corrompido, lleno de deseo, al pecado mismo... al camino del luzbel hedonista y oscuro, sacrilego de piel y huesos.
No quiero desaparecer sin los besos prohibidos de las ideas putas y rameras, del sabor a alcohol en la saliva y del estupor en la mente -no importa si es nuez o almendra-. No quiero tener que esconderme para las caricias furtivas a tu cuerpo, de antes de mutilarlo entre mis líneas y sonetos... no quiero perderme en la luz.

¿Qué será de los enamorados y los locos? ¿De los intelectuales estúpidos? ¿De la perversión feliz e irrisoria del mundo? ¿Qué será del tren de los desvíos y de las angustiosas soledades? ¿Desmejorarán los paisaje bucólicos y septentrionales en la pérdida de la razón? ¿Se enfriará la pasión por el placer sin las sombras protectoras? ¿Que hay de los lobos y las pécoras, de las hidras y las musas? ¿Los seres de ensueño serán los mismos tras el extravío de la noche? ¿Y los cadáveres exquisitos no se descompondrán por el efecto luminiscente? ¿Serán momias de luz?

¿Y la luna? Ya no será tan blanca, tan incandescente, tan mágica, tan redonda y llena de lujuria. ¿Qué será del amor que furtivo se cuela agazapado entre las sombras? ¿Y el misterio de los claroscuros?

El cielo ya no será el mismo... ¡y no me esconderé para tocarme!

El único que pierde es el voyeur, el que mira con los ojos desorbitados robándose las imágenes de la noche... quién vestirá de negro, ¿quién? ¿Quién alimentará los leviatanes y hechizos del Necronomicrón? ¿Quién terminará el bestiario del zoo del ser humano? ¿Y la crónica de los muertos, y la razón de la memoria de la piel? ¿Quién encontrará la escalera al cielo? ¿Quién nos llevará al paraíso más negro y más oscuro?

Prefiero la noche oscura, amalgamada de descesos, de insanes, de perversión, de desvíos, de amores, de angustias... de sueños: de ti -luna hechizo, luna muerta, luna mía, luna poesía-.

jueves, 11 de febrero de 2010

e-Cor@zón




¡Esos viejos corazones tan enfermos! Insanos y llenos de vacuidad, incapaces de amar más allá de la pantalla, de las letras, de los mensajes encubiertos bajo el sello de confidencial a letras rojas y en negritas. Esos corazones tuertos, carentes de la visión de profundidad, tan exangues, tan pálidos; muertos de miedo ante la palabra compromiso -¡estúpidos eternamente jóvenes!-. Pobres idiotas -los corazones- perdidos en el ocaso del sepia antiguo, en la melancolía del blanco y negro, violados en sus principios tecnicolor de libertad... Esos mudos corazones, sincopados elitistas en busca de las musas, de la figuras que lleven a la épica, a la epopeya, o al simple desierto de la poesía... Silencios corazones acorazados entre el mar del deseo apagado de la mano sobre el sexo, de la réplica eterna -seducir, coger, vivir, amar-, tan endebles como la verga a través de los años, tan profundos como el río de lujuría en la oquedad de la vulva reseca por la edad. ¡Cuánto apego a los corazones mecanizados, hiperespaciales! ¡Cuánto deseo y cuánto amor sembrado en la infertilidad del espacio separado, del vacío existencial, entre pixeles y notas de saxofón alcachofa... entre teclas y pantallas luminiscentes. Corazones rotos, amedrentados, pernoctados, muertos, impávidos, tan futiles como inteligentes, tan ásperos e incandescentes... corazones a punto del deseo, con el olor al sexo inventado del otro -de aquel que inventamos para seducirnos y callados masturbarnos-, corazones desnudos, de óleos clarificados, de lagos esculpidos, de terrenos desflorados; corazones mano, corazones labios, corazones húmedos, mojados en el elixir de la avidez, pesados como la turgencia del corazón pezón... cuántos corazones escritos, lúbricos, vueltos hoja o código encadenado, cuántos de ellos se han perdido y cuántos se han ganado... ¡qué larga batalla hay entre el corazón, el teclado y la pantalla! Mientras el deseo se sigue derramando en corrientes electrón...

miércoles, 10 de febrero de 2010

Lubricidad de ensueño



La madrugada cae de bruces sobre nosotros -que acostados compartiendo la cama-, nos abrazamos con la fuerza y la avidez de los amantes que nunca se han tocado, de los que esperan la eternidad confundidos en su soledad para volcarse en la otredad de aquel que se despliega sobre su lecho. Las manos pulsan, palpan, tocan, se deslizan rigurosas y tiernas entre los pliegues compartidos de las sinuosidades del cuerpo, del ente que somos cuando nos compartimos en silencio de palabras, en gritos de nuestro ser -escandoloso- lleno de ganas, harto de deseo, cansado de tanta lubricidad...

La madrugada -aferrada- cae de bruces sobre nuestro lecho -aquellas viejas hojas en blanco-, cae de jeta y con su sangre entinta nuestra historia de novela plastilina donde cada noche nos amamos mientras el deseo es arrasado por la realidad de nuestros cuerpos...sólo, tan solos... y juntos siempre en sueños.

Vestido de lunas


Hoy dejaré caer la desgracia sobre mi -y desnudo- me vestiré de lunas con el único fin de hacerme eterno...

Me colgaré al cuello -cerca del corazón- aquella luna que extrañaste y que yo cínicamente me robé -con el único afán de hacer notar lo mucho que me importa esa esfera plateada que alumbra mis ideas y mis soledades-.

Dejaré crecer mis cuartos menguantes -en las uñas de mis dedos- para transformarlos en círculos completos, de anécdotas, de historias sobre mi vida, de aquellas viejas chaladas que mi alma ha acumulado en el transcurso de tantas vidas, [no lo sabes pero he visto como ha cambiado el mundo desde la última glaciación].

Pondré la luna nueva sobre mi pene, pensando que es tu cuerpo lleno de misterios de cumbres y de montes, de valles y de mares tranquilos -le pediré fertilidad al conejo de tu pubis para bañarlo del néctar de mis gónadas-. Lo pondré sobre mi verga para sentir la suavidad de tu piel y tus texturas... ¿Crees en la permeabilidad? -Es que acaso quiero cojerte hasta que me llames amor y no sólo deseo-. ¿Tus pezones serán de mármol, redondos y perfectos como las esculturas del Miguel Ángel aquel, el de la Sixtina? Y entre tus piernas, si no estoy yo sólo hay espacio -mi vacío-.
Me calzaré de medias lunas para patinar por el manto estelar -frío y oscuro-, me guardaré las estrellas en la bolsa y las venderé por internet -bajo el truco de 9.99 por cada una-, dejaré sin algo el firmamento para que todos sientan el enorme vacío que hay en mi vida sin ti: noche de encajes, de medias y de ligueros de satin rojo; noche mía de vulva caliente y rosada, de nalgas hechas al molde de mi mano, de tacones horizonte, de caricias y mamadas... Noche, mi noche; hoy -desnudo- me vestiré de lunas para vengarme de tu ausencia y hacerme eterno a tu mirada...

lunes, 8 de febrero de 2010

Aprisionarse -seguir vivo-


Puede ser que el destierro sea sólo el espejismo que hay tras la vida... ¿te has preguntado por mi? ¿Me sigues inventando? No ves que yo no soy de este mundo -tal vez por eso disfruto mi soledad-, y me duele consentir en sus placeres: los amaneceres ensordecedores, el silencio noctámbulo, la humedad que lubrica incansable la salvedad de la entrepierna femenina, el alcohol inteligente -que regala unos instantes de genialidad-. La vida, la misma que nos empuja y nos lleva a la deriva... sin velas, sin fragatas sólo con libros y hojas en blanco... solos siempre tan solos -por destino o deseo o por accidente-, con las velas encendidas y los quinqués iluminando el firmamento -mientras espero la procesión de mi muerte-.

Ni tan oscura ni tan furtiva -si en tus labios se mecen mis palabras, la sensación aespacial de nuestros cuerpos fugaces entretenidos simulando corchetes o guiones de mis escritos-, ni tan precaria ni tan soluble: la muerte enredada en tu lengua bien merece una taza de café y un cigarro -ya no importa si muero de cáncer o de un paro al corazón-. Ya nada importa si retomas la pluma -aferrada a tus manos- y despliegas oraciones nacidas de tu pecho... Ya nada importa y por eso te detesto -cuando haces mi historia y me engañas al transcribirla en tu novela de pasteles y carboncillo-, por eso te busco como tus manos buscan la fragilidad del agua, la caricia añorada. -Aferrado-, sólo es el término del fuelle de oxígeno en el cuerpo -el intento- para mantenernos vivos... para amarnos.

sábado, 6 de febrero de 2010



He de decirlo... pausado, tranquilo, ausente, liviano, adoquinado, amasado, prendido, amoroso, culero, pasmado, agnóstico, devoto, lujurioso, tierno y tranquilo... He de decirlo todo, menos humano... El camino sólo es olvido cuando el vacío junta nuestros cuerpos, cuando no hay ni siquiera espacios de dedos, y los labios no alcanzan a cruzar el abismo entre los dos... El camino sólo es olvido si al irse de palabras desaparecen los sentimientos y se apagan los conceptos que se enredaron entre noches agotadas, cansadas de tanto intentar juntar nuestros pechos... El camino sólo es olvido cuando aún sin besos, nos olvidamos del destino... Y no hablo de lujuria y deseo ya que eso es humano -pero aún así no sabes cómo pienso tu cuerpo desnudo sobre mi cuerpo, tus labios encendidos, tus pezones henchidos, tu cintura cercada entre mis brazos, y tus ojos gritando con su mirar un simple te quiero-.

La textura de la noche





Las noches suelen ser ásperas, como la arena deslizándose entre los dedos del pie derecho cuando antecede al izquierdo en el acto de caminar, de dar un paso... Y parece que la vida se enreda en el concepto de la noche -fundiéndose-, intentando -perversamente- hacer más difícil la cuesta hasta aquello que conocemos como paraíso.

¡Bendita noche de estrellas opacas y galaxias regaladas! ¡Bendito tu amparo y tu facilidad ante la aspereza de vivir entre estas calles embadurnadas de cemento! Y es que todo pasa en ti -aún el tiempo y la nostalgia- evaporándose en el sudor de los tragos amargos, alcoholizados, atragantados. ¿Qué sería de mi sin la venia del crepúsculo? ¿Qué de las ideas y de la música en mi cerebro? ¿Se escribirían "los buenos libros" y se desataría la furia de los poemas enclaustrados entre las lunas de mis dedos? ¿Vendría el éter de la inspiración a robarme el descanso entre alucinaciones y deseos de estos cuerpos ajenos? ¿Caminarían mis demonios mientras arrastran las épocas de mi vida?

Cuan áspera te llamas -noche-, cuan de frágiles susurros -el grito de las víctimas y los moribundos-: ¿Cuantas almas andan descalzas entre le país de los vivos y el valle de los muertos al amparo de tu oscuridad? (Ser alma no implica estar vivo o muerto sólo imagen en un espacio y un tiempo). Cuan se van de largo las horas hasta que despunta el alba, sólo para morir -una vez más- cuando tú le ganas la batalla... Noche soldado, noche abatida, noche del victimario -delicia tortuosa, diosa del abecedario-.

Por eso eres noche puta, sábana de amantes, refugio de los lujuriosos y los amorosos -y de los pendejos que se creen enamorados, no de los que están, sólo de aquellos que se lo creen-: noche hotel de paso, rincón perdido en los arbustos, noche faje en la esquina más oscura del barrio. ¿Estaríamos sobre poblados si no estuviésemos bajo tu amparo? Noche de desvaríos, de desenlaces, de historias interminables de finales apagados... ¿Eres un lugar común o eres tan extraordinaria que brincas la regla?

Luna periodo, luna a luna, pretexto y alabanza, tan divina como maldita: Coronel de los rapiñeros y de los culeros, maquinista del tren de los desvíos, causa de la fertilidad de la madre madre, de la madre Tierra, última bendición de los viejos antes de su eterno viaje.

¡Puta noche si no hubieras inventado la luna! Si no te creyeras vigía e inicio de jornada, si no fueras tan bella, tan áspera, tan extrema... no te pediría que regresaras mañana para traerme tu mensaje... ¡Linda noche de brillos y de vaos! ¡De besos y de yermas manos! ¡De ausentes, de venidos a menos, de lujuriosos amantes y de grandes sueños vueltos lodo!

Amada noche, amante noche, loca noche siempre tan tú... tan áspera que la vida te sigue a grandes zancadas...

jueves, 4 de febrero de 2010

Pasado continuo, devenir acabado


Siempre presente... el olvido que como a diario, el futuro burlón -de risa connotada y evidente-, el sentido pésame de mis últimos pensamientos sobre ti: mi cuerpo, mis manos, mi boca, mi lengua recorriéndote hasta saciar el ímpetu que existe -involuntariamente- en el acto de remembrar... tu silueta, tu contorno exhaustivo, línea perenne que lleva al infinito -las líneas, aún las paralelas tienden a cruzarse en algún instante, aún en los momentos del tiempo perdido-.

Siempre presente, la simetría del trazo de tus labios elucubrando algún nuevo desplante, engarzando palabras de trovadora agnóstica -de sólo el amor-, memorizando a detalle el sabor de las almendras ahogadas en alcohol -sueño etílico de un futuro de los dos-.

Siempre presente, la estepa escondida entre tus piernas -de dulce sabor a sal, de la sal de nuestras tertulias-, el boscaje frondoso y enredado que cubre las ideas más profundas de tu ser y tu femineidad -tal vez ser femenino, al menos es tu cuerpo, es divino-, glaciar de tu deseo envuelto para llevar del piélago de tu cuerpo -que entregado a otros amantes se restriega entre las sábanas pensando en mi, arrumándose con mis palabras-.

Siempre presente... el sueño de mujer vestida de carne, de tierna lujuria, de diabólico sentimiento, de sacrílego pensamiento -no hablo de Dios, hablo de amor-, del que moja tu letargo -creído indisoluble-, del que estremece tu espalda tras el fuelle del olvido -que soy prendido a tu memoria- mientras termino de recorrer el camino épico del deseo...

Siempre presente, y de tanto conjugarte te he perdido el pronombre y te llamo divina, lascivia, sueño, homenaje, palabra, ritual, encierro, aventura o peaje: puente colgante de lo que no recuerdo y menos he vivido...

Siempre presente, de un pasado contínuo que no olvido... pero que no es ni un tiempo tuyo y menos mío...

Las coordenadas de la incógnita


Siempre la incógnita perfecta, el despeje adecuado, la coordenada perdida en el plano dimensional -de cualesquiera de las dimensiones de este multiuniverso-.
Siempre verdades a tres cuartos de nota, inmersas en silencio, destellando en cada trasiente el pico de onda que deja el olvido -¡Zas!- y decae el devenir mismo del sonido hasta hacer un escueto latir -¡Bom! ¡bum!- de algo parecido al siempre quise pero nunca pude...
Simples principios físicos -repulsión, atracción, evocación, dejadez o la relatividad de los cuerpos-, pero siempre tan simples y llanos como las necesidades del acto de amar...

Tú -y- bifurcación y semblante, polisemia y multiverbal -volado jugado con la moneda de la inspiración donde se apuesta una vida entera, donde hay dejarlo todo-.
Yo -x- punto de encuentro entre todo y nada, estar y dejar de ser, olvido siempre olvido y nunca un encuentro ni tan siquiera con uno mismo... Miedo y seducción, horror ante la vida misma que se apresa en tus labios -los mismos que suelen temblar de ganas, de frío ante la ligereza del destino, de la insoportable simpleza del vado de la nostalgia-.

¿Seguimos juntos? Como tan seguro que a tu alrededor no hay nadie que llene tus hojas ni te incite al sueño ni te vea desnuda caminando en tus desiertos de virgen sediciosa y desflorada, -escritora de pinceles y de novelas de acuarela-, porque para verte sólo hace falta cerrar los ojos e irte olvidando poco a poco...

martes, 26 de enero de 2010

El devenir de la piel -el deseo-


Sigo tu sueño como quien, atento, sigue la respiración fortuita que mantiene vivo al desahuciado; y me pregunto incansable ¿qué hay bajo la piel que nos mantiene atados al destino? Si es que a esto se le puede llamar sino... ¡Maldito tiempo que te mantiene ausente!

Intento voltearte con cuentos, poesías y pensamientos, y tú -amor pálido entre las sombras de la noche-, te mantienes a la expectativa de tu limbo provocado por el rictus del somnífero crepúsculo. Y sigues ausente... tan presente como un yo soy, como un tú eres; igual al lastimero somos de cada día bajo el tatuado nímbico firmamento... ¡Estúpidas palabras que se pierden en el horizonte sin más motivo que la apariencia desflorando la razón!

Tu respiración sigue a cuenta gotas... prisionera de la evocación, ignota del devenir, asesina de la verdad... Te deseo y tú duermes respirando tranquila, sueñas tu sueño de emperatriz de novela, de inconsciente reinado sobre mi cuerpo y mi lamentación: la tesis de la lujuria y la síntesis de la ausencia.

Te miro como quien mira, observando, la evocación necesaria para olvidar el calor del tacto, el olor de tu vulva, el mensaje de tus ojos acalorados en el rictus del sexo. Invoco a la reminiscencia esperando llenar al vacío de esta imperante necesidad: tú, dormida, atascada en el letargo, tan tuya y tan ausente de mi...

Te dejo respirar -soñada en tu propio sueño-, como quien deja crecer una semilla en flor, una mañana convertida en atardecer, un vuelco del corazón en un amor sentido y profundo... ¡Cuánto vacío y cuánta devoción! ¡Imbéciles sentidos que fustigan con mensajes de flashback tecnicolor mi cerebro! Recuerdos del sabor de tus labios pegados a mi cuerpo! ¡Cuán espero es el espacio, el vacío y el deseo! ¿Cuánto?

Sigo tu sueño como quien, maravillado, sigue la respiración fortuita que mantiene vivo al desahuciado; y me pregunto incansable ¿qué hay bajo la piel que nos mantiene atados al destino? ¿Qué? Y no imagino el amor en tu hipotálamo ni tus sentidos embotados por las endorfinas del amor... Abro los ojos y sé que bajo la piel, siempre, sólo hay realidad.

miércoles, 20 de enero de 2010

Sobre piel


Mis poemas desflorados de sus palabras inéditas,
saltan las líneas y los párrafos
con ganas de volverse fantasmas y no desaparecer:
de no desvanecerse sobre la eternidad existencial.

Pero mis palabras mueren cual desenlace de una vieja historia,
y en su exilio buscan la ruta épica que va de tu pubis al pecho:
buscan la palabra perdida,
el sentimiento nuevo,
no quieren morir de hambre...

Y ellos, -los poemas- se alimentan de los sueños abandonados sobre tu piel
para no matarse a si mismos y
dejar vacía la prosa con sabor a miel.


Y aún cada mañana barro palabras y las guardo bajo la cama
en espera del poema, la historia o la prosa
que me de la existencia -incubado- dentro de alguna alma.

Bajo piel




Parece que se esconde muerto de miedo, pálido y desmembrado mientras escucha tus pasos retumbar en el pasillo, se vuelca en el mutismo de sus propias palabras -de aquellas que imagina y nunca pronuncia-. Se aprende el ir y venir de tu caderas, de izquierda a derecha, golpeteando dentro de tus pantalones ajustados, volcándose en tertulias de silencios rotos por el sonido que produce el roce de la tela sobre la piel.

Se agazapa y yace como si estuviera sepultado bajo mi piel en estado de alerta, se retuerce de imaginar tus pechos al descubierto -sopesados por la mano del hombre, retando a la ley de gravedad y de los años-. Se vuelca alienado por el aroma cautivo de tu sexo, de tu semblante frío, de la gélida separación, que hay de cuerpos, entre nosotros -si la distancia se cruzara con un estirar de brazos-.

Enredado se pronuncia hereje y blasfemo de las leyes divinas en espera de volverse serpiente y sorprenderte desnuda en el lecho -tu viejo tejedor de sueños-, grita desesperado y pide volverse ciego para recorrerte dando tumbos -como anélido entre la tierra para hacer su madriguera- y alimentarse del dulce elixir de tus entrañas. Se arrastra con la esperanza de cogerte desprevenida, de cogerte tierna y suavemente... Vive encaramado a mi osamenta y lo siento despacio, tranquilo, cauteloso, esperando el momento para caer de lleno sobre la espalda y recorrer cada centímetro del piélago que envuelve tu corazón y tus sentimientos -es un traidor de mierda que sólo me traiciona cuando te veo, cuando te huelo-.

El deseo repta bajo la piel, entregándose a su interminable ritual: esperar el momento oportuno para salir del capullo y florecer con la bestia de la lujuria entre tus piernas...

Ilustraciones de Alma de Juguete por: Enrique Zaragoza

Este soy yo...

DE MI han dicho...Nació envuelto en la terrible sospecha del ser humano —él siempre quiso ser árbol, águila o imagen tras el espejo— un 13 de diciembre de 1972, en la ciudad más avasallante y más hermosa del mundo: el Distrito Federal.Desde pequeño creció con lunas en los dedos e ideas itinerantes colgando del cabello, ávido lector de tiras cómicas y de cuentos infantiles permitió a los seres mágicos, divinos y leviatanes arrullarse en su cama tras el profundo canto de las sirenas.Creció, y mientras decidía que hacer de su vida, en cada luna llena besaba las almohadas imaginando al amor de su vida. Por fin, una mañana decidió estudiar derecho, algo que le salió muy chueco porque abandonó la carrera para estudiar periodismo, dando por concluidos tales estudios en el PART, a la vez que rocanroleaba como oso en brama tras una batería.Años más tarde decidió llevar la música en sus adentros y trabajo como negro en la redacción del departamento de cultura de Radio Educación (de vez en cuando se aventaba un palomazo como productor del programa “Su casa y otros viajes”), todo esto sucedía mientras estudiaba un diplomado de Literatura y Periodismo en Casa LAMM. Las letras —aún las de pago— siempre le han perseguido, al igual que la radio, por tanto, trabajo como productor de la serie “Impulso Humano” en Radio Universidad, no sin antes pasar por la Subdirección de Logística Informativa del GDF, algunas agencias de publicidad y la coordinación de medios de IH, A.C.Por fin, el 12 de noviembre del 2005, su destino le alcanzó y se puso a escribir como secretaria ejecutiva después de una huelga, y dio a luz a varios chamacos, y con el único fin de darle de comer a su prole, actualmente se dedica al desarrollo de documentación administrativa para diferentes empresas y alguno que otro trabajo de producción en audio (es cierto, en México vivir de las letras, que no sean de pago, está de la China Hada).Por cierto, el nombre de sus chamacos son:* El eterno idilio entre las mariposas y las hormigas, 2007.* La caída de la luna, 2006. Noveleta rosa.* Alma de juguete (anhelos para el niño que nunca debiéramos olvidar), 2006. Cuentos ¿infantiles?* Egomanias y la Llantitos (cuento – lógia), 2006. Recopilación de 20 años de cuentos darkys y existenciales.La mayor parte de las veces me llaman ¡Hijo de la chingada! ¡o de tu madre!, bueno, la mía... aunque últimamente me he aficionado a ese término tan común y que sólo me sabe si proviene de sus labios y que juntos creemos es para toda la vida (chance y para algunas más).En fin, que de mi la gente puede decir todo y a la vez nada, tengo muchos nombres, lo cierto es que tengo buen corazón aunque lo disfrace de mil y un calamidades...

Rolas de la banda "Nívola_Cría Cuervos" (Quintanar/Vargas/ Cruz)